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Detox mental

18 Marzo 2018María Jesús Ribas EFE-REPORTAJES
La felicidad no depende de dónde ponemos los pies, sino de dónde está la cabeza. EFE/Mario Guzmán

La felicidad no depende de dónde ponemos los pies, sino de dónde está la cabeza. EFE/Mario Guzmán

Nuestro cerebro fabrica fantasías, preocupaciones y obsesiones alejadas de la realidad en las que quedamos atrapados, pero podemos desengancharnos de los pensamientos que nos ofuscan siguiendo unas sencillas claves para depurar nuestra mente.

¿Está cansado/a de vivir atrapado/a dentro del parloteo de su mente? ¿Le gustaría dejar de estar sujeto/a a los pensamientos que entran en su cabeza sin pedirle permiso y siguen dando vueltas en ella, provocándole reacciones de pena, miedo, rabia o vergüenza?

“La felicidad no depende de dónde ponemos los pies, sino de dónde está la cabeza, y nuestros ánimos merodean por el lugar por el que andan nuestros pensamientos”, según la doctora en Psicología Jenny Moix (www.jennymoix.com), profesora titular de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en España.

“Si en algún momento logramos ser conscientes del contenido de nuestros pensamientos, (hay que) verlos con cierta distancia, entonces se abre la posibilidad de darnos cuenta de que, quizás, nos estamos ofuscando por alguna idea carente de sentido”, señala Moix, que aborda este tema en su último libro: ‘Mi mente sin mí’.

Pero ¿es posible controlar la mente? pregunta Efe a Moix, también autora de los libros ‘Felicidad Flexible’ y ‘Cara a cara con tu dolor’.

“Para controlar la mente, el primer error es querer controlarla. Es tan paradójico como cierto”, responde Moix, desde su despacho de la UAB, en Bellaterra (Barcelona, España).

“Cerremos los ojos e intentemos estar cinco minutos centrados únicamente en la respiración. Nos resultará imposible. Entrarán pensamientos en la cabeza sin pedir permiso: el email que tenemos que enviar, lo que nos dijo un amigo ayer… En la cabeza no existe un botón de encendido y apagado para parar lo que pensamos”, explica la experta.

Moix dice que “no podemos controlar la mente como un aparato y debemos tratar los pensamientos como si fueran nubes: cuando aparecen los dejamos pasar sabiendo que el sol siempre está detrás. Se trata de no quedarnos enganchados en lo que pensamos”.

Aunque Moix reconoce que desengancharse de lo que pensamos resulta difícil, porque lo que pensamos creemos que es cierto, que es la realidad, pero la mayoría del tiempo lo que hace nuestro cerebro es fabricar pensamientos muy alejados de lo real.

Esta doctora en Psicología explica en qué consisten y cómo podemos desintoxicar nuestra mente de tres de las formas más frecuentes de pensamientos intrusos: las fantasías incontroladas, las preocupaciones circulares y las obsesiones parasitarias.

Fantasías que descontrolan

“Cuando no estamos concentrados en algo, nuestro pensamiento empieza a divagar, se va fuera del presente. A veces se va al pasado, a veces al futuro… y otras veces al mundo de la fantasía”, indica Jenny Moix a Efe.

Aunque este fenómeno “no es igual en todas las personas, los estudios indican que la mitad del tiempo nuestra mente se pasa vagabundeando en ese mundo fantástico”, prosigue.

Según Moix, hay muchos tipos de fantasías, las sexuales quizás sean las más estudiadas, pero también existen de venganza, románticas, y son muy usuales las fantasías de conversación, cuando mentalmente hablamos con otra persona.

“No tienen por qué ser malas. A veces a través de las fantasías llegamos a ideas creativas. En otras ocasiones, si estamos por ejemplo sufriendo un dolor físico, nos pueden servir para evadirnos”, afirma.

“Tienen consecuencias negativas cuando nos las creemos. Por ejemplo, si tenemos la fantasía de que nuestro hijo tiene un accidente lo pensamos firmemente, o cuando son demasiado frecuentes, lo cual significa que nos estamos evadiendo de la realidad, que las empleamos como un mecanismo de defensa”, enfatiza.

“Es importante darnos cuenta de que cada uno de nosotros en realidad somos dos. Por un lado está la mente, que actúa como el mono que salta de rama en rama, saltando de idea en idea y, por otro, está el ‘yo observador’, esto es, una parte de nosotros que se da cuenta de que estamos fantaseando. Es decir, una parte que observa la mente del mono”, señala Moix.

“Al mono no podemos controlarlo, castigarlo, prohibirle… porque todavía es peor. Se trata más bien de observarlo mucho y no hacerle mucho caso. No darle de comer”, sugiere.

