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Las palabras quedan reducidas a
ínfimos garabatos ante la grandeza de César Abraham. En el mismo año
en que Lorentz descubre los electrones, nace en Santiago de Chuco en
un hogar de raigambre andina, mestiza, religiosa, modesta, de
austeridad moral y económica, según anotan sus biógrafos. En el año
que Sartre publica La náusea, Vallejo es trasladado a la Clínica
Boulevard Arago donde agoniza y muere el viernes 15 de abril. Es
interesante destacar el hecho del viaje de una tierra que se podría
denominar como premoderna, a la cúspide del proyecto modernizador
que estaría representado en el París cercano a la segunda guerra
mundial. Viaje que puede simbolizar el paso de un lugar a otro, la
exploración de estos nuevos lugares que significan nuevas temáticas
y nuevas apreciaciones, sin que esto niegue, desprecie o desvalore a
ninguno de los dos tópicos. Siguiendo esta idea de la prolongación
de nociones y perspectivas con la llegada a nuevos lugares y temas,
lo que realmente se pretende abordar es el talante revolucionario
que Vallejo logra desarrollar a lo largo de su obra, esto es, el
perfil insurrecto que acompaña todo su trabajo escrito, fijándonos
únicamente en su poética sin querer decir que en su obra narrativa
no se encuentre este mismo carácter.
Cuando se lee el estudio introductorio de Grunfeld sobre el caso de
las vanguardias latinoamericanas , queda la sensación de que es algo
impreciso cuando, a modo general, afirma que en el caso de los
autores pertenecientes a este momento y movimiento literario, hay un
claro interés crítico sobre la compleja circunstancia política y
social que acompaña a Latinoamérica por aquella época. No se hace
evidente, por ejemplo, que Altazor, la obra insigne de Huidobro,
esté interesada en asumir una posición políticamente crítica desde
Latinoamérica sobre los proyectos imperialistas que se plantean en
la época. En este punto creemos que el caso de Vallejo es distinto y
por eso le daría cierta razón a la hipótesis planteada por Grunfeld.
Como en Huidobro, encontramos en Vallejo una ruptura con los
planteamientos y esquemas modernistas que tanta acogida aún tenían
al comienzo del XX. No parece exagerado afirmar que en Vallejo, como
un buen número de autores de este movimiento, se encuentra una
enorme experimentación con la palabra que termina por plantear la
ambigüedad, precariedad, diseminación y limitación del lenguaje,
idea que posteriormente vendrá a ser desarrollada y planteada por
todo el deconstruccionismo de los posestructuralistas.
Para ayudar a sostener la hipótesis de Grunfeld, es necesario
matizarla un poco para no generar dificultades interpretativas. Si
bien la preocupación ideológica no se encuentra explícita en toda la
obra de la vanguardia latinoamericana, es decir, que no todos los
autores hacen una alusión abierta y directa con el contenido de sus
versos sobre la problemática política, social y económica del
momento, se sostiene que hay una crítica implícita desde las formas
que permitan la elaboración de una poética vanguardista en el
sentido de que interesa establecer una ruptura con los cánones y
normas anteriores que daban significado a toda una época y a una
manera de ver y entender el mundo. Diremos, entonces, que los
denominados antipuristas de la vanguardia, de alguna manera
mantienen implícita la crítica a toda una realidad absorbente y
ordenadora interesada en emitir juicios y certezas desde cierto
lugar de enunciación que mantiene relaciones estrechas con los
discursos de poder predominantes en la época.
Pero volvamos a Vallejo. Ya en DE LA TIERRA, poema aparecido en Los
heraldos negros, encontramos ciertos rasgos poéticos que enuncian
una ruptura sobre los modos de hablar a través de la palabra: ¿ . .
. . . . . . /-Si te amara… qué sería? / -Una orgía¡ /-Y si él te
amara? / Sería/ todo rituario, pero menos dulce.
Son varios los elementos formales que encontramos en este poema que
representan un adán de ruptura por las formas establecidas. Signos
de interrogación con puntos suspensivos que terminan por formar todo
un verso, inserción de paréntesis, fragmentación de ideas.
