Diario Digital Correo del Sur
EL CONGRESO DEL ALTO PERÚ DE 1825 NO QUISO ANEXARSE NI A LIMA NI A BUENOS AIRES

Entre la disyuntiva, una nueva patria

06 Agosto 2017Sucre/CORREO DEL SUR
La Casa de la Libertad. En este salón se firmó el Acta de la Independencia de Bolivia.

La Casa de la Libertad. En este salón se firmó el Acta de la Independencia de Bolivia.

El recuerdo de una conversación que sostuvo el Mariscal Antonio José de Sucre con el Libertador Simón Bolívar fue la idea que guió la creación de la nueva república de Bolivia, el 6 de Agosto de 1825, ante el silencio que había guardado el Libertador antes de ese año.

“El Libertador le había manifestado que para salir de las dificultades del Alto Perú, era su intención convocar una Asamblea de esas provincias”, dice el historiador William Lofstrom en su libro “La Presidencia de Sucre”.

Las victorias alcanzadas por el ejército libertador de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre en las batallas de Junín (Perú, 6 de agosto de 1824) y Ayacucho (Perú, 9 de diciembre de 1824) consolidaron el largo camino para la liberación de los pueblos del yugo español que inició el 25 de Mayo de 1809 en Charcas (Sucre).

La tesis de Bolívar sobre la crea-ción de las nuevas naciones estaba fundada en los antiguos límites de los virreinatos, capitanías generales y presidenciales. En 1825, el Alto Perú, hoy Bolivia, era considerado parte de las Provincias Unidas del Río de La Plata, antes virreinato de Buenos Aires. Como tal, debió alcanzar su libertad anexándose a lo que hoy es la república Argentina, según el pensamiento del Libertador.

Antes de que aquello ocurriera y ante el avance triunfal de las fuerzas patriotas de Bolívar y Sucre de norte a sur de Sud América, en Charcas empezó a gestarse una nueva corriente que planteaba la creación de una nueva república y dejar de lado la adhesión a Lima o Buenos Aires.

OLAÑETA, FUNDAMENTAL

Josep Barnadas, en su Diccionario Histórico de Bolivia, sostiene que esa idea empezó a gestarse en 1822 cuando Casimiro Olañeta “actuó como asesor político de su tío Pedro Antonio Olañeta” y en esa condición “probablemente ya había organizado una logia patriótica para lograr la independencia total de Charcas”.

Desde ese entonces Olañeta empezó a trabajar secretamente en pos de la causa independentista de una nueva patria y en esa condición posibilitó que en 1824 su tío rompiera relaciones con el virrey de Lima, José de la Serna. Su conducta de funcionario público de la Corona española y la de agente secreto para la creación de una nueva República le valió el “mote” de “dos caras”, afirma Barnadas.

Conocedor de los triunfos resonantes de los patriotas Bolívar y Sucre en Perú, Olañeta fue a su encuentro después de la batalla de Ayacucho. En Aqura, Perú, antes de cruzar el Desaguadero, se encontró con el Mariscal Sucre. “Allí lo persuadió para que convocara a una Asamblea Deliberante sobre el destino de Charcas. Participó en la redacción del Decreto de 9-II-1825”, afirma Barnadas en su libro.

DECRETO, TENSIÓN Y POLÉMICA

Ese Decreto no fue del agrado de Bolívar que el 21 de febrero res-pondió con una carta indicando que “Ni U. ni yo, ni el Congreso mismo del Perú, ni de Colombia, podemos romper ni violar la base del derecho público que tenemos reconocido en América. Esta base es, que los gobiernos republicanos se fundan entre los límites de los antiguos virreinatos, capitanías generales o presidenciales como la de Chile. El Alto Perú es una dependencia del Virreinato de Buenos Aires: (...) Según dice U., piensa convocar una Asamblea de dichas provincias. Desde luego la convocación misma es un acto de soberanía. Además llamando U., a estas provincias a ejercer su soberanía, las separa de hecho de las demás provincias del Río de la Plata. Desde luego U. logrará con dicha medida, la desaprobación del  Río de la Plata, del Perú y de Colombia misma, (...)”.

Esta carta provocó desazón y sorpresa en Sucre, por lo que no dudó en reclamarle “a su jefe que lo ha abandonado” y que pese a sus “reiteradas insistencias para que le enviara instrucciones sobre el futuro político que debía darse a aquellas provincias, sólo había tenido como respuesta el silencio”, sostiene Lofstrom en su libro.

Este contradictorio panorama sobre cuál debería ser el destino del Alto Perú, le valió a Sucre recordar al Libertador un pasaje de una conversación que sostuvieron en el pueblo de Yacán (Perú) donde Bolívar “le había manifestado que para salir de las dificultades del Alto Perú, era su intención convocar una Asamblea de esas provincias”.

