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Vitichi: Siguiendo las huellas de fray Vicente Bernedo

08 Julio 2018Heinz Antonio Basagoitia Acuña (*)
Vitichi: Siguiendo las huellas de fray Vicente Bernedo

Vitichi: Siguiendo las huellas de fray Vicente Bernedo

Vitichi es un pequeño y pintoresco pueblo ubicado en la Segunda Sección de la provincia Nor Chichas del departamento de Potosí. Dista de la capital a aproximadamente unos 100 kilómetros. Su importancia, al margen de su ubicación en el camino troncal que une la capital del departamento con Villazón, es sin duda la realización anual a fines de julio de una peregrinación al pueblo y su entorno siguiendo las huellas que dejó marcadas un famoso penitente del siglo XVII.

Las tierras de Vitichi fueron habitadas desde tiempos remotos por culturas milenarias cuyo estudio es fundamental para el desarrollo de la identidad de sus habitantes locales, pues ya en tiempos pre inka formaban parte de los señoríos aimaras, situándose en un enclave fronterizo entre las naciones Qaraqara y Chichas.

Durante el periodo virreinal, tanto Vitichi como Calcha se urbanizan como núcleos de las reducciones post toledanas, con una fuerte vocación agrícola y frutícola, quedando hasta nuestros días una gran identidad cultural en torno a usos y costumbres expresados en su música, danzas, gastronomía y vestimenta típica.

El siervo de Dios

Fray Vicente Bernedo llegó a Potosí en 1601 y permaneció en el convento de Santo Domingo, donde vivió alrededor de dos años en una celda improvisada cerca de la torre. Acostumbrado a una vida rigurosa y de penitencia, fue recorriendo el territorio del actual departamento de Potosí, visitando en particular los territorios de los Chichas y Lípez, sin olvidar otros importantes sitios y centros mineros ya vigentes en aquella época como Porco, Santa Isabel, Atocha, Caiza, Tatasi, San Vicente, Oploca, Mataca, Oroncota, Tomina y la legendaria Vitichi.

La descripción que dan las biografías respecto al equipaje que llevaba este siervo de Dios para sus viajes misioneros es mínima y solo hace referencia a una delgada tela elaborada de algodón que le servía para armar una especie de carpa que, por cierto, difícilmente lo protegía del frío. Un dato importante que sobresale en la biografía escrita por el dominico Salvador Velasco es la mención de que, al ir a vivir en el área rural, evitaba pasar la noche en casas o ranchos y prefería internarse en lo profundo de los montes, intercalando el breve descanso con intensos momentos de oración hasta el amanecer.

Existen registros de la misión que realizó el venerable siervo de Dios en Vitichi durante dos oportunidades: 1608-1610 y 1616-1618. Su principal objetivo en todos sus lugares de misión consistía en la fundación de cofradías, dedicadas tanto a Jesús como a la Virgen del Rosario. Una prueba de ello es que en el folclore de la región se tiene un canto en idioma quechua titulado “Mamá Rosario”.

Una cueva y una ermita

En aquella época, luego de interactuar con los habitantes y predicar en la capilla de la casa de hacienda, salía a los montes próximos a pasar la noche en oración y penitencia. Subía una pendiente hasta la cumbre de un cerro y luego bajaba hacia una cueva, oculta en la ladera. “Entró, era casi de noche. Se puso de rodillas, se descubrió las espaldas y comenzó la disciplina”, indica el cronista Juan Meléndez.

Precisamente es esta cueva la que cada último fin de semana de julio recibe la visita de peregrinos provenientes de Potosí y devotos radicados en Sucre, que, tras subir una cuesta empinada señalada con cruces de piedra, llegan a una ladera escondida entre las montañas donde veneran la cueva. El sitio en sí se llama Pasto Huayco. La tradición oral de los pobladores de Vitichi sitúa en este lugar la “Cueva del Santo”.

En la cumbre del mismo monte existen los restos del cimiento de una capilla. La tradición indica que habría sido edificada por fray Vicente. Este lugar es conocido como la “Ermita”.