En el caso de la consolidación de una ruptura formal, Trilce, del
año 1922, es una de las obras más estudiadas y abordadas en este
aspecto. La última estrofa del poema II sirve para mostrar lo que se
viene diciendo: ¿Qué se llama cuanto heriza nos? / Se llama Lo mismo
que padece / nombre nombre nombre nombrE.
Recargadas reiteraciones, uso arbitrario de mayúsculas,
experimentación en la elaboración sintáctica y un cuidado en la
depuración de la palabra utilizada, hace parte de la elaboración
formal del trabajo poético de Vallejo en este tipo de poemas, que lo
relaciona con el tipo de trabajo propuesto por buena parte de la
vanguardia latinoamericana.
Sería injusto asumir que la obra poética de Vallejo tiene divisiones
temáticas evidentes y que se desarrolla según las carencias,
dificultades y afinidades políticas del autor. Es común afirmar que
en Vallejo se encuentra dos bloques temáticos sólidos, firmes e
inmutables que garantizarían una condensación temática del autor.
Esto es apresurado y simplista.
Es casi un lugar común cruzar una ruptura radical entre el tipo de
trabajos del Vallejo de Heraldos negros (1918), Trilce (1922) y
Poemas en prosa, con el otro Vallejo que se desprende de Poemas
humanos (1924-1928), y de España, aparta de mí este Cáliz (1937). De
este tipo de escisión se pretende concluir que hay dos Vallejos, por
un lado, el de los poemas cargados de dolor, angustia, melancolía e
inseguridad, que sería el de la primera etapa y, por otro lado, el
Vallejo humanista, socialista y preocupado por un entorno político,
que sería el de la segunda etapa. Esta escisión, a mi juicio, es
bastante arbitraria. Al estudiar y deleitarnos con la obra poética
de César Vallejo, es difícil encontrar un hilo que conduce sus
versos de modo sólido e incambiable. Lo que se sugiere es que el
Vallejo melancólico, personal y herido por una existencia abrumadora
y caótica, se encuentra en poemas de claro tono sentimental como
COMUNIÓN, NERVAZON DE ANGUSTIA y BORDAS DE HIELO, todos aparecidos
en Los heraldos negros, así como en PALMAS Y GUITARRA, que aparece
en los Poemas humanos y que tiene gran raigambre sentimental: Hoy
mismo, hermosa, con tu paso par/ y tu confianza a que llegó mi
alarma, / saldremos de nosotros, dos a dos. / ¡Hasta cuando seamos
ciegos! / ¡Hasta / que lloremos de tanto volver / .
Lo que sí es claro en Vallejo es que en estas dos etapas que algunos
estudiosos trazan en su obra, lo que sí se encuentra es la alusión a
cierto tipo de temas con mayor insistencia que en otros lugares, es
decir, que probablemente en lo que se denomina la segunda etapa sea
más regular encontrar un tono concretamente político a comparación
de los primeros trabajos, y que en lo que se denomina la primera
etapa se insista más en un ejercicio de especulación existencial
sobre el propio autor y sobre sus preocupaciones interesadamente
personales. El punto es que es innegable que en cada etapa hay
cierto énfasis en temas que le interesa abordar al autor, pero en lo
que no se está de acuerdo es en que la ruptura temática sea radical
y substancial.
En lo que se quiere insistir es que a lo largo de la obra vallejiana
encontramos a un autor bifurcado por varios intereses y temáticas
que impiden comprenderlo como un bloque cerrado e inamovible. En
Poemas humanos se encuentra un claro ejemplo de lo que se ha querido
sostener a lo largo de este escrito. En este trabajo poético que
surge como un compilado poético que abarca lo escrito por Vallejo
entre 1924 y 1928, buena parte de la crítica contemporánea asume que
es el trabajo que demarca la ruptura con el Vallejo de los trabajos
anteriores. Evidentemente, encontramos poemas que exploran sobre la
problemática social presente en ese otro hombre desvalido y
circunscrito a una realidad política que lo golpea, pero a su vez es
posible localizar poemas con un tono más interno y subjetivo que
sigue teniendo en cuenta la importancia de la elaboración
sintáctica.