De hecho, esta idea iluminó las decisiones que más adelante iría a tomar Sucre para la creación de una nueva República.

La tensión que se había producido entre Bolívar y Sucre llegó a calmarse cuando después de un tiempo se conoció que el 8 de febrero de 1825, un día antes de que se firmara el decreto de convocatoria a Asamblea, el general Juan Gregorio de Heras de las Provincias Unidas del Río de La Plata “dictó un decreto en el que autorizaba a las cuatro provincias del Alto Perú a resolver su suerte”.

De este modo, el Libertador fue cambiando de opinión y el 16 de mayo de ese mismo año, estando en Arequipa, firma un Decreto que autoriza “a reunirse en una Asamblea General para expresar libremente en ella su voluntad sobre sus intereses y Gobierno, conforme al deseo del Poder Ejecutivo de las provincias del Río de La Plata y de las mismas dichas provincias” y conforme lo había planteado Sucre.

Los diputados por los departamentos de La Paz, Cochabamba, Potosí, Santa Cruz y Chuquisaca fueron elegidos y con el fin de dejarlos a que decidan su suerte, el Mariscal Sucre abandonó Charcas el 2 de junio con destino a Cocha-bamba.

“Se trataba de una Asamblea para tomar decisiones de mucho peso en cuanto a la independencia de Alto Perú y la forma de gobierno”, dice Lofstrom a modo de justificar la ausencia de líderes de la Guerra de la Independencia. Además, asegura que “no les tomaban en cuenta porque eran de escasa o quizá ninguna formación intelectual”.

Las riendas de la constitución de una nueva república prácticamente fueron tomadas por gente que nunca antes se había comprometido en la lucha por la independencia del Alto Perú.

Lofstrom dice que “hay muchos casos de figuras prominentes en la política de la República temprana que hasta la hora 11 de la revolución, poquito antes de Junín y Ayacucho, eran realistas, se integraban a los ejércitos realistas”.

Lo que ocurrió fue que en un corto tiempo “de pronto tuvieron un gran alumbramiento, una gran conversión como la de San Pablo en el camino a Damasco”.

Así, la independencia y la libertad pasaron a ser prioridad para una casta de intelectuales que empezaron a gritar “¡Viva la libertad! ¡Abajo el Rey! ¡Abajo el mal Gobierno!”. “Eran esquizofrénicos” porque “no tenían una línea, una corriente clara como la que tenía Sucre”, asegura el historiador.

La Asamblea

  • La Asamblea se instaló en el antiguo edificio universitario de los jesuitas, el 10 de julio, en un ambiente de júbilo, para decidir los destinos del Alto Perú; hoy, ese edificio es conocido como la Casa de Libertad.
  • Los representantes eran letrados con formación universitaria en Derecho Civil y Canónigo; también había varios sacerdotes y el único guerrillero José Miguel Lanza.
  • Los diputados del Congreso trabajaron en sesiones públicas, pero también hubo sesiones consideradas secretas, tal como se refleja en documentos originales que están en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB).
  • En ese tiempo, la vida en las ciudades era muy diferente a la del campo, especialmente en Chuquisaca. La Plata era sede de una Corte triple: estaba la Real Audiencia, la Corte del Arzobispado de La Plata y la Corte de la Universidad San Francisco Xavier.
  • En la sesión del 13 de agosto de 1825, los diputados mediante decreto eligieron el “régimen popular y representativo” como forma de gobierno para la nueva República y dejaron de lado el régimen Federal, por creer que sería el más seguro.
  • Con esa decisión, la forma de gobierno se definió como “concentrado, general y uno para toda la República y sus departamentos”. Se definió también que el Gobierno se ejercería a través de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

 

La sociedad

La realidad del Alto Perú en 1825

La vida de la sociedad durante la Colonia estaba claramente divida entre españoles e indígenas.
La vida de la sociedad durante la Colonia estaba claramente divida entre españoles e indígenas.

 

El nacimiento de la nueva patria empezó a gestarse en una sociedad “compuesta de cinco o seis islas de personas que vivían en ciudades, la mayoría de extracción criolla o mestiza, rodeadas de un mar de indígenas”, como definió el historiador José Fellman Velarde.

La vida en las ciudades era muy diferente a la del campo, especialmente en Chuquisaca hasta con relación a otras ciudades. La Plata era sede de una Corte triple, por lo que tenía una vida cortesana “bastante activa”: Estaba la Real Audiencia con oidores de mayoría peninsular con trayectoria en otras ciudades de América; la Corte del Arzobispado de La Plata con obispos y clérigos, españoles peninsulares o españoles criollos, y la Corte de la Universidad San Francisco Xavier.

