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“Multicrisis global” toma la palabra

05 Febrero 2018César Rojas Ríos
“Multicrisis global” toma la palabra

“Multicrisis global” toma la palabra

Tres bienpensantes chuquisaqueños emprendieron agudas reflexiones sobre mi reciente libro Multicrisis global. Alex Aillón Valverde lo hizo en “Multicrisis global o las cabezas de la Hydra”, Oscar Díaz Arnau en “Multicrisis global, para una retórica de la catástrofe” y Wim Kamerbeek Romero en “Una crítica moderada al siglo XXI: a propósito de Multicrisis global” (todas publicadas en el suplemento “Puño y Letra” de Correo del Sur, las dos primeras también fueron parte de la presentación del libro en Sucre). El músico y pensador Erik Satie escribió hace más de un siglo atrás que “hay tres clases de críticos: los que tienen importancia; los que tienen menos; y los que no la tienen”. En este caso, estas dos últimas clases no existen, las tres críticas tienen importancia.

Las cabezas de la Hydra

Alex Aillón da tres estocadas singulares, literato como es él, con elegancia y destreza dumasiana: la primera, señala que en un tiempo hiperacelerado todo mapa de comprensión corre el riesgo de ser una ilusión; la segunda, recurriendo a Borges, plantea que los reflejos de este siglo XXI provienen del “electrizante siglo XX”; y la tercera, cuestiona que el mundo nuestro sea tibio o cuando menos resulta siendo mi planteamiento una “visión extraña”.

Devuelvo la primera estocada: es cierto que el tiempo histórico se ha acelerado y el mundo se tornó más complejo desde que se hizo mundo debido a los distintos medios de comunicación que nos informan de todo y sobre todas partes. Pero también existen acontecimientos épicos configuradores del devenir histórico como la Segunda Guerra Mundial y la caída de la ex Unión Soviética, que implicaron que tres ideologías radicales y centrifugadoras que compitieron por superar el capitalismo democrático fueran derrotadas. Errores porque diseminaron horrores sin fin donde llegaron a pisar firme. Segunda estocada: el siglo XX modula esta siglo XXI, pero también debería iluminarlo cuando menos en dos sentidos: evitarnos tropezar dos veces con la piedra ideológica que nos devuelva de bruces a un suelo teñido de sangre, pobreza y dominación, y que la mejor contención contra las perversidades del capitalismo, no es el neoliberalismo que lo hiperventila, sino el Estado de Bienestar, que no es el evangelio de la igualdad ni el agua bendita de la justicia social, pero abraza la sociedad como la casa común donde nadie debe vivir en el sótano, en cuyas sombras se embriaga el resentimiento, la ira y la polarización. Y tercera, si comparamos las dos primeras décadas del siglo XX con la Primera Guerra Mundial y sus quince millones de muertos, con los dieciocho primeros años de este siglo XXI, ¿no nos parece un siglo más tibio? No es idílico y los yihadistas islámicos nos lo recuerdan cada día en las tierras de Alá y en las tierras desacralizadas de Occidente.

Retórica de la catástrofe

Oscar Díaz Arnau recuerda mi identidad sucrense cuando destaca que, con mis paisanos, comparto el “genio travieso de su gente” y “la rara habilidad de desvelar algunas verdades con metáforas a menudo cubiertas por un manto de sutil picardía”. Le agradezco el destacado; mientras yo subrayo en su agudo, meticuloso y sintético comentario, el espíritu del rumano Cioran, su capacidad anfibia, de sumergirse en las profundidades pero retornando a la superficie para vislumbrar la anchura del horizonte.

