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Gareth Stedman Jones: "Marx fue el verdadero teórico del capitalismo"

16 Abril 2018ANDRÉS SEOANE
Gareth Stedman Jones: "Marx fue  el verdadero teórico del capitalismo"

Gareth Stedman Jones: "Marx fue el verdadero teórico del capitalismo"

En el ya canónico comienzo del Manifiesto comunista Marx citaba al fantasma del comunismo que recorría Europa, pero hoy es otro, el del revisionismo histórico, el que afecta a una sociedad que ya no se circunscribe al viejo continente. Cuando se cumplen 200 años de su nacimiento, ni siquiera Karl Marx se libra de un aluvión de investigaciones y reformulaciones sobre su vida y, especialmente, su pensamiento. Si bien es cierto, que en este caso parece pertinente intentar volver a la figura original de un Karl Marx del que se apropiaron tras su muerte multitud de ideólogos de todo pelaje que deformaron en buena medida el legado del alemán, que conjugó un brillante desempeño en la filosofía y la economía política, con predicciones erróneas, análisis poco profundos y una militancia política vacilante y voluble. Precisamente rescatar ese pensamiento marxiano, caótico y contradictorio, es el objetivo del catedrático de Historia de las Ideas de la Universidad de Cambridge Gareth Stedman Jones (Londres, 1942), que en la exhaustiva y voluminosa biografía Karl Marx. Ilusión y grandeza(Taurus) se preocupa de algo tan complejo como separar al hombre y sus ideas del mito y sus dogmas.

Pregunta.- Un empeño clave en su libro es separar al Karl Marx real del mito construido sobre él. ¿En qué se parecen y diferencian el Marx que vivió en el siglo XIX del creado durante el XX?

Respuesta.- En muchos aspectos la semejanza no va más allá del nombre. El pensamiento de Marx, que abarca mucho más que el ámbito económico al que se le circunscribiría posteriormente, es a la vez hijo de su tiempo y de una gran modernidad, lo que contribuyó a las famosas contradicciones y titubeos que el dogmatismo posterior ha tratado de ocultar o eliminar. Hasta ahora sus biografías, elogiosas o denostadoras, se centraban en cuestiones como su vida familiar, su muy cuestionable antisemitismo o su difícil carácter, aspectos de sobra conocidos. Por eso, más allá de relatar esos elementos, trato de explicar su vida como un episodio esencial en la historia del pensamiento que, incluso a pesar del propio Marx, tuvo una enorme influencia en el siglo XX. Tras su muerte, y en buena parte a instancias de Engels, empieza a utilizarse su figura de gran pensador para diversos fines, lo que la aleja del Marx real, que no encaja muchas veces con ese prototipo. Por eso cada vez más se va inventando un Marx legendario, como se aprecia en el intento póstumo de rehacer su obra completa, de la que hay mucho que se deja fuera, por lo que se da una visión bastante cosmética del asunto.

P.- El propio Marx aseguraba no ser marxista, y usted afirma que los pioneros del socialismo del siglo XX no habrían entendido los verdaderos sueños de Marx. ¿En qué momento lo marxiano se volvió marxista?

R.- Desde finales del siglo XIX y a lo largo de todo el XX hay una brecha cada vez más profunda entre el marxismo y Marx, por eso lo llamo Karl, para diferenciarlo de este icono tan reverenciado con posterioridad. Este proceso comienza con los socialdemócratas alemanes de finales del XIX que no pueden cambiar la sociedad demasiado porque están en una posición bastante sojuzgada. Entonces Engels les habla de la inminente debacle del capitalismo, una idea suya, y les dice que en un estupendo libro de Marx llamado El capital podrían leer lo que iba a suceder. Después varios de sus discípulos como Eduard Bernstein o Karl Kautsky discuten sobre si debatir en torno a los errores de Marx, pero August Bebel, el jefe del partido dice que no, que los trabajadores se decepcionarán muchísimo si se cuestiona a Marx, inaugurando la línea dogmática. Ya después de la Primera Guerra Mundial Marx se convierte en esta figura equiparable a Moisés, un mito monumental. Así que no podemos echarle la culpa de esta mitificación al comunismo soviético porque empieza antes, aunque la visión rusa la enfatizó todavía más.