Los miembros de las Cortes “tenían un sentido de su propia importancia bastante exagerado”, manifiesta William Lofstrom, al precisar que se peleaban por asuntos de precedencia en las misas y procesiones. Quién iba primero, quién iba a poder sentarse y quién tenía que quedar parado y, peor aún, quién tenía que arrodillarse en el suelo y quién tenía un cojín para arrodillarse dentro la misa. “Estupideces que trajeron mucha rencilla”, apunta.

Los extranjeros que llegaban en aquella época a La Plata se quedaban sorprendidos por la belleza de la ciudad y con las actividades de la sociedad. Decían que se vivía muy bien en un pequeño grupo de la sociedad chuquisaqueña. Quedaban maravillados con las fiestas, los saraos que llamaban, las tertulias, las fiestas danzantes y las cabalgatas al campo y a las haciendas, detalla Lofstrom.

La otra cara de la moneda la reflejaban los indígenas que no eran dueños de nada. Ancestralmente tenían derecho a cultivar ciertas parcelas a cambio de la cultivación de las tierras del dueño de la hacienda.

Comercializaban tanto sus productos como los del hacendado en la ciudad. Todo llegaba a lomo de mula: papa, maíz, leña y una infinidad de productos llegaban en grandes recuas de mula a los diferentes tambos (lugares de venta y pernoctación). El más famoso era el tambo de San Agustín que estaba cerca de la plaza principal de mercadeo de la ciudad, hoy plazuela Zudáñez. Ese punto era el centro neurálgico de Chuquisaca como lo es ahora el Mercado Campesino, explica Lofstrom.

Este marcado contraste evitó que Sucre y Bolívar pudieran implementar una Constitución de corte liberal, pues las familias influyentes que de repente habían abrazado la idea libertaria no estaban dispuestas a perder sus privilegios.

Un ejemplo de ello es que cuando Sucre tomó la decisión de instituir colegios fiscales para educar a los niños incluyendo un cierto número de becas reservadas para indígenas, la aristocracia de Charcas no la aceptó.

Evolución del nuevo nombre de la República

El proceso de denominación de la nueva República al parecer no fue fácil. El Congreso de Diputados comenzó denominándose del Alto Perú a partir del 8 de febrero de 1825 y el 6 de Agosto del mismo año nació la república de Bolívar, que después pasó a llamarse definitivamente Bolivia.

Sin embargo, para adecuarse a una nueva nomenclatura tuvo que pasar algún tiempo. Pese a que el 6 de Agosto se creó una nueva República, el 19 de agosto de 1825 el Congreso seguía denominándose del Alto Perú. En un decreto del Gobierno del 17 de agosto se hacía referencia al Escudo de Armas como de la República Bolívar.

Después, el 3 de octubre de 1825 en un Decreto de nombramiento de embajador para negociar el “reconocimiento de la independencia” aparece el nombre de “República Bolivia”.

El historiador William Lofstrom explica que para que se quedará grabado el nuevo nombre de la República se tuvo que vivir un proceso de evolución de la nomenclatura, pues ya con el funcionamiento de la República se seguía utilizando incluso el papel con el sello del Rey Fernando VII.

Figuras destacadas de la Asamblea Deliberante

José Mariano Serrano

Político (Charcas, 08/09/1788 - 1852)

Hijo probablemente Expósito, su infancia y juventud andan nubladas con fechas contradictorias; estudió Cánones en la Universidad de San Francisco Xavier, doctorándose en 1807 y se recibió de abogado en 1811; en el levantamiento de La Plata de 25-V-1809 no tuvo participación destacada. Aunque en 1811 fue nombrado catedrático, poco después el general José María de Goyoneche hizo separarlo de tales funciones y confiscar sus bienes (1812). Se dirigió a las Provincias del Río de La Plata, donde tuvo una actuación importante en su complicado proceso político de sus provincias: fue diputado por Charcas en el Congreso General Constituyente de la Provincias Unidas del Río de La Plata reunida en Buenos Aires (1813) y en el Congreso Constituyente de Tucumán (1815), donde se firmó el Acta de la Independencia del Río de La Plata (9-7-1816). Representó a Chuquisaca en la Asamblea Deliberante, de la que fue nombrado Presidente y cuya Acta de Independencia redactó con la ayuda de Olañeta, Manuel María Urcullo, José María Dalence y José M. Mendizábal y otros.

