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RECONOCIMIENTO EN EL LIBRO “EL TERREMOTO DE 1948 EN SUCRE…”

Los albañiles del sismo del 48

15 Abril 2018 Evelyn Campos López ECOS
Al micrófono, Norberto Benjamín Torres; a su izquierda, el padre Bernardo Gantier y a su derecha, Iván Gutiérez Achá.

Al micrófono, Norberto Benjamín Torres; a su izquierda, el padre Bernardo Gantier y a su derecha, Iván Gutiérez Achá.

Después del terremoto de 1948 que dejó considerables destrozos en los edificios públicos y privados, Sucre se renovó gracias al esfuerzo de quienes pusieron su hombro para afrontar el mal momento: el Comité de Reconstrucción y Auxilio, arquitectos españoles y, sobre todo, 225 obreros de la construcción.

Entre estos últimos había capataces, albañiles, carpinteros, maestrillos, peones, ayudantes, mezcleros y picapedreros, según consta en el libro “El Terremoto de 1948 en Sucre, su impacto en el patrimonio arquitectónico. Tomo II”, del profesor e historiador Norberto Benjamín Torres, presentado hace poco en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB).

Los destrozos

A consecuencia del trágico suceso, la arquitectura eclesiástica de Sucre resultó particularmente afectada. Varias iglesias sufrieron daños en sus torres y altares, además de la caída de bóvedas.

Curiosamente, los edificios modernos de aquella época sufrieron mayores daños que las construcciones antiguas. La zona suburbana resultó más estropeada.

Para encarar la emergencia, el Gobierno tomó medidas excepcionales con el propósito de iniciar la reconstrucción de la ciudad y encarar las tareas de auxilio de forma inmediata.

El entonces presidente Enrique Hertzog dictó una serie de decretos, comenzando por el 1.090, del 30 de marzo de 1948, con el que se creó el “Comité de auxilio y reconstrucción de Sucre”, integrado por las principales autoridades locales.

Los albañiles

Setenta años después del sismo, Torres reconoce la labor de los albañiles que tuvieron a su cargo la reconstrucción y refacción de los edificios civiles y eclesiásticos de Sucre; edificios que le confieren a la capital una particularidad arquitectónica reconocida a nivel nacional y mundial.

“Sus nombres no figuran en ninguna placa recordatoria, pero su mano de obra hizo posible la restauración y reconstrucción del patrimonio arquitectónico afectado por el seísmo de 1948”, señala el autor en su libro.

Torres publicó, uno por uno, 225 nombres de esos hombres que trabajaron, según comenta él, en condiciones muy precarias para renovar la ciudad.

El también historiador jesuita Bernardo Gantier comentó durante la presentación del libro que “hasta antes del terremoto habían muchas cosas que ya estaban muy viejitas, las que se refaccionaron, renovaron y pusieron en valor gracias al Comité de Auxilio y Reconstrucción de Sucre y la guía de una comisión de arquitectos españoles que llegó a la ciudad”.

Los hechos

A las 20:35 del 27 de marzo de 1948, Sucre sufrió un fuerte terremoto de tres y medio segundos de duración; fue calificado, según diversas escalas sismográficas, como intenso y violento.

De acuerdo con los testimonios recogidos por Torres, el ruido fue aterrador y las sacudidas, de fuerza extrema, causaron un asentamiento ondulado de forma dominante vertical.

El saldo de víctimas fatales fue de tres muertos y 45 heridos. En cuestiones materiales, el seísmo afectó, en mayor o menor intensidad, a todas las familias de la ciudad.

Testimonios

“La noche del Sábado Santo, mi abuela acompañaba a mi tío Germán a rezar sus oraciones antes de dormir y en eso vino el ruido, tembló la tierra y la imagen de San Luis Gonzaga cayó de su repisa sobre la cabeza del niño. Ambos quedaron con la nariz rota.

La casa que habitaban quedó estructuralmente dañada, se desplomó casi toda. Era una casa grande y hermosa, tenía dos patios, una pequeña huerta y una solana con arcos con vista al poniente. De ahí la familia gozaba con los atardeceres, cuando el sol se ponía detrás de la serranía de los Obispos. No se la pudo habitar y se la tuvo que demoler. La compró el Estado; ahora ahí funciona el kínder Jaime Mendoza”, relató Gantier, quien es director del Museo de la Catedral.

El sismo sorprendió a la familia de su padre cuando terminaba de cenar, y todos salieron aterrados a la calle.

En ese momento, en el internado del colegio del Sagrado Corazón, algunos alumnos todavía pasaban clases; los más pequeños ya estaban acostados, pero, con el sacudón, salieron despavoridos a los patios.

De inmediato los hermanos se movilizaron con el fin de sacar en orden a los chicos rumbo a la cancha. Allí acomodaron colchones para dormir y prendieron una fogata para calentarse, lo que provocó júbilo entre los niños. Pero “no faltaron algunos que entraron en pánico; de inmediato esa situación fue solucionada por los religiosos, como se hacía antes, con dos ‘lacanazos’”, continuó Gantier.

Al jefe de Museo de la Catedral, Iván Gutiérrez Achá, le transmitieron testimonios de forma oral. “Uno de mis tíos estaba en el cine viendo una película y de pronto sintió que la persona que estaba a su lado le dio un empujón. Se molestó mucho y le dijo que tuviera más cuidado pero a los segundos pasó lo mismo, entonces se enfrascaron en una discusión. Un grito alertó a todos que se trataba de un sismo”, contó él.

También dice que en otra casa, toda la familia salió corriendo a la calle por el temor de que se replicara el sismo. Junto con ellos había una mujer que ayudaba en las labores de cocina: el detalle era que estaba totalmente desnuda.

“Seguramente dormía así. Su patrona se escandalizó al verla así y de inmediato la cubrió con su abrigo”, agregó Gutiérrez Achá.

Los efectos

Según el libro de Torres, la situación angustiosa de la población empezó a dibujarse cuando pasados los primeros minutos de espanto salió íntegramente a las calles, porque las construcciones, pese a la firmeza de sus líneas y la fortaleza de los materiales, ofrecían poca seguridad.

La luz quedó totalmente cortada y la red alámbrica, tendida en el suelo al igual que los postes. Sin embargo, los caños de agua potable, como la tubería del alcantarillado, resistieron la sacudida sin sufrir avería alguna.

Esa noche, todo el mundo pernoctó en las plazuelas y parques. Se improvisaron camas para que descansen los niños, enfermos y ancianos.

Al día siguiente, los ánimos se calmaron un poco. La gente recorrió las calles para medir las proporciones del siniestro, comprobando que todas las casas de barro, adobe, cal y canto tenían huellas del sismo.

No hubo robo ni especulación

“Todos trataban de salvar lo que se podía, el pueblo sucrense demostró altruismo, camaradería y honradez, pues no se registraron robos en las casas. Tampoco hubo especulación en los alimentos de primera necesidad. Se puso de manifiesto un espíritu altamente solidario”, comenta el historiador.

A través de su libro ofrece una amplia información de datos cuantificables, resumen de actas y cartas acerca de todo lo que hizo el Comité de Auxilio y Reconstrucción de Sucre, que fue un referente cívico y moral, la institución más seria de la ciudad.

De igual forma especifica cómo la falla geológica, además de haber afectado a los edificios de la ciudad, impulsó la posterior construcción de la Fábrica Nacional de Cemento (FANCESA) en los yacimientos de Cal Orck’o. •

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