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Vallejo: letra viva

 
     
 


Grabado de Wálter Solón Romero

 
     
 

Las palabras quedan reducidas a ínfimos garabatos ante la grandeza de César Abraham. En el mismo año en que Lorentz descubre los electrones, nace en Santiago de Chuco en un hogar de raigambre andina, mestiza, religiosa, modesta, de austeridad moral y económica, según anotan sus biógrafos. En el año que Sartre publica La náusea, Vallejo es trasladado a la Clínica Boulevard Arago donde agoniza y muere el viernes 15 de abril. Es interesante destacar el hecho del viaje de una tierra que se podría denominar como premoderna, a la cúspide del proyecto modernizador que estaría representado en el París cercano a la segunda guerra mundial. Viaje que puede simbolizar el paso de un lugar a otro, la exploración de estos nuevos lugares que significan nuevas temáticas y nuevas apreciaciones, sin que esto niegue, desprecie o desvalore a ninguno de los dos tópicos. Siguiendo esta idea de la prolongación de nociones y perspectivas con la llegada a nuevos lugares y temas, lo que realmente se pretende abordar es el talante revolucionario que Vallejo logra desarrollar a lo largo de su obra, esto es, el perfil insurrecto que acompaña todo su trabajo escrito, fijándonos únicamente en su poética sin querer decir que en su obra narrativa no se encuentre este mismo carácter.

Cuando se lee el estudio introductorio de Grunfeld sobre el caso de las vanguardias latinoamericanas , queda la sensación de que es algo impreciso cuando, a modo general, afirma que en el caso de los autores pertenecientes a este momento y movimiento literario, hay un claro interés crítico sobre la compleja circunstancia política y social que acompaña a Latinoamérica por aquella época. No se hace evidente, por ejemplo, que Altazor, la obra insigne de Huidobro, esté interesada en asumir una posición políticamente crítica desde Latinoamérica sobre los proyectos imperialistas que se plantean en la época. En este punto creemos que el caso de Vallejo es distinto y por eso le daría cierta razón a la hipótesis planteada por Grunfeld. Como en Huidobro, encontramos en Vallejo una ruptura con los planteamientos y esquemas modernistas que tanta acogida aún tenían al comienzo del XX. No parece exagerado afirmar que en Vallejo, como un buen número de autores de este movimiento, se encuentra una enorme experimentación con la palabra que termina por plantear la ambigüedad, precariedad, diseminación y limitación del lenguaje, idea que posteriormente vendrá a ser desarrollada y planteada por todo el deconstruccionismo de los posestructuralistas.

Para ayudar a sostener la hipótesis de Grunfeld, es necesario matizarla un poco para no generar dificultades interpretativas. Si bien la preocupación ideológica no se encuentra explícita en toda la obra de la vanguardia latinoamericana, es decir, que no todos los autores hacen una alusión abierta y directa con el contenido de sus versos sobre la problemática política, social y económica del momento, se sostiene que hay una crítica implícita desde las formas que permitan la elaboración de una poética vanguardista en el sentido de que interesa establecer una ruptura con los cánones y normas anteriores que daban significado a toda una época y a una manera de ver y entender el mundo. Diremos, entonces, que los denominados antipuristas de la vanguardia, de alguna manera mantienen implícita la crítica a toda una realidad absorbente y ordenadora interesada en emitir juicios y certezas desde cierto lugar de enunciación que mantiene relaciones estrechas con los discursos de poder predominantes en la época.

Pero volvamos a Vallejo. Ya en DE LA TIERRA, poema aparecido en Los heraldos negros, encontramos ciertos rasgos poéticos que enuncian una ruptura sobre los modos de hablar a través de la palabra: ¿ . . . . . . . . /-Si te amara… qué sería? / -Una orgía¡ /-Y si él te amara? / Sería/ todo rituario, pero menos dulce.
Son varios los elementos formales que encontramos en este poema que representan un adán de ruptura por las formas establecidas. Signos de interrogación con puntos suspensivos que terminan por formar todo un verso, inserción de paréntesis, fragmentación de ideas.
En el caso de la consolidación de una ruptura formal, Trilce, del año 1922, es una de las obras más estudiadas y abordadas en este aspecto. La última estrofa del poema II sirve para mostrar lo que se viene diciendo: ¿Qué se llama cuanto heriza nos? / Se llama Lo mismo que padece / nombre nombre nombre nombrE.
Recargadas reiteraciones, uso arbitrario de mayúsculas, experimentación en la elaboración sintáctica y un cuidado en la depuración de la palabra utilizada, hace parte de la elaboración formal del trabajo poético de Vallejo en este tipo de poemas, que lo relaciona con el tipo de trabajo propuesto por buena parte de la vanguardia latinoamericana.

