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Elías Caurey y el “guaraní moderno"

08 Abril 2018Oscar Díaz Arnau ECOS
Elías Caurey y el “guaraní moderno

Elías Caurey y el “guaraní moderno

Elías Caurey es un joven escritor que ha heredado la sabiduría de los ancianos guaraníes. Él mismo se define como un “guaraní moderno”, es decir, un profesional que vive en la ciudad, que ha viajado por el mundo y que se relaciona con gente de otras culturas; “una persona como cualquier otra, con la única diferencia de que tiene un idioma y una historia, pero no por eso es más ni menos” que nadie.

Un guaraní moderno —dice este sociólogo que está próximo a defender su tesis en Antropología y que tiene una maestría en Revitalización Lingüística obtenida en España— ha estudiado, tiene una carrera y puede ponerse corbata y andar bien perfumado.

Pero, “según el prejuicio de alguna gente, el indígena tiene que andar en abarcas y sucio”, agrega, para luego señalar que la discriminación hacia su cultura sigue presente en el país.

“El gran problema es que muchos no saben cómo somos nosotros, no saben qué pensamos, qué sentimos, cuáles son nuestros sueños y nuestras frustraciones, y solamente se dejan guiar por ciertos prejuicios”.

Sus libros

Caurey es autor de una veintena de libros y hace poco presentó en Sucre los últimos dos: Irande, la traducción de la novela de Elio Ortiz, y Ñandera Tüpa Regua Ñande Reko Rupi (Teología Guaraní), de Gabriel Siquier, sj, que contiene notas y un estudio suyos. Reunió las pacientes anotaciones del sacerdote jesuita catalán que convivió los últimos 40 años con los guaraníes; allí se puede constatar cuán querido era este religioso convertido en uno más entre ellos, a pesar de lo engañoso que pudiera resultar el nombre con el que lo rebautizaron: “Tiaröpiru” (Vieja flaca).

Junto con el actor e investigador Ortiz (ya fallecido), Caurey tiene varios libros en coautoría; uno es el Diccionario Etimológico y Etnográfico de la Lengua Guaraní Hablada en Bolivia (Guaraní-Español), seleccionado entre los 200 libros de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia.

“La traducción (de Irande) fue una experiencia única. Yo soy guaraní pero una cosa es hablar el idioma, otra es escribir en tu idioma y otra más difícil, escribir literatura en tu idioma”, confiesa a ECOS. “He sufrido. Y justamente un amigo común de ambos (de él y de Ortiz) me dijo: ‘Yo he visto sufrir a Elio para escribir la novela, y también he visto sufrir a Elías para traducir la novela’”.

“Irande” es el nombre de un pez. Cuando pasa, significa que la pesca se acabó en el Parapetí. “Irande es también una muchacha, la última de su tiempo, una bisagra entre la historia del antes y el después. La muchacha que anduvo detrás del tiempo primigenio”, resume Caurey con la voz y el ritmo cadencioso del que se debate entre la poesía y la mística.

Recuerda con dolor la partida de Ortiz, el 2014, precisamente el año en que le otorgaron, de manera póstuma, el Premio Nacional Guamán Poma de Ayala en Lengua Originaria por Irande, según Caurey, la cuarta novela escrita en guaraní en todo el mundo, la primera en Bolivia.

Ortiz, para él, era alguien muy cercano. “Nosotros, entre los guaraníes, decimos ‘hermano mayor’ o ‘hermano menor’: él era mi hermano mayor. Trabajábamos, estudiábamos, leíamos mucho y empezamos a soñar con investigar, empezamos a caminar por territorio guaraní sin descansar. Fruto de eso nacieron los libros”.

Dice que “ahora por mi lado sigo escribiendo; cuesta encontrar un compañero que te ayude, que entienda que la escritura no es una cuestión para ganar (sino que) es una pasión, es algo que te llena, que te satisface. Y eso es lo que hago, por la gente, por mi gente. Uno se siente útil cuando de los colegios, los chicos me llaman y me piden ‘una charlita’ por aquí, por allá”.

Caurey, que transmite paz al hablar, se refiere con humildad a su trabajo. Como experto investigador en asuntos de la cultura guaraní, es permanentemente invitado a dar clases no solo en colegios sino también en escuelas normales y universidades, en todos los niveles educativos.

Después de vivir en La Paz, hace medio año está en la Fundación Instituto Radiofónico Fe y Alegría (IRFA), en Charagua, provincia Cordillera del departamento de Santa Cruz. Allí apoya un proyecto de formación alternativa para jóvenes y adultos guaraníes. Educación bilingüe. “Ellos escuchan la radio y están haciendo su tarea”, cuenta risueño, siempre alegre, a ECOS.

Guaraníes y redes sociales

Sus libros abordan diversos temas: justicia comunitaria, salud, interculturalidad, patrones de crianza, entre otros. Últimamente publicó acerca de cuestiones actuales como el idioma guaraní y el ciberespacio, o cómo se maneja el guaraní dentro de las redes sociales.

En el libro Arakuaa Jembo, que reúne cinco ensayos, habla de que las redes sociales están ayudando a los guaraníes jóvenes a autoidentificarse o a volver a sentirse orgullosos de sus raíces. “Haciendo un rastreo a mucha gente que conozco, de pronto se llamaban Rocío y luego se ponen su nombre Isapi, en guaraní. Y así con otros nombres”, ejemplifica para ECOS.