La preocupación por el Otro desvalido y esclavizado se hace presente
en un poema que desde el mismo nombre denota su sentido, ME VIENE,
HAY DÍAS UNA GANA UBÉRRIMA, POLÍTICA… En la segunda estrofa, Vallejo
evidencia esa preocupación política por el desamparado que se
encuentra a la espera de la aparición de una mano hermana dispuesta
a solidarizarse con el golpeado: Quiero ayudar al bueno a ser su
poquillo de malo / y me urge estar sentado / a la diestra del zurdo,
y responder al mudo, / tratando de serla útil en / lo que puedo y
también quiero muchísimo / lavarle al cojo el pie / y ayudarle a
dormir al tuerto próximo /.
El poema muestra la claridad política que el autor tiene sobre una
realidad social que golpea a muchos y la urgencia que surge de
volverse un voluntario en una causa justa. Esto por un lado. Por
otra parte, en este mismo poemario encontramos a un Vallejo que se
sigue interrogando sobre y desde su subjetividad sobre un mundo
caótico que no parece ofrecer un camino claro y certero. Muestra de
este carácter dubitable se encuentra en ¿QUÉ ME DA, QUE ME AZOTO CON
LA LÍNEA…
En este poema, a través del uso de paralelismos verticales, el autor
estructura el poema desde ciertos interrogantes permanentes que
denotan el tono confuso e inquietante de cada verso: ¿Qué me ha
dado, que vivo? / Qué me ha dado, que muero? / ¿Qué me da, que tengo
ojos? / ¿Qué me da, que tengo alma? / Qué me da, que se acaba en mí
mi prójimo / y empieza en mi carrillo el rol del viento? / ¿Qué me
ha dado, que cuento mis dos lágrimas, / sollozo tierra y cuelgo el
horizonte? / ¿Qué me ha dado, que lloro de no poder llorar / y río
de lo poco que he reído? / ¿Qué me da, que ni vivo ni muero? .
Quien crea que ha logrado entender la obra poética de César Vallejo
es un presumido con ínfulas de positivista extremo. Existe la
pretensión de querer tomársele con pinzas estructuralistas y de ahí
empezar a tomar piezas que, al parecer, se evidencian clara y
distintamente, como las aburridas y sospechosas verdades
cartesianas. Vallejo muestra que no es así, que el mundo es mucho
más complejo de lo que se planteó a lo largo de los discursos
decimonónicos y que aún se constituyen en voces institucionales
vigentes. No es que Vallejo y su obra sean una prolongación y un
documento del discurso marxista-leninista condenándolo a la tarea de
vocero de una circunstancia local. Por otro lado, se tendría a un
Vallejo que a través de sus palabras evidencia el carácter
nostálgico, subjetivo y desolador de una conciencia con tintes
nihilistas y escépticos. Lo que se propone es que la obra poética de
Vallejo es de tal riqueza que huye a ciertos estereotipos
discursivos que pretenden limitarlo a ciertos campos,
interpretaciones ortodoxas y unas definidas áreas de trabajo. Lo que
se quiere dar cuenta es que ese autor que pretendemos aprehender
desde la escueta interpretación de aquella conocida foto que nos
muestra a un hombre cansado, melancólico y meditabundo que sólo se
acompaña de un sombrero y bastón, es mucho más que eso.
Vallejo huye a cualquier interpretación que pretende sentar la
última palabra sobre su obra y que asume que los tópicos abordados
en él están claramente trabajados, estudiados, procesados y
entendidos. La riqueza de Vallejo se encuentra en que siempre huye.
Sabe que su obra es tan rica, compleja y vasta que cualquier
interpretación solo puede apostar a ser un rico trabajo de
acercamiento a ese todo poético elaborado desde infinidad de partes
que huyen al ruido inquisidor del intérprete cazador de una lectura
unívoca y homogénea. Cuando las interpretaciones pretenden trazar el
sentido de una obra, cuando develan el significado, la definición,
lo que quiere decir el poeta, cada metáfora del autor empieza a
morir porque todo queda dicho, establecido, consumado. Como los
grandes clásicos, Vallejo huye a la muerte de la sentencia
interpretativa, es metáfora viva, es fuerza literaria que sigue y
seguirá hablando día a día.
Bibliografía
Grunfeld, Mihai, Antología de la poesía latinoamericana de la
vanguardia. Hiperión, Madrid, 1997.
César Vallejo, Obra poética completa. Biblioteca Ayacucho, Caracas,
1998.
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