En 1825, Bolivia nace a la época republicana. Nuevas tendencias, corrientes, ideologías y sobre todo políticas de Estado hacen que las nuevas autoridades en 1826 tomen la medida de expulsar y clausurar la mayoría de los conventos de órdenes religiosas en todo el país.

En Potosí, los tres últimos dominicos fueron expulsados a La Paz y, a pesar de la ausencia de la orden, la devoción a fray Vicente subsistió en el imaginario de los distintos estratos sociales que entonces conformaban la sociedad potosina y viticheña.

Las biografías virreinales habían quedado olvidadas en el tiempo, sin embargo su vida fue una veta para elaborar trabajos literarios en el género leyenda, destacando los escritores J. M. Camacho, L.F. Manzano y P.B. Calderón, cuyas obras fueron recogidas en las “Crónicas Potosinas” publicadas por Modesto Omiste.

El padre Canisio y la revitalización

El año 1986 llega a Potosí el padre Fr. Canisio Friedrich, religioso de la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Guzmán, con el propósito de revitalizar la devoción a fray Vicente Bernedo, agilizar su causa de beatificación y restaurar el templo de Santo Domingo, que en ese entonces sufría graves deterioros debido en gran parte al descuido y a la inclemencia del tiempo.

Con el apoyo de damas y caballeros potosinos que conformaban el Centro Católico Fray Vicente Bernedo (organización fundada en los años 50 por Armando Alba, Mario Chacón Torres y monseñor Cleto Loaiza) y la Cofradía del Santo Rosario, el padre Canisio retomó la peregrinación al legendario pueblo de Vitichi.

Si bien no se tenía una fecha específica, puesto que inclusive las peregrinaciones de devotos en forma individual se hacían para Semana Santa, se decidió realizarla cada último fin de semana del mes de julio, ya que estas fechas son una preparación espiritual al 19 de agosto, fecha en que se conmemora la muerte del fraile.

A partir del 2014 comienzan a llegar a Potosí varios sacerdotes dominicos como Fr. Henry Tapia, Fr. Carlos Delgadillo, Fr. Fernando Delgado y Fr. Floriano Álvarez, y el 2017 se consolida el anhelado sueño del padre Canisio con la vuelta a la ciudad de una comunidad estable de frailes dominicos y la erección de una casa llamada Fray Vicente Bernedo ocupando los antiguos predios del convento, convertido en cárcel pública durante la República.

Con la presencia de la Orden se ha articulado una gran familia dominicana en Potosí, cuyos integrantes son miembros de los distintos grupos: La cofradía de la Virgen del Rosario, La Tercera Orden, el Movimiento Juvenil Dominicano y los grupos de jóvenes y niños que giran en torno a los sacramentos de la primera comunión y confirmación.

La peregrinación a Vitichi se hace en comunidad, previos preparativos con invitaciones al pueblo potosino en las misas y por medio de la prensa, y también reuniones de coordinación con las autoridades del municipio de Vitichi. Ya el sábado, a primeras horas de la tarde, parten los vehículos para llegar al atardecer.

Encuentro con la naturaleza

A las 18:00, los peregrinos se concentran en una rotonda de acceso al pueblo, en torno al monumento a Bernedo, y se inicia una procesión rumbo a la iglesia intercalando el rezo del rosario con las melodías de una banda de música que interpreta instrumentos típicos. Ya al llegar a la iglesia principal del pueblo, llamada Espíritu Santo, se celebra la misa de vísperas, en la que los peregrinos anotan varias intenciones.

La iglesia es una hermosa construcción de estilo neoclásico con fachada sobria y dos torres que dominan la plaza principal a semejanza de una catedral. Su interior se halla ornamentado con varias imágenes religiosas destinadas a la veneración popular, destacando por su singularidad un calvario de proporciones reales junto a las imágenes de San Dimas, el “Buen Ladrón”, y Gestas, el “Mal Ladrón”.

La parroquia durante un buen tiempo fue administrada por la congregación de los padres Misioneros de Yarumal, hasta hace dos años, ya que se retiraron hacia Cotagaita entregándola nuevamente a la Diócesis de Potosí, representada por su actual párroco, el padre Pedro Centellas.