Sería injusto asumir que la obra poética de Vallejo tiene divisiones temáticas evidentes y que se desarrolla según las carencias, dificultades y afinidades políticas del autor. Es común afirmar que en Vallejo se encuentra dos bloques temáticos sólidos, firmes e inmutables que garantizarían una condensación temática del autor. Esto es apresurado y simplista.
Es casi un lugar común cruzar una ruptura radical entre el tipo de trabajos del Vallejo de Heraldos negros (1918), Trilce (1922) y Poemas en prosa, con el otro Vallejo que se desprende de Poemas humanos (1924-1928), y de España, aparta de mí este Cáliz (1937). De este tipo de escisión se pretende concluir que hay dos Vallejos, por un lado, el de los poemas cargados de dolor, angustia, melancolía e inseguridad, que sería el de la primera etapa y, por otro lado, el Vallejo humanista, socialista y preocupado por un entorno político, que sería el de la segunda etapa. Esta escisión, a mi juicio, es bastante arbitraria. Al estudiar y deleitarnos con la obra poética de César Vallejo, es difícil encontrar un hilo que conduce sus versos de modo sólido e incambiable. Lo que se sugiere es que el Vallejo melancólico, personal y herido por una existencia abrumadora y caótica, se encuentra en poemas de claro tono sentimental como COMUNIÓN, NERVAZON DE ANGUSTIA y BORDAS DE HIELO, todos aparecidos en Los heraldos negros, así como en PALMAS Y GUITARRA, que aparece en los Poemas humanos y que tiene gran raigambre sentimental: Hoy mismo, hermosa, con tu paso par/ y tu confianza a que llegó mi alarma, / saldremos de nosotros, dos a dos. / ¡Hasta cuando seamos ciegos! / ¡Hasta / que lloremos de tanto volver / .
Lo que sí es claro en Vallejo es que en estas dos etapas que algunos estudiosos trazan en su obra, lo que sí se encuentra es la alusión a cierto tipo de temas con mayor insistencia que en otros lugares, es decir, que probablemente en lo que se denomina la segunda etapa sea más regular encontrar un tono concretamente político a comparación de los primeros trabajos, y que en lo que se denomina la primera etapa se insista más en un ejercicio de especulación existencial sobre el propio autor y sobre sus preocupaciones interesadamente personales. El punto es que es innegable que en cada etapa hay cierto énfasis en temas que le interesa abordar al autor, pero en lo que no se está de acuerdo es en que la ruptura temática sea radical y substancial.
En lo que se quiere insistir es que a lo largo de la obra vallejiana encontramos a un autor bifurcado por varios intereses y temáticas que impiden comprenderlo como un bloque cerrado e inamovible. En Poemas humanos se encuentra un claro ejemplo de lo que se ha querido sostener a lo largo de este escrito. En este trabajo poético que surge como un compilado poético que abarca lo escrito por Vallejo entre 1924 y 1928, buena parte de la crítica contemporánea asume que es el trabajo que demarca la ruptura con el Vallejo de los trabajos anteriores. Evidentemente, encontramos poemas que exploran sobre la problemática social presente en ese otro hombre desvalido y circunscrito a una realidad política que lo golpea, pero a su vez es posible localizar poemas con un tono más interno y subjetivo que sigue teniendo en cuenta la importancia de la elaboración sintáctica.