P.-¿Qué influencia tuvo en la formación de su pensamiento el turbulento siglo XIX, plagado de revoluciones y cambios sociopolíticos?

R.- Conviene no olvidar que se trata de un hombre que vivió intensamente una era de revoluciones, cuyo leitmotiv era la destrucción de los pilares del viejo orden aristocrático. Él es hijo directo de la Revolución francesa y del pensamiento dialéctico de Hegel, además de contemporáneo de la industrialización inglesa, que cambió la cara económica, social y política del mundo. En origen, la filosofía de Marx tiene poco que ver con el pensamiento económico, trata sobre la caída del hombre, pero en un sentido si queremos "neocristiano". Se adscribe a movimientos en contra de la ortodoxia cristiana reinstaurada en los años 20 en Prusia. Marx creía que habría una alianza entre los filósofos, los que leían con ojo crítico a Hegel, y el debate en Inglaterra y Francia sobre las condiciones en las que vivía la clase trabajadora. Cuando escribe por primera vez sobre esto, habla de los que piensan y los que sufren. Estos eran los que iban a dar la vuelta a esa situación de degradación del ser humano nacida de un cristianismo excesivamente espiritual y de un Estado que no refleja el espíritu comunitario ideal de la humanidad.

P.-¿Cómo influyó en su visión de la vida el fracaso de las revoluciones de 1848 que cambiaron completamente el panorama del siglo?

R.- Todos los movimientos revolucionarios de 1848 tienen muy poco que ver con todo esto, y aunque Marx nunca admite haberse equivocado en nada, de manera tácita va cambiando su posición. En la década de 1850 hace una profunda investigación sobre la economía política en la que no habla tanto de lucha de clases como del capital y el trabajo. Recordemos que su manera de pensar viene del movimiento romántico, donde el modo de producción capitalista es visto como un organismo. Y un organismo nace, crece, florece y luego muere, por lo que consideraba que eso era lo que le iba a pasar al capitalismo, la siguiente crisis iba a ser su muerte. Sin emabrgo, en 1857-58 hay una crisis económica brutal, pero a nivel político no se mueve nada, lo que realmente descoloca a Marx. Este fue un periodo de gran confusión en su pensamiento.

P.- Hacia el final de su vida, el propio Marx se replanteó muchas de sus ideas. Si no hubiera muerto, ¿qué habríamos encontrado diferente en El capital?

R.- En realidad no fue solo en sus últimos años, pues el pensamiento de Marx estaba mucho más sujeto a improvisaciones y variaciones que las ideologías oficiales a las que prestó su nombre años después. Pero es cierto que tras una década de 1850 nada halagüeña, a partir de 1860 empiezan a pasar de pronto cosas nuevas: el Risorgimento italiano, el Levantamiento de Enero en Polonia, las nuevas y victoriosas actividades sindicales, la Primera Internacional. Por muchas vías diferentes en la década de los 60 parece que se va avanzando de nuevo. Marx participa de manera muy intensa y activa en el trabajo de la Asociación Internacional de Trabajadores, donde formula algunos de los objetivos de ese movimiento, pero ya no se habla de revolución, sino de las condiciones de los trabajadores y de las victorias que se pueden lograr contra el sistema, como reducir el número de horas laborables. Es una época de optimismo que parte de una visión muy diferente a la de 1848, la revolución se ve como un proceso, no como un acontecimiento específico, y en ese sentido, el pensamiento de Marx para entonces está mucho más cercano a la socialdemocracia del siglo XX europeo que al comunismo clásico. Es en ese punto álgido cuando escribe El capital.

El segundo volumen de El capital habría hablado de todos estos temas, pero no se publica hasta varios años después de su muerte. Ese momento de reformas políticas se detiene con la Guerra franco-prusiana, los acontecimientos de la Comuna, el auge del proteccionismo, y parece que la revolución no se va a producir, por lo que Engels se inventa esta teoría de que el capitalismo se va a destruir. Da igual el movimiento de los trabajadores, porque el capitalismo se va a destruir sí o sí.

P.-¿Cuál fue la influencia de Engels, clave en la redacción del Manifiesto, editor del póstumo Capital y reformulador del pensamiento de su colega?

