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Hace
algunos meses, el suplemento cultural de La Tercera (Chile) me pidió
reseñar una novela. Recibí una versión PDF de 400 páginas en mi
Macbook; me había prometido jamás leer textos de más de diez páginas
en la pantalla de un computador, pero allí estaba, tirado en cama
con mi portátil en el pecho. No era cómodo, y me cansaba cada rato,
pero logré terminar el libro días después. Hoy me doy cuenta que
este año he leído tres libros de más de 150 páginas en mi portátil.
Mi transición a la era post-Gutenberg ocurrió sin que me diera
cuenta de ello.
Bill Hill, el hombre a cargo de los proyectos con lectores digitales
(libros electrónicos) en Microsoft, dice que, en realidad, esa
transición ha ocurrido incluso antes de que nos pusiéramos a leer
novelas en la pantalla de un computador. "Los buscadores como
Internet Explorer en realidad no son buscadores; son lectores
digitales. La gente pasa el veinte por ciento del tiempo buscando, y
el ochenta leyendo". Acostumbrarse a la lectura en distancias cortas
era el primer paso; si bien para muchos el libro es un objeto de
culto, una tecnología artesanal que no puede superarse, lo cierto es
que el problema de los primeros lectores digitales --que aparecieron
en el mercado a fines de los noventa--, no era tanto un pronunciado
fetichismo por el libro, sino la calidad de los lectores digitales:
pantallas parpadeantes que cansaban la vista, baterías que no
duraban mucho, dificultades a la hora de pasar la página.
La creación, esta década, de la "tinta electrónica" por los
científicos de MIT, será vista algún día como el verdadero
puntillazo al libro en su formato tradicional. Gracias a esta "tinta
electrónica", las páginas de los nuevos lectores digitales son muy
similares a las del libro impreso. Esas páginas son las responsables
del primer éxito de un lector digital en el mercado (el Sony Reader),
y son las que sostienen el Kindle, que acaba de ser lanzado por
Amazon.
La primera versión del Kindle es cara (400 dólares), pero sus
características son promisorias: no pesa mucho, su batería dura
treinta horas, y puede almacenar hasta doscientos libros. Además,
tiene un sistema de conexión inalámbrica constante que permite que
uno pueda comprar (en Amazon, por supuesto) y descargar el libro
desde cualquier parte, a cualquier hora. El insomne que a las tres
de la mañana quiera conseguir la nueva novela de Coetzee podrá
hacerlo, a un precio moderado (diez dólares); si el gusto son los
clásicos, Madame Bovary y compañía cuestan tres dólares.
Me gusta comprar libros, rayar sus páginas, mancharlos de café; no
entiendo a quienes los plastifican y hacen todo por mantenerlos
impolutos en la biblioteca. Sin embargo, comprar libros no significa
querer tenerlos de por vida, pues no he tenido el menor problema en
deshacerme de ellos. Son pesados, se acumulan con facilidad, y
despacharlos en cajas de un lado a otro cuesta caro; he dejado
librerías enteras a amigos en las ciudades en que viví: Cochabamba,
Buenos Aires, Berkeley.
Si bien me importa el soporte, el contenido me importa más (me
deshago de los libros que no me gustan en librerías usadas). Llegado
el momento, quizás cuando sea el turno del Sony Reader 4.0 o el
Kindle 3.0, podría dejar de ir a librerías y pasarme a los lectores
digitales. Sé que habrá nostalgia por un tiempo, como la hubo cuando
dejé de escribir novelas a mano y comencé a hacerlo en un portátil.
Luego llegará el momento en que me pregunte: pero, ¿cómo es posible
que durante tanto tiempo leyera libros en formato tradicional?
¿Podrán los nuevos soportes recuperar lectores para el libro? Pese a
tanto fetichismo y discursos apocalípticos de los defensores del
formato tradicional, lo cierto es que mucha gente se lo pasa de lo
más bien ignorando el libro: en Estados Unidos, por ejemplo, el 60%
de la gente no lee ni siquiera un libro al año. Quizás esa sea la
verdadera transición a una sociedad post-Gutenberg: cuando el libro
no interese ni en su formato tradicional ni en el electrónico.
Mientras no llegue ese momento, vale la pena seguir buscando formas
de acercar los contenidos de los libros al escurridizo lector de
hoy. |
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