Diario Digital Correo del Sur
UN PROCESO DE 24 HORAS QUE REÚNEN EL ESFUERZO DE DECENAS

De las calles a su hogar, así se hace el periódico

29 Noviembre 2017CORREO DEL SUR
Los lectores de Correo del Sur esperan cada mañana temprano su ejemplar para informarse.

Los lectores de Correo del Sur esperan cada mañana temprano su ejemplar para informarse.

odo comienza en las calles, desde donde uno se quema, se moja y se hace empujar, donde se corre detrás de una marcha y se esquiva los petardos y la contraluz para la foto. Continúa en el teclado y la impresión del papel, y termina con un profundo “¡CORREEEO, CORREEEO! ”.

Un proceso de 24 horas –sin exagerar– es el que toma que un ejemplar de CORREO DEL SUR esté en las manos del lector. Las noticias, al menos las que tienen hora, se agendan en la mañana, en una reunión en la que los periodistas imaginan lo que serán sus páginas al final del día.

Las muy temidas armas son una grabadora y una cámara fotográfica, actualmente ambas insertas dentro de un celular. Los zapatos cómodos y una libreta de apuntes son elecciones personales, aunque casi siempre ineludibles.

¿Economía? ¿Política? ¿Educación? Se habla y se aprende de todo, y hay que estar listo o al menos intentarlo. Se perdonan ciertas cosas si eres nuevo, pero si no, no saber de un tema es casi un pecado.

Los fotógrafos por su parte luchan por el mejor espacio. El ángulo importa y ellos lo saben. Entre los camarógrafos de televisión y los periodistas que se aglutinan estirando sus grabadoras o celulares, están ellos, buscando recovecos para lanzar flashes, sin tener el ojo en la mirilla “disparan” para retratar a cada entrevistado, cada hecho.

Las notas van tomando forma, al menos en la cabeza de los periodistas y en el mundo virtual, a través de la edición digital de Correo del Sur, que se sostiene con el envío de material de los mismos periodistas que trabajan para el impreso del día siguiente.

El ajetreo baja cerca del mediodía, cuando se regresa a ordenar y escribir. Y entre las últimas horas de la mañana y las primeras de la tarde se definen las páginas, los enfoques y la extensión de las notas.

Los que editan notas de agencias nacionales e internacionales son quienes usualmente deben esperar, hacer cambios o replantear las maquetas de sus páginas durante la tarde y noche, mientras la información evoluciona o se produce fuera de la ciudad.

Los fotógrafos, con las imágenes de la jornada, ordenan todo para que los gráficos complementen las notas que se producen.

Escrito todo en un proceso acompañado por los noticieros como sonido ambiente y uno que otro programa distinto a esos, se pasa a la impresión de una especie de borrador que será revisado por Corrección y la Jefatura de Redacción.

Ahí se ve todo, el caprichoso titular que no encajaba, el lead que busca atrapar al lector y cada uno de los párrafos que se espera terminarán envolviéndolo.

Con las observaciones hechas, se procede a cumplir con los cambios encomendados. Se cierra la página y en eso se fue la jornada en Redacción. Los armadores, quienes le dieron forma a las páginas, terminan de acomodar todo, para que cada texto y cada foto salgan correctamente alineados.

Para ello tienen sus medidas a mano. “Tengo un 6x4”, “aquí va una foto a una”, “la maqueta dos-dos”, son parte de las órdenes que reciben, inentendibles para alguien que jamás ha estado en la producción de un diario.

El orden de la publicidad, los espacios para la foto, el tamaño del nombre de la sección o el ceñido del texto son detalles casi imperceptibles para los lectores, pero que en su conjunto forman una página visualmente atractiva, o todo lo contrario. Los armadores se dedican a eso, a hacer que el orden, las medidas y las proporciones le den pulcritud a la edición impresa.

Algunos además de ese trabajo se encargan de generar recursos gráficos atractivos como infografías y fotomontajes que le brinden al lector disfrutar la información de una manera distinta.

Mientras las notas toman forma al sonido veloz de los “tec tec tec” del teclado del ordenador, en la parte de publicidad y administración se trabaja por dar calidez y cordialidad al cliente y también para sostener económicamente el diario.

Todas las consultas comerciales, sobre circulación del matutino, coberturas de prensa son absueltas y respondidas. Se atiende al público en horario de oficina, incluidos los fines de semana y feriados; junto a la recepción de avisos en la oficina central de calle Kilómetro 7 Nº 202, el Diario de la Capital tiene una sucursal en Sucre y cuatro más en Potosí, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

Desde allí y otras ciudades, vía correo electrónico o FTP (protocolo de transferencia de archivos, por su sigla en inglés), llegan los anuncios que saldrán en las ediciones del diario. Empresas e instituciones preparan diseños publicitarios para alcanzar su mercado a través de CORREO DEL SUR.

