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Lluvia y granizo no dieron tregua en Chuquisaca

15 Diciembre 2017CORREO DEL SUR
Lluvia y granizo no dieron tregua en Chuquisaca

Lluvia y granizo no dieron tregua en Chuquisaca

LLUVIA Y SEQUÍA

El primer cuatrimestre del año se caracterizó por ser una época de fuertes lluvias que contrastaron con el último cuatrimestre de la gestión en el que la sequía volvió a azotar sobre todo al área rural.

El cambio climático no dió tregua en el Departamento. A principios de año, el Chaco nuevamente fue azotado por la inclemencia de las lluvias; las regiones Centro, Norte y Cintis resultaron afectadas por la granizada en la segunda mitad de la gestión, así como por la sequía en el último cuatrimestre del año. A mediados de octubre, Sucre soportó una implacable granizada que se cobró la vida de tres adolescentes. Los eventos climáticos dejaron una huella profunda en esta gestión.

El comportamiento climático de Sucre y Chuquisaca en 2017 tuvo altibajos debido a que se registraron meses con valores normales, en cuanto a lluvias se refiere, y otros que registraron déficit sobre todo entre septiembre y noviembre.

Los fenómenos adversos como el granizo y las descargas eléctricas hicieron presa de varios municipios entre septiembre y noviembre, cuando se registraron precipitaciones de tipo convectivo, según un breve análisis efectuado por el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI), regional Chuquisaca.

El evento que marcó la gestión, sin duda, fue la granizada del 12 de octubre que tuvo características de tormenta fuerte. En dicha oportunidad el granizo llegó a acumularse a una altura de entre 10 a 15 centímetros en superficies planas y de 50 centímetros a 1 metro en las partes bajas de la ciudad como la ex estación Aniceto Arce, calle Avaroa y otras arterias con pendientes.

El panorama de las provincias no fue distinto sobre todo en Chuquisaca Centro y Cintis, donde hubo precipitaciones con granizo que causaron daños en cultivos, mientras que las descargas eléctricas provocaron incluso la muerte de ganado.

Por su topografía y las características climáticas, Chuquisaca presenta una alta probabilidad de precipitaciones con descargas eléctricas y granizo. La topografía contribuye a la formación de nubes de tipo convectivo de desarrollo vertical, científicamente conocidas como “nimbus”. Estas nubes tienen características propias, son nubes grandes de color gris o negruzco que habitualmente se dan entre septiembre y fines de marzo, precisa el responsable regional del SENAMHI, Franz Delgadillo.

GRANIZO: MAYOR IMPACTO QUE EN 2016

En 2016 cayó granizo menudo en poca cantidad en Sucre, pero no se asemejó al evento del 12 de octubre, recuerda Delgadillo.

Una granizada como la de octubre no se había reportado en años, pero no fue la única. A fines de septiembre de 2008 también hubo otra granizada con caída de tinglados. Otro antecedente, en 1997 provocó daños en la estructura de la ciudad, y en 1982 los granizos con tamaño de duraznos abolló techos de vehículos y rajó parabrisas. “No es habitual pero tampoco es extraordinaria la presencia de granizo”, enfatiza.

LLUVIA: ENTRE RIADAS Y DÉFICIT

El régimen pluviométrico en Chuquisaca se presenta entre septiembre y fines de marzo con ciertas variaciones. Entre enero y marzo las lluvias fueron incesantes y ocasionaron riadas y varios desastres reportados desde diferentes municipios. Septiembre fue un mes con lluvias ocasionales, en octubre se incrementó la frecuencia y la cantidad de agua, En noviembre hubo déficit de lluvias y en diciembre se prevé que el déficit habitual se vaya revertiendo.

“Con relación al año pasado hay cierta semejanza sobre todo a partir de noviembre. En 2016, en noviembre, se alcanzó sólo a 16 mm de lluvias que con relación de lo que es la precipitación normal (60 mm aproximadamente) no llegaba a ser ni el 20%. En 2017 si bien subieron algunos milímetros (22.5 mm) el déficit fue de 63% y en diciembre hasta el momento el déficit es de 37%. Esperemos que los días venideros tengamos precipitaciones homogéneas que equilibre el déficit de noviembre”, concluye el responsable del SENAMHI.

