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Hijo único

24 Diciembre 2017Evelyn Campos López ECOS
Hijo único

Hijo único

Hay parejas que por diferentes motivos deciden en consenso tener un solo hijo. Una psicóloga habla sobre este tema, desmitifica conceptos y suposiciones, menciona las ventajas y desventajas y brinda consejos a los padres sobre cómo criar y educar a su hijo único.

La dinámica de los tiempos que corren ha hecho cambiar un sinfín de realidades del pasado... Ahora, el modelo familiar es distinto al de otras épocas, cuando invariablemente la familia tipo estaba integrada por mamá, papá e hijos.

Las personas se van formando guiadas por nuevos valores y decisiones que adquieren en el camino.

Así, los proyectos personales y en pareja, lo mismo que las rutinas, se van fusionando.

“Es importante reconocer que en la vida todas las situaciones son dinámicas y cambiantes. El tema de la situación familiar también ha sido parte de esta dinámica ya que ahora se puede comparar a las familias de generaciones pasadas con las actuales, siendo la cantidad de integrantes la gran diferencia”, manifiesta a ECOS Verónica Jadue Serrano, psicóloga del centro de apoyo psicopedagógico AMIMUNDO en Sucre.

Los motivos

La decisión de las parejas de tener un solo hijo es algo frecuente en la actualidad, el resultado de una planificación racional.

Entre los motivos que impulsan a tomar esa determinación están: dar prioridad a la profesión, postergar la maternidad, las altas tasas de divorcios y el dinero que no alcanza.

Antes de iniciarse en la paternidad, muchos hombres y mujeres buscan primero la estabilidad económica, la realización personal y el reconocimiento profesional, y las exigencias laborales les quitan mucho tiempo.

La maternidad demanda una mayor demanda física y emocional. Y, la reincorporación a las rutinas previas a la maternidad, con más de un hijo, implica menos tiempo para lo laboral y la vida social.

“Otro aspecto importante con la maternidad es no querer repetir las sensaciones y miedos atravesados con la crianza de un primer hijo”, agrega Jadue, quien tiene una experiencia de más de 12 años de trabajo con niños y adolescentes.

Recomendaciones

Según la profesional, cada pareja debe construir sus propios deseos, proyectos y estilo de vida teniendo claros sus valores. “Es importante que cada uno pueda compartir y comunicar aquello que proyecta con su pareja para poder establecer los cimientos de una nueva vida juntos, con sus propias decisiones y vivencias”, explica.

Además, la decisión de tener un solo hijo debe ser mutua en la pareja, porque muchas veces se privilegian los tiempos de uno de los dos y se produce un desequilibrio.

Lo ideal es congeniar los deseos y prioridades de ambos.

Para llegar a un acuerdo es fundamental la comunicación entre las partes. Que cada uno pueda expresar lo que siente, sus miedos e inquietudes.

Mitos

“Siempre se ha asociado el concepto de hijo único con la extrema protección y la mala educación. Los mitos y creencias respecto a ellos están presentes desde finales de 1800, cuando G. Stanley Hall, conocido como el fundador de la psicología infantil, determinó que ser un hijo único era en realidad una desgracia, una enfermedad”, recuerda la psicóloga consultada por ECOS.

A estos hijos se los consideraba individualistas, orgullosos, ambiciosos y controladores; que se creían el centro del universo, por lo que llegaban a convertirse en “pequeños dictadores”. De hecho, se ha tipificado la existencia de un “Síndrome del pequeño emperador”, también conocido como “Síndrome del hijo único”.

Se decía también que tardaban más tiempo en salir solos ya que sus progenitores consideraron durante mucho tiempo que eran muy pequeños todavía para hacerlo.

Del mismo modo se pensaba que demoraban más en ser independientes, pues todo lo hacían sus padres. Por ejemplo, los vestían por la mañana para que no llegaran tarde a la escuela, les preparaban la mochila para el día siguiente, para que no se olvidasen de nada.

Se afirmaba que hacían su voluntad, pasando por encima de quien sea, o que no les importaba ver si sus actos afectaban a las personas con quienes convivían. Y se decía que eran misteriosos, que no compartían sus intimidades.

