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Once elementos para pensar la independencia de Bolivia

05 Agosto 2016Sucre / CORREO DEL SUR
Once elementos  para pensar la independencia  de Bolivia

Once elementos para pensar la independencia de Bolivia

Los primeros focos revolucionarios nacieron en la Real Audiencia de Charcas, sin embargo, la región sólo alcanzó su independencia tras 16 años de lucha, mucho después que el resto de sus vecinos. A continuación se analizan algunos elementos que explican esta situación problematizando visiones simplistas.

Un sábado 6 de agosto, como hoy, en 1825, se firmó el acta de independencia de la República de Bolívar, tras 16 años de disputas bélicas libradas por el control de la Real Audiencia de Charcas. En ese contexto, aunque no siempre se refleja de este modo, la creación de un estado soberano fue sólo uno de los proyectos que se pensaron para este territorio, en el que se contrapusieron los intereses internos de los bandos realistas y libertarios. Según los apuntes de autores contemporáneos, una serie de sucesos históricos complejos marcaron el rumbo que le permitiría a la actual Bolivia, emerger como una república independiente.

La historiografía oficial boliviana delinea el proceso revolucionario como una lucha entre fuerzas libertadoras (locales) y realistas (españolas) con orientaciones bien definidas, la mayoría de las veces, omitiendo e incluso relegando al olvido las contradicciones internas dentro de esos bandos. Por ejemplo, la batalla de Tumusla del 1 de abril de 1825, la última acción militar desarrollada en el territorio de Charcas antes de la independencia, enfrentó al general realista Pedro Antonio Olañeta con una fracción de su propio ejército a la cabeza del coronel Carlos Medinaceli, que se cambió al lado de los libertadores ese mismo año.

La peculiaridad de este pasaje histórico aún divide a los historiadores bolivianos. Mientras Carlos Mesa asume una posición cauta y señala la batalla de Tumusla casi de paso, sus antecesores Enrique Finot, Alcides Arguedas o Augusto Guzmán, entre muchos otros, deslizan mitos y datos diferentes sobre lo acontecido en las orillas del afluente potosino. Esto llevó a que el historiador norteamericano Charles Arnade, calificara como un “misterio” lo que sucedió ese remoto 1 de abril. Pero lo que nadie pone en duda, fue el levantamiento del coronel realista Carlos Medinaceli contra su general, lo que en la actualidad, llevó a algunos autores a levantar una polémica por llamar a Medinaceli, un “patriota olvidado”.

Pero Medinaceli no fue el único realista que cambió de bando en el proceso revolucionario. Varios de los 48 representantes de la Asamblea Deliberante que redactó el Acta de Independencia fueron en su momento partidarios de las fuerzas realistas, entre ellos, uno de los más notorios impulsores de la independencia del territorio de Charcas, el doctor Casimiro Olañeta, sobrino del general Olañeta que cayó en Tumusla. Otro caso aún más notable es el del mariscal Andrés de Santa Cruz, militar realista que cambió de bando recién en 1821, y que una vez alcanzada la independencia, fue presidente de Bolivia desde 1829 hasta 1939.

Para el historiador chuquisaqueño Benjamín Torres, la forma en que se consideran estos sucesos muchas veces es simplista, ya que se debe comprender en profundidad la relación de los personajes con sus contextos históricos, evitando definirlos sencillamente dentro de las casillas de “buenos” o “malos”, “realistas” o “libertarios”, “nativos” o “españoles”.

Dentro del bando realista existían fracciones conservadoras que apoyaban la monarquía absoluta de la casa Borbónica, o reformistas que eran funcionales al nuevo régimen español que desplazó a Fernando VII. Por ejemplo, fueron estas diferencias las que definieron que el general conservador Pedro Olañeta no apoyase a los ejércitos realistas en las batallas de Junín y Ayacucho de 1824, libradas en los territorios del Bajo Perú, ya que Olañeta consideraba al virrey del Perú, José de la Serna, un reformista.

“A falta de ejércitos regulares (en Charcas), ambos bandos son espacios con mucha participación popular, donde, si bien los centros militares estaban en Buenos Aires y el otro en Lima, la situación en Charcas era básicamente una guerra civil. Quienes se han enfrentado con Vicente Camargo, Manuel Ascencio Padilla o Ignacio Warnes, han sido sus compatriotas. El militar realista Francisco Javier Aguilera (que manda a ejecutar a Padilla y Warnes), él estudió acá en La Plata, aunque era de Santa Cruz. En realidad los americanos, para liberarse de una dependencia política externa, tuvieron que pelearse entre hermanos, en ambos lados había mestizos e indígenas… No es tan fácil decir realistas versus patriotas… finalmente como son historias hechas por hombres comunes y concretos, que tienen estas debilidades que son humanas, que son típicas de nosotros, algunos por convicciones o por comodidades, u otros factores, asumen estas posiciones ambivalentes, así como otros, han sido claros y públicos en su postura, pero al final es el hombre y su contexto”, explica Torres, autor de las biografías documentadas de Vicente Camargo, Manuel Ascencio Padilla y Juana Azurduy de Padilla (inscrita como Juana Asurdui), entre otros aportes al conocimiento del periodo.

Por otra parte, entre los libertadores tampoco se puede hablar de fuerzas unificadas alrededor de un mismo proyecto independentista. Herbert Klein destaca este aspecto, distinguiendo a las fuerzas militares de Simón Bolívar por el norte y las de José de San Martín por el sur, ambas con una visión diferente de lo que debía suceder con los territorios de Charcas: por un lado anexarlos a Perú y por otro a Argentina, respectivamente. Pero además, ambos generales tenían perspectivas políticas diferentes sobre el destino de los pueblos de Sudamérica, lo que marcó el fracaso de la histórica “Entrevista de Guayaquil” de 1822, en la que ambos próceres libertarios se encontraron personalmente, para descubrir la distancia de sus posturas.