GESTIÓN DE RIESGOS

Para la Unidad de Gestión de Riesgos, la experiencia de 2017 fue maratónica y permitió acumular una importante experiencia.

Al inicio del año lluvias y desbordes de ríos en los distritos 6, 7 y 8. A partir de esos eventos adversos se coordinó con la Gobernación y las Subalcaldías para la construcción de defensivos. De los siete defensivos sugeridos por la Unidad de Gestión de Riesgos se concluyó uno, pero se logró asistir a los damnificados con alimentos, semilla y abono foliar, entre otros. En el área urbana, las lluvias afectaron a viviendas y se tuvo que trabajar en prevención, resume Jaime Daza, responsable de esta repartición, que en 2018 podría convertirse en Dirección.

Esta entidad, también señala como hito importante la granizada de octubre, que desnudó falencias en tinglados y una serie de infraestructuras en la ciudad.

Con la sequía registrada en el último cuatrimestre del año, la Unidad de Gestión de Riesgos tuvo que volcarse a la distribución de agua en cisternas en la Capital, aljíbes en diferentes regiones y el inédito uso de sistemas de bombeo que permitió aumentar el caudal de agua en Cajamarca y Ravelo.

Daza no deja de lado la experiencia adquirida con los incendios forestales, desde el apoyo brindado en la Cuesta de Sama en Tarija o el inédito simulacro de sismo realizado en la ciudad.

Para los funcionarios de Gestión de Riesgos, la gestión que cierra les permitió capacitarse a profundidad. Granizadas, riadas, deslizamientos, vientos huracanados, campañas de prevención, atención por escasez de agua y el establecimiento de un sistema de alerta temprana cuentas entre sus principales misiones cumplidas.

Un presupuesto de Bs 4 millones para 2018 permitirá apuntalar de inicio el trabajo de esta repartición, que hace algunos años atrás sólo contaba con personal eventual contratado entre septiembre y enero. Su meta para los siguientes años es lograr que Sucre, al igual que La Paz, sea nombrada una ciudad resiliente, es decir, bien preparada para el manejo de emergencias.

El año comenzó con lluvia

Después de un diciembre con lluvia pero con un déficit de 52%, el año nuevo 2017 arrancó nublado y lluvioso como una premonición de lo que vendría en el primer cuatrimestre.

La primera lluvia contundente fue el 8 de enero cuando se desplomó un ciprés con más de 300 años de edad en el parque Bolívar y varias inundaciones y anegaciones en diferentes puntos de la ciudad. La Unidad de Gestión de Riesgos empezó el año con mucho trabajo, además del alivio de las bocas de tormenta en lugares conflictivos.

En la segunda semana del año, la Gobernación contabilizó 215 familias chuquisaqueñas afectadas por las intensas lluvias caídas los últimos días de diciembre e inicios de 2017. En Sucre resultaban afectados los Distritos 2 y 5. Los municipios de Yamparáez, Tarabuco, Icla y Villa Abecia reportaban pérdidas de ganado menor, sembradíos de tubérculos y hortalizas, entre otros productos, por la riada y el granizo. Ya en ese entonces, la Gobernación anunció la entrega de bombas antigranizo para prevenir más daños en las zonas afectadas.

En Sucre la lluvia dificultaba el avance de la reposición de la cubierta del aeropuerto Alcantarí, que meses antes había colapsado por el granizo. A principios de enero, la obra apenas alcanzaba a un 30% de avance.

El temporal a nivel nacional también ocasionaba reportes de emergencias en La Paz y otras ciudades. El 10 de enero se informaba que el lago orureño Poopó empezaba a recuperar su caudal, tras un año en el que se había lamentado su inminente desaparición.

Los dos primeros muertos de la gestión se confirmaron el 10 de enero en Sucre y Santa Cruz. En la Capital, Wilson Mamani, un estudiante de 24 años, fue alcanzado por una descarga eléctrica cuando circulaba por el colegio Fe y Alegría; en tanto que en Santa Cruz un hombre se ahogó en un canal entre el tercer y cuarto anillo.

A mediados de febrero, los municipios soportaban una dificultosa transitabilidad en las carreteras Chuquisaca Centro, Norte y el Chaco, obligando al Servicio Departamental de Caminos (SEDCAM) a reforzar el mantenimiento.