La Alcaldía, valorando sus usos y costumbres, organiza una noche cultural en la plaza principal donde se demuestran los cantos y danzas propias de la región, estampas del famoso Carnaval Viticheño. Para cenar hay algunos locales que expenden alimentos y los puestos del mercado ofrecen café acompañado con el típico pan de Vitichi y el delicioso queso de cabra.

Existen alojamientos a los cuales recurren los peregrinos para pasar la noche; también varias casas particulares. La Alcaldía y la parroquia habilitan albergues gratuitos o con precios accesibles a todo bolsillo.

Al día siguiente, domingo, hay dos opciones: por lo general los jóvenes y peregrinos que van por primera vez suelen madrugar a las 5:00. Y por una senda rústica, abrigados por el intenso frío, caminan unas tres horas hasta llegar a la cueva y ermita. Esta experiencia es única ya que se trata de una oportunidad para interiorizarse y contemplar las maravillas de la naturaleza: se puede apreciar el cielo estrellado y sus constelaciones, un impresionante amanecer y la belleza y colorido de las montañas cubiertas con tímida flora nativa. Desde los viejos cercos de piedra y ruinas, las cabras que proveen de su leche para la elaboración del típico queso viticheño despiertan tímidamente y dan la bienvenida a los grupos de peregrinos que se dirigen rumbo a la legendaria cueva.

De hecho, luego de haber caminado desde Vitichi hasta Pasto Huayco unos 12 kilómetros, el visitante puede ver escondidos entre los matorrales y rocas los restos de un rancherío que por su emplazamiento próximo al sitio de la Cueva y la Ermita, merecería a futuro un estudio y sondeo arqueológico que daría luces sobre quienes habitaron estas ruinas y si fue precisamente por evangelizar a sus habitantes que Fray Vicente eligió este páramo como lugar predilecto de su intensa oración y penitencia.

El encuentro con fray Vicente

Con estas interrogantes, cantando temas musicales religiosos, meditando, deteniéndose para tomar un sorbo de café o pijchar hojas de coca, los peregrinos se sienten renovados al contemplar la salida del sol, renovando el ánimo ya que desde Pasto Huayco hasta la Cueva y Ermita quedan aún dos kilómetros más por recorrer.

Otro grupo de peregrinos, conformado en especial por personas de la tercera edad, mujeres y niños, llega hasta el pie de la montaña llamado El Abra en vehículos contratados, y es en este lugar donde ambos grupos se encuentran para ascender a la ladera y cúspide donde se hallan la cueva y la ermita. Entre El Abra y la cúspide hay 14 cruces de piedra, a manera de Calvario, que invitan nuevamente al recogimiento, esta vez rezando el rosario y meditando en las 14 estaciones del Vía Crucis. Cada cruz lleva además una plaqueta o exvoto de los peregrinos y devotos que la construyeron como agradecimiento por algún favor recibido por la intercesión del venerable siervo de Dios.

En la mitad de la pendiente, el camino se bifurca. El sendero de la izquierda es el que se toma para llegar a la Cueva; el de la derecha se debe retomar luego necesariamente ya que conduce a la cumbre, donde se hallan los restos de la Ermita.

Al llegar a la cueva, oculta entre matorrales de churqui y sewenqa y próxima a un barranco, se perciben sentimientos encontrados: la felicidad de los peregrinos por haber llegado hasta donde vivió y rezó fray Bernedo, el paisaje sobrecogedor que muchos aprovechan para tomarse una selfie, familias o grupos de amigos que se disponen a hacer fila para ingresar uno a uno en la pequeña gruta abierta naturalmente en la peña.

El acceso sería riesgoso y difícil si no existieran unas escaleras metálicas acertadamente colocadas por alguna buena autoridad. Lo curioso es que aquí nadie pelea por entrar primero, o “colarse” en la fila; la gente muestra un respeto único. Ya en el interior de la cueva, debido a sus dimensiones reducidas, cada peregrino entra agachando la cabeza, una buena oportunidad para meditar en la humildad del siervo de Dios, del cual se tienen unas fotografías, una en color y la más antigua en blanco y negro, que reproducen la famosa pintura mortuoria realizada en 1619 por el maestro vascongado Pablo Alonso de Arandia.

