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Devoción a Nuestra Señora de la Merced

09 Septiembre 2018Daniel B. Oropeza Alba y Heinz A. Basagoitia Acuña (*)
La Virgen de la Merced y su arco de plata repujada.

La Virgen de la Merced y su arco de plata repujada.

El 10 de agosto de 1218, San Pedro Nolasco fundaba la Orden Militar y Religiosa de Nuestra Señora de la Merced en la catedral de la ciudad condal de Barcelona, con especial dedicación en la redención de fieles católicos cautivos en manos de los mahometanos. Ochocientos años después, la comunidad mercedaria se prepara para celebrar un excepcional jubileo por sus ocho siglos de historia y labor pastoral.

Cuando el Imperio Español impuso la fe católica en el nuevo mundo, la Orden de La Merced partió desde Cataluña, sede tradicional de su fundación, con la esperanza de evangelizar a los naturales de la indias, difundir la devoción a la Madre de Dios Nuestra Señora de la Merced y, principalmente, ejercer su función mendicante para redimir mediante el pago de rescates a los católicos tomados como rehenes de las guerras de religión por el control del mar Mediterráneo, en especial el norte de África, donde fueron reducidos luego de la reconquista de la península ibérica.

Asistieron desde temprano a la conquista del Perú, llegaron únicamente después de la Orden de Predicadores y de la Orden Franciscana, fundaron conventos en las principales ciudades y establecieron una sólida estructura en la provincia mercedaria del Perú, a la que nominaron Provincia de San Pedro Nolasco en honor al patriarca fundador de la orden.

La iglesia y convento de Nuestra Señora de la Merced de Potosí se erigieron a partir de 1549. La orden participó activamente en el desarrollo social y espiritual de la villa, especialmente con la predicación de su carisma de redención de cautivos. Durante el siglo XVI e incluso en el XVII, los frailes mercedarios participaron activamente en el transporte de caudales desde Potosí rumbo a España, producto de la generosidad de la mentalidad virreinal de ayudar al prójimo para agradar a Dios, o bien producto de la participación de la orden en negocios comerciales como la otorgación de créditos con imposición de censos o hipotecas sobre propiedades urbanas o haciendas rústicas. También participaron de la actividad minera, pues la orden, especialmente Nuestra Señora de la Merced, llegó a ser titular de parajes de minas y propietaria de ingenios de procesar metales en virtud de donaciones o herencias testamentarias. Estas propiedades y su administración ocasionaban que el padre comendador sea una suerte de místico sacerdote y, al mismo tiempo, administrador de empresas.

La imagen

La devoción permanece vigente hasta nuestros días, quizá, debido a que la imagen de la Virgen de la Merced pudo conservarse a lo largo de los siglos.

En cuanto a esa imagen, artísticamente hablando, el escritor Luis Subieta Sagárnaga señala que es de factura cusqueña y elaborada por un autor indígena anónimo. Walter Zavala Ayllón puso en duda esa versión y, sin citar fuentes, mencionando solo “manuscritos encontrados en las Indias de Sevilla”, publicó en el diario El Potosí que “el año de 1640, el Prior de la Orden Mercedaria de España, había contratado los servicios de los maestros tallistas e imagineros José Manuel Zozaya y Ricardo Martín Medina, para que ellos labrasen la escultura de la Virgen María de la Merced, con destino a la Villa Imperial de Potosí en América del Sur, a solicitud de los frailes mercedarios que tenían a su cargo el convento y templo de la Merced en Potosí, cuya casa de Dios habíase fundado el año de 1555, con los generosos donativos de los ricos mineros de la ciudad”.

A nuestro juicio, la imagen magistral de Nuestra Señora de la Merced es una talla sevillana del siglo XVIII, obra del taller de imagineros de la Hispalis del artista José Manuel Zozaya, encargada por el fundador Mathias Anglés, y mide 1,70 metros, el tamaño natural de una mujer alta y esbelta.

El último informe de los restauradores de la Casa Nacional de Moneda nos dará luces sobre su procedencia. Sin embargo, por un examen a simple vista, se trata de una imagen exenta, tallada en madera de cedro y elaborada mediante la técnica de estofado. La túnica presenta rastros de pan de oro y esgrafiado; la encarnación en rostro y manos es proporcionada y anatómica y tiene gran influencia de la escuela sevillana debido a su realismo barroco.

A diferencia de otras imágenes, tiene los brazos articulados y no sostiene al niño Jesús en brazos ya que está diseñada en una posesión mayestática. En las manos extendidas lleva como símbolos iconográficos el escudo de la orden mercedaria y unos grilletes elaborados en plata.

