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Multicrisis global, para una retórica de la catástrofe

27 Noviembre 2017Oscar Díaz Arnau
Multicrisis global, para una retórica de la catástrofe

Multicrisis global, para una retórica de la catástrofe

Tratándose de una obra compleja y completa como esta, que le ha tomado a su autor nada menos que diez años de estudio y de investigación, abarcarlo todo en un comentario de unas pocas hojas no solo sería imposible sino imprudente. Voy a decir, sintética y modestamente, que “Multicrisis global” es un lúcido panorama sociológico y filosófico en perspectiva histórica, política, económica, cultural, ambiental y humana-espiritual. Una visión holística de una actualidad que, producto de la reflexión, se desnuda ante el lector como un hado por la pavorosa convergencia de varias crisis que tienen en jaque al planeta.

“Multicrisis global” es también un despliegue de conocimientos —a veces solapados en preguntas— que deleitan por responder a la inquietud de quienes buscan explicaciones para un mundo como el nuestro, plagado de incongruencias, de insatisfacciones, de desafectos.

Esos conocimientos tienen la virtud de aproximarse a verdades en la era del conocimiento que es, al mismo tiempo, la era de la posverdad. Por lo tanto no son vacuos sino que dilucidan, ayudan a separar la paja del trigo en medio de un maremágnum informativo que en manos de un escritor inexperto podría contribuir a la confusión, a la desinformación.

Por fortuna, la vorágine de conflictos que asolan a la humanidad no acaba imponiéndose en el libro de la multicrisis debido, yo creo, a la salvadora condición de comunicador de su autor. César Rojas, cautivante una vez más, a base de lucidez y perspicacia, de claridad y precisión, configura un panorama francamente desolador que sin embargo alivia con oportunas luces de salidas airosas —esperanzadoras— al final del túnel. Cito: “Esto tiende a hacernos pensar que el siglo XXI no seguirá la senda destructiva del siglo anterior y que, si bien el malestar y la conflictividad no cesarán, al no estar espoleadas por ideologías centrifugadoras, las salidas bélicas serán menores que en el pasado…”.

Otra cita: “Asistimos al paulatino ‘equilibrio del universo’ con el que soñó el Libertador Simón Bolívar —no por la ruta integracionista que trazó para las nuevas repúblicas de toda la América meridional, un coloso de poder que debía oponerse a aquel coloso del Norte— debido a juego de ascensor: la globalización subió a la planta superior a varios países de los pisos inferiores, mientras la crisis económica global bajó de nivel a los tradicionales países superiores”.

Además de la abrazadora, globalización, consumismo, democracia, crecimiento, desarrollo, ecología, distopía, humanismo, existencialismo, terrorismo, multicentrismo, racismo, paroxismo islámico, xenofobia étnica, migración, proliferación nuclear, guerra, paz, crisis… son temas/problemas que Rojas expone casi siempre al ritmo de lógicas duales como igualdad-desigualdad, ricos-pobres, ganadores-perdedores, neoliberalismo-populismo, idealismo-realismo... Lógicas que pueden sonar injustas —por reduccionistas, por dolorosas, por conflictivas—, pero que son reales.

Se trata de un trabajo exigente y por momentos me atrevería a decir que barroco —pienso, exagerando la nota, en una suerte de “retórica de la catástrofe”—. Se trata —divagando menos— de una moderna obra de historia contemporánea del mundo dosificada con una diagramación que no obstante denota cierta inclinación al didactismo, con un tipo y tamaño de letra generosos y con lecturas que son el reflejo del mundo de hoy: de polarizaciones, de obstinaciones autodestructivas determinadas por fuerzas quizá inevitablemente antagónicas.

Cito: “Mientras no se alcance el objetivo de poner en concordia a los discordes, ellos y nosotros, todos en conjunto, debemos prepararnos para la guerra del siglo XXI y de un siglo (cuando menos) de duración” [se refiere a la crisis intercivilizatoria, una de las seis crisis].

Otra cita: “De cara al futuro vamos a necesitar de más conciencia que de alimentos para sobrevivir”.

Al margen de analítica y crítica, no falta la polémica (Cito: “para que el mundo alcance su óptimo universal, requerimos de alquimistas políticos globales frente a la reciente propagación de caudillos nacionalistas por los cuatro costados del mundo”).

Rojas se apoya en una ampulosa bibliografía de autores de las ciencias y de la literatura. Son pensadores que él va presentando en el camino de su estudio de la realidad actual: desde filósofos clásicos como Kant, Hegel, Nietzsche y Ortega y Gasset, pasando por sociólogos a esta altura ineludibles como Touraine o Bauman, por cientistas políticos como Sartori, por historiadores como Hobsbawm y por pesimistas —en buena hora— como Maalouf y Giddens, hasta personajes influyentes como Henry Kissinger y Stiglitz, sin descuidar a fundamentales para cualquier democracia como Montesquieu o Rousseau.

Cuatro grandes ideologías: el fascismo, el nazismo, el comunismo y el capitalismo atraviesan las páginas de “Multicrisis global”, no atizando las pasiones que remecieron al mundo el siglo pasado, sino como tangenciales puntos de referencia a las democracias liberales, a los neosocialismos al uso y a los resabios de una izquierda cada vez menos ella, para no repetir los errores del pasado. Cito: “La experiencia del tiempo debería iluminarnos y evitarnos tropezar en la misma piedra y caer de bruces”.

