Diario Digital Correo del Sur
FASCINANTE (Y ATERRADORA) CRÓNICA DE UN BOLIVIANO QUE ESTUVO ALLÍ LA MADRUGADA DEL 16 DE JULIO DE 2016. AHORA PUEDE CONTARLO.

Turquía, la larga noche de un golpe fallido

08 Octubre 2017Carlos Torrico Delgadillo (*) para ECOS
“Los vuelos […] hasta entonces no habían sido rasantes. Se limitaban a sobrevolar entre el Mar Negro y el Mediterráneo,

“Los vuelos […] hasta entonces no habían sido rasantes. Se limitaban a sobrevolar entre el Mar Negro y el Mediterráneo,

Ahora lo sé, las explosiones sónicas pueden producir desastres, y caos, cuando se dan en medio de una ciudad. Así lo constaté la madrugada del 16 de julio de 2016, en Cihangir, mi barrio de Estambul en Turquía, cuando potentísimos F16 se dieron a ejercicios disuasivos con trepidantes vuelos rasantes buscando frenar un golpe de Estado.

Las explosiones de sonido suelen producirse en la estela de los aviones que sobrepasan la velocidad Mach 1. El problema es que, cuando esos vuelos supersónicos son rasantes en espacios urbanos, las consecuencias pueden ser dramáticas.

Así lo viví aquella madrugada de julio en Estambul, donde cada paso rasante de los F16 me hacía pensar en bombas lanzadas aquí y allá, sobre todo porque al estrépito de los aviones le seguía el estallido de ventanas y gritos de mujeres y niños pávidos, además de electrizantes chirridos de alarmas de automóviles y viviendas.

¿Acaso se venía lo de Alepo, la fronteriza ciudad siria devastada por la guerra? El ambiente sonoro, las vibraciones que producían, el polvo que generaban, no daban sino la impresión de un bombardeo urbano.

Y, sin embargo, cuando a gachas me asomaba por el balcón, abajo no se veía fuego ni escombros, solo polvareda que a trasluz daba la impresión de humo, ¡de incendios! Tardé algunos minutos en darme cuenta de que en realidad no caían bombas y de que aquella bruma no era humo sino polvo, de que todo era producido simplemente por las explosiones sonoras. Recordé haber leído sobre ese fenómeno alguna vez en una revista de ciencias, pero claro, nunca los había imaginado tan impactantes.

Fue quizás por ello mismo, por el efecto psicológico que tal fenómeno genera, que aquellos vuelos de los F-16 fueron ordenados por el presidente Erdogan desde su improvisado refugio en el aeropuerto Ataturk, como parte de las maniobras desesperadas por ganarles el pulso a quienes buscaban, esa madrugada, cazarlo del poder.

Los vuelos habían empezado a la 1:30 de la madrugada. Pero hasta entonces no habían sido rasantes. Se limitaban a sobrevolar entre el mar Negro y el Mediterráneo, a lo largo del paso del Bósforo. Desde mi ventana solo los veía, a lo lejos, como estelas de luz al albor de una hermosa luna que al día siguiente sería llena. Estelas distantes que a esa hora resultaban ser más bien un vistoso espectáculo.

Calles trajinadas en la madrugada

Las cosas cambiaron cuando, cerca de las 3:30, los vuelos se hicieron rasantes. Para entonces, mi compañera y yo ya nos habíamos metido en cama, aunque con lo confuso de las informaciones que circulaba en las redes sobre el golpe en curso, a mí me costaba dormir. Trataba de saber algo más sirviéndome del teléfono celular. Entretanto, los ruidos desde la calle se hacían inquietantes, entre ellos el de los altoparlantes de las mezquitas que se encendían de rato en rato y no precisamente para llamar al rezo sino para arengar con consignas políticas y vivas a Erdogan, al que pedían defender contra los golpistas.

Eran voces que sonaban nerviosas, distintas a la de “clérigos cantantes” que, después de haberme pasado cuatro años oyéndolos cinco veces al día por altoparlantes, ya las conocía. Esa noche, sin embargo, esas voces eran más de discurso de calle que de clérigos.

