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MIRADAS HISTÓRICAS SOBRE LOS SUCESOS DEL 6 DE AGOSTO

La autonomía del Alto Perú

06 Agosto 2015Especial
Las 31 sesiones de la asamblea deliberante se llevaron a cabo en el aula magna de la Universidad San Francisco Xavier.

Las 31 sesiones de la asamblea deliberante se llevaron a cabo en el aula magna de la Universidad San Francisco Xavier.

Hoy se celebran 190 años de la firma del acta de independencia de los territorios del Alto Perú. Sin embargo, el proyecto de construcción del Estado boliviano probablemente no habría seguido su recorrido tal como lo relata la historia, de no haber sido por la participación e influencia de Casimiro Olañeta y José Mariano Serrano, dos personajes poco reconocidos, pero que desempeñaron un rol fundamental antes, durante y después del 6 de Agosto de 1825.

El acta de la independencia, si bien es un documento fundamental e imprescindible, sólo refleja una parte del proceso de construcción de los cimientos de la república, donde confluyeron una diversidad de proyectos políticos y posturas ideológicas

LA HUELLA DE OLAÑETA EN EL DECRETO DE SUCRE
Olañeta llegó a La Paz acompañando a Sucre en la victoriosa entrada del mariscal de Ayacucho a la urbe andina, la más poblada de la región alto peruana. Y a tan sólo tres días de su encuentro, Sucre lanzaría su famoso decreto del 9 de febrero de 1825, en el que convocaba a los representantes de las cinco provincias alto peruanas, para instalar un congreso que definiría el futuro de ese territorio y de su gente.

Semejante convocatoria tuvo un significado controvertido, los deseos de Simón Bolívar de fundar una sola nación sobre los territorios liberados del yugo español se resquebrajaba definitivamente. Como escribe el historiador Humberto Vázquez Machicado, Bolívar no expresó su descontento públicamente respecto a esta medida impulsada por Sucre, pero sí lo hizo de forma privada a través de su correspondencia personal.

La historiografía apunta de modo certero a la influencia de Olañeta sobre Sucre, para que este tomara semejante decisión y como se verá más adelante no se trata de una simple intuición de los historiadores, sino de una corriente política impulsada desde el seno de la Audiencia de Charcas.

Pero al mismo tiempo se debe comprender la visión política del propio Sucre, que no es un actor pasivo en esta historia; el Mariscal tenía una notable influencia en los ideales europeos del liberalismo, por lo que se puede suponer que tenía la firme convicción de que un nuevo Estado podía florecer perfectamente en los territorios del Alto Perú si así lo deseaba su pueblo.

ASAMBLEA DELIBERANTE
El 10 de julio de 1825 la convocatoria del Mariscal de Ayacucho se verá realizada. La asamblea deliberante, presidida por el doctor José Mariano Serrano, se instaló en la antigua ciudad colonial de La Plata. El eje de las discusiones se definirá en tres posiciones: la anexión de las provincias del Alto Perú a Argentina, hacer lo propio con Perú o fundar un país independiente.

El tratamiento de las tres alternativas expresaban las diferentes tendencias políticas que tuvieron lugar en el seno de la conformación de lo que hoy es Bolivia, de otro modo su tratamiento no habría tenido lugar.

Precisamente la asamblea deliberante organizada bajo la convocatoria de Sucre, daba testimonio de que la autonomía de esos territorios tomó por sorpresa a la dirigencia política de más de una región y que ninguna alternativa gozaba de pleno consenso.

Debe considerarse que desde el 12 de junio de 1559, fecha de la creación de la Real Audiencia de Charcas, esta había sido concebida bajo el tutelaje del Virreinato de Lima y en las últimas décadas del siglo XVII se había traspasado la jurisdicción de la Real Audiencia al Virreinato de Buenos Aires. De este modo, ambas entidades políticas y territoriales tenían una influencia vigente sobre el Alto Perú y por supuesto, sus habitantes también lo sentían  así. En ese contexto entran las figuras de Olañeta y Serrano como principales impulsores del proyecto autonomista.

Por otra parte, es importante señalar que tanto los ejércitos del sur provenientes de la provincias de La Plata (Argentina), como los ejércitos colombianos del norte, que habían colaborado en la liberación de los territorios alto peruanos, podían reclamar derechos sobre las tierras por las que habían luchado.

El historiador Valentín Abecia López analiza esta cuestión en su trabajo “La asamblea de 1825”, llevando las aristas del debate que se germinó en el seno de la asamblea al campo más amplio de los fenómenos sociales, mostrando la forma en que estos son explicados por las diferentes vertientes políticas.

TENDENCIAS POLÍTICAS EN LA ASAMBLEA
Dos corrientes son señaladas por Abecia en el contexto de la Asamblea: una influida por el librecambismo económico y político que tienen a uno de sus principales exponentes al historiador Marcos Beltrán Ávila. Mientras que la otra corriente influida por el proteccionismo económico y el nacionalismo en el ámbito político, son expresadas por el historiador Luis Peñaloza.

La discusión central de estas perspectivas históricas sobre la fundación de Bolivia, se refieren al rol definitivo de Olañeta y Serrano sobre la imposición del proyecto autonomista de los territorios del Alto Perú en la firma del acta de independencia.

Una visión de los hechos históricos propone que una elite de ilustrados dirigió el proceso de constitución de la Republica bajo una iniciativa individual, alzándose como protagonistas del proceso constitutivo.

