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Genealogía de la Juana de América

01 Julio 2018Evelyn Campos López ECOS
Norberto Benjamín Torres, durante la presentación de su libro en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB).

Norberto Benjamín Torres, durante la presentación de su libro en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB).

La segunda edición del libro “Juana Asurdui de Padilla (1780-1862). La historia detrás de la leyenda” revela detalles inéditos sobre el árbol genealógico de la heroína de América.

El profesor Norberto Benjamín Torres, investigador y escritor sucrense de origen argentino, presentó el pasado 15 de junio su nueva obra en el salón auditorio del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB).

A través de la consulta de fuentes documentales primarias, Torres pormenoriza en esta publicación interesantes pasajes de la vida de la guerrillera. Por ejemplo, muestra que sufrió la misma violencia doméstica y marginalidad que sus pares de la época en que vivió. “Este trabajo ofrece más luces sobre la vida de Azurduy y la certeza de la familia de la que provenía”, recalca el autor.

Asimismo, indica que cada vez hay más certeza de que la heroína haya sido una mestiza que hablaba español y quechua y que tuvo una vida muy ligada a la actividad agrícola.

Según el investigador, la genealogía de la heroína es el punto más importante de la segunda edición de su libro. Ahora se sabe, gracias a los documentos consultados, que Azurduy tiene mucho más de historia que de leyenda.

“Parece que la balanza se va inclinando más hacia la historia. Cuando se la baja a Juana del bronce y se la hace más humana y más mujer, se gana más. Cuando se conoce más a los personajes, se los quiere más. Este trabajo sirve para poner las cosas en su lugar, hay mucha información que se consiguió con la revisión de documentos”, comenta a ECOS el profesor Torres.

Árbol genealógico

La genealogía de Azurduy, respaldada con claridad documental, ubica con mayor precisión su origen familiar.

El primer Asurdui (así, tal cual, escrito originalmente) que llegó a Charcas, desde Panamá, junto con Pedro de la Gasca para combatir a Gonzalo Pizarro, fue Asencio Martínez de Asurdui, de la localidad de Oñate del País Vasco.

Justo por esa victoria lo recomendaron para que tenga una encomienda (una institución socioeconómica mediante la cual un grupo de individuos debía retribuir a otro con trabajo, especie o por otro medio para disfrutar de un bien o una prestación que hubiesen recibido). Fue uno de los primeros encomenderos de La Plata.

Asurdui llegó a América junto con Juan de Otálora, un integrante del Consejo de Indias, pero este último se fue rumbo al Perú. “Ambos tenían un importante parentesco”, afirma Torres.

Al parecer Asurdui se destacó en esa época porque se lo nombra en varios documentos. Por ejemplo, en 1553 aparece su nombre en un documento de escritura pública, un testamento compartido con su esposa.

Torres dice que, por la importancia de Otálora, Asurdui agregó ese apellido a los suyos. En ese marco uno de sus hijos, Pablo Martínez Asurdui Otálora, fue el primer sucesor de la familia.

Luego aparece Joseph Asurdui y Otálora. En el tronco del árbol genealógico se lo nombra como “antiguo” porque hubo cinco sucesores más con el mismo nombre. Él se casó con Theresa Reyes Mendoza y a partir de ahí, las ramas se dispersan. Por la izquierda están los varones y por la derecha, las mujeres.

Posteriormente nació otro Joseph Asurdui Otálora, que fue Alcalde Provincial. Y un tercer Joseph Asurdui Otálora, al que le decían “el hijo del pueblo”, porque fue hijo natural (o también considerado ilegítimo, es decir, aquel cuya madre era conocida pero no estaba casada con el padre) y esa situación no era bien vista por la sociedad de la época.

Se casó con Paula Valencia, india noble de Quila Quila. Ellos fueron los abuelos de la guerrillera. A esta familia perteneció Isidro Asurdui, que se casó con Juliana Llanos y ambos concibieron a Juana, entre otros hijos.

Contenido de la obra

El libro está dividido en cinco capítulos. El primero arranca en el año 1780 y relata todos los hechos importantes acaecidos en Charcas. Por ejemplo, destaca la sublevación general de los indios.

También habla sobre cómo las reformas borbónicas incidieron en la vida política, económica y social de la ciudad y sus alrededores. Y describe que la familia Asurdui Llanos estaba dedicada, básicamente, a la agricultura.

El segundo capítulo contiene una cronología militar de la guerra de guerrillas, ocurrida entre 1813 y 1816. También se refiere a la muerte de Manuel Asencio Padilla y a la posterior emigración de Juana.

El tercer capítulo describe el exilio de la guerrillera en Buenos Aires, Tucumán y Salta, en algunas haciendas del norte argentino donde se relaciona con personajes muy importantes de la historia, entre ellos la familia Gorriti.

Incluye el retorno de la guerrillera a Charcas, a mediados de 1825, cuando la guerra terminó y se pasa por un proceso de pacificación y organización de un nuevo Estado.

El cuarto capítulo se sitúa en ese mismo año, cuando la heroína comienza las primeras actividades de compra y venta de tierras, de labranzas y juicios, porque empezó a recuperar lo que le pertenecía.

Padilla había comprado algunas haciendas, sin embargo la heroína solo tenía títulos de algunas de ellas. No obstante, era de conocimiento general que esos inmuebles eran de propiedad de los esposos Padilla Asurdui.