La gente no tardó en volcarse a las calles al son de consignas progubernamentales y gritos de “¡Jerdo´han!”, “¡Jerdo´han!” (Erdogan). Mucha de aquella gente pasaba debajo de mi balcón en dirección a los puentes del Bósforo que unen al continente europeo con el asiático. Su intensión era la de bloquear el paso a los tanques de la fracción del ejército golpista, cosa que lograrían con éxito. De hecho, esa iniciativa popular fue la que, en gran medida, paró el golpe, como se supo después.

En casa, los estornudos alérgicos de mi hija empezaban a hacerse demasiado frecuentes; suele desatársele la alergia cuando se concentra la humedad y el calor en el departamento. Pero, ¿qué hacer? Esa madrugada no tenía elección: debía mantener las ventanas de su habitación cerradas, no solo por el ruido callejero sino por los posibles gases lacrimógenos. Ya habíamos sufrido una contaminación así hace tres años, en este mismo barrio, cuando hasta aquí llegó la represión, a lo largo de la noche, de manifestantes de las jornadas del “Gezi Park”. Esta vez, sería más precavido.

La información que me llegaba a través de Internet era confusa. Todavía resultaba difícil saber quién ganaba en la lucha por el poder. ¿Y si yo también salgo?, me decía. Después de todo conozco a turcofranceses en este barrio cosmopolita. Esperaba encontrarlos fuera con algo más de información que yo, pues los imaginaba siguiendo los sucesos por medios turcos. Me dispuse a salir. Buscaba ya qué vestirme cuando empezaron, de manera sucesiva, los impresionantes vuelos rasantes de los F-16 y las consecuentes explosiones sónicas.

Estrépitos repentinos

El instinto hizo que me recostara, que escondiera la cabeza, por lo menos por unos segundos, al mismo tiempo que mi compañera se despertaba sobresaltada y que mi hija llegaba gritando a nuestra cama. En la calle, la gente desesperada, en desbandada, buscaba algún refugio.

Nuestras ventanas no estallaron, aunque saltaron sus seguros y se abrieron violentamente. Las de los vecinos se hicieron añicos. El estrépito de los vidrios y sus gritos hilarantes hicieron que el pánico también llegara a nuestra casa: “¡No quiero morir!”, gritaban, “¡no quiero morir!”.

Un rápido y sigiloso escrutinio desde mi balcón, aún bajo el sucesivo estruendo, me dio la certeza de que la situación no era lo que parecía. Que las explosiones no eran sino sonoras. Con esas explicaciones traté de calmar a mi hija y a mi compañera, convenciéndolas de que no nos llegaría ninguna bomba... Todo el mundo parecía estar sugestionado con una guerra total, con el desastre, con una desgracia similar a la que sufría la vecina Siria.

Los sobrevuelos duraron lo que quedaba de la noche, aunque no siguieron siendo rasantes. Hacia las 4 de la madrugada, las calles empezaron a vaciarse y silenciarse. Fue el momento en que me las arreglé para dejar ventanas y puertas abiertas y tratar de dormir, por fin, recibiendo la brisa fresca del mar, tan necesaria en esta época del año en Estambul…

Esa misma mañana,

Hacia las 11:00, Cihangir ya había retomado su rutina cuasi habitual, salvo por el empeñoso trabajo de vecinos que, cuchicheando, recogían vidrios de ventanas desparramados en las calles. Todos sabíamos ya del fracaso del golpe. Y sabíamos de la cantidad de caídos en ambos bandos: cerca de 250 personas entre Estambul y Ankara. Una gran tragedia.

Y, sin embargo, unas calles más arriba, el frutero seguía tan afable como siempre. Los chicos de la panadería también. Mientras hablaba con ellos,→ →una pequeña caravana de vehículos, ornamentados con banderas turcas y con un altoparlante adaptado en el capó del primer vehículo, pasaba haciendo sonar a todo volumen el Himno Nacional. “Hay reunión en plaza Taksim”, me dice el elegante panadero en su inglés rudimentario. Yo le pregunto si él irá a la concentración. Me dice que no. “No, no, no”, gesticulando cada uno de sus “noes” con algo de exageración, para que no me cupieran dudas.

