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La Escuela Taller Sucre festeja 20 años de trabajo con profundas limitaciones

03 Junio 2018Evelyn Campos López
INTERVENCIÓN. La Escuela Taller Sucre realiza obras en construcciones de arquitectura religiosa como templos, conventos

INTERVENCIÓN. La Escuela Taller Sucre realiza obras en construcciones de arquitectura religiosa como templos, conventos

PLAN MAESTRO

Durante la segunda década de trabajo, la Escuela Taller concentró sus actividades en el Plan Maestro de Rehabilitación de las Áreas Históricas de Sucre, implementado por el Plan de Rehabilitación de las Áreas Históricas de Sucre (PRAHS).

La Escuela Taller Sucre acaba de cumplir 20 años de vida con un haber de 100 edificios patrimoniales intervenidos, entre civiles y religiosos, y con más de 5 millones de dólares de financiamiento ejecutados. Si bien con su trabajo demostró calidad en su servicio, lamentablemente refleja una situación económica inestable, acentuada por la carencia de una sede propia.

“Cumplimos 20 años de vida con recursos escasos, por eso no hicimos una gran celebración. Festejamos internamente con los actuales y ex alumnos”, informó el director de la Escuela Taller Sucre, arquitecto Domingo Izquierdo.

En Bolivia hay tres Escuelas Taller, la primera se instaló en 1997, en Potosí, luego se abrió en Sucre el 25 de mayo de 1998. Le sigue en antigüedad la escuela de la Chiquitanía (Santa Cruz, 2007) y la más joven se creó en 2009 en La Paz.

La Escuela Taller Sucre tiene un directorio cuya Presidencia la ejerce el alcalde Iván Arciénega, la vicepresidencia le corresponde al gobernador Esteban Urquizu, una vocalía está a cargo del gerente del Proyecto Sucre Ciudad Universitaria y miembro invitado de la Cooperación Española, Fernando Beltrán.

En las dos décadas de trabajo ininterrumpido intervino en un total de 100 muebles e inmuebles correspondientes al patrimonio histórico de Sucre y con una inversión aproximada de 5 millones de dólares.

Esa institución operó en edificios de arquitectura civil como el Castillo de La Glorieta, el Palacio Consistorial, la Casa de la Libertad, el Palacio de Gobierno (hoy Gobernación) y edificios patrimoniales de la Universidad San Francisco Xavier, entre otras.

Asimismo intervino en construcciones de arquitectura religiosa como templos, conventos y otras obras de menor escala como retablos, púlpitos, imaginería y lienzos.

Izquierdo se hizo cargo de la administración de la Escuela Taller durante la segunda década, en noviembre de este año cumplirá diez años de trabajo.

“Pude observar revisando la documentación que durante los primeros diez años la Escuela Taller recibió un suministro abundante de recursos económicos de la Cooperación Española, que le permitió abrir una gran oferta de talleres y de plazas para los estudiantes y una serie de intervenciones importantes y valiosas para Sucre”, aseguró al citar como ejemplo la restauración del ex convento de San Francisco que estaba en ruinas y cuya intervención, considerada la obra más importante, se hizo durante cinco años con una inversión de 3 millones de dólares. Este edificio fue sede de la Escuela Taller durante algunos años.

También se hizo una obra importante en el templo de San Francisco, que es parte del conjunto del convento del mismo nombre y en su momento fue una sola unidad.

“En realidad en estas dos décadas, intervinimos en todos los templos y conventos, excepto Santa Mónica y María Auxiliadora (colegio Don Bosco)”, explicó.

OBRAS DE EMERGENCIA

La Escuela Taller también tuvo que encarar obras de emergencia como la reparación de las cubiertas de la nave lateral de la Catedral que da hacia la plaza 25 de Mayo.

La fachada presentaba gran deterioro debido a la humedad, el trabajo se encaró en la gestión del alcalde Moisés Torres.

Después se intervino en una segunda fase de la Catedral en la que actualmente se continúa y, a su vez, comprende cuatro fases para completar la restauración integral.

Durante la segunda década de trabajo, la Escuela Taller concentró sus actividades en el Plan Maestro de Rehabilitación de las Áreas Históricas de Sucre, implementado por la institución denominada Plan de Rehabilitación de las Áreas Históricas de Sucre (PRAHS).

La escuela pasó a ser considerada un brazo operativo del Plan, que ejecuta los proyectos planteados por esa institución.

“Somos una entidad con autonomía de gestión, pero que es dependiente del municipio para intervenir en los bienes patrimoniales”, señaló Izquierdo.

DÉFICIT ANUAL

La Escuela Taller está financiada actualmente por la Alcaldía de Sucre con un 60%, la Cooperación Española con el 30% y la Gobernación de Chuquisaca con 10%.

Algo distinto a lo que ocurría hace diez años cuando recibía un 80% de la Cooperación Española y 20% de la Alcaldía.

No obstante, según Izquierdo, el apoyo no es suficiente porque desde hace tres años se arrastra un déficit anual. La situación económica precaria en la que se desenvuelve, incluso los obligó a cerrar talleres y a hacer recortes drásticos.

“Nos dicen que los recortes se originan desde el Gobierno central debido a la baja en los precios del petróleo y que ese es el aporte que nos pueden dar pero para nosotros es insuficiente”, justificó Izquierdo.