“Cuando actuamos o pensamos con piloto automático es el mono quien domina. Para evitarlo tenemos que potenciar esa otra parte del ‘yo observador’”, apunta.

“¿Cómo se hace? Practicando. Igual que si nos dicen que hemos de ir con la columna más erguida, sólo podemos hacerlo si nos damos cuenta de que andamos curvados. Pues lo mismo con la mente, estar atentos a lo que pensamos para cambiar el rumbo”, recomienda Moix.

Las preocupaciones circulares

“La preocupación es como rumiar y tiene una forma circular. Cada vez es más difícil salirse del círculo porque las vías neuronales por donde pasan esas ideas están cada vez más sensibilizadas. Es como si el mono siempre caminara por el mismo camino, y esa ruta cada vez está más marcada y resulta más difícil desviarse”, señala Moix.

“La preocupación genera malestar, no podemos dormir, no podemos disfrutar de nada. Eso lo sabemos, y entonces queremos dejar de preocuparnos porque queremos dejar de estar mal, pero no podemos. Y, por consiguiente, nos sentimos→ →culpables por preocuparnos. Y el malestar aumenta”, explica.

“La culpabilidad por no poder controlar la mente aumenta la fortaleza del círculo vicioso”, recalca.

Moix sixw que “hay muchas preocupaciones: por el dinero, el cuerpo, los hijos, el trabajo…, pero todas ellas tienen algo en común: que la realidad no se ajusta a nuestras expectativas y eso nos hace sufrir. Y pensamos cómo cambiar la realidad; casi nunca pensamos en cambiar las expectativas”.

“Aceptar la realidad nos cuesta y lo vemos como una resignación. Solo aceptando las cosas tal como son las podemos trasformar, pero los humanos somos malos aceptando, siempre queremos cambiar el exterior primero y, de esa manera, topamos con muchas paredes, y he aquí la fuente de las preocupaciones”, describe.

Para Moix, “una preocupación es como un globo. Lo vemos muy claro en los otros. Nos explican un problema y en algunas ocasiones podemos ver cómo, en realidad, es una película que se están montado, una especie de globo mental”.

“Parece que solo con una aguja podríamos eliminarlo. A veces zarandearíamos a una persona y le diríamos “¡no ves que es una tontería lo que te está preocupando!”, vemos que está enganchada y que lo único que tiene que hacer es soltar la preocupación”, testimonia esta doctora.

Moix reconoce que deshacerse de una preocupación podría ser así de fácil, simplemente soltarla, pero lo que vemos claro en los demás no lo vemos en nosotros y ¡esa es la gran barrera!

“Normalmente, detrás de una preocupación hay un miedo, que nos tiene allí enjaulados. La única forma de romper el círculo vicioso de la preocupación es pasar a la acción superando el miedo con confianza. Pase lo que pase, estará bien”, indica.

Explica que “solo sufrimos si nos sentimos culpables de las consecuencias. En realidad no nos da miedo lo que pase, nos damos miedo nosotros mismos, nos da miedo cómo lo viviremos”.

Parasitados por las obsesiones

“Una obsesión, sería como un parásito que se ha instalado en nuestra mente y la ha conquistado, que roba toda nuestra energía, haciendo que no tengamos la suficiente para trabajar, para disfrutar, para nada. ¡Estamos absorbidos”, señala Moix.

Según esta doctora “hay muchos tipos de obsesiones, tantas como personas. De hecho, las preocupaciones son como la hermana pequeña de la obsesiones. Solo es una cuestión de grado. Algunas obsesiones típicas son las de limpieza, las de orden y las sexuales”.

Para Moix es un error querer controlar la obsesión: “queremos controlar el exterior para rebajarla a través de una conducta compulsiva, limpiando mucho, por ejemplo, o bien queremos eliminar los pensamientos obsesivos como si se pudieran borrar de la cabeza”.

“Por tanto, lo mejor es intentar desviar la atención hacia otras actividades y, cuando se presenta la obsesión, tomar conciencia de que es solo un pensamiento. La meditación es una técnica útil para darnos cuenta de que nuestros pensamientos solo son pensamientos y no realidades”, concluye Jenny Moix. •

Cuando no estamos concentrados en algo, nuestro pensamiento empieza a divagar, se va fuera del presente. La mente actúa como un mono que salta de rama en rama, saltando de idea en idea, según Jenny Moix, en la imagen.La mente es como un mono travieso que vive en nuestras cabezas. No podemos controlarlo, castigarlo, prohibirle,…Portada del último libro de Jenny Moix.
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  • Detox, mental, fabrica, fantasías

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