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La vieja costumbre de la tinta y el papel

31 Agosto 2015ALBERTO GORDO
La vieja costumbre de la tinta y el papel

La vieja costumbre de la tinta y el papel

Javier Marías, Juan Goytisolo, George R. R. Martin, Mario Vargas Llosa, John Banville, Umberto Eco, Eduardo Mendoza, Paul Auster... todavía hoy son muchos los escritores que se resisten a trabajar frente a la pantalla de un ordenador.

En 1982, en un artículo sobre hábitos literarios, García Márquez escribió: "La verdad es que cada quien escribe como puede, pues lo más difícil de este oficio azaroso no es el manejo de sus instrumentos, sino el acierto con que se ponga una letra después de la otra". Entonces uno podía escribir a mano o a máquina; hoy son más las posibilidades, si bien la mayoría de nuestros escritores utilizan exclusivamente el ordenador… ¿la mayoría? Juan Palomo, columnista de esta casa, se sorprendía hace meses al comprobar "cuántos autores escriben a mano sin las ventajas de los últimos PCs". Y citaba a Juan Goytisolo, que escribe a máquina y tiene problemas para encontrar a alguien que le entienda la letra; a Javier Marías, que lo hace en una Olympia modelo Carrera de Luxe; a Amy Tan, quien, para mantenerse "más cerca de los pequeños detalles", escribe siempre sus primeros borradores a mano; a Quentin Tarantino, que lo hace en libretas y con bolígrafos rojos y negros; a George R. R. Martin, que utiliza un viejo procesador de textos; y a Amelie Nothomb, que envía incluso sus respuestas por e-mail a mano, previo escaneo de sus sufridos agentes.

A mano, y casi siempre en bibliotecas, escribe Mario Vargas Llosa: "Me gusta el papel, la tinta -declaró en una entrevista-. Así comencé, y todavía hoy creo que el ritmo de mi mano es el ritmo de mi pensamiento". Pere Gimferrer, que escribe su poesía a mano, en rojo y en una letra que, como Goytisolo, solo él entiende, dice que todo empieza en su cabeza: "Cuando me dispongo a escribir es porque tengo tanto escrito en la mente que es ya imposible retenerlo. Luego, al coger papel y lápiz y empezar a transcribir te van viniendo los siguientes versos, porque el pensamiento es mucho más rápido que la mano y ésta más veloz que el ordenador".

Alejo Carpentier, que escribía a máquina, tenía que trabajar ciertos párrafos difíciles con lápiz y papel: solo así lograba resolverlos. Le ocurría como a Umberto Eco, que alterna la pluma y el ordenador en función de lo que esté escribiendo: "Algunos asuntos requieren la lentitud de la escritura a mano, justamente porque el papel se resiste a la velocidad del pensamiento. Otros, sobre todo los que se han reflexionado mucho, se prestan mejor a ser tecleados, porque hace falta, literalmente, arrojarlos". Algo tendrá que ver el asunto -o la ambición- con el instrumento, pues John Banville, el más célebre de los escritores desdoblados, escribe sus novelas negras a ordenador (y en tres o cuatro meses), pero prefiere el papel para los libros que firma con su nombre, de más doloroso parto. Lo hace así, dijo en cierta ocasión, porque Banville escribe muy despacio para Black.

Carlos Fuentes escribía a máquina y solo con el dedo índice de una mano; con la otra fumaba. García Márquez se preguntaba en su artículo "cómo ese dedo pudo salir indemne de las más de 2.000 páginas de su novela Terra Nostra". El propio Gabo escribía a máquina, con dos dedos, método al que se acostumbró siendo periodista. Otro escritor de raíces periodísticas, Ernest Hemingway, lo hacía a mano o a máquina, pero siempre de pie. Dejó dicho que las cosas importantes, como boxear, se hacían siempre en esa posición. También de pie escribe Eduardo Mendoza, que ha declarado que solo así logra dar tensión al texto. Los hay que directamente no escriben, sino que dictan, como hacía Henry James y hoy sigue haciendo Álvaro Pombo.

Truman Capote escribía tumbado, fumando y bebiendo, a medida que pasaba la tarde, y por este orden, café, té, Jerez y martinis. No usaba máquina de escribir hasta que la obra había tomado forma: antes había escrito una primera versión a mano a la que había hecho después una revisión completa, también con lápiz y papel. Como le gustaba trabajar tumbado a Nabokov, que escribió la mayoría de sus libros con lapiceros de esos que tienen una goma de borrar al final. Llenaba de frases unos tarjetones que después iba ordenando en pequeñas cajas hechas a medida. W. G. Sebald escribía sus apretados libros a mano, llamaba a la escritura "la pintura de la voz" y veía con desconfianza "el traqueteo" de los nuevos escritores. "La capacidad de escribir podría desaparecer social y culturalmente", reflexionó en una entrevista.

Tom Wolfe escribe a máquina, no más (ni menos) de diez páginas al día. Es el objetivo que se marca; si lo alcanza en tres horas, lo deja. "Si conseguir la cuota me lleva doce horas es malo porque sea como sea tengo que terminar", declaró a The Paris Review en 1991. Don DeLillo prefiere la máquina de escribir: "Necesito el ruido de las teclas. La materialidad de un tecleo tiene un peso, es como si usara martillos para esculpir las páginas. Es como si labrara el mármol, sólo que mis trabajos son bidimensionales: me gusta ver las palabras y las frases cuando van tomando forma. Es un hecho estético. Del ordenador no me gustan ni siquiera las letras". Otro americano, Paul Auster, dedicó todo un libro, La historia de mi máquina de escribir (Anagrama), a su vieja y querida Olympia SM3.

Afirmábamos antes que García Márquez escribía a máquina y con dos dedos, y es exacto; pero no lo hizo siempre con una máquina convencional. Un día descubrió la eléctrica: "No solo era más fluida, sino que parecía ayudarme a pensar", dijo. Al Nobel colombiano la tecnología le trajo problemas pronto, por ejemplo cuando el voltaje del aparato no era el mismo que el del hotel en que se alojaba. Solo una vez, cuenta, hubo de volver a escribir a mano -como escribió La hojarasca, su primera novela- para enviar a tiempo un artículo desde Cuba. Y como recuerdo de la que fuera su herramienta de trabajo durante años, tuvo hasta el final, frente al escritorio, un cuadro en el que aparecía una vieja máquina de escribir destrozada en medio de una carretera.

FRASES SOBRE EL PAPEL
Siempre aspiré a que mis palabras, las que llevo al papel, continuasen llorando, de pena, de felicidad, de desesperanza, al fin, todo es lo mismo, porque yo las había llorado antes; antes de que desembocasen en el papel blanquísimo, en el papel deshabitado, que es el morir.
José Hierro
Si eres poeta, verás claramente que hay una nube circundando esta hoja de papel. Claro, pues sin una nube no habría agua y sin agua los árboles no pueden crecer y sin árboles no podemos hacer papel de esta manera, la nube esta aquí, en esta página, entonces comprendemos que la existencia de esta página depende de una nube. Papel y nube están unidos, íntegramente relacionados.
Thich Nhat Hanh
El soporte no tiene ninguna importancia, el papel que hay debajo de las palabras no importa.
Haruki Murakami
Yo vivo a pie de página, soy una breve nota o menos, una referencia inexplicable, consonantes las iniciales, ni una imagen que de una pista, sólo flota en hoja de papel a punto, ausencia de puntuación, y afuera la vorágine.
Armando Uribe Arce

 

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