Después de un vuelo panorámico y en seguida rasante por el mundo, Rojas finalmente aterriza en América Latina. Pero ni aún así abandona su mirada contextual. Cito: “La estabilidad en esta parte del continente siempre resulta proclive a la recurrente inestabilidad. En todo caso, cuando la inestabilidad manda y campea, A. Latina produce implosiones, estallidos hacia dentro y no explosiones, estallidos hacia afuera. Nuestros conflictos intra/interestatales no le hacen daño a ningún continente, salvo al nuestro, es decir, no le hacemos daño al mundo, salvo a nosotros y entre nosotros mismos. Ni colonizaciones, ni guerras mundiales, ni Holocausto, ni Hiroshima-Nagasaki, ni invasiones ni yihad. Apreciado este carácter pacífico acusado desde las relaciones internacionales, la humanidad está en deuda con A. Latina: contribuye a la paz mundial, así no consiga la ansiada paz interna”.

Pero ni aún así abandona su talante incisivo. Cito: “…en A. Latina nada está dicho, ni siquiera cuando todo está dicho, precisamente porque la inestabilidad, la medianía y la fatiga son los ingredientes carnales de nuestra particular sustancia espiritual”.

En todo caso, el libro gira en torno a un nuevo orden mundial basado en nuevas lógicas de mercado, ahora más económicas que políticas y que ideológicas. Un orden cimentado en (abro comillas) “rivalidades fructíferas”. Amplio, riguroso y detallista, cada capítulo, como si no hubiera sido ya desarrollado con suficiencia, contiene un par de “digresiones” que, a más de acentuar el humanismo del autor, sugieren a un Rojas inclinado sobre la mesa de escritorio, lupa en mano, en procura de descifrar aquellas nuevas cartografías de incidencias centrípetas.

Es una obra inteligente y erudita. Hoy en día, en Bolivia la palabra análisis está sobrevalorada: no cualquiera analiza. Rojas lo hace porque contextualiza, incorpora y contrapone visiones, cita antecedentes, extrapola, comenta y se explaya cuidando además el fluir de una prosa esmerada, rica en imágenes y en comparaciones, en un agradecido esfuerzo por brindar belleza aún en medio de tanto acontecimiento ingrato.

Sucrense al fin, tiene la rara habilidad de desvelar algunas verdades con metáforas a menudo cubiertas por un manto de sutil picardía; Rojas se fue y nunca dejó de volver, pero ni aún estando lejos, por lo que se entrelee en sus libros, pudo cortar el cordón umbilical con su ciudad, sobre todo con la herencia del genio travieso de su gente.

Seis crisis, siete postales, doce “inconclusiones” (así las denomina él) y un colofón dan personalidad a esta Multicrisis global. Sospecho que las inconclusiones no llegan a conclusiones para que cada uno saque las suyas; su autor, entretanto, tiene varias convicciones importantes. Por ejemplo, no ve una nueva guerra mundial en puertas. Confía en la paz, entre otras cosas, porque la guerra contradice a la democracia y, antes que a esta, al comercio. Y en cambio sí avizora una 'Primera Guerra Climática Global'.

César Rojas es un conflictólogo forjado en las aulas pacifistas de la Fundación UNIR, y, sin embargo, esto no le ha quitado un ápice de su génesis de analista provocador. Nada mejor para una sociedad enajenada por el estrés de este tiempo (quizá una séptima crisis: “la indomabilidad del tiempo”), nada mejor —decía— para nosotros que alguien nos conflictúe poniéndonos frente al gran espejo global, no para deprimirnos por lo pobres que nos vemos como humanidad sino para ayudarnos a salir de los problemas que nosotros mismos creamos.

Nada mejor que un pensador que mueve a pensar a una sociedad necesitada de pensamiento, de abstracción en el sentido que le daba Borges: el de la inteligencia.

Habiéndose concentrado primero en pensar su microespacio de origen y aportado con análisis sinceros y no exentos de polémica porque hasta hoy su Ciudad Vagón continúa provocando urticaria en los sectores más conservadores de la sociedad, César confirma con esta madura visión integral del planeta que los chuquisaqueños tienen una deuda de reconocimiento hacia a uno de sus hijos sobresalientes en el reducido mundo de la intelectualidad latinoamericana.

Felicidades, César.

La era de la tibieza (César Rojas)

El siglo XX fue el de dos guerras mundiales y la Guerra Fría, donde Estados Unidos y la ex Unión soviética no se clavaron la estaca nuclear en el centro de sus corazones, pero sí lo hicieron en los países de la periferia generando alrededor de veinte millones de muertos. Siglo de millones de muertos y de océanos de dolor. El siglo XXI, gracias a la convergencia económica y la atenuación ideológica, se presenta más proclive a transitar por una lógica de la conjunción (esto y lo otro) que a una lógica de la disyunción (esto o lo otro). Este fenómeno poshistórico nos acerca, nos hace más dialógicos y menos intransigentes; hace nuestro tiempo más tibio -en la medida en que no desandemos el camino y no olvidemos el siglo XX-, pero no por ello, ajeno a las amenazas y peligros de esta desatada multicrisis global.

César Rojas Ríos en breve

César Rojas Ríos, comunicador social, sociólogo y conflictólogo. Cursó estudios de doctorado en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid y un Practice of Social Conflict Resolution en el Institute for Conflict Analysis & Resolution (ICAR) de la Universidad George Mason de Washington. Fue cofundador y gerente sociocultural de la Fundación Unir Bolivia y Director de Capacitación y Derechos Ciudadanos (CDC). Expositor en diversos congresos mundiales de mediación, experto del roster en conflictos para América Latina de Naciones Unidas y consultor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Autor, entre otros, de Eclipse histórico y ofensiva ideológica(1989), Campanarios de la ira (2001), Democracia de alta tensión (2007), Geografía del conflicto (2008), Democracias callejeras (2013) y Conflictividad en Bolivia (2015).

La era de la tibieza (César Rojas)César Rojas Ríos en breve
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  • multicrisis, global, retórica, catástrofe

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