Un caso muy bien documentado trata sobre el juicio de la hacienda Chipirina, que se había dividido en seis partes. Asurdui (siguiendo la escritura original contenida en el libro de Torres) era dueña de una de esas partes. Sin embargo, los dueños de las otras cinco partes no habían pagado un censo (impuesto que se pagaba a la Iglesia católica) al monasterio de Los Remedios.

El quinto capítulo aborda la cuestión de cuatro haciendas en disputa que mantuvieron ocupada a la guerrillera gran parte de su vida, y la pérdida del patrimonio de su familia. Todos los juicios fueron por propiedades que había adquirido antes de emigrar.

“Al quedarse sus bienes sin dueños visibles, el Estado realista subastó sus tierras. Entonces, varios postores se adjudicaron esas tierras y los juicios tienen que ver con la recuperación de tierras y el resarcimiento de gastos. Es decir, los dueños que estaban en posesión de esas tierras pidieron a Juana la devolución de la plata que habían gastado. Ella no era afecta a pagar deudas, pues en realidad no adquirió esas deudas, por eso se dilataron esos procesos. Perdió las haciendas porque no pudo mantenerlas”, aclara el también miembro de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre.

Tres actas

El libro reproduce en facsimilar, entre otras fuentes primarias, las actas de nacimiento, matrimonio y defunción de la heroína de América.

De acuerdo con el acta de bautizo, Juana es una mestiza de dos meses de edad, nació en La Plata y fue bautizada en la iglesia San Pedro de Tarabuco. Sus padres fueron Isidro Asurdui y Juliana Llanos. El documento está resguardado en el Archivo Arquidiocesano “Monseñor Taborga” de Sucre.

También se puede acceder al acta de matrimonio que certifica que Juana se casó en 1799 con el alcalde de Moro Moro, el español Manuel Asencio Padilla, hijo legítimo de Melchor Padilla y Eugenia Gallardo.

En ese documento se nombra a “Asurdui” como española. Esa acta se resguarda en la iglesia de San Miguel de Moro Moro, actual Ravelo.

De igual forma, el libro incluye en anexo el acta de entierro de Juana Asurdui, viuda del coronel Manuel Asencio Padilla, que murió el 25 de mayo de 1862 a los 80 años. Esa acta está en los libros parroquiales de la iglesia de San Roque de Sucre.

Hasta antes de estas constataciones, muchos escritos afirmaban que la heroína habría muerto sola y abandonada. No obstante, aclara Torres, existen testimonios de personas importantes que participaron en sus exequias.

Violencia de género

En una parte de su libro, el autor refiere a un incidente según el cual Juana fue víctima de violencia de género. Vivió una agresión y esto se encuentra documentado en una demanda que la guerrillera inició en contra de su yerno, Pedro Zuleta, marido de su hija Luisa.

El hecho ocurrió cuando Zuleta se presentó ebrio buscando a su esposa. Como Juana negó el permiso para que su hija salga, el hombre la golpeó, así como a su hija y a todo el que pudo, huyendo después. Se dice que la dejó semimuerta.

En otra oportunidad, la guerrillera fue golpeada con un palo en la cabeza por un ladrón que le robó sus cosas. “Esas mujeres sufrieron desde violencia doméstica hasta todo lo que la sociedad preveía para las mujeres en esa época: poco acceso a los servicios y marginalidad”, expresa Torres.

Juana, físicamente

Hasta ahora, mucho se ha dicho sobre cómo era físicamente Juana Azurduy; sin embargo, los que lo hicieron no tuvieron la oportunidad de conocerla personalmente, remarca Torres.

Juana Manuela Gorriti (de la familia argentina Gorriti, de origen vasco) escribió en sus memorias que cuando tenía ocho años vio entrar a su finca “Horcones” a Juana. La describió como una señora muy imponente que vestía de negro.

“Es la única descripción física que hay de alguien que la vio en persona. El resto, da mucha fisonomía sobre ella sin que hayan tenido la oportunidad de conocerla”, enfatiza el investigador.

Firma

Torres encontró y publicó varios manuscritos inéditos de la guerrillera firmados por ella como “Juana Asurdui” y no “Azurduy”, como se escribe hasta ahora.

“Respaldados en esa documentación, proponemos que cuando se escriba su apellido se lo haga de esa manera, Asurdui, como una forma de respeto por la identidad de las personas”, sugiere el estudioso.

El mestizaje

Por otra parte, el historiador afirma que lo más interesante de la genealogía de la heroína es que nos dejó como legado el mestizaje.

“Aunque los Asurdui estaban en la cúspide de la pirámide social. Hubo otras personas, como indios y zapateros que, al vivir bajo el amparo de sus haciendas, se ponían el apellido de los dueños sin tener ningún parentesco. Esto se practicaba hasta hace no mucho en Bolivia”, asegura Torres.

Añade que cuando se escucha el apellido Azurduy, automáticamente se asocia con Sucre, Yotala, Ñucchu, Cachimayu y Ravelo, lugares donde tuvo gran influencia la familia de la prócer de la independencia de Bolivia.

“Yo animo a la gente a que no tenga miedo a leer, para que no siga creyendo o imaginando cómo fue Juana, y más bien constate con la lectura cómo fue en realidad. Espero que con esta investigación los artistas hagan música, teatro o lo que quieran, pero que lo hagan”, invita el investigador. •

 

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