José María Mendizábal López

Sacerdote (Jujuy, 15/08/1778 - Sucre, 11-09-1846)

Arzobispo. Estudió, primero en el Colegio de Monserrat de Córdoba y, luego en la Universidad de San Francisco Xavier, por la que se doctoró en Teología (1797), pero no parece que se recibiera de abogado (no figura en la lista de Velasco Flor). (…)

Su actitud durante los años de la Guerra de la Independencia fue ambigua y prudente; a pesar de ello, los sucesos de 1823-1825 le encumbraron a la política: diputado por La Paz y Vicepresidente de la Asamblea Deliberante (1825); con Casimiro Olañeta fue comisionado ante Antonio José de Sucre y Simón Bolívar para informarle oficialmente de la decisión tomada el 6-VIII-1825 y entregar el segundo nombramiento de Presidente Vitalicio; formó parte del Congreso Constituyente (1826) y, posteriormente, del de 1831; fue designado consejero de Estado (1832). Presentado (1827) y nombrado (1828) para el Obispado de La Paz, tuvo que ir hasta Arequipa para consagrarse (1829); a pesar de las múltiples ausencias a que le obligaba el desempeño de sus tareas políticas, realizó la Visita Pastoral del obispado y creó varias parroquias.

Ángel Mariano Moscoso

Político (Arequipa, 02/10/1733 - Córdoba, 03/10/1804)

Cursó estudios de Derecho en la Universidad San Francisco Xavier, bachillerandose en Cánones (1809); inmediatamente se matriculó en la Real Academia Carolina de Practicantes Juristas, recibiéndose finalmente de abogado (1812). De su vida podemos afirmar que (junto a sus hermanos José Eustaquio, José Antonio y Rudesindo) formó parte del partido político que giró en torno a Casimiro Olañeta que, habiendo sido elegido diputado a la Asamblea Deliberante de 1825, fue escogido como uno de los Secretarios de la misma; que en sus discursos abogó por la independencia de Charcas, tanto del Perú como del Río de La Plata. Ya en La República, fue nombrado  Juez de 1° Instancia de La Plata y de la provincia Yamparáez (1826); parece que en 1828 estuvo al lado de quienes urdieron la sedición contra el Presidente Sucre; murió desempeñando la Fiscalía de la Corte Suprema.

Casimiro Olañeta Güemes

Político y estadista (Charcas, 03/03/1795 - 12/08/1860)

Hijo de Miguel de O. y Rafaela G.; muy joven fue enviado a Córdoba para estudiar en el colegio Real Convictorio de N° S° de Montserrat. En 1813 volvió a La Plata e ingresó a la Universidad San Francisco Xavier, por lo que se doctoró en ambos Derechos, previos los ejercicios en la Real Academia Carolina de Practicantes Juristas. Desempeñó varios cargos en la Audiencia durante la segunda mitad de la Guerra de la Independencia; empezó a actuar como asesor político de su tío general P.A. de Olañeta hacia 1822, fecha en que probablemente ya había organizado una logia patriótica para lograr la independencia total de Charcas (piensan que a esa misma organización pertenecieron J.M. Serrano, M.M. Murillo, M.E. Calvo y J.A. Álvarez de A.). El hecho de actuar secretamente le valió el mote de “dos caras”; en 1824 contribuyó a que su tío rompiera con el virrey Serna, prestando así inestimable servicio a la causa de la Independencia americana. Después de la batalla de Ayacucho salió al encuentro del Mariscal Sucre y lo encontró en Aqura, antes de que cruzara el Desaguadero: Allí lo persuadió para que convocara a una Asamblea sobre el destino de Charcas. Participó en la redacción del decreto de 9-II-1825. En la Asamblea de 1825 y en la Asamblea Constituyente de 1826 descolló como organizador y gestor de la tesis que buscaba romper los vínculos, no sólo con Madrid sino también con Lima y con Buenos Aires. En los subsiguientes años actuó como primera figura de los gabinetes de varios presidentes (de quienes se distanciaba cuando éstos cedían a las presiones de los países vecinos para incorporar a Bolivia a su área de influencia). Fue el campeón de la idea de no involucrar a su naciente patria en las rivalidades de las Naciones sudamericanas: ésta fue la causa de la ruidosa ruptura con el Presidente Sucre cuando éste, siguiendo las instrucciones de Bolívar, pretendió que Bolivia fuera el pivote de una gran confederación americana que rechazaban por igual el Perú y las Provincias Unidas del Río de La Plata.

Apuntes

  1. De los revolucionarios, sólo José Miguel Lanza llegó al Congreso.
  2. Había varios sacerdotes que figuraban en la Asamblea como diputados.
  3. Los diputados representaban a La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Potosí y Chuquisaca.
  4. Tras la creación de la República, el Mariscal Sucre se rodeó de militares y colombianos para gobernar.

“Quienes participaron del Congreso de 1825 eran letrados con formación universitaria”

William Lofstrom - 28/07/2017

“Dos caras”

A Casimiro Olañeta le decían “dos caras”, porque mientras trabajaba para la Corona española empezó a organizar un grupo con la finalidad de crear una nueva República, se dice, desde 1822.

 

(Biografías tomadas del libro Diccionario Histórico de Bolivia de Josep Barnadas).

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