- ¿Por qué no? -insisto.

- Yo no apoyo a Erdogan -me dice, bajando la voz.

- ¿Y por qué?

- Yo, bebo, yo tomo alcohol, yo quiero libertad -me dice con un guiño y una amplia sonrisa pícara.

- Lo sé, lo sé -le respondo, en complicidad, señalando ahora con la mirada a las personas tranquilamente sentadas en su cafetería, para luego preguntarle si sus clientes se nutrían bien para ir más tarde con toda energía a la concentración. Me responde, socarrón, pero en voz baja:

- Oh, oh, that would surprise me! (¡Oh, oh!, eso me extrañaría).

¿Gritarle vivas a Erdogan?

Claro, parece evidente. La gente (o esa categoría social) que aquella mañana andaba ya en los cafés de Cihangir no es, precisamente, la que tomará banderas para gritarle vivas al Presidente turco. Los que lo hacen, y cruzan en caravana por aquí, son los que llegan desde otras zonas, de barrios como Fathis, más “tradicionalistas” y “conservadores” que este de Cihangir, que tiene más bien un aire bohemio en medio de un intenso proceso de gentrificación en el que comercios tradicionales compiten con cafés muy a la onda “hipsters”. Un barrio que socialmente se sitúa, en suma, lejos de la “base social” en la que se apoya Erdogan.

Podríamos decir que esta escena en la que unos asiduos a un “café de onda” miran de reojo a “las hordas” ruidosas progubernamentales que van a manifestar su apoyo al Presidente, saca a relucir las clásicas oposiciones sociales de este país. El intento de golpe no hizo sino clarificarlas: la cara tradicionalista, popular e islamista de Turquía, la que derrotó en las calles a lo largo de la noche el golpe a su líder; es la que ahora se encuentra en posición de fuerza. No siempre fue así. O mejor, es una categoría social que nunca tuvo tanta fuerza si se cuenta la historia desde el inicio de la república turca, luego de la ruinosa alianza del Imperio otomano con Alemania, durante la Primera Guerra Mundial.

En efecto, la república turca nació en 1923 de las ruinas del Imperio otomano y musulmán. Pero lo hizo abrazando la laicidad, el occidentalismo, de la mano de Mustafa Kemal, dicho “Ataturk”, que en turco significa “Padre de la Patria”. Este personaje fue un militar destacado e ideólogo, además de primer presidente de la nueva república. La expresión, en la jerga política local, de “kemalismo”, resume los contornos de dicha ideología con epítetos como “modernista, laicista, pro occidental”, soportados por el ejército. En suma, el “proyecto de país” de Ataturk era uno que proponía el divorcio con el pasado otomano. Y en efecto así lo fue, o trató de serlo, a nivel de las instituciones del Estado, la escuela, las universidades. Fue, pues, el ideario cuasi monopólico del Estado turco a lo largo de casi un siglo... hasta la llegada de Recep Tayyip Erdogan, hace una década.

Nuevos tiempos

Erdogan llegó al poder antes como Primer Ministro (2003), plegándose de inicio al kemalismo. Una vez allí, emprendió poco a poco el giro ideológico que lo mantiene en el poder más allá de los tiempos constitucionales. Maniobras que podrían resumirse en sus repetidas frases de “retomar el legado musulmán del gran Imperio otomano”, que implica además el sultanato en la forma que toma su liderazgo, dejando de lado por tanto a los valores del mundo occidental, su modelo democrático, su horizonte civilizatorio.

Ese giro político e ideológico se hizo explícito hacia 2008 con su polémica reforma del Código Civil, calificado de “islamista” pues con él autoriza y promueve el uso del velo islámico en escuelas, universidades, ejército, además de restringir, entre otras cosas, el consumo de alcohol en lugares públicos (como terrazas de cafés). Todo un conjunto de “reformas societales” que van en dirección del conservadurismo religioso y tradicionalista, del que las libertades civiles, las reivindicaciones feministas, de minorías como la de homosexuales, etc., quedan muy restringidas. A esas reformas deben sumarse las de la Constitución, las nuevas atribuciones del Presidente, la posibilidad de ser reelegido y otras.