Al considerar todos estos conceptos en la crianza de un niño, lo más probable es que lejos de las características negativas que pudieran ser inherentes a la condición de ser hijo único, resaltan capacidades como el liderazgo y la autonomía, además de una personalidad extravertida y con un alto nivel de autoestima. Finalmente, todo pasa por cómo los padres enfrentan la educación.

“Investigaciones aseguran que un hijo único posee más cualidades que defectos. Antes, el hijo único tenía fama de creerse el centro del universo, de ser egoísta, malcriado y rebelde. En cambio, hoy en día se lo considera una persona normal, independientemente de que sea único o no”, sostiene la psicóloga Jadue.

¡Un síndrome!

El Síndrome del hijo único o del pequeño emperador refiere a niños mimados, egoístas y “agrandados”. Esto debido a que su interacción social es, principalmente, con adultos.

Según el Instituto de Psiquiatría y Psicología Médica de España, Neurosalus, la sobreprotección es un problema porque los padres, dedicándole más tiempo y recursos a un niño, pueden llegar a aislarlo y crearle un mundo aparte, lleno de comodidades, hasta hacerlo sentir especial.

Los hermanos

La relación fraternal es un sistema de apoyo único. Los hermanos son los miembros de la familia que con toda probabilidad coexistirán más a lo largo de la vida.

Ellos están más cerca que los padres, son “maestros” y modelos a imitar debido a que esta relación a menudo está basada en la admiración, el cariño, la confianza y la simpatía. •

La personalidad de los hijos únicos

De acuerdo con Magda Campos, en la guía del niño.com, existen cinco rasgos de personalidad en los hijos únicos:

1. Son afectuosos y muy unidos a sus padres. Los lazos que los unen son muy íntimos y fuertes. Los niños admiran a sus padres, los imitan en todo, comparten gustos, opiniones y su forma de ser. No es raro que de adulto elijan la misma profesión de uno de sus progenitores.

El riesgo: En la adolescencia necesitan rebelarse contra los padres para asumir su propia identidad. Los hijos únicos tardan más en hacerlo y esta falta de sana rebeldía puede ocasionar una importante carencia de imagen propia en los años clave para su desarrollo personal.

2. Ambiciosos. Desde pequeños suelen llevar sobre sus hombros los sueños de sus padres que se proyectan en ellos como único espejo. Están acostumbrados a ser exigidos, a soportar la presión y a buscar el éxito.

El riesgo: Los padres no deben perder de vista que su hijo no ha nacido para alcanzar sus ambiciones y que a ellos les toca encontrar su propio camino.

3. Seguros de sí mismos. No tienen competidores en casa y reciben todos los estímulos y alabanzas, lo que contribuye a que crezcan con una buena autoestima.

El riesgo: Pueden llegar a pensar que son niños superiores a los demás o que su manera de actuar es la única posible. Esto les hará mostrarse intolerantes, testarudos y poco comprensivos. Limitar los elogios es la recomendación de todos los psicólogos.

4. Responsables e inteligentes. El contacto constante con los adultos les lleva a manejarse bien en el mundo de los mayores. Son maduros para su edad, se expresan muy bien y suelen ser buenos alumnos.

El riesgo: Pueden comportarse con soberbia y aceptar mal el fracaso. La buena relación que suelen mantener con el profesor en el colegio les puede alejar de los compañeros y ahondar su sentimiento de solitario incomprendido.

5. Prudentes. Durante los primeros meses de vida la madre siente un fuerte apego hacia su bebé. Si no nacen más hermanos, este vínculo permanece invariable a lo largo de la infancia. Con frecuencia, los padres temen con mayor intensidad que a su hijo le pase algo, lo que le suele convertir en un ser prudente que evita los riesgos incontrolados.

El riesgo: Sin darse cuenta y tal vez por exceso de cariño, los padres pueden poner trabas a su autonomía por temor a que se aleje de ellos y de la protección que ejercen.