El 19 de febrero, una intensa lluvia en Sucre generó pánico cuando un conductor, en el barrio Senac, intentaba salvar su vehículo de un deslizamiento de tierra que cubrió dos automóviles. Afortunadamente fue rescatado y atendido.

En tanto que en Monteagudo, la torrencial lluvia ocasionó derrumbes, riadas y lodazales en varias comunidades que quedaron sin acceso. Se perdieron animales, cultivos, los habitantes quedaron sin agua potable y energía eléctrica.

En la tercera semana de enero, los municipios afectados sumaban 24, alcanzados por eventos climáticos como riadas, inundaciones, granizadas y sequías. Los damnificados ya completaban los 3.605.

Tarabuco reportaba 14 comunidades afectadas; Yamparáez (18); Villa Abecia (5); Icla (4); San Lucas (20); Tarvita (12); Culpina (5); Incahuasi (1); Villa Serrano (5); Huacareta (2); Mojocoya (6); Poroma (3); Sucre –distritos rurales– (6); Presto (7); Zudáñez (5); Camargo (3); Villa Charcas (2); Muyupampa (1); Azurduy (2); Sopachuy (4) y Tomina (3). Monteagudo (3); Alcalá (3) y Machaterí en evaluación.

En Sucre, inundaciones, caídas de muro, taponamiento de alcantarillas, socavación de poteos, sifonamiento de la avenida Circunvalación, inundación de dos viviendas y la caída de un muro de la ex estación de trenes de El Tejar, daban cuenta de la magnitud de los efectos del temporal. El 25 de febrero, la Capital vivió una lluvia de cuatro horas ininterrumpidas.

Al inicio del tercer mes del año, unas 46 comunidades del municipio de Yotala y unas 2.000 familias afectadas eran reportadas como saldo de los eventos climáticos que además se habían ensañado con la producción agrícola. Sequías, riadas, granizadas, destruyeron cultivos de papa, maíz, cebada, trigo, hortalizas y frutales, entre diciembre de 2016 y los primeros dos meses de 2017.

El viernes 3 de marzo el aguacero puso nuevamente en alerta a los sucrenses, provocó taponamientos, inundaciones y hasta la caída de un muro de una casa patrimonial en la zona de Santa Ana. Al día siguiente, la situación no era diferente, calles y bocas de tormenta anegadas en zonas como el Mercado Campesino volvían a generar dolores de cabeza.

En el plano nacional, SENAMHI emitió una alerta naranja debido al preocupante incremento del caudal de ocho ríos en el país con el riesgo de desbordes e inundaciones en al menos 18 poblaciones ribereñas. Los ríos comprometidos: Isiboro, Maniqui, Chapare, Ichilo, Alto Beni, Beni, Madre de Dios y Acre.

El 7 de marzo otro susto se generó en Sucre, en una vivienda de la calle Victorino Vega esquina Canelas. Un muro aplastó el techo de una cocina dejando daños materiales y un latente peligro porque la garrafa quedó enterrada entre los escombros. En tanto que el recuento de pérdidas en los distritos 7 y 8 ya alcanzaba a más de 30 comunidades que perdieron su producción. Unas 86 hectáreas fueron comprometidas y la Alcaldía tuvo que comenzar con las tareas de asistencia, además de gestiones ante el Gobierno. Tres días después, los distritos sucrenses 1, 2, 4 y 5 también clamaban por atención.

Uno de los municipios más golpeados fue Tarabuco, que hasta las primeras semanas de febrero había reportado 14 comunidades afectadas y a ello se sumó una granizada el 15 de marzo. En la tercera semana, las rutas a Azurduy, Monteagudo y Rosario del Ingre reportaban un panorama lastimero.

Después de varias semanas de evaluaciones, el 24 de marzo la Alcaldía de Sucre hizo conocer la situación en los distritos rurales. 800 familias de 46 comunidades habían perdido su producción agrícola.

A fines de marzo, al menos ocho comunidades de Monteagudo y Huacareta fueron azotadas por el deslizamiento de tierra a causa de las lluvias y quedaron cercadas y con varios daños materiales. La falta de agua y la necesidad de la apertura de caminos era una de sus principales demandas ante las autoridades departamentales y nacionales. En Huacareta, varias familias tuvieron que alojarse en la escuela debido a los daños en sus viviendas asediadas por el lodo. La Alcaldía repartió tabletas purificadoras de agua y filtros de agua, además de alimentos y colchones; sin embargo, la inaccesibilidad al lugar por los daños en el camino era una limitante.

