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Historias de ex combatientes, la memoria de la guerra

11 Junio 2017Dayana Martínez Carrasco
SERVICIO. José Pradel Loayza, benemérito de la Guerra del Chaco, nacido en Betanzos, actualmente vive en Sucre.

SERVICIO. José Pradel Loayza, benemérito de la Guerra del Chaco, nacido en Betanzos, actualmente vive en Sucre.

APUNTE HISTÓRICO

La Guerra del Chaco fue el conflicto bélico internacional más largo al que se enfrentó Bolivia (1932-1935). Este episodio terminó arrebatándole al país territorio en la zona del Chaco, rica en yacimientos de hidrocarburos. La paz entre Bolivia y Paraguay se firmó el 12 de junio de 1935 y el cese de hostilidades fue el 14.

Con el tono que sólo podría imaginarse venir de un soldado, los ojos con los pigmentos desgastados por el paso del tiempo y los dedos aferrados a un bastón que retumba al menos tres veces cada que acaba una oración con un seco “tum tum tum”, José Pradel Loayza, benemérito de la Guerra del Chaco, recuerda que peleó por 40 días consecutivos en defensa del territorio boliviano amenazado por los ataques paraguayos.

En contraste a lo alto que escucho su voz, Pradel no puede oír la mía ni la de nadie alrededor, él está completamente sordo desde hace varios años como secuela de su participación en la guerra más larga que afrontó Bolivia (1932-1935). Cuando volvió del conflicto perdió la audición de un oído y fue el paso del tiempo el que se encargó de emparejar la situación en el otro.

Para empezar la entrevista, en una sala adornada de instrumentos de cuerda colgados cual si fueran cuadros, el yerno y la hija de Pradel muestran la pequeña pizarra de unos 40 centímetros de largo y ancho aproximadamente en la que se escribirá cada pregunta. Yo tenía mi grabadora y libreta lista cuatro veces más pequeña que la pizarra, pero ésta, la almohadilla y el marcador me enseñaban que nunca me había preparado para hacer esta nota.

-“¿Cómo siente que es el trato que se le da a los beneméritos actualmente?”, pregunté. Tesoro Pradel, su hija, escribe el texto para evitar problemas en la lectura de su padre.

“Respecto al trato a los beneméritos de parte del Gobierno, es una iniquidad la forma cómo el Gobierno se comporta con los beneméritos, gracias a los beneméritos, especialmente a los del regimiento Jordán Primero de Infantería, existen los petróleos en poder nuestro todavía”, afirma mientras lo acompañan los golpes de su bastón de madera contra el piso, fuertes y firmes como seguro eran sus pasos antes de necesitar ese apoyo.

El benemérito de guerra, ex boticario y además creador del primer gimnasio en Sucre –según cuenta su hija– tiene 102 años de edad, pero su memoria no le falla, especialmente cuando recuerda –o le recuerda a todos en realidad– que su regimiento junto con la ayuda de los regimientos Santa Cruz 33 de Infantería y Montes defendieron zonas cercanas a Camiri que son reconocidas como lugares con yacimientos hidrocarburíferos del Chaco, motivo de la discordia entre Bolivia y Paraguay.

“Nosotros debíamos estar mejor pagados, mejor reconocidos por el pueblo y por el Gobierno especialmente, el Gobierno muchas veces está gastando en disparates y sumas fantásticas, millones tras millones y gran parte del pueblo está medio muerto de hambre. Los beneméritos quedamos muy pocos, debemos quedar entre 20 a 22, el año pasado éramos 22, ahora debemos ser 20 a 18”, explica con una mirada fija y decisiva, como si por primera vez podría contarle al mundo lo que había pensado en tanto tiempo, por tantos años.

Antes Pradel, que es natural de Betanzos, solía participar de los desfiles y actos conmemorativos por el Día del ex Combatiente, que se celebra cada 14 de junio, en conmemoración al cese de hostilidades entre Bolivia y Paraguay, sin embargo, desde hace unos diez años sólo le queda recordar en su hogar.

Pradel ya no participa en ningún evento debido a que su resistencia fuera de reposo es limitada, aunque dentro de su casa se desenvuelve bastante bien; baja solo las gradas hacia la sala, y más allá de la sordera y una hipertensión que lo agobia desde hace unos años, podría considerarse un hombre relativamente saludable para tener más de un siglo de vida.

Hace unos tres años, estuvo muy delicado, tuvo que irse a Santa Cruz porque la altura de Sucre le afecta, pero no logró acostumbrarse y apenas se recuperó en esa ciudad, retornó a la Capital, donde se mantiene estable gracias a controles y cuidados que le exigen un alto gasto económico, imposible de cubrir con la renta que recibe por haber defendido al país en la guerra, asegura su hija.