Recep Tayyip Erdogan cursó sus estudios de secundaria en una escuela islámica (equivalente a los seminarios católicos del occidente). Sin embargo, tampoco es un “místico religioso” a la cabeza de un Estado, como a veces se lo describe desde afuera. Es más bien un político pragmático que supo sacarle rédito a la realidad conservadora y musulmana de una gran parte de la base social de este país.

Esa base social fue relegada, debe decirse, por el kemalismo a lo largo de su historia. O como nos narra, por ejemplo, una mujer turca, “antes de Erdogan era muy mal visto usar un velo islámico. La gente te miraba con desdeño y de reojo. Además, era tomado como popular, provinciano, campesino. Una mujer ‘moderna’, que termina la escuela, que va a la universidad, que trabaja, no debía usar velo. Era realmente mal visto. Con este gobierno, eso ha ido cambiando poco a poco. Siempre hubo muchas mujeres que querían usar el velo, pero no lo hacían porque era mal visto. Ahora ya no”.

Lo que hizo Erdogan es explotar ese sentimiento de exclusión de la mitad de los habitantes de este país, ahora más polarizado que nunca.

De hecho, cuando la oposición al actual régimen sale a las calles a manifestarse contra el actual poder, lo hace con banderas kemalistas, es decir, unas que llevan estampada el rostro de “Ataturk”. Con ello quieren significar su rechazo a la moral religiosa del actual Estado, y su defensa del liberalismo societal: de la “modernidad occidental”.

Así, las banderas se han convertido, en las calles, en marcadores de bandos. Sin embargo, en esta lucha por los símbolos, los partidarios del régimen tampoco quieren dejarle a la oposición la propiedad de un ícono histórico como Ataturk. Solo que, como no se osó con otro líder antes de él, al igual que la estampa de Ataturk en las banderas turcas, ahora se estampa también el rostro de Erdogan, el “nuevo padre de la nueva patria”. Por lo menos para la mitad del pueblo turco. •

* El autor es comunicador social por la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca y master en Sociología.

Hacia las 4 de la madrugada, las calles empezaron a vaciarse y a silenciarse. Foto: Carlos Torrico...Los que lo hacen, y cruzan en caravana este barrio, son gente que llega desde otras zonas de la ciudad, de barrios...“La gente no tardó en volcarse a las calles al son de consignas progubernamentales y gritos de ‘¡Jerdo´han!’, ‘¡Jerdo´..“Antes de Erdogan era muy mal visto usar un velo islámico. La gente te miraba con desdeño y de reojo.“Cuando la oposición al actual régimen sale a las calles a manifestarse contra el actual poder, lo hace con banderas...“En esta lucha por los símbolos, los partidarios del actual régimen tampoco quieren dejarle a la oposición la...
  • 377 veces leída
  • Ecos
  • Turquía, golpe, fallido, desastres, Estambul

También le puede interesar...

05 Octubre 2017, 01:46

Irán y Turquía amenazan a los kurdos de Irak

Los presidentes iraní, Hasan Rohaní, y turco, Recep Tayyip Erdogan, amenazaron ayer a la región del Kurdistán iraquí con tomar medidas "más fuertes" en represalia por el reciente referéndum de independencia kurdo.

Correo Ferial: Fexpo 2017

Marketing Digital

Marketing Digital Udabol
Especial: Correito del Sur 2017Especial: 25 de Mayo de 2017Especial: IncahuasiOscar Crespo 2017

Páginas Amigas

SoySucre.info: La mejor Información Turística de Bolivia.

Suplementos



Editora Canelas del Sur S.R.L.

Correo del Sur © 2017
Todos los derechos reservados

Contáctenos

Dirección:

Calle Kilómetro 7 No. 202
Casilla Postal 242, Sucre - Bolivia

Teléfonos:

Piloto: +591 4 6461531
Comercialización +591 4 6458178

Correos electrónicos:

Redes Sociales

Síguenos en:

ROOTCODE
Sistema de Gestión de Diarios Digitales v1.9.9
Desarrollado por DEVIAN SRL & ROOTCODE