Mientras, en Monteagudo una lluvia de cinco a ocho horas de duración provocó deslizamientos en cerros y quebradas dejando cercados a los afectados. Las familias perdieron animales, sembradíos e incluso pertenencias. La Alcaldía se esforzaba para elaborar informes de daño.

LAS LLUVIAS SE EXTENDIERON

Al inicio del cuarto mes del año, las lluvias continuaban y las riadas causaban severos deterioros a la plataforma vial en el Chaco chuquisaqueño, incomunicando a comunidades e incluso municipios enteros. Distintos reportes también daban cuenta de daños a viviendas, vehículos y ganado, e incluso personas heridas.

En Macharetí informaban que un fenómeno y temporal similar sólo se había vivido 30 años antes: El agua había destruido 40 viviendas y unas 50 estaban en riesgo de derrumbarse, se perdieron más de 150 hectáreas de cultivos y centenares de animales de corral como cerdos, chivos y aves en las comunidades de Ivo, Ipati, Isipotindi, Timboicito, Carandayti, Tigüipa Estación, Camatindi y Ñancaraoinza.

Nuevos reportes de la Gobernación señalaban que los desastres naturales habían alcanzado a 27 de los 29 municipios del Departamento, afectando a 5.618 familias pertenecientes a 222 comunidades.

En Sucre, las fuertes descargas eléctricas provocaban constantes cortes de energía, reflotando el pedido de instalar más pararrayos.

LLUVIAS EN EL PAÍS

Tras la primera semana de abril, el SENAMHI volvió a declarar alerta naranja en cinco ríos de Cochabamba y Beni, por posibles desbordes, en tanto que Defensa Civil reportaba al menos 28 muertos y 15.800 familias afectadas por las lluvias en siete de los nueve departamentos. Las regiones afectadas por las lluvias eran La Paz, Potosí, Oruro, Cochabamba, Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz. La mayoría de las muertes se produjo en tormentas eléctricas, sobre todo en Potosí y Chuquisaca. Se perdieron 870 cabezas de ganado y 8.319 hectáreas de cultivos agrícolas.

MONTEAGUDO, ZONA DE DESASTRE

El 16 de abril, el Concejo Municipal emitió la ley de declaratoria de zona de desastre después de que las lluvias y riadas causaron serios daños en viviendas, cultivos y ganado.

De 240 a 250 familias registraron pérdidas en producción de maíz, maní y ají, además de ganado porcino, vacuno y producción avícola. En cuanto a infraestructura, se contabilizó una docena de viviendas con severos daños.

El 8 de mayo, nuevamente los tramos de la región del Chaco, en particular de los municipios de Macharetí y Huacareta, volvían a ser los más afectados a consecuencia de las intensas lluvias.

A fines de mayo y ante la continuidad de las lluvias se restringió el paso en la ruta Muyupampa-Ipati, que une Chuquisaca con Santa Cruz.

JUEVES NEGRO, 12 DE OCTUBRE

El 12 de octubre de este año no pasará imperceptible en la memoria de los capitalinos. Una inclemente granizada de unos 20 minutos dejó destrozos en colegios, miles de viviendas y causó severos destrozos en plazas y parques. Sin duda, el caso más alarmante fue la muerte de dos adolescentes (días después se sumaría un tercero) a consecuencia del desplome del tinglado de la unidad educativa Aniceto Arce. La tormenta de granizo más fuerte en los últimos 35 años, coincidió con la precariedad de la infraestructura por la que los padres habían reclamado de manera insistente.

La tragedia llevó al Ministerio Público a abrir una investigación y el hecho generó la solidaridad del Gobierno que comprometió recursos para reconstruir las unidades afectadas.

Héctor Lenis Barja y Pamela Jerónimo Bautista, oriundos de Betanzos, encontraron la muerte durante una convivencia con alumnos de la promoción de la escuela de Sopachuy. Héctor fue aplastado y Pamela murió de un paro cardiaco en el hospital. Otros 19 alumnos también resultaron con heridas al haber quedado atrapados por la estructura.