Para Pradel es muy triste ver el mapa de Bolivia con todas las pérdidas territoriales con las que fue afectado por los países vecinos y afirma que lo que faltó en la guerra fue una estrategia adecuada de parte de los líderes militares.

EL CAMINO A LA GUERRA

Pradel tenía entre 16 a 17 años cuando ingresó al conflicto bélico, desde Potosí fue trasladado a la Capital en ferrocarril, luego lo llevaron a pie a Tarabuco junto con otros soldados entre jóvenes y mayores, porque también había convocado a categorías antiguas, cuenta.

“Habían casi 1.000 personas, fuimos a la campaña a pie desde aquí hasta Tarabuco, al mando del teniente García que perdió la pierna en la campaña, se metió donde no debía meterse por demostrar su valentía y le costó la pierna, este señor era nuestro comandante de conducción a la campaña nada más. En Tarabuco estuvimos dos o tres días, llegaron más o menos 20 camiones o 25 para llevarnos de Tarabuco a la línea de fuego. Llegamos a Lagunillas y pernoctamos ahí, después hubo otro envión hasta la línea de fuego”.

Era febrero, aunque no precisa bien el año, Pradel ingresó ya cuando la guerra había iniciado, Cuenta que les dieron instrucción dentro del monte, con fusiles nuevos, pero en sólo unos días, los paraguayos atacaron, así que se entrenaron en combate.

“Todos nos hacíamos los muy guapos, pero estábamos muy asustados”, dice con algo de risa en su tono, mientras retumban los golpes del bastón. “Los paraguayos atacaron y ahí nos entrenamos en lo que se llama el ‘bautizo de fuego’”.

Es sabido que quienes participaron en la Guerra del Chaco soportaron al inclemente clima del árido Chaco, la sed y el hambre, además de la desdicha de ver a quienes compartían su día a día caer en combate, heridos o fallecidos. Pradel recuerda que recibían una lawa por la mañana y su “rancho” militar cerca del mediodía, y que el preparado de color negro que recibían como desayuno no le gustaba, así que prefería cambiar su lawa por pedazos de carne para poder comerlos durante el día luego de tostarlos en una paila improvisada que se había hecho de una lata.

De las batallas recuerda que los paraguayos atacaban con bombas 75 y 105, las primeras no muy grandes, que contenían la pólvora en un tubo pequeño y podían llegar hasta a dos kilómetros de distancia, y las segundas, gigantescas para los soldados, que dejaban a su paso grandes bocanadas en el suelo y afectaban a decenas, recuerda Pradel mientras abre sus brazos de lado a lado para graficar el tamaño de la bomba 105.

¿Su grosor? pues era más o menos del tamaño de todo el torso del benemérito que el 17 de julio cumplirá 103 años de edad y para quien la aviación boliviana, lejos de lo que se suele narrar en los libros de historia, no fue tan oportuna y a veces, hasta perjudicó, según él, porque ayudaba a delatar la avanzada de las tropas.

Para él, algunos de los soldados memorables fueron Celestino Pino, a quien recuerda cabalgando por las picadas (caminos abiertos a machetazos para el paso de vehículos y soldados), animando a los soldados, incluso luego de que una bala perdida le llegó a la frente, pero no lo mató y volvió a las líneas.

Otro de los compañeros a quien recuerda es el “Ch’ila Montaño” a quien llamaban así “porque era chiquito y flaquito, estaba en nuestro curso y cuando acabó la batalla de Camatindi fui a conocer la laguna, también hay una laguna de ese nombre, y Ch’ila Montaño ya tenía grado de sargento ¡a los 16 años! porque había tenido una gran actuación en la defensa de esa laguna.

Este 14 de junio, seguramente Pradel recordará cómo hace 82 años, les pidieron tirar todas las municiones hasta mediodía, mientras los paraguayos les decían “‘hermanitos vengan, vengan’, pero teníamos órdenes de no acercarnos hasta que haya garantías de que se firmó la paz”.

A mediodía de esa jornada de 1935 finalizó el conflicto bélico, con más de 90.000 soldados muertos, más de 100 mil heridos y 22.500 prisioneros.

"NOS SENTIMOS OLVIDADAS"

Otra historia reflejada por la representante de las viudas de guerra, Blanca Cardona Vera viuda de Prado. Cumplirá este 15 de junio 77 años de edad y es una de las pocas mujeres de las que fueron esposas de los ex combatientes que aún participa en los desfiles y actos de homenaje. Ella asegura que casi ya no les invitan a los distintos actos que se organizan, pero que acuden a los desfiles pese a todas las dificultades.