FORTALEZAS Y DEBILIDADES

A decir de Director de la Escuela Taller, la principal fortaleza institucional es constituirse en la única entidad que capacita a jóvenes en oficios tradicionales vinculados con la restauración. “No es una institución dedicada a la restauración, sino en restauración, con una fuerte orientación hacia la restauración y la conservación de patrimonio”, aclaró.

De hecho, los jóvenes también reciben formación para obras de planta nueva y paralelamente reciben capacitación con criterios de conservación y restauración.

Los tres oficios que ahora imparten están vinculados con la conservación del patrimonio edificado: albañilería, carpintería en madera y carpintería en metal y forja para la restauración.

Es la única institución con dos décadas de experiencia que intervino en varios bienes patrimoniales con resultados de alta calidad, duraderos en el tiempo y con los debidos criterios de restauración.

“Esto es muy importante porque hay otras entidades privadas que cuando intervienen en el patrimonio histórico no siempre –claro que hay excepciones– lo hacen con buenos criterios. Están sujetos a otro tipo de restricciones y motivados con propósitos más comerciales, tienen que respetar tiempos y montos de una manera más empresarial”, detalló.

En cambio, la Escuela Taller tiene ciertas ventajas por ser una entidad educativa, tiene tiempos más flexibles, sigue el ritmo propio de la restauración, puede hacer algunos experimentos previos a una intervención y hacer las respectivas exploraciones.

Es decir, tomarse cierto tiempo para hacer una intervención más adecuada y de calidad, respetando los criterios y recomendaciones que exige la restauración de un bien patrimonial.

Para ello se guían en cartas y convenciones vigentes a nivel internacional, como la Carta de Atenas, la Carta de Venecia o la Carta del Restauro de Italia.

SEDE

Domingo Izquierdo añade que además del presupuesto, otra gran debilidad que tienen es no contar con una sede propia. La Escuela Taller se desempeñaba en el edificio del ex convento San Francisco, el cual tenía que constituirse en su sede propia, pero compartida con el Museo Histórico Militar “Mariscal Antonio José de Sucre” o con la Casa de la Cultura de las Provincias de Chuquisaca.

Sin embargo, después de un tiempo el convenio no prosperó y desalojaron el edificio. Desde entonces se quedaron sin un techo, “prácticamente huérfanos y en la calle”.

Poco tiempo después de ser expulsados, gracias a un convenio entre la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB) y la Gobernación (propietaria del edificio) pasaron a ocupar el ex Hogar Carlos Beltrán, antes albergue de niñas huérfanas y luego Casa de la Juventud ubicado en la plazuela Cochabamba.

La edificación estaba casi en ruinas, más del 50% se había derrumbado y el resto presentaba un deterioro avanzado. Este panorama motivó a la Gobernación –como parte de directorio de la Escuela Taller– a plantear la restauración del edificio con recursos de la Cooperación Española. A esto se añadió la mediación de la UASB para que la escuela tenga una sede temporal.

De esta manera, esta construcción que ahora restauran también se ha transformado en un medio didáctico para enseñar a los alumnos.

La obra ya hubiese sido concluida en su primera etapa, pero factores económicos demoraron el trabajo. Aún resta la segunda etapa para concluir el proyecto a ser financiado por la Gobernación, sin embargo esta institución comunicó que todavía no cuenta con los recursos requeridos.

Una vez que se concluya la obra, quedarán nuevamente en la calle y tendrán que buscar otro edificio.

Lo ideal es que, como sucede en otras ciudades patrimoniales, las Escuelas Taller se instalan en un edificio patrimonial abandonado, antiguo o en ruinas.

Un hospital en desuso, por ejemplo, una terminal de trenes, una fábrica o alguna infraestructura que cuando termine de ser restaurada pueda quedarse como su sede definitiva.

Después de mucho buscar, la escuela no encuentra un edificio disponible, algunos que pudieron identificarse no cuentan con el suficiente espacio para su funcionamiento.

Izquierdo explicó que incluso se sugirió a la Alcaldía la expropiación de un edificio patrimonial abandonado, pero los que existen tienen muchos problemas legales, litigios o sucesión hereditaria, entre otros impedimentos.

En este contexto, vieron que un edificio ideal sería la ex estación de trenes pero ahora está ocupada por la misma Alcaldía. “Está en manos de las autoridades resolver la situación”, manifestó.

Veinte años de vida sin una sede propia es mucho tiempo. “Se ha hecho mucho trabajo, se ven los resultados concretos y objetivos que además no sólo son materiales, sino también sociales. En dos décadas egresaron más de 1.00 jóvenes, 500 titulados con certificación, incluso cuentan con títulos otorgados por el Ministerio de Educación. Son jóvenes que han hecho mucho por la conservación del patrimonio histórico de Sucre. Además, el impacto social y humano es fundamental”, acotó el entrevistado.

Generalmente, se evalúa a la Escuela Taller sólo por los resultados físicos de las obras concluidas, pero no se piensa en la parte humana. “Hombres y mujeres entre 16 y 24 años, de bajos recursos económicos o que perdieron el rumbo de su vida, encontraron en la Escuela Taller una oportunidad de vida con un trabajo digno y siendo ciudadanos sensibles frente al patrimonio”, reflexionó el director de la Escuela Taller Sucre al demandar mayor atención.

Financiamiento

La Escuela Taller está financiada actualmente por la Alcaldía de Sucre con un 60%, la Cooperación Española con el 30% y la Gobernación de Chuquisaca con 10%. Hace diez años recibía un 80% de la Cooperación Española y 20% de la Alcaldía.

 

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