Mientras los ojos apuntaban a la Alcaldía por una presunta falta de mantenimiento y reparación de la vetusta infraestructura. Maestros y alumnos iniciaban una campaña solidaria para apoyar a las familias de migrantes de escasos recursos económicos.

Varias instituciones se habían sumado a las tareas de socorro ante el trágico hecho que puso a Sucre en boca del país.

La Dirección de Educación reportó daños en infraestructuras de las unidades educativas Aniceto Arce, kínder San Vicente de Paul y Bernardo Monteagudo y se suspendieron las clases en otros 11 establecimientos para precautelar la seguridad de los estudiantes. La lluvia desnudó falencias en varios otros colegios de la ciudad.

Padres y maestros de otros colegios fuera de la lista se comunicaron con este diario para expresar su preocupación por el estado de sus edificios y pedir suspensión de las clases.

Según el SENAMHI, los 20 a 25 minutos de granizo formaron una capa de hielo de ocho a 13 centímetros de altura, que en las partes bajas de la ciudad como la ex estación Aniceto Arce y las calles Loa y Avaroa, por citar algunas, alcanzó alturas superiores a los 50 centímetros. El total de precipitación en ese lapso de tiempo llegó a 44 litros de agua por metro cuadrado.

Dos días después de la tragedia, murió la tercera víctima. La estudiante Ximena Rodríguez, de 17 años, no soportó las cirugías en el hospital Santa Bárbara.

El 17 de octubre, el presidente Evo Morales recibió al alcalde Iván Arciénega en La Paz y oficializó el compromiso de Bs 17 millones para las edificaciones afectadas.

Una semana después de la tragedia y cuando la población apenas se recuperaba de la noticia, otra granizada se ensañó con el municipio de Poroma. Se quedó sin cosecha de frutas, los vientos huracanados dañaron los techos de las viviendas de al menos 15 familias y un rayo mató a 15 ovejas.

En octubre, las malas noticias no cesaban. El 26 de octubre Tomina soportó probablemente la peor granizada en diez años. Granizos del tamaño de un huevo provocaron daños en viviendas y cultivos de varias comunidades. Tarabuquillo, Quirusillas, Pampas Abajo, Turu Cancha, centro poblado de Tomina y la comunidad de Corso fueron golpeadas. Las bombas antigranizo no hicieron mella en el temporal.

El 16 de noviembre, otra granizada de grandes proporciones –que duró unos 20 minutos– dañó la producción agrícola de los municipios de Yamparáez, Poroma y parte de Sucre.

El fenómeno, acompañado de fuertes descargas eléctricas, se repitió el 27 de noviembre. En el Distrito 6 del municipio de Sucre, en la comunidad San Antonio murieron decenas de cabras y ovejas y la producción frutícola quedó dañada.

El 26 de noviembre Sucre se declaró en estado de emergencia, luego de una semana de escasez de agua.

Para garantizar la llegada de agua a la planta potabilizadora de El Rollo, se gestionó ante autoridades potosinas la apertura de la presa raveleña de Teja Huasi; se decidió bombear agua del río Chaunaca al acueducto de Ravelo y se robusteció el convoy de cisternas para la dotación de agua a las zonas altas, en medio de reclamos por el servicio y críticas a las autoridades locales.

Así, la gestión que termina marcó definitivamente una huella imperecedera en las miles de familias chuquisaqueñas que fueron afectadas por los diferentes eventos climáticos que se ensañaron con la región.

Franz Delgadillo

Senamhi Chuquisaca

“En todas las ciudades donde va desarrollando y generando cambios en la plataforma de las calles, éstas son impermeabilizadas de manera que el agua fluye, aumenta el caudal y por tener una topografía irregular y pendientes en Sucre, las partes bajas están en permanente riesgo. Las instancias pertinentes como Alcaldía, deben tomar en cuenta todos estos eventos adversos y tendrían que ir viendo la forma de mejorar los sistemas de drenaje”.

 EL DATO

Déficit en noviembre

El mes de noviembre de 2017 cerró con un 63% de déficit de lluvia. La cifra, sin embargo, no superó el registro de 2016 una de las temporadas más secas en Sucre en los últimos cinco años. 

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