Para no tener un “pequeño emperador” en casa

  • No seas demasiado condescendientes, no lo protejas mucho.
  • Evita la “sobrecompensación” por ser hijo único.
  • No le des un espacio de decisión en temas de adultos.
  • No esperes perfección en sus actividades, acepta sus fallas y defectos.
  • Establece con claridad reglas y límites.
  • Entrega la atención justa que necesita tu hijo.
  • Anímalo a que siga sus propias inclinaciones.
  • Valora sus logros, pero sin elogiarlo demasiado.
  • Nunca le niegues afecto, eso le dará seguridad.
  • Regáñalo o castígalo cuando sea necesario sin sentirte culpable.
  • Combate su “soledad” fomentando relaciones sociales con otros niños.
  • Evita que siempre esté rodeado de adultos.
  • El padre es fundamental para el niño, pues ayuda a que no esté demasiado apegado a la madre.
  • No seas posesivo, déjalo compartir con otros niños.
  • Evita demasiado control. No le digas a toda hora “no toques”, “no hagas eso”, “te harás daño”, etc.
  • Invita a sus amiguitos para que jueguen en casa y deja ir a tu hijo a la de ellos.
  • No lo trates como un adulto, recuerda que él es un niño; déjalo que viva su infancia.
  • Ayúdalo a tomar sus propias decisiones sobre cómo vestir o qué comer.

FUENTE: Psicóloga Verónica Jadue

Ventajas y desventajas del hijo único

VENTAJAS

  • Se le puede dedicar más tiempo y más recursos.
  • Los conflictos de relación y autoridad se reducen, ya que no existen disputas por el espacio o la atención de los padres.
  • El niño vive con una carga menor de ansiedad y se siente muy querido, seguro de sí mismo y con una autoestima alta.
  • Su desarrollo lingüístico es sorprendente y los resultados académicos suelen ser muy buenos debido a la intensa relación que tiene con los adultos y la atención y estimulación que recibe de sus padres.
  • Desarrolla mucho su imaginación, aprende a entretenerse solo y favorece su afición por la lectura.

DESVENTAJAS

  • Todas las expectativas y exigencias familiares recaen exclusivamente sobre el hijo único.
  • Se acostumbran a ser el centro de atención. Esto los hace más egocéntricos, impacientes y egoístas, ya que no están acostumbrados a compartir.
  • Los padres se sienten culpables de no dar a su hijo un hermanito y tratan de protegerlo en exceso para compensar las carencias que le haya podido ocasionar criarse en soledad.
  • Al convivir solo con adultos pronto interiorizan el lenguaje, la forma de pensar y el comportamiento de las personas mayores, por lo que suelen madurar a una edad demasiado temprana.

FUENTE: Psicóloga Virginia González

Ventajas de tener hermanos

  • “Tener un hermano representa aprender a compartir tempranamente no solo los juguetes sino también la atención y el amor, significa aprender valores universales de respeto, cooperación y colaboración”.
  • Algunos estudios demuestran que tener hermanos permite a los niños aprender a ser “maestros”, sentirse bien con ellos mismos por ser un modelo a seguir. Con el ejemplo les enseñan a ir al baño solos, a vestirse, a ser más independientes y autónomos.
  • Los hermanos pequeños son alumnos excelentes que aprenden por imitación. Se ve que intentan ser como su hermano mayor, al que admiran y respetan.
  • Cuando hay hermano se tiene compañero de juegos, de risas, un cómplice en las travesuras, un confidente de secretos, un maestro ejemplar… No se podrá evitar que surjan conflictos entre ellos, pero incluso estos pueden ser una fuente de aprendizaje.
  • Los niños con hermanos aprenden pronto a resolver conflictos generados en la cotidianidad del día, a negociar, ceder, posponer sus necesidades a favor de los demás, a ser más generosos y empáticos, capaces de ponerse en el lugar del otro y comprender lo que necesita.
  • Los niños con hermanos tienen más facilidad para hacer amigos, para ayudar a los demás, para ser menos egoístas y más empáticos.
  • “Para conseguir todo eso es fundamental la ayuda de padres implicados en la educación de sus hijos, favoreciendo la cooperación y colaboración y no la competitividad y rivalidad entre hermanos”.

FUENTE: Psicóloga Verónica Jadue

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