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Los Beatles
pusieron su cara en la tapa de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band
e incluso hoy el nombre de Stockhausen alude a música difícil y de
otro mundo, que orbita más allá de la comprensión del escucha medio.
Alemán, nacido como Karlheinz Stockhausen, tenía poco más de veinte
años cuando atrajo la controversia con Klavierstücke (1952-56), una
impactante y hermética secuencia de piezas para piano, y Gesang der
Jünglinge (1955-56), quizás el primer hit de música electrónica.
Compositores conservadores, músicos y público dieron un paso atrás y
protestaron, pero entonces la revuelta estaba en el aire. En los
años ‘50, Stockhausen y sus amigos, asociados y rivales en la
vanguardia de posguerra –John Cage, Pierre Henry, Luciano Berio,
Luigi Nono, György Ligeti, Morton Feldman, Iannis Xenakis y otros–
reinventaron la música con texturas vigorosas, ritmos mercuriales,
dinámicas extremas, combinaciones instrumentales inusuales, formas
no tradicionales desafiantes y, sobre todo, disonancia. Conozco a un
compositor de Seattle que sigue estando orgulloso de haberse parado
y retirado cuando Stockhousen dio una clase como invitado en la
Universidad de Washington en 1958.
Hoy la música de Stockhausen no es difícil: es profética.
Microsonido, fonografía, procesamientos electrónicos, así como las
múltiples formas mutantes de techno, todos tienen una deuda con las
innovaciones de Stockhausen en el sampleo (Hymnen), música intuitiva
(Aus den Sieben Tagen), notación gráfica (Zyklus para percusión),
electroacústica en vivo (Mikrophonie I y II), composición orquestal
(Trans y Inori) y música espacial (Gruppen y Carré). Es citado como
una influencia mayor por los Beatles, Miles Davis e otros
innumerables músicos. La música del siglo XX no sería la misma sin
Stockshausen.
¿Por dónde comenzar, entonces, en la carrera de un compositor
prolífico cuya obra maestra, Licht (1977-2002), es una ciclo de
siete óperas de una semana de duración? Antologizado en muchísimos
discos de apreciación musical, Gesang der Jünglinge parece un punto
de partida obvio, pero la alienígena Mikrophonie I/Mikrophonie II/Telemusik
tiene mi voto.
En Mikrophonie I (1964), Stockhausen transforma un único gran gong
en una orquesta de susurrantes creaks, whirrs, aullidos de
ultratumba y solitarios zumbidos que atraviesan el silencio. Con
múltiples percusionistas y micrófonos, Mikrophonie I magnifica y
desenreda un nuevo universo sónico que reside en un solo instrumento
del que previamente se asumía que sólo emitiría un gran sonido de
"gong" y no mucho más. Compuesto al año siguiente, el grisáceo y
gruñido coro radio-modulado de Mikrophonie II evoca una ópera con
datos corrompidos recibida desde otra galaxia, a pesar de varias
manchas solares. La última pieza del disco, Telemusik (1966), puede
ser el mayor trabajo de música electrónica alguna vez escuchado. Una
magistral metamorfosis de grabaciones etnográficas de Japón, el sur
del Sahara, Bali, la cuenca del Amazonas y otros lugares, Telemusik
vibra con ondas excitantes, voces en Vocoder, y campos
electromagnéticos audibles.
*No se consiguen cds de Stockhausen en disquerías. Como Harry Partch,
Sun Ra y otros aventureros del siglo XX, Stockhausen estableció su
propio sello discográfico: Stockhausen-Verlag ofrece sus discos por
venta directa. Así que, para más detalles, visitar www. stockhausen.
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