Agudo. Para Díaz Arnau los temas/problemas que expongo casi siempre lo haría “al ritmo de lógica duales” como igualdad-desigualdad, ricos-pobres, ganadores-perdedores, neoliberalismo-populismo, idealismo-realismo… En mi libro recalco que hay un incremento ampuloso y obsceno de la desigualdad, pero también un crecimiento notable y benéfico de clase media a nivel global (“incremedia” le denomino), y haciéndome eco del internacionalista Fareed Zakaria, que el Olimpo de los ganadores, primero hegemonizado por Europa, luego por Estados Unidos, hoy se ve ensanchado y diversificado por el “ascenso de los otros” (Japón, China, India, mientras Brasil, México y Argentina, subieron y bajaron), frente al ariete antidemocrático de neoliberalismo-populismo llamo a reformatear un liberalismo social de nuevo cuño y que la única manera de habérnosla con la realidad es equiparnos debidamente con un idealismo realista, porque una vida sin ideales es una vida gris, pero el idealismo sin realismo no es una vida sino mera ensoñación. Meticuloso. No solo al señalar las distintas entradas del libro y los diversos autores que me acompañan en el recorrido analítico. Y sintético: efectivamente, no veo una nueva guerra mundial en puertas, pero sí avizoro una Primera Guerra Climática Global, pienso que en este siglo XXI y gracias precisamente a la historia-histeria del siglo XX, estamos mejor preparados para afrontar los multiretos de nuestro tiempo.

Crítica moderada al siglo XXI

Wim Kamerbeek Romero, politólogo de profesión y lo siento político de vocación, centra su mirada crítica en mis reflexiones en torno a la/s democracia/s. Plantea con mi libro que las democracias en dos tercios de los países del mundo se encuentran decaídas debido a un malestar flotante, pero en contra del libro, que la atenuación ideológica de nuestro siglo no las consolida y que más bien las ideologías centrifugadoras son la vía de su renovación. Repasemos la historia: el capitalismo democrático y el comunismo soviético vencieron por las armas al fascismo y el nazismo; luego el comunismo no pudo sostener la “guerra fría” con el capitalismo democrático, implosionó, y la ex Unión Soviética, resucitando la extinta Rusia, acabó reinsertándose con mayor énfasis en la esfera capitalista y con menor ímpetu en la democrática. Es decir, el capitalismo democrático pudo valerse por sí mismo ante rivales de puño de acero. Si eso sucedió con Inglaterra y Estados Unidos, no sucedió en Italia y Alemania, donde ambos regímenes democráticos fueron trucados por Mussolini y Hitler en fascismo y nazismo. Es decir, esas ideologías centrifugadoras no trajeron la renovación de la democracia, sino su revocación total. Hoy, ni Italia ni Alemania desean mayoritariamente volver los pasos a los días de esa energía apasionada y violencia desenfrenada.

Este inicio del siglo XXI presenta un panorama de atenuación ideológica, es decir, el el socialismo y el fascismo sobrevivientes, perdieron su radicalismo e intransigencia, y este fenómeno post siglo XX, estabiliza no solo los regímenes capitalistas democráticos, sino el mundo entero de su efecto divisivo y contencioso. Pero, el neoliberalismo que acrecienta las desigualdades y las brechas sociales, aunado con la xenofobia y el hartazgo con las élites políticas que las socapan, puede resucitarlos, ponerlos en pie (algo que empieza a suceder en Occidente) y luego azuzarlos en carrera desenfrenada (no sucede todavía). Y es sobre este fenómeno germinal que quiere llamar la atención y a la reflexión Multicrisis global: no se puede extinguir el fuego del comunismo ni el ardor del fascismo (sus némesis), rociándolo con el alcohol del capitalismo salvaje. Como nos los recordó el fallecido y sabio Tony Judt en Sobre el olvidado siglo XX: “Como sabían muy bien los grandes reformados del siglo XIX, la Cuestión Social, si no se aborda, no desaparece. Por el contrario, va en busca de respuestas más radicales”.

César Rojas Ríos en breve

César Rojas Ríos, comunicador social, sociólogo y conflictólogo. Cursó estudios de doctorado en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid y un Practice of Social Conflict Resolution en el Institute for Conflict Analysis & Resolution (ICAR) de la Universidad George Mason de Washington. Fue cofundador y gerente sociocultural de la Fundación Unir Bolivia y Director de Capacitación y Derechos Ciudadanos (CDC). Expositor en diversos congresos mundiales de mediación, experto del roster en conflictos para América Latina de Naciones Unidas y consultor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Autor, entre otros, de Eclipse histórico y ofensiva ideológica(1989), Campanarios de la ira (2001), Democracia de alta tensión (2007), Geografía del conflicto (2008), Democracias callejeras (2013) y Conflictividad en Bolivia (2015).

 

César Rojas Ríos en breve

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