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PASÓ SUS ÚLTIMOS AÑOS EN EL HOGAR SANTA RITA

Isolina, la dama recordada por su imaginación de tela

23 Enero 2018Mariana Calizaya Vargas
La muñequera de Sucre, Isolina Lavado, revive  en la memoria

La muñequera de Sucre, Isolina Lavado, revive en la memoria

PERSONAJE

Doña Isolina Lavado fue una mujer peruana que costuraba muñecos, animales y otros objetos con retazos de tela que conseguía en las sastrerías de Sucre. Cada uno tenía al menos un valor de Bs 40 o Bs 50.

De retazo en retazo fue formando los juegos de los niños de antaño. Isolina Lavado, la muñequera peruana que dejó un legado en Sucre, fue muy conocida en vida, pero nadie más que el personal del hospicio donde pasó sus últimos días le dio un adiós en su descanso eterno. Tras varios años de su despedida, revive en la mente de varios sucrenses.

En cada esquina, bordando y amarrando su imaginación con pedazos de tela desechados en las sastrerías, doña Isolina, como se la recuerda con cariño, llegó desde Lima (Perú) hace décadas y se convirtió en un personaje entrañable en la Capital, que pasó sus últimos años en el hogar de adultos mayores Santa Rita.

Según relata la encargada de Salud del hospicio, hermana Mary Tardío, Isolina vivía con una hermana en el centro de la ciudad. Al fallecer su familiar, quedó en la calle; no se sabe si fue echada del domicilio o decidió retirarse, de esa manera fue apropiándose de la vida callejera y costurando muñecos, animales, alfileteros e incluso nacimientos de Jesús formados en corazones, todos hechos con trapo.

El investigador Joaquín Loayza recordó que la dama peruana se asentaba en las esquinas de las calles céntricas de Sucre.

“Los que éramos niños entre los años 60, principios de los 70, no podíamos pasar inadvertidos de su presencia. Los domingos se vestía muy elegante, seguramente con trajes que ella había traído desde su lugar de origen y que por tanto correspondían a épocas de los años 30 o 40. Pasaba los domingos muy elegante en su sencillez”, remarcó.

Tardío también la recuerda como una persona “muy educada y elegante”, una mujer de tez morena, estatura estándar, cabellera corta y cuando usaba su sombrero de fiesta, se hacía un moño que iba muy bien con un vestido o un traje.

Se dedicaba con cariño a sus pares del hogar, acota Tardío, pues luego de vender sus muñecos compraba frutas u otro tipo de alimentos para compartirlos con ellos. Los llamaba “sus pobres”. La hermana indicó que nunca quiso recibir alimento del hospicio, sino hasta que ya no pudo salir a la calle.

¿Cómo llegó al hogar? Loayza contó que las autoridades de entonces la invitaron a vivir en el hogar, pero se rehusaba porque aseguraba que le quedaban fuerzas para continuar con su forma de vida.

Tirado acotó que doña Isolina fue mordida por un can, situación que la llevó a pasar las noches en “Santa Rita” durante unos 15 años.

En las fiestas cívicas solía vestir de blanco, asistía a misa y luego al desfile, siempre elegante y maquillada. En cambio en Semana Santa, por ejemplo.vestía de negro.

Con el pasar de los años, fue atacada por otro perro y dejó las calles; el patio del hogar se volvió su puesto de venta hasta que falleció más o menos en el año 2000. Los objetos que costuraba eran adquiridos principalmente por turistas.

“Pensamos que podía haber mucha gente para su entierro, pero no hubo nadie. Era una persona muy trabajadora, dedicada a sus muñecos y yo creo de respeto al país que le acogía, porque asistía a todos los acontecimiento cívicos. Era una persona que amaba a ‘sus pobres’ como les decía”, relató al señalar que luego de su fallecimiento, todavía fue buscada por la gente.

Loayza añadió que aunque las personas adquirían sus trabajos “por caridad” también descubrieron “el valor estético de su trabajo y una individualidad inconfundible”.

Compartió que en algunos domicilios encontró ejemplares por los cuales pagarían una fortuna porque “no responden al patrón industrial de los peluches actuales, por una parte, y por otra, tienen una característica personal que les hace tan diferentes que le dan mucho valor”.

Apuntó que en vida, muchas personas no son reconocidas por lo que hacen, en cambio pasados muchos años, sus bienes o legados cobran mucho valor.

“El Mercado” busca muñecos de doña Isolina

La mayor cantidad de muñecos elaborados por doña Isolina serán bienvenidos en una exposición temporal que prepara el centro cultural El Mercado en homenaje a esta dama que marcó la infancia de muchos capitalinos.

La convocatoria de El Mercado apunta a recuperar la mayor cantidad de muñecos de trapo diseñados por doña Isolina Lavado, la muñequera que convertía retazos de tela en juguetes infantiles.

Carmen Julia Heredia y José “Pepe” Alberto, propietarios de El Mercado, además acumulan información para rescatar la memoria de este personaje querido por muchos en décadas pasadas.

“De lo que era supuestamente basura (los restos de tela), ella ha logrado un mundo infantil, lo convirtió en un sueño”, señaló Heredia.

Si desea compartir la historia de su muñeco en la exposición, puede dirigirse a la calle Olañeta Nº 227 casi esquina Destacamento 111.

 

COSTURERA. Doña Isolina sentada, ofreciendo sus muñecos y en el hogar Santa Rita en abril de 1992.COSTURERA. Doña Isolina sentada, ofreciendo sus muñecos y en el hogar Santa Rita en abril de 1992.
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