Además, dice que por las mismas redes “empiezan a escribir también en el idioma guaraní; hay grupos de WhatsApp en los que solo se habla en guaraní; páginas de Internet...”. Por eso, concluye él, “tenemos que utilizar las redes sociales para fortalecer el idioma”.

Actualmente está abocado a un libro de poesía en guaraní, traducido al castellano. “Es algo lindo, y no hay mucho. Lo tengo avanzado. Es una inquietud, porque trabajo mucho con jóvenes”. Esos jóvenes son los que le han dicho que leyeron alguno de sus libros de investigación y que lo encontraron “un poco aburrido”. Así fue que le sugirieron “palabras bonitas para las chicas, para los chicos, unos ‘poemitas’: cómo se piensa, cómo se conquista en guaraní”. Entonces Elías concluyó: “nosotros a veces pensamos como viejos” (tiene 40 años).

¿Y fuera de las redes?

Le consultamos respecto a lo que ocurre fuera de las redes, si los guaraníes mantienen sus costumbres o estas se van perdiendo. Para responder a esto, rememora que varios escritores reconocidos vaticinaron el siglo pasado la desaparición de esta cultura; por ejemplo Nordeskiol o Calzavarini. “No le daban ni diez años a los guaraníes y han pasado siglos y seguimos todavía acá. Yo creo que hay algo que nos une y nos fortalece. Es cierto que hay vaivenes, porque eso también responde a la historia guaraní; no es algo que debe ser horizontal, hay momentos que tienes que bajar y hay momentos que tienes que subir. Para saber que estás subiendo tienes que bajar”.

Esto último responde a la manera de pensar de los guaraníes y que él, como buen maestro, nos lo enseña así: “Usualmente en castellano decimos: ‘estos mis zapatos son pares, un zapato es el par del otro’. En cambio en guaraní, traducido sería su enemigo; no es su par, sino su contrario. Pero ese contrario se complementa con el otro, los zapatos se necesitan; uno no existe sin el otro”.

Así es el razonamiento guaraní. Y así también, lo malo no es tan malo y lo bueno tampoco tan bueno. “Por eso nunca sabes cuándo estás bien si nunca estuviste mal. Tienes que estar mal para saber que estás bien”, sintetiza Caurey la filosofía guaraní.

La familia

El guaraní tiene en la familia un pilar esencial, y Elías Caurey no es la excepción. “Estas cosas no hubieran sido posible sin el apoyo de mi esposa. Se llama Araceli, pero todo el mundo la conoce como ‘Ara’, que en guaraní significa “cielo”. Vivimos como guaraní”, cuenta el sociólogo, pero como guaraníes modernos.

“Ara” nació en La Paz y desde que conoció a “Caurey” (ave nocturna), ambos viven como guaraníes de hoy. Tienen dos hijas que, ya que las menciona todo el tiempo, son la adoración de Elías. Fueron anotadas en el Registro Civil con nombres guaraníes: Arandei (el amanecer, el alba) y Tesavera Yasiendi (de ojos brillantes, plenilunio).

Hasta que se le revela el nombre adecuado, un guaraní puede tomarse meses. Caurey encontró rápido el de Arandei, pero no así el de Tesavera Yasiendi. “Medio año he tardado en sentir, en soñar. Hay que saber leer eso”.

De acuerdo con su cosmovisión, el nombre determina a la persona, está relacionado con su destino. “Hay muchos jóvenes que a sus hijos comienzan a ponerles nombres guaraníes. La costumbre no se ha perdido, sino que nos la han cambiado. En los varones uno de los lugares donde se cambiaba era en el cuartel, por ejemplo, o en las iglesias, donde los padres iban a anotar a sus hijos”.

Con la Fundación Xavier Albó, Caurey publicó Tee reta ñane ñeepe (Nuestros nombres guaraní). “Lo escribí para mis hijas, contiene 360 nombres: la mitad de hombres y la otra mitad de mujeres”.

Entre el corazón y la razón

Así va Elías Caurey por la vida, distribuyendo su tiempo entre el amor a la familia y la razón de la ciencia.

La novela Irande es, según su explicación, “el encuentro entre el dios de la razón y el dios de los sentimientos, que son los creadores del mundo guaraní”. La protagonista transcurre “balanceándose entre un punto y otro”, buscando el equilibrio. “Se deposita en esta muchacha la pelea de los dioses, o sea, los dioses pelean en ella, en su razón y en su sentimiento”.

El padre Siquier se sumergió en la espiritualidad guaraní —apunta Caurey— porque siempre quiso encontrar las explicaciones de esta cultura para las cuestiones existenciales.

“Hablan mucho sobre la ‘Tierra sin mal’, el Ivy Maraey, que tiene varias connotaciones: políticas, culturales, mitológicas, etcétera; pero mientras no se defina qué es exactamente, me parece que está bien. Es como Dios, nunca se ha dicho la Verdad. Me parece bien que no sea algo absoluto. Porque cuando es absoluto, se pierde, se muere ahí”, sostiene el investigador a ECOS.

Según la versión más fuerte al respecto, cuando uno muere se va a la Tierra sin mal, donde moran los muertos. Y para cuando hay fiesta, vuelves…

“En las fiestas vienen los abuelos, que para nosotros están adelante; después los hermanos menores, que estamos aquí, y nos juntamos en el presente, y el tiempo se condensa ahí... Termina ese tiempo y los abuelos se van allá, y comienza un nuevo tiempo”. •

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