La otra versión apunta a un proceso social de formación de una conciencia nacional, que se habría gestado en las centurias de dominio colonial. Esta segunda perspectiva, que evidentemente es la del nacionalismo, tuvo que cobijar también las corrientes políticas que defendieron la anexión del Alto Perú a las antiguas unidades territoriales de los Virreinatos coloniales. Esto muestra que las posiciones del liberalismo sirvieron como punta de lanza para fracturar los proyectos de anexión a Lima o Buenos Aires.

En este contexto, se pone en relevancia el papel de Olañeta y Serrano, de quienes se dice que formaban parte de una “orden secreta” conformada en 1823, en Tucumán, de la que también habrían formado parte reconocidos personajes vinculados a la ideología libertaria, Manuel María Urcullo, Antonio Álvarez de Arenales y Rudesino Alvarado, los dos últimos intermediarios de dicha “logia” frente a los gobiernos de Argentina y Perú, respectivamente.

NACIÓN Y AUTONOMÍA
El objetivo de la “orden secreta” seria la independización de los territorios del Alto Perú, lo que pondría el énfasis en la teoría de una influencia elitista en la conformación del primer estado boliviano. Sea como fuere, es evidente el accionar cuidadoso de esta cúpula de doctores de Charcas. No es una casualidad el que Olañeta haya marchado al encuentro de Sucre, esto tuvo como consecuencia la convocatoria para la asamblea deliberante aun contra los deseos de Bolívar.

Por otra parte, apenas instalada la asamblea, Serrano descolló con sus habilidades de orador y asumió un liderazgo en el seno del ente deliberante.

En las actas de las 31 sesiones de la asamblea, que se extendieron hasta el 26 de octubre de 1825, se evidencia que Urcullo, Serrano y Olañeta fueron los representantes que prácticamente monopolizaron las discusiones. Según las actas, de acuerdo a las cuantificaciones que realizó Abecia López,  estos tres personajes son los que más hicieron uso de la palabra, seguidos de los representantes de La Paz y uno que otro de las restantes provincias del Alto Perú.

De ahí que se le atribuya a Serrano la redacción del texto del acta de la independencia cuyo estilo ampuloso y rimbombante ha sido tan criticado por René Moreno o Alcides Arguedas y que deja entrever el estilo retórico del elocuente doctor de Charcas, que en realidad dice muy poco sobre cuáles serán las características del nuevo estado que se estaba fundando.

Claramente se impuso la corriente autonomista en la asamblea deliberante, sin embargo, –y esto lo refleja perfectamente el acta de la independencia–  es aún más interesante lo que no dice el documento, cuya indefinición escondida en frases elocuentes pero absolutamente abstractas, como señala el historiador Vázquez, ni siquiera señala el nombre del nuevo estado.

En sesiones posteriores de la asamblea, se definió el nombre de república de Bolívar, y se encargó el cuidado de esta nueva entidad política al libertador Simón Bolívar, en un gesto de desprotección frente a las potencias extranjeras que finalmente avanzarán sobre los territorios del Alto Perú en las décadas posteriores. Así, la unidad de la Real Audiencia en realidad fue una pretensión de la elite autonomista, proyecto con el que la historia boliviana tropezó desde su inicio hasta la actualidad, como lo muestra el reciente reconocimiento del carácter plurinacional del Estado boliviano.

ENCUENTRO DE OLAÑETA Y EL MARISCAL SUCRE
Luego de la victoria de Ayacucho, Antonio José de Sucre, a la cabeza del ejército Libertador ingresó a suelo alto peruano el 6 de febrero de 1825. Precisamente en la frontera que marca el rio Desaguadero, Sucre fue alcanzado por el doctor Casimiro Olañeta, sobrino del general realista Pedro Antonio Olañeta, a quien colaboró activamente a favor de la causa ibérica hasta que se cambió al bando de los libertadores. Ese encuentro jugaría un papel importante en el desarrollo de los acontecimientos que derivaron en la creación de la nueva nación.

Diversas interpretaciones históricas se han elaborado sobre el rol de Olañeta en el proceso de constitución de la República de Bolívar, se trata de una figura central, pero cuyas acciones le han valido la reputación de “doble cara” en una importante corriente historiográfica encabezada por Gabriel Réne Moreno. Al respecto, el historiador Máximo Pacheco señala que en realidad tanto Casimiro Olañeta como su tío, defendían la autonomía de los territorios de la Real Audiencia, en parte para preservar el orden de las relaciones coloniales que finalmente sí fue preservado.

Entonces, la reputación de “doble cara” de Olañeta seria de alguna manera injusta, en todo caso, más bien habría que atribuirle un carácter pragmático pues buscó los medios posibles para ver su proyecto político hecho realidad.

Lo cierto es que a pesar de la lealtad cruzada que Olañeta mostró en las luchas por la independencia, su oportuno encuentro con Sucre le valió la confianza del prócer de forma inmediata, asegurando un nivel de influencia inusitado en la esfera más alta del poder transitorio del que fueron investidos espontáneamente los libertadores sobre el destino del Alto Perú.

José Mariano Serrano Doctor de Charcas y Presidente de la asamblea deliberante de 1825Casimiro Olañeta Representante de Charcas frente a la asamblea deliberante de 1825
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  • Especial 6 Agosto
  • autonomía, Alto Perú

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