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EL HINCHA DE UNIVERSITARIO AFRONTA LA INMINENTE PÉRDIDA DE SU HOGAR

Martín anhela nuevo hogar

05 Octubre 2018Alina Cuentas Cedro
TRABAJO. Con mucho ánimo el joven acude a su fuente laboral para ayudar en lo que se pueda.

TRABAJO. Con mucho ánimo el joven acude a su fuente laboral para ayudar en lo que se pueda.

COOPERACIÓN

Martín espera la llamada de personas que quieran alquilar un ambiente accesible o ayudarle a conseguir prótesis para sus brazos al teléfono 75776204. También pueden contactarse con su madre al 73409020.

Martín Rodríguez es un joven que a sus cinco años se trasladó a Sucre desde Camargo. Día a día trabaja para superarse, pese a no contar con los miembros inferiores ni superiores. La discapacidad no ha mermado su entusiasmo, pero hay algo que le preocupa: dentro de poco, él y su familia se verán en la calle.

Después de escuchar los ruegos de la señora Donata Machuca, madre de Martín, la dueña de la casa que ocupan actualmente les dio hasta fin de año para desocupar la vivienda.

Donata debe lidiar con la preocupación del ultimátum, además de su diabetes, que le impiden cumplir sus labores con tranquilidad. Desde hace diez años, trabaja en la Empresa Municipal de Áreas Verdes Sucre (EMAVS). Se ocupa de limpiar, regar y mantener los parques Mariscal y Bicentenario.

Recuerda que, al ver la situación de su hijo, le recomendaron trasladarse a Sucre e internarlo en el Instituto Psicopedagógico y así lo hizo.

Gracias a su habilidad de adaptación y su gusto por la vida, Martín continuó sus estudios en la escuela Domingo Savio, a la que recuerda como un establecimiento estricto, pero de altos valores y adecuado para personas con discapacidad.

“Me ha gustado estar en ese colegio, había un ascensor”, afirma, al añadir que “gracias a Dios” tuvo compañeros que le ayudaron en todo. “Para mí es una alegría pertenecer a esa institución”, recalca.

Donata siente orgullo por su hijo y constantemente se pregunta qué hubiera sido de él sin personas que lo ayudaron a subir gradas, a pasar desniveles o incluso con sus necesidades básicas. “En (terrenos) planos camina, tiene sus botitas, se lo he hecho hacer, con eso camina”, explica.

 

Truncado por las gradas

Luego de salir del colegio, Martín intentó continuar sus estudios en la Universidad, pero sus anhelos se vieron truncados por la deficiente infraestructura para personas con discapacidad en las carreras que eligió. Cuenta que primero probó suerte en Ingeniería de Sistemas, pero como hay muchas gradas “fue un poco difícil” recuerda sin lamentarse mucho.

Entonces decidió cambiar a Contaduría Pública, en cuyo patio se quedaba varias horas esperando o viendo la mejor forma de acceder a los cursos. Según cuenta su madre, no pedía ayuda porque no quería molestar a nadie.

 

Un nuevo desafío

Él prefiere dejar atrás su discapacidad, ya que no fue una limitación en su vida, pero ahora la amenaza de perder su hogar provoca que él y su familia se encuentren en constante desasosiego. “Mi mayor deseo es tener una casita propia, nosotros vivimos en alquiler”, comenta.

Donata anhela encontrar un lugar en planta baja, donde su hijo pueda tener facilidad de tránsito. Informa que hace un tiempo iniciaron un trámite para acceder a una vivienda solidaria, sin ningún resultado.

 

Motivación en el trabajo

Hace ocho meses, Martín pasó de ser jornalero a funcionario en la Subalcaldía del Distrito 2, donde rápidamente se ganó el cariño de sus compañeros.

Katia Barrios, funcionaria de la oficina de Derecho Propietario, asegura que pese a su discapacidad Martín es amable. “Siempre trata de estar con una sonrisa para todos, (…) él es muy activo, está colaborando a sus compañeros, a la secretaria, o charlando con nosotros, trata de animarnos en el día”, relata.

La secretaria, Marta Rengel, continúa con los elogios: “En él hemos descubierto la verdad de que cuando uno quiere lo hace, lo que le falta le sobra de inteligencia. Es un muchacho que vale mucho”.

Habla por celular, escribe en la computadora, trajina documentos de una oficina a otra  ayudándose con la barbilla y la lengua. “Colaboro a todos los funcionarios en todo lo que se pueda y sea necesario”, cuenta Martín al afirmar que le vendrían bien unas prótesis para los brazos. “Tal vez unas prótesis sí me podrían ayudar”, añade.

Sin brazos ni piernas, Martín se las arregla para trabajar e incluso lleva a su padre, que sufre de sordera y sólo se comunica con señas, a los partidos de Universitario. “Siempre vamos a apoyar al equipo”, dice mostrando la chamarra que le regaló el ahora ex director técnico Javier Vega. También juega fútbol con sus compañeros de trabajo y no desmaya en su deseo de estudiar.

TRABAJO. Con mucho ánimo el joven acude a su fuente laboral para ayudar en lo que se pueda.
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