La preocupación por el Otro desvalido y esclavizado se hace presente en un poema que desde el mismo nombre denota su sentido, ME VIENE, HAY DÍAS UNA GANA UBÉRRIMA, POLÍTICA… En la segunda estrofa, Vallejo evidencia esa preocupación política por el desamparado que se encuentra a la espera de la aparición de una mano hermana dispuesta a solidarizarse con el golpeado: Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo / y me urge estar sentado / a la diestra del zurdo, y responder al mudo, / tratando de serla útil en / lo que puedo y también quiero muchísimo / lavarle al cojo el pie / y ayudarle a dormir al tuerto próximo /.
El poema muestra la claridad política que el autor tiene sobre una realidad social que golpea a muchos y la urgencia que surge de volverse un voluntario en una causa justa. Esto por un lado. Por otra parte, en este mismo poemario encontramos a un Vallejo que se sigue interrogando sobre y desde su subjetividad sobre un mundo caótico que no parece ofrecer un camino claro y certero. Muestra de este carácter dubitable se encuentra en ¿QUÉ ME DA, QUE ME AZOTO CON LA LÍNEA…
En este poema, a través del uso de paralelismos verticales, el autor estructura el poema desde ciertos interrogantes permanentes que denotan el tono confuso e inquietante de cada verso: ¿Qué me ha dado, que vivo? / Qué me ha dado, que muero? / ¿Qué me da, que tengo ojos? / ¿Qué me da, que tengo alma? / Qué me da, que se acaba en mí mi prójimo / y empieza en mi carrillo el rol del viento? / ¿Qué me ha dado, que cuento mis dos lágrimas, / sollozo tierra y cuelgo el horizonte? / ¿Qué me ha dado, que lloro de no poder llorar / y río de lo poco que he reído? / ¿Qué me da, que ni vivo ni muero? .

Quien crea que ha logrado entender la obra poética de César Vallejo es un presumido con ínfulas de positivista extremo. Existe la pretensión de querer tomársele con pinzas estructuralistas y de ahí empezar a tomar piezas que, al parecer, se evidencian clara y distintamente, como las aburridas y sospechosas verdades cartesianas. Vallejo muestra que no es así, que el mundo es mucho más complejo de lo que se planteó a lo largo de los discursos decimonónicos y que aún se constituyen en voces institucionales vigentes. No es que Vallejo y su obra sean una prolongación y un documento del discurso marxista-leninista condenándolo a la tarea de vocero de una circunstancia local. Por otro lado, se tendría a un Vallejo que a través de sus palabras evidencia el carácter nostálgico, subjetivo y desolador de una conciencia con tintes nihilistas y escépticos. Lo que se propone es que la obra poética de Vallejo es de tal riqueza que huye a ciertos estereotipos discursivos que pretenden limitarlo a ciertos campos, interpretaciones ortodoxas y unas definidas áreas de trabajo. Lo que se quiere dar cuenta es que ese autor que pretendemos aprehender desde la escueta interpretación de aquella conocida foto que nos muestra a un hombre cansado, melancólico y meditabundo que sólo se acompaña de un sombrero y bastón, es mucho más que eso.
Vallejo huye a cualquier interpretación que pretende sentar la última palabra sobre su obra y que asume que los tópicos abordados en él están claramente trabajados, estudiados, procesados y entendidos. La riqueza de Vallejo se encuentra en que siempre huye. Sabe que su obra es tan rica, compleja y vasta que cualquier interpretación solo puede apostar a ser un rico trabajo de acercamiento a ese todo poético elaborado desde infinidad de partes que huyen al ruido inquisidor del intérprete cazador de una lectura unívoca y homogénea. Cuando las interpretaciones pretenden trazar el sentido de una obra, cuando develan el significado, la definición, lo que quiere decir el poeta, cada metáfora del autor empieza a morir porque todo queda dicho, establecido, consumado. Como los grandes clásicos, Vallejo huye a la muerte de la sentencia interpretativa, es metáfora viva, es fuerza literaria que sigue y seguirá hablando día a día.

Bibliografía
Grunfeld, Mihai, Antología de la poesía latinoamericana de la vanguardia. Hiperión, Madrid, 1997.
César Vallejo, Obra poética completa. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1998.

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