Su esposo, Remberto Prado Montaño, un vallegrandino que fue a la guerra como parte de las tropas de Santa Cruz, falleció el 9 de junio de 1985, en Sucre, donde decidió radicar debido a que sentía que la gente de la Capital le había tratado con mucho cariño, recuerda Cardona, sentada en una pequeña silla en el pasillo que da a su patio de estilo colonial, adornado con una gran variedad de plantas.

El aroma a pintura es intenso, Cardona estuvo pintando sus macetas y otros adornos de su patio y sólo se toma un descanso para recordar a su esposo, para ella, el hombre que la hizo una mujer completamente feliz.

“Fue tres veces presidente de la Corte Suprema, 14 años Ministro (de la Corte), una vez fue Fiscal General y otra fue presidente de la Corte Electoral en La Paz”. Remberto Prado Montaño tuvo una vida activa en instituciones públicas luego de haber sido soldado en la guerra del Chaco, después de que sus dos hermanos menores se enrolaron.

Cardona cuenta que su esposo le contaba distintos episodios que vivió cuando participó del conflicto bélico, pero lo que más recalcaba era que más que de hambre, ellos morían de sed.

“Nos orinábamos uno al otro porque la arena era candente, me decía, y ahora lloro y digo qué habrán pasado todos esos hombres que fueron porque la mayoría eran de lugares alejados, de 500 hombres que han ido, el único, mi esposo era profesional, fueron más gente del campo y por eso las viudas no saben leer ni escribir”, lamenta.

Y es que como dirigente, afirma que muchas viudas le piden ayuda en distintos temas ya que la mayor parte además de no contar con el apoyo de sus familias, se encuentra en desventaja para defenderse debido a que son analfabetas y tienen la salud deteriorada.

Cardona dice que su esposo tuvo una herida en el brazo durante la campaña bélica y lo removieron a oficinas del Ejército para que sirva como abogado, sin embargo, sus ansias de defender a su país como sus hermanos, le hicieron pedir volver al frente.

Volvió de la guerra y recién se casó con quien fue su primera esposa, después de varios años, cuando ya fue viudo, se conocieron y decidieron emprender una vida juntos, pese a los 36 años de diferencia de edad que los separaban.

De hecho, cuando Prado fue a la guerra, en la que también participó su padre, ella todavía no había nacido, así que además de ser hija de un ex combatiente, Cardona es también una viuda de guerra.

Si bien su fallecido esposo no tuvo secuelas de la guerra que le impidieron hacer su vida de manera normal, sí solía soñar con episodios traumáticos, como cuando veía a sus camaradas morir en la guerra.

“’Caramba les estoy enterrando, estoy viendo a los heridos, era una desesperación ver esa fatiga que teníamos los bolivianos’ y lloraba”, relata con la voz quebradiza.

Pero asegura que no fue igual en otros casos, pues las otras viudas le contaban que sus maridos se habían vuelto locos, “quería balearlos, tomaban palos y les apuntaban creyendo que era su fusil y así nomás morían sus esposos”.

Entre las figuras femeninas que pelearon en la guerra, Cardona recuerda a Isabel Aldana viuda de Casso y a Aurora Cors, esta última enfermera que según ella “hizo nacer a todo Sucre esos tiempos”.

Pero ahora Cardona se preocupa más por la situación económica de la mayor parte de las viudas que no cuentan con recursos suficientes para sustentarse, especialmente por los gastos que su salud, por la edad, les exige.

“Nos sentimos queridas, sentimos el cariño del pueblo, pero de las autoridades no, qué indiferentes son las autoridades”, lamenta al contar que ha buscado al Alcalde y al Gobernador varias veces para pedirles que pinten y arreglen el mausoleo de las viudas que está descuidado y con espacio reducido.

Espera que para esta fecha conmemorativa, las autoridades las tomen en cuenta ya que además de vivir su rechazo, reciben, según ella, la indiferencia de algunos hijos de ex combatientes que las llaman “las segundas” sólo porque varias de ellas fueron las esposas de los segundos matrimonios de los beneméritos que este miércoles serán recordados por su labor y recibirán aplausos, aunque en el fondo –los que viven– seguirán sintiéndose relegados.

RECUERDO. Blanca Cardona es viuda del benemérito Remberto Prado Montaño, quien fue ministro de la Corte Suprema de...
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