R.- Engels fue clave a la hora de crear el mito de Marx, fue el que aireó su pensamiento, convenientemente adaptado, por el mundo. Muchas veces, especialmente con el correr de los años, no estaban de acuerdo en los conceptos, hasta el punto de que, a nivel privado, los primeros socialdemócratas alemanes admitían que no podían publicar la correspondencia privada entre Marx y Engels porque sería un choque, una gran sorpresa. En esos años donde Engels dice que la economía va a llevar a la destrucción al propio capitalismo, Marx parece estar mucho más interesado en los aspectos sociales. Tras varios intentos fallidos de escribir el segundo volumen de El capital, Marx abandona la idea, pero no se lo dice a Engels. Le comienzan a interesar las sociedades primitivas y comunitarias anteriores a la estamentalización y el patriarcado de la sociedad, y su fantasía era la vuelta a estas sociedades previas al Estado y a la propiedad privada, que perturban las relaciones humanas.

P.- Hace hincapié en varias contradicciones de su vida y señala sus grandes errores, ¿además de incompleto, el pensamiento de Marx es fracasado?

R.- Aunque es cierto que tuvo muchos errores y predicciones que no se cumplieron, yo no diría que fue un fracaso. Hay cosas que creo que siguen siendo muy interesantes y todavía deberíamos seguir reflexionando sobre ellas. Por ejemplo, Marx fue uno de los primeros en señalar y enfatizar la energía y el dinamismo del capitalismo y la manera en la que unas pocas décadas del siglo XIX cambiaron el mundo mucho más que varios siglos anteriores. En ese sentido sí reconoce en su teoría los logros del capitalismo, en parte porque, a diferencia de otros pensadores radicales de la época, las ideas las toma de Hegel, y la idea básica de Hegel es que el hombre no es un producto de la historia, sino que el hombre transforma la historia. Por lo tanto la historia del hombre es la historia de su propia creación, y el hombre puede ejercer su juicio y su voluntad, como decía Kant. Marx nunca quiere sustituir el idealismo por el materialismo, lo que quiere es enfatizar que el hombre es espiritual y material, y en ese sentido sigue siendo relevante.

Además, aunque no tuviera éxito en anunciar el fin del capitalismo, que de hecho no sabemos si tendrá un fin, sí que escribió la primera serie histórica sobre lo que llama los modos capitalistas de producción, lo que ha influenciado la historia económica, sentando las bases de este pensamiento. Así que, aunque sea identificado como teórico del comunismo, Marx supo, como pocos en su época, revelar al mundo la anárquica vocación del capitalismo para reinventarse, convirtiéndose así en el verdadero teórico del capitalismo.

P.- Hay quien ve en la situación de la sociedad actual muchos paralelismos con la época que denunciaba Marx, vivimos un auge del marxismo porque la gente analiza el sistema, ¿es plausible trasladar el pensamiento de Marx a la actualidad o es un anacronismo?

R.- Por un lado no conviene olvidar que el capitalismo al que se refiere Marx es el del siglo XIX, muy diferente del actual, razón por la cual no se puede intentar aplicar sus teorías hoy. Pero aunque no sea relevante en todo, sí que hay algunas ideas muy aprovechables. Por ejemplo, sabemos que Marx llegó al comunismo y al socialismo a través de una crítica de la religión, y aquí el punto fundamental es una idea que toma de Feuerbach, que el hombre ha creado a Dios y no Dios al hombre, algo que la mayoría de la humanidad ve al revés. Esta inversión es altamente importante y no la aplica solamente a Dios, si no a otras cuestiones como el capitalismo o el Estado. Podría decirse que esta es una crítica válida del neoliberalismo a día de hoy, y esa parte del pensamiento de Marx sigue muy viva. También está su visión de la revolución como proceso, algo que sigue siendo muy interesante. Ahora mismo estamos viviendo unos tiempos de mucha regresión, pero eventualmente confío en que al final habrá una manera de desarrollar algo que sea equivalente al socialismo marxista, a nivel de sociedad para posicionarnos frente a la realidad de hoy de manera parecida.

P.- El marxismo y el uso de la figura de Marx ilustran cómo se pueden mitificar las ideas para movilizar a las masas, ¿cuáles considera que son los mitos, o aquello