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Sobre la última novela de Pablo Campos: La distopía como lugar común

04 Diciembre 2017César Rojas Ríos
Sobre la última novela de Pablo Campos: La distopía como lugar común

Sobre la última novela de Pablo Campos: La distopía como lugar común

Realidad/ficción. Realidad-ficción.

Después del genocidio armenio o “Gran Crimen”, del Holocausto o “La catástrofe”, de Hiroshima y Nagasaki y el escalofrío atómico, del accidente nuclear de Chernóbil o los atentados yihadistas del 11-S, ¿podemos ver entre ficción y realidad una dualidad tajante? ¿O más bien es la propia historia de la humanidad la que nos muestra que entre realidad y ficción existe un parentesco oscuro y hasta macabro?

La segunda novela de Pablo Campos, Campos de desolación, inicia su andadura en un mundo postapocalíptico o distópico, una sociedad ficticia indeseable en sí misma: Tierra Quemada, donde domina el Rey de ojos fosforescentes; pero la propia Crezu, pueblo y desvelo del protagonista de la novela, Jako, también se trata de una tierra quemada, aunque con florescencias humanas.

La segunda novela de Pablo Campos -continuando la saga iniciada con Crónicas de la tierra sobreviviente- una vez más pone ante nuestros ojos una realidad distópica -haciendo gala de una gran densidad imaginativa y narrativa, donde los acontecimientos no dejan de sucederse vertiginosa y de forma sorprendente-, que como un frondoso árbol, él mismo oscuro y dañado, absorbe su energía de tres raíces desdichadas (pero sumamente aleccionadoras): la primera, cuando la vida se despliega en su normalidad de claroscuros o en su cotidianidad variopinta, entonces los hombres luchamos por mejores días o soñamos con algo más: Utopía, el Edén no en el trasmundo, sino bullendo en el cuenco poroso de la propia historia; pero cuando el mundo se trastoca en un campo de desolación por la mano acerada del propio hombre, entonces los hombres sueñan con la vida tal y como la tenían antes, con sus dobleces y sus días de luz como de sombra. La segunda, en los campos de desolación, donde los recolectores se enfrentan a los sonámbulos y se confunden con fantasmas y gladiadores, en el vértigo inquietante de la sobrevivencia, los hombres de buenos sentimientos y noble espíritu, se van transformando en extraños para sí mismos, donde su vida como un espejo cruel no los duplica, sino que los distorsiona hasta enajenarlos, hasta casi convertirlos en aquéllos a quienes más odian. Sí, desolación en los campos de la tierra y también desolación en los campos del espíritu. Sí, cada vez esos personajes están más de-solados, sin sol interior, y son cada vez más soldados, más insensibles al sufrimiento y más entrenados para la muerte (no extraña que en uno de los pasajes más palpitantes de la novela, Jako, colmado de amor en un principio por Jennifer, se pregunte después de habérselas visto con fantasmas y gladiadores, en un arrebato de existencialismo agrio: “¿Aún hay algo bueno en mí?”). Y la tercera, si Prometeo, como cuenta la mitología, roba el fuego de los dioses para entregárselo a los hombres, y los hombres en un rapto de delirio hacen uso de ese fuego del conocimiento para la experimentación y la destrucción, más valdría como los dioses de entonces, encadenarlo en la roca, “incluso en nombre de ese humanismo del que es primer símbolo”.

La novela de Pablo Campos, nos hace recorrer sus doscientas páginas de manera acelerada, conteniendo el aliento como sosegando las palpitaciones -sintiendo el frío en nuestros huesos y la nieve en nuestra piel-, porque la narración se desliza como por una pendiente hacia un final inesperado; pero al mismo tiempo, nos hace pensar. Y pensando hondo y recobrando lo vivido, auscultar lo que a la humanidad le queda en devenir, ¿hacia campos en desolación, con eternos cielos naranja, recordando una gran explosión? ¿Dónde una voz, desde un megáfono indolente, increpa a los malvivientes: “¡Que empiece la muerte!”? Este sería el proyecto N.O.C.H.E. del que nos habla Pablo Campos, donde la piel se vuelve intolerable a la luz, pero habiéndose vuelto antes, la piel del alma, intolerable a todas las luces del humanismo…

César Rojas Ríos en breve

César Rojas Ríos, comunicador social, sociólogo y conflictólogo. Cursó estudios de doctorado en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid y un Practice of Social Conflict Resolution en el Institute for Conflict Analysis & Resolution (ICAR) de la Universidad George Mason de Washington. Fue cofundador y gerente sociocultural de la Fundación Unir Bolivia y Director de Capacitación y Derechos Ciudadanos (CDC). Expositor en diversos congresos mundiales de mediación, experto del roster en conflictos para América Latina de Naciones Unidas y consultor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Autor, entre otros, de Eclipse histórico y ofensiva ideológica(1989), Campanarios de la ira (2001), Democracia de alta tensión (2007), Geografía del conflicto (2008), Democracias callejeras (2013) y Conflictividad en Bolivia (2015).

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