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La maldición del boom: Drástica caída de precios de la quinua de exportación

11 Julio 2017 Georg Ismar, Challapata
Una mujer vende quinua en Challapata cuyo mercado antes estaba lleno de sacos de este producto. Georg Ismar/dpa

Una mujer vende quinua en Challapata cuyo mercado antes estaba lleno de sacos de este producto. Georg Ismar/dpa

CIFRAS

60.000 toneladas anuales de quinua se producían a nivel mundial. En solo diez años se pasó a producir más de 250 mil toneladas.

69.000 toneladas fue la producción en Bolivia en el pasado 2016. Bajó 20.000 toneladas tras seis años de crecimiento continuo.

Es día de mercado en Challapata, en el altiplano boliviano. Hasta el año pasado, la superficie de grava equivalente a dos campos de fútbol y con las nevadas montañas de los Andes al fondo estaba repleta de sacos de colores con quinua negra, amarilla y roja, el “superalimento” rico en nutrientes conocido como “grano madre” de la cultura incaica.

Hasta hace relativamente poco tiempo, la quinua solo era consumida por los habitantes del campo. Pero de pronto conquistó el planeta: Naciones Unidas declaró a 2013 “Año Internacional de la Quinua” y la expansión de la cocina peruana ayudó a popularizar esta semilla y convertirla en uno de los alimentos más codiciados del mundo.

Durante los vuelos de trabajo, el presidente Evo Morales suele reponer fuerzas comiendo barritas de quinua. Su cultivo ha impulsado la economía del país, que ahora comercializa derivados como champú o cerveza de quinua.

En diez años, la producción a nivel mundial pasó de 60.000 toneladas anuales a más de 250 mil. Pero en Challapata, no queda mucho de aquel boom.

La maldición del boom

Los agricultores locales no pudieron hacer frente a la nueva competencia global, que además utiliza pesticidas, y el aumento de la producción llevó a una drástica caída de los precios. En lugar de los 6.000 dólares que llegaron a cobrar por cada tonelada, la quinua de exportación boliviana pasó a valer unos 2.500 dólares por tonelada.

“Mientras el precio seguía aumentando, comíamos papas fritas en lugar de quinua para tener más quinua para vender”, explica en el mercado de Challapata, departamento de Oruro, el agricultor Germán Velarde.

A sus 29 años, este joven padre tiene cuatro hijos a los que alimentar y apenas gana unos 700 bolivianos a la semana. “Otros se están llevando los dólares, pero esa no es la quinua auténtica y buena”, lamenta.

Con el éxito de la quinua la producción cambió y comenzó a cultivarse en otras regiones. En Perú, que ha desplazado a Bolivia como líder del mercado, prolifera el estilo industrial: la cantidad prima sobre la calidad.

La nueva realidad

En cambio aquí, en el altiplano, la quinua real lleva cultivándose durante siglos sin pesticidas, sembrada y cosechada a mano. Challapata es el centro de esa producción, pero en vez de los 1.500 bolivianos que se pagaban hace tres años por un saco de 46 kilos, hoy son solo 320 bolivianos.

Mientras en Amazon la quinua roja se vende a unos 16 dólares el kilo, los agricultores de Challapata cobran unos siete bolivianos (menos de 1 dólar) por esa cantidad.

Además, el cultivo de quinua se ha extendido a Estados Unidos, India, China y está arrancando en Europa, incluida España. Debido a la caída de los precios —y a un periodo de sequía—, la producción en Bolivia pasó en 2016 de 89.000 a 69.000 toneladas tras seis años de crecimiento consecutivo.

Actualmente, de los 2.000 agricultores que había, 200 han abandonado el negocio, según el presidente de los productores de quinua, Benjamín Martínez.

Entre ellos figuran Julián Canavari y su novia Matilde Durán, que llegaron al mercado tras conducir unos 80 kilómetros en una Suzuki SUV para vender tres sacos de quinua. Él cuenta que 2013 y 2014 fueron los años de oro. “Con el dinero que gané me compré mi primer coche”. Hoy en día, apenas puede pagar el combustible.

“En el Perú, cultivan quinua modificada genéticamente para aumentar la producción, lo que destruye los precios”, explica sin poder evitar cierto aire de tristeza. “En Europa, nadie sabe que esa quinua no es la misma quinua. Nos iría mucho mejor si pudiéramos vender directamente a los comerciantes de allí”, dice. “Hace algunos años solo había quinua aquí”, cuenta señalando campos de cultivo. “Ahora, algunos apuestan de nuevo por los cereales y la hierba para la cría de ganado”.

La hoja de coca se paga por ejemplo a 40 bolivianos la libra (460 gramos), mientras que la misma cantidad de quinua vale 3,20 bolivianos. Eso sintetiza el drama. Según Canavari, ya apenas le compensa cultivar sus 30 hectáreas. “Si esto sigue así, tendremos que irnos a Oruro o La Paz”, lamenta.

 

Dos agricultores pesan un saco de quinua en el mercado de Challapata. Georg Ismar/dpaUn campesino muestra granos de quinua en el mercado de Challapata, departamento de Oruro. Georg Ismar/dpaLos agricultores Julián Canavari y Matilde Durán, en un campo de quinua en Challapata. Georg Ismar/dpa
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  • maldición, boom, precios, quinua, exportación

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