Considerando ambos elementos, la discordancia política y territorial respecto a los territorios de Charcas, los ejércitos libertadores dejaron el destino del espacio geográfico de la actual Bolivia, en un segundo plano acerca de sus objetivos militares.

 “A partir de entonces Charcas quedaría aislada de los principales sucesos en las grandes luchas por la liberación continental y sus impulsos finales por la independencia vendrían de la misma élite que había apoyado las actividades realistas durante todo el periodo”, escribe Klein, en su “Historia de Bolivia”.

Según la línea crítica que abrió el historiador cruceño José Luis Roca y que luego fue profundizada por la chuquisaqueña Paola Revilla, Charcas tuvo una vocación autónoma que nace de su unidad histórica, política y geográfica.

“Mientras las cabezas virreinales buscaban consolidar monarquías en sus territorios tratando de encontrar un rey y el respaldo de alguna potencia extranjera, Charcas se mostraba reacia a esta salida. Lo que es más, al enterarse que el proyecto monárquico del Virrey La Serna en el Perú incluía a Charcas entre sus posesiones, Pedro Antonio de Olañeta, uno de los creadores de la República boliviana, se opuso tenazmente. Más que la misma idea de monarquía, se impugnaba la organización de molde virreinal, por lo que la tendencia monárquica fue contundentemente rechazada.

Salvo José Mariano Serrano que llegó a pronunciarse por una monarquía temperada, siempre se defendió la salida republicana. Aunque claro, se trataba más de una lucha regional que de ideales republicanos en tanto que tales. Como sabemos, la República propuesta por Bolívar en 1826 tenía muchos resabios del antiguo régimen colonial”, escribe Revilla.

Para el historiador chuquisaqueño Benjamín Torres, la forma en que se consideran estos sucesos muchas veces es simplista, ya que se debe comprender en profundidad la relación de los personajes con sus contextos históricos.

ALGUNOS ANTECEDENTES PARA LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA

1 El 25 de mayo de 1809, en La Plata, se da el primer levantamiento contra el régimen colonial que clama por la autodeterminación de la Audiencia de Charcas. El 16 de julio, en La Paz, se gesta una segunda insurrección de esta naturaleza. Para 1810, las fuerzas subversivas fueron sofocadas por los realistas.

2 En 1810, ingresa al territorio charqueño la primera de las cuatro incursiones de los Ejércitos Auxiliares de las Provincias Unidas del Río de la Plata, al mando del patriota bonaerense Juan José Castelli, que luego es derrotado por los ejércitos del general realista José Manuel de Goyeneche, enviado por el Virrey del Perú. Goyeneche tarda hasta 1812 en sofocar todos los focos revolucionarios.

3 Los liderazgos revolucionarios de los centros urbanos de Charcas son diezmados y surgen más de cien lideres guerrilleros en toda la región, que consolidan el control de vastos territorios rurales alrededor de seis republiquetas, distribuidas en el espacio geográfico de la Real Audiencia de Charcas; entre otros, se destacan Idelfonso de las Muñecas, José Miguel Lanza, Vicente Camargo, Ignacio Warner, Manuel Ascencio Padilla y Juana Azurduy.

4 Entre 1810 y 1816, las guerrillas oponen una férrea resistencia al dominio realista en toda la región de Charcas, sin embargo para el término de ese periodo, más de un centenar de estos líderes muere en batalla, entre ellos, Camargo, Padilla y Warnes.

5 Entre 1813 y 1817, tres incursiones más de los ejércitos rioplatenses ingresan en los territorios de Charcas con el apoyo de las guerrillas, siendo derrotados, uno tras otro, por los realistas, lo que finalmente desanima a las fuerzas de San Martín de ingresar a Lima pasando por el Alto Perú (Charcas).

6 De 1816 a 1823, los realistas se hacen del control total de Charcas. Al concluir este periodo Andres de Santa Cruz, que un año antes había abandonado las filas realistas, invade La Paz y Oruro, por un lapso corto de tiempo. Luego se instala el dominio de los conservadores bajo el mando militar del general Pedro Olañeta, hasta 1825.

7 El 6 de agosto de 1824, se libra la Batalla de Junín, por un lado se encuentra Simón Bolívar y por el otro, los realistas que defendían el régimen del Virrey del Perú, José de la Serna; quien es derrotado, en parte porque el general Olañeta afincado en Charcas no le presta apoyo militar.

8 El 9 de diciembre de 1824, Antonio José de Sucre dirige a sus tropas contra la última resistencia bélica del régimen virreinal, en la Batalla de Ayacucho. Uno de los efectos de esta incursión es la capitulación de los ejércitos realistas, que nuevamente no cuentan con el apoyo del general Olañeta.

9 El 9 de febrero de 1825, los ejércitos libertadores hegemonizan el control territorial del subcontinente, y el último territorio por liberar es la Real Audiencia de Charcas, que sigue bajo el dominio realista. Anticipándose a la victoria, Antonio José de Sucre convoca al primer congreso deliberante, para que los representantes de esos territorios definan su destino. Bolívar no está de acuerdo, en un principio.

10 El 1 de abril de 1825, el general Olañeta cae en la Batalla de Tumusla, a manos del coronel de su propio ejército Carlos Medinaceli, que estuvo del lado realista hasta ese año y que luego fue uno de los impulsores de la independencia charquina.

11 En honor a la batalla de Junín, el 6 de agosto de 1825, la Asamblea Deliberante, instalada en La Plata (hoy Sucre), con 48 representantes de las diferentes regiones del Alto Perú, proclama la independencia de la República de Bolívar.

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