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EDITORIAL

Cuestión de tolerancia

27 Febrero 2018CORREO DEL SUR

Al dolor que acompañó el Carnaval de Oruro de este año se suma la polémica ocasionada por una pintura en la que la Virgen María aparece luciendo una prenda íntima de color rojo, similar a la que utilizan las bailarinas de aquella famosa festividad.

Y desde que estalló la polémica no ha hecho sino crecer, tanto que la autora del cuadro se ha hecho famosa en todo el país e incluso ya es mencionada en el exterior, particularmente entre los residentes bolivianos en distintos países.

La polémica se explica por el significado que la Virgen del Socavón tiene para Oruro, la ciudad cuyo carnaval ha sido declarado obra maestra del patrimonio intangible de la humanidad. Aunque se la conoce más con ese denominativo, la advocación de la que hablamos es la Virgen de la Candelaria y, por los elementos incluidos en el cuadro, es obvio que éste se basa directamente en esa imagen.

Si esta Virgen tiene devotos en todo el país, es más venerada en Oruro donde se le ha erigido un santuario en el cerro mismo donde, según la leyenda, habría aparecido. La fe y la veneración que le tienen miles de orureños es uno de los detalles a tomar en cuenta a la hora de hablar del tema. Para toda esa gente, debe resultar chocante, por decir menos, que una imagen a la que se venera, que representa a la madre de Cristo y, por extensión, de toda la humanidad, aparezca al descubierto en una situación que los creyentes no están acostumbrados a ver.

Pero, por otra parte, hay que tomar en cuenta los argumentos de la autora del cuadro. Según dijo, ella no pretendía causar polémica sino simplemente expresar lo que pensaba en torno a la indolencia que acompañó a las explosiones que tuvieron lugar en Oruro durante el carnaval. Hizo uso de su libertad de expresión y, en el sentido estricto del derecho, no vulneró ninguna ley. Como no podía prever la reacción de la gente, tampoco se le puede culpar de eso.

Tenemos, entonces, dos visiones. La de una masa de fieles que siente lastimada su sensibilidad religiosa ante la vista aparentemente irrespetuosa de una imagen venerada y la de una persona, que ahora cuenta con un gran respaldo, que sólo quiso expresar una crítica.

Lo que hace falta, entonces, es tolerancia de ambas partes. Los devotos de la Virgen tendrán que entender que el cuadro no constituye una falta de respeto a la advocación en sí, a la madre de Cristo y todo lo que representa, mientras que la autora del cuadro tendrá que conceder que ciertos niveles de la sociedad, particularmente los que participan en fiestas patronales, todavía no están preparados para asumir lo que éstas representan.

Lo de la indolencia es innegable. Ya comentamos, en este mismo espacio, que un hecho censurable fue que, pese a las explosiones y a su saldo fatal, Oruro siguió celebrando su carnaval y sólo decidió suspender las actividades que faltaban en el Martes de Ch’alla, tras la segunda tragedia. Incluso después de esa decisión, hubo fraternidades que señalaron públicamente que no suspenderían sus actividades colectivas y continuaron festejando hasta el Domingo de Tentación.

La autora del cuadro cuestiona precisamente eso, además de la cosificación de la mujer que es innegable no sólo en el Carnaval de Oruro sino en todas las “entradas” folclóricas del país en las que las bailarinas, o una gran mayoría de ellas, se esmeran más en la exhibición que en la devoción.

La desmedida polémica generada por el cuadro, así como la natural molestia de sectores religiosos, se hallan contrastadas por la significación que la artista le dio a su controvertida pintura de la Virgen que, además, no tiene rostro porque, según dice, representa a las mujeres que son vistas más como objetos que como seres humanos.

La desmedida polémica generada por el cuadro, así como la natural molestia de sectores religiosos, se hallan contrastadas por la significación que la artista le dio a su controvertida pintura de la Virgen que, además, no tiene rostro porque, según dice, representa a las mujeres que son vistas más como objetos que como seres humanos

 

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