Su complemento son dos imágenes masculinas de rodillas, con indumentaria del siglo XVII que representan a los cautivos españoles liberados del poder de los piratas turcos por la Virgen María.

En 1788 el cofrade Bernabé de Mendoza obsequió la magnífica peana y arco de plata repujada que desde aquel entonces se convierte en el trono mariano procesional más grande del espacio potosino, imponiendo una rúbrica especial en nuestra ciudad pues las principales advocaciones marianas tienen una peana procesional y arco similares, como Nuestra Señora del Rosario de Santo Domingo, la Virgen del Carmen de Santa Teresa, la Virgen de la Candelaria de San Pedro u otras como Santa Rosa de Lima en la doctrina de Porco.

La procesión

La más solemne manifestación festiva de la Virgen de la Merced es la salida procesional de la imagen tutelar en procesión describiendo un recorrido muy especial que visita los templos de San Agustín, Santo Domingo y San Francisco. El desfile procesional estaba encabezado por una cruz alta seguida de ministros turiferarios.

En los años más opulentos de esta cofradía, llegó a sumar su membresía más de 10.000 cofrades activos y la elección del prioste y los mayordomos alcanzó un cariz de competencia por estimación social que implica el reconocimiento social y económico a los ganadores. Entre los más notables cofrades tenemos al Conde de Casa Real de Moneda, que fue muy devoto y generoso con su hermandad a tal punto que en su propio testamento determinó una limosna especial para las fiestas de Nuestra Señora de la Merced para el año próximo a su fallecimiento.

Esta procesión de La Merced ofrecía un llamativo acompañamiento de moros o mahometanos con su caracterización más aproximada, cimitarra, forma de vestir e incluso el bigote que aparecían acompañados de fieles católicos cautivos, entre ellos la orden militar y religiosa en pleno con su hábito blanco escudo en el pecho y manteo. Los miembros de la cofradía y los miembros del cabildo secular de Potosí acompañaban a la imagen con sus mejores galas portando arandelas.

Con el paso del tiempo la devoción en Potosí obligó a reformar los usos y costumbres y, en la actualidad, la cofradía está conformada mayoritariamente por señoras. El primer domingo de octubre por la mañana se celebra una Misa de Acción de Gracias a intención de la Sociedad Católica de Anderos, institución que fue fundada en la primera mitad del siglo XX con la especial devoción de llevar en hombros a la peana de la Virgen.

A las 15:00 sale la solemne procesión acompañada de los devotos, grupos parroquiales, cofradías, clero. Antes la acompañaba la banda de música del Ejército, ya que la Virgen también posee el grado de Generala del Ejército y la condecoración de Benemérita de la Patria, ya que durante la Guerra del Chaco varios soldados potosinos la adoptaron como madrina.

Al paso de la imponente imagen, decorada por el macizo arco de plata y llevada en hombros por 18 anderos, cuatro horqueteros, guiados por un maestro de andas que lleva el ritmo con un pequeño martillo, la Virgen de la Merced se abre paso por las calles del centro histórico de la Villa Imperial. A su paso, los balcones esquineros, de caja, galerías y de antepecho que en el pasado lucían colgaduras persas, mantienen la costumbre del decorado aunque de forma más modesta.

Las familias más costumbristas de Potosí se reúnen con amistades que viven a lo largo del recorrido para desde los balcones y ventanas lanzar la “plata” de la Virgen, que va desde bolsas de papel seda llenas de confeti, pasando por billetes o versos impresos en papel picado hasta “capillos” o monedas de corte menor.

Los que logran alcanzar estos objetos aseguran que nunca les falta el sustento y lo tienen como una especie de illa.

De los balcones tradicionalmente se siguen obsequiando a la imagen titular canastillas trenzadas de papel seda rellenadas con mistura, son también muy características de esta procesión las aspersiones de monedas de plata a la pena de la Virgen y los participantes, como un fusión de esta tradición clásica a la devoción mariana asimilada como la mujer vestida de sol en el apocalipsis. •

(*) Los autores son socios de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí

La cofradía

Castellanos, catalanes y extremeños se juntaron en torno a la persona de don Mathias Anglés Lizarazu y Gortari, corregidor de la Villa Imperial y azoguero, hombre de milicia que con gran desempeño en África, llegó al Perú como válido y protegido del virrey Manuel de Oms y Santa Pau Marques de Castelldosriu, quien lo destinó a Potosí. Fue gobernador del Paraguay y gobernador del Tucumán.