La cueva, al igual que la Ermita existente en interiores del convento de Santo Domingo, se halla dividida en dos partes; la tradición indica el espacio más profundo como el lugar en que Bernedo pernoctaba luego de sus intensos ayunos, oraciones y penitencias. El peregrino, si quiere ingresar a la cámara interior, esta vez debe hacerlo de rodillas o gateando; luego de encender un par de velas y pedir los favores al Venerable, sale y da paso a los siguientes con la esperanza de que fray Vicente intercederá ante Dios para realizar las peticiones de sus devotos.

Después hay que retomar el camino subiendo la pendiente y esta vez tomar el sendero derecho, que conduce a la cumbre. Habiendo llegado se tiene tiempo suficiente para el descanso y la admiración del paisaje, una vista panorámica de toda la región de Nor Chichas, con sus principales montañas y valles que contrastan con la pureza de su cielo azul.

A media mañana, luego de una pequeña pero significativa convivencia, los religiosos de la Orden de Santo Domingo realizan una eucaristía a cielo abierto en el mismo lugar donde hace casi 400 años atrás Vicente Bernedo construyó una ermita para la gloria de Dios.

La misa acaba casi al medio día y los peregrinos se preparan para el retorno a Vitichi, por el camino hacia el Abra y Pasto Huayco, donde esperan los vehículos rumbo al pueblo. •

* Antonio Basagoitia es miembro de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP)

Cronología de la vida de fray Vicente Bernedo

Fr. Bryan Farrelly, uno de los incansables estudiosos de la vida de Bernedo, apunta en su obra que don Martín Bernedo Atondo Albístur (nombre cambiado por el de Vicente al ingresar a la orden) nació en Puente la Reina (Navarra, España) en el año de 1562.

En 1580 ingresó a la Orden de Predicadores en el Convento de la Madre de Dios en Alcalá.

En 1581 profesa sus votos tomando el nombre definitivo de fray Vicente Bernedo, en honor a San Vicente Ferrer.

En 1586 se ordena como sacerdote en la ciudad de Salamanca.

En 1587 es nombrado como predicador del Santo Rosario.

En 1592 funda una cofradía del Rosario en Olite

En 1598 parte del puerto de Sevilla Rumbo a América y llega al famoso puerto de Cartagena de Indias (hoy Colombia), donde permanece cierto tiempo en el Convento del Rosario de Santa Fe de Bogotá.

En 1600 se encuentra en Quito como profesor de Prima (Filosofía) y luego en Lima, la capital del Virreinato del Perú, donde conoce a Martín de Porres, Juan Macías y Rosa de Lima.

En 1601 llega a la Villa Imperial de Potosí, centro económico del Virreinato y de la Real Audiencia de Charcas y vive en el Convento de Santo Domingo de esta ciudad.

1610 resucita a una mujer española en la hacienda de Vitichi.

Por la misma época ocupa el oficio de lector en el Convento de Santo Domingo de la ciudad de La Plata (hoy Sucre) y la región de Tomina, fronteriza con los chiriguanos.

Para 1617 una intensa etapa de misión en la región de los Lípez.

En 1619, a las 13:00 del 19 de agosto, fallece en interiores del Convento dominicano de Potosí.

El proceso de las causas para su beatificación y canonización comienza en 1627 y después de ser reabierto ante el Vaticano por Fr. Bryan Farrelli en 1970 se mantiene hasta nuestros días.

Sus restos se conservan incorruptos hasta el presente.

Un nuevo enfoque para la peregrinación

Este año, en un trabajo coordinado entre el alcalde de Vitichi Leonardo Miranda, el Concejo Municipal, la parroquia Espíritu Santo representada por el padre Pedro Centellas y la Comunidad de Santo Domingo, representada por Fr. Fernando Delgado OP y Fr. Floriano Álvarez OP, se viene coordinando y organizando la peregrinación que se llevará a cabo por primera vez durante tres días, del viernes 27 al domingo 29 de julio.

