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Fertilización in vitro, entre el miedo y la ilusión

11 Octubre 2015Evelyn Campos López
El tratamiento de fertilización in vitrio revolucionó al mundo hace 35 años, haciendo posible el nacimiento de un bebé

El tratamiento de fertilización in vitrio revolucionó al mundo hace 35 años, haciendo posible el nacimiento de un bebé

Se dice que un hijo o una hija es la máxima representación del amor de una pareja, la razón que le da sentido a la vida. Desgraciadamente, la infertilidad termina frustrando a muchos matrimonios que no consiguen hacer realidad este deseo.

El tratamiento de fertilización in vitro, que revolucionó el mundo hace 35 años, posibilita la concepción de un bebé. La pareja solo debe tomar la decisión, eso sí, preparándose ante un eventual fracaso.

“Yo diría que lo traumático es no quedarse embarazada queriendo… traumática es la ansiedad y la incertidumbre de no saber si algún día se podrá ser madre”, dice el doctor Ignacio Palomo Álvarez, destacado profesional español con más de 20 años en la especialidad de fecundación in vitro en Madrid.

Un médico español
Hace unas semanas visitó Sucre el médico ginecólogo español con especialidad en reproducción asistida Ignacio Palomo Álvarez, destacado profesional que tiene una clínica-laboratorio de fecundación in vitro en Madrid.

Luego de recibirse como médico, hace 25 años, se especializó durante cuatro en fecundación. Palomo asegura que tiene la consulta no hospitalaria más grande en la capital española, con más de 40.000 pacientes sometidas a la fertilización in vitro, además de contar en su haber con más de 15.000 partos, aunque no todos con el tratamiento in vitro.

“En todos estos años los tratamientos que realicé están llenos de historias curiosas: unas felices, otras duras o angustiosas. Cuando la mujer no puede concebir, surgen presiones familiares, personales o incluso de las nuevas parejas…”, comenta a ECOS.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando se lleva más de un año manteniendo relaciones sexuales sin protección y no se tiene éxito en la concepción, el tiempo es oro. Aproximadamente entre el 30 y el 40 por ciento de los casos de infertilidad es achacable al hombre y entre el 40 y el 50 por ciento a la mujer. Pero aún, en muchos no se sabe a ciencia cierta el origen de la incapacidad para engendrar.

Una opción
Una pareja puede optar por recurrir a la fertilización in vitro (FIV), que es un tratamiento de reproducción asistida (o tratamiento para la infertilidad) de alta complejidad.

En la FIV, la unión del óvulo y el espermatozoide, o fecundación, no ocurre dentro de las trompas de Falopio de la mujer, sino en un laboratorio especializado.

Como toda técnica nueva, la FIV evolucionó de forma vertiginosa. Al principio solo se practicaba con el ciclo natural de la mujer; es decir, se obtenía un óvulo o ninguno (excepcionalmente dos) porque no había estimulación ovárica; posteriormente, se realizó la estimulación ovárica con hormonas, según detalla el experto.

Entonces se fue sacando un mayor número de ovocitos, de tal manera que se pudieran fecundar más embriones y las mujeres tuvieran más posibilidades de embarazarse.

Con el tiempo se empezaron a congelar los embriones; si la mujer no se embarazaba al primer intento, tenía la posibilidad de colocar los embriones en otra prueba. Si quedaba encinta, podía tener un segundo hijo.

¿El proceso es traumático?
“Yo diría que lo traumático es no quedarse embarazada queriendo… traumática es la ansiedad y la incertidumbre de no saber si algún día se podrá ser madre”, sostiene el doctor Palomo.

De acuerdo con este especialista, la FIV brinda felicidad a una gran cantidad de parejas y le da sentido a su vida. Y no solo hace feliz al matrimonio, sino a su entorno cercano: abuelos, tíos, padrinos y mejores amigos. Si el tratamiento no es exitoso, aunque sobreviene la tristeza, a la larga queda la satisfacción de haber hecho todo lo posible por tener un hijo.

“La vida es linda, pero en ella también se experimentan duros detalles de frustración y de fracaso personal. Uno de ellos es el tema de la reproducción asistida. Cuando nacemos, no estamos preparados para desarrollarnos, para procrear y tener hijos, pero tampoco para querer tener hijos y no poder hacerlo”, reflexiona.