Quienes trabajan en esa área preparan ofertas especiales para atraer a los anunciantes. Cada jornada se organizan y sistematizan los espacios que saldrán pagados al día siguiente y el contenido de éstos es remitido también al área de Armado, donde el personal se encarga de cumplir con los diseños y las medidas compradas.

También durante toda la jornada se reciben avisos clasificados, los más cortos y más requeridos por la población en general.

En sí, mientras se tiene la edición abierta, es decir el cuerpo de noticias no cierra hasta su última página, la publicidad y propaganda puede ser parte de los ejemplares del día siguiente.

COMIENZA LA IMPRESIÓN

Una vez cerrado todo, compaginan la edición y la envían digitalmente hasta el galpón que acoge a la Rotativa. Ahí comienza otra historia.

Los encargados de esa área ingresan antes de la medianoche. Se envuelven en overoles y alistan todo para comenzar la impresión.

Aguas y tintas por un lado, gigantes bobinas de papel por otro, y la noche empieza.

Apenas llegan archivos que en pocas horas darán cuerpo a la edición de CORREO DEL SUR, los prensistas comienzan su labor. El formato digital de las páginas llega a una máquina llamada CTP que se encarga de filmar las placas que pasarán a ser reveladas.

Luego del revelado de las placas –toda esta parte del proceso es bastante técnica–, comienza la impresión.

Los soportes ingresan por unos rodillos que presionan cada placa que entre engomados y tinta terminan formando una suerte de sello que se estampará sobre el papel que ingresa y sale en agudos ángulos.

El color correcto de cada imagen o recurso se trabaja con la mezcla y calibración de tintas de color rojo, azul, amarillo y negro. Un trío de prensistas es el que se encarga de verificar la calidad de las impresiones y de modificar la cantidad de las tintas, confiado en una afilada vista, forjada con varios años de experiencia.

De ahí en adelante se puede decir que la máquina se encarga de todo, aunque su funcionamiento depende de la alimentación y control constante que le dan la decena de trabajadores de esta noctámbula sección.

Las páginas comienzan a salir, algunas a color, otras en blanco y negro.

Aquí el ruido es fuerte y se habla casi a gritos. Todos son hombres al igual que en la sección de Armado. En redacción ahora hay cinco mujeres, aunque de ellas, dos producen para la edición diaria, todo en contraste con el área administrativa, donde las mujeres son la mayoría.

Pijchear es parte importante para resistir la noche, especialmente en un trabajo que no tiene feriados ni fines de semana libres. Se trabaja de lunes a lunes y como en casi todos los sectores del diario, hay horario de ingreso, pero no de salida.

“Es de tener buena salud”, comenta uno de los trabajadores de este lugar y debe ser cierto, pues se necesita resistir el frío de la madruga de invierno como la humedad de las lluvias del verano, además de la tensión que es la sombra de cada periodista y que permanece en distintas áreas.

Mientras se verifican los impresos y las máquinas resuenan en el galpón ubicado en la zona ENDE de la ciudad, en algunas partes de la rotativa los interminables trozos de papel se pliegan y se cortan. Las páginas de cuatro en cuatro, le dan vida a la edición impresa del Diario de la Capital.

Aquí se hace realidad el trabajo que distintas secciones realizaron durante todo el día. Sin el impreso, el paso final en el que una falla complica todo el culmen del trabajo diario de decenas de personas y afecta a miles de lectores que esperan a diario, no habría un ejemplar que leer.

Entre las 4:30 y 5:00 de la mañana, CORREO DEL SUR comienza a compaginarse, una labor a cargo de los canillitas que actualmente son entre 115 y 170, dependiendo de los días.

Una parte de ellos son niños que encuentran en esta labor una fuente de ingresos que alivia sus gastos. También hay adultos y hasta personas con discapacidad que fueron parte de este equipo que es quizás el más reconocido por los lectores, con quienes establecen contacto directo al darles cada ejemplar.

Desde temprano los canillitas se encargan de ordenar las hojas, acomodar los suplementos y de poner cada cuerpo en su lugar. Se alistan y cargados de todos los ejemplares que les corresponden, se van a las calles.

Ahí, justo donde comenzó el trabajo periodístico, se vende el impreso, anunciado con un inconfundible “Correeeo, Correeeo”, que no sólo hace parte de la identidad de este diario, sino de su Capital. Pues no hay Sucre sin su Correo, ni Correo sin su ciudad.

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  • Especial
  • calles, hogar, periódico, Correo del Sur

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