Esta nueva modalidad tiene como objetivo que el primer día esté dedicado a los jóvenes, quienes se adelantarán al resto de los peregrinos y realizarán un campamento donde, aparte de disfrutar de turismo de aventura y naturaleza, habrá espacios para la meditación. Nos encontramos a un año de celebrar los cuatro siglos de la muerte de Fr. Vicente Bernedo, del cual se recapitularán partes fundamentales de su vida y misión en tierras potosinas y viticheñas.

El sábado 28, como de costumbre, partirán después del medio día varios vehículos, por lo tanto es importante recomendar a las personas que deseen participar en esta experiencia de fe, naturaleza y cultura, prever su transporte, alojamiento y alimentación. Por tratarse de una peregrinación, la idea que proponen los padres dominicos de aquí en adelante será la de concentrarse mucho más en el aspecto espiritual, que ofrecerá una oportunidad para profundizar la vida y misión del Apóstol de Potosí.

Feria y gastronomía de Vitichi

El domingo en Vitichi es día de feria, por lo que los peregrinos al retornar aprovechan para comprar productos de la región, que se caracteriza por su producción agrícola y frutícola.

Hay varios locales donde se expende comida y lo más típico es el asado de chivo; recorriendo en los puestos de la feria uno puede calmar la sed con chicha fresca, vendida en su forma tradicional, en cantaritos y con tutuma. No hay que volver a Potosí sin comprar el producto estrella de Vitichi: su delicioso pan casero de trigo, maíz y los pequeños y sabrosos quesos de leche de cabra.

Aproximadamente a las 14:00, los vehículos retornan con todos los peregrinos rumbo a la Villa Imperial de Potosí y alrededor de las 19:00 los peregrinos ya se encuentran en sus hogares, felices por haber visitado un año más los caminos por donde anduvo fray Vicente Bernedo.

La compleja actualidad de Vitichi y sus sueños postergados

La realidad que le toca vivir a Vitichi en la actualidad es compleja y llama a la reflexión, ya que muestra algo común a muchos pueblos potosinos: a pesar de tener tierras fértiles para la agricultura, atractivos turísticos como la cueva y ermita de fray Vicente Bernedo, arquitectura del poblado y hermosos paisajes, una de sus principales limitantes es la falta de infraestructura vial para una mejor comunicación con sus importantes centros de producción de maíz, papa, haba, cebada, uva, durazno y frutilla.

De esa forma se dificulta la promoción de sus productos no solo en la ciudad de Potosí (su principal mercado), sino en otros lugares a nivel departamental y nacional.

Visitando la página de Facebook “Vitichi mi Tierra” se advierte el problema de la contaminación de las aguas del río Vitichi por parte de empresas que trabajan en la mina Kumurana y aledañas, lo que afectará negativamente a la producción agrícola y fauna local.

También se necesita apoyo en la tradicional crianza de los rebaños de cabras, apoyando su mejor desarrollo y la industrialización de la leche y sus derivados, tan típicos en la región. Además un mejor fomento al rubro artesanal, destacando las prendas de vestir y textiles originarios destinados en su mayoría solo para uso personal. Y abrir mercados para las artesanías de alfarería y madera.

Otro aspecto preocupante es la constante migración de sus habitantes al interior y exterior del país, lo que se traduce en un descenso demográfico. Cuando uno recorre sus solitarias calles lo clásico es toparse con personas de la tercera edad, porque los jóvenes que se fueron a vivir a otras latitudes solo retornan en las principales fiestas del año, como la del Apóstol Santiago, que tiene su pequeña capilla construida al borde del camino.

Hay una alta tasa de analfabetismo (66% en jóvenes de más de 19 años), quizás debido a que el 98% de la población tiene al quechua como lengua materna; el 96% no accede a la electricidad y el 84% vive sin instalaciones sanitarias.

A inicios de año, el municipio de Vitichi sufrió a causa de las inclemencias del tiempo. Por las intensas lluvias y granizo de enero y febrero muchas familias perdieron sus viviendas. El caudal del río aledaño inundó importantes chacras y sembradíos, y se destruyó una gran cantidad de fruta.

Por ello los habitantes de este municipio esperan la colaboración y solidaridad de los peregrinos, que pueden dejar donativos de ropa y vituallas en oficinas del Convento de Santo Domingo o ir directamente con su aporte y entregarlo a las autoridades del lugar.

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