Este importante personaje fundó solemnemente en la noche del 23 de septiembre de 1730 la cofradía en honor a Nuestra Señora de la Merced, institución que surgió como una agrupación social de derecho canónico para difundir la devoción de la madre de Dios, de mucho fervor religioso. Pero implícitamente se constituía en una hermandad de gente unida por lazos de afinidad por su nacionalidad o por su actividad comercial, tal cual ocurría con los vascongados en torno a su exclusiva Cofradía de Aránzazu fundada en el convento de San Agustín en 1600.

La institución estaba conformada por cofrades varones y, al igual que todas en su tiempo, era dirigida por un prioste que tenía la función principal de celebrar con el mayor lucimiento posible la solemnidad de Nuestra Señora de la Merced que se recuerda el 24 de septiembre.

Su época de mayor esplendor fue en los siglos XVIII XIX y XX. Personajes ilustres ocuparon el puesto de prioste y la tarea de custodiar las alhajas y el arco de plata donado por el cofrade Bernabé de Mendoza en el siglo XVIII.

La costumbre para guardar las joyas en su arcón consistía en que siete miembros de la directiva de la cofradía custodiaban catorce llaves que solo se reunían al momento de enjoyar la imagen previa la fiesta y procesión.

A lo largo de los siglos, esta institución ha sido la encargada de llevar adelante todos los festejos que hasta la fecha se iniciaban con la bajada de la imagen titular de La Merced de su camarín para ofrecer una novena con misa propia para su fiesta.

La misa propia del misal romano describe una secuencia motivadora e ilustrativa de cómo se fundó la orden y nos recuerda sus fines. La misa pontifical de fiesta era el punto más alto de la celebración, celebrada por un prelado ayudado por un fraile y un diácono, asistencia de todos los cofrades y la sociedad potosina. Con el paso de los años esta celebración fue variando de actores, aunque no menguando la devoción.

La Virgen y el General 

Una de las tradiciones más notables que asombraron al general Manuel Belgrano, cuando tomó Potosí en 1813 al mando del Ejército auxiliar argentino, fue la devoción a Nuestra Señora de la Merced. Él era ya desde su juventud gran devoto suyo al extremo de que en la jornada previa a la Batalla de Tucumán, del 24 de septiembre de 1812, había encomendado a su tropa a esta advocación y ordenado el rezo del rosario. Esta gran victoria ocurrida en el mismo día de la fiesta de la Virgen fue la causa para que las armas de la patria la tomen como su protectora.

En Potosí, Belgrano ofreció un solemne tedeum de acción de gracias en la iglesia de La Merced y allí mismo se hicieron diferentes rogativas para el éxito de la armas de la patria. El mismo acompañó una excepcional procesión con ocasión de celebrar la victoria del 20 de febrero de 1813 en Salta. Según la tradición popular, en esta función religiosa Belgrano nombró coronela de los Ejércitos Libertadores a la imagen de La Merced de Potosí.

Durante los años de la Guerra de la Independencia, la devoción a La Merced se identificó con la causa de la patria. Todas las solemnes funciones de los adictos a este frente y sus novenarios de rogativas eran celebrados en La Merced, en contraposición los realistas asumieron por su protectora a Nuestra Señora del Rosario de Santo Domingo, y este es el origen de la rivalidad de sus cofradías hasta nuestros días.

Durante la república boliviana, la cofradía cobró más importancia por exposición de los frailes mercedarios y quedaron como únicos custodios de la devoción y de la iglesia, manteniendo su importancia durante el siglo XIX.

El año de 1945 la Virgen de la Merced fue proclamada “Patrona del IV centenario de la fundación de Potosí” mediante la Ordenanza Municipal 177 del 4 de agosto de 1945 en el Gobierno municipal del doctor José G. Espinoza Villegas y a sugerencia del comisionado de Justicia y Culto y también Prioste doctor Ernesto Pacheco de Mendieta.

En varias oportunidades una división del Ejército acompañó la procesión y durante el siglo XX, especialmente la procesión del 2010 por el Bicentenario de la Independencia de Potosí, se realizaron excepcionales festejos y funciones, como el bordado de un vestido y capa nueva de 25 metros cuadrados de terciopelo blanco y bordado con hilo color oro para que la Virgen de la Merced luzca radiante en ese día.

Procesión de la Virgen de la Merced en Potosí.Capa que fue bordada para el bicentenario del 10 de Noviembre.Belgrano y la Virgen de la Merced (cuadro de Pedro Blanquè).Templo de la Merced en Potosí.

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