Hace unos 50 años, cuando diagnosticaban algún problema de infertilidad a una pareja, no se podía intentar nada; a pesar de tener las ganas de ser padres, ellos no podían porque eran infértiles y punto. Ahora, prácticamente todos los tratamientos, con diversas técnicas, son exitosos, dice el galeno.

“El caso de la mujer es complejo. Influyen varios aspectos, como el PH de la vagina donde se deposita el semen, la acidez o no del lugar, una posible infección, el cuello y el moco cervical, que es donde se capacita el espermatozoide para tener potencial fecundante; el ascenso por el útero, la fecundación fuera del útero en el tercio más próximo a la trompa; después, el embrión vuelve a implantarse en el útero… En cambio el hombre se limita a depositar el semen con una carga genética que podría ser sana o no; luego, su participación es nula”.

La clave está en tomar la decisión junto a la pareja, tener su apoyo para someterse a la técnica de producción asistida. La esperanza y la ilusión son fundamentales, pero también el estar consciente de que no todas las mujeres quedan embarazadas. En definitiva, según el doctor Palomo, lo importante nunca será ganar, sino participar.

Con respecto a la situación de este tratamiento en Bolivia, opina que “se realiza desde hace poco tiempo, hay muy pocos laboratorios que deben desarrollarse más y ayudar a las parejas de cualquier clase social, buscando financiamiento, y los médicos deben dar todas las facilidades”.

Requisitos
Entre los principales requisitos para someterse a la FIV está el tener una buena salud física, mental y psicológica, además de una edad límite de 50 años.

En el caso del médico visitante, el tratamiento tiene un costo de 4.000 euros, sin tomar en cuenta la medicación. Los interesados en contactarse con el doctor Palomo pueden escribir al email: instituto@ordasypalomo.es.

EL TRATAMIENTO

- Estimulación ovárica: La mujer recibe cada día dos pinchazos subcutáneos de hormonas, durante  diez días, con el fin de que produzca varios óvulos maduros para la fecundación.
- Desarrollo de los óvulos: En ese tiempo se visita con frecuencia al médico para que controle los niveles de hormonas en la sangre y haga mediciones de los ovarios mediante ecografías para detectar el momento en que los óvulos están maduros.
- Inyección de maduración: Cuando los folículos están listos se aplica una inyección que hace madurar los óvulos, para que estén listos para la fertilización.
- Extracción: Se espera que pasen 36 horas después de la última inyección y se procede a extraer los óvulos mediante la punción (introducción de una aguja por la pared vaginal, con la ayuda de una ecografía), que se puede hacer con anestesia local o con sedación. Tarda tres o cuatro minutos.
- Fertilización: Los óvulos se fecundan con el semen de la pareja o con el de un banco de semen.
- Implantación embrional: Dependiendo de la edad y el diagnóstico, el médico colocará entre uno y cinco embriones en el útero a través de un catéter delgado que se introduce por el cuello uterino. La acción no es dolorosa, por lo tanto no requiere de anestesia. Luego se recomiendan dos días de reposo en cama. Seguido este proceso, a los 15 días se llega a saber si la mujer está o no embarazada.

La FIV brinda felicidad a una gran cantidad de parejas y le da sentido a su vida. Y no solo hace feliz al matrimonio, sino a su entorno cercano: abuelos, tíos, padrinos y mejores amigos. Si el tratamiento no es exitoso, aunque sobreviene la tristeza, a la larga queda la satisfacción de haber hecho todo lo posible por tener un hijo.

FVI, EN LA HISTORIA

- El primer embarazo por medio de esta técnica fue logrado en 1973, por el ginecólogo australiano Carl Wood, pero no prosperó, se interrumpió pocos días después.
- Los responsables del primer tratamiento exitoso fueron dos médicos de la Universidad de Cambridge: el fisiólogo Robert Edwards y el ginecólogo Patrick Steptoe.
- A los niños nacidos mediante esta técnica se les denomina “bebés probeta” o “bebés de probeta”.
- La primera bebé probeta, llamada Louis Brown, nació el 25 de julio de 1978 en Oldham, Inglaterra.
- Tras su nacimiento, la sometieron a múltiples estudios para determinar que su estado era normal y corroborar que la FVI era un método de fecundación tan seguro como el natural.
- Los padres de Louis volvieron a apelar a esta técnica cuatro años después y tuvieron a otra niña, Natalie, quien en 1999 se convirtió en la primera bebé de probeta en dar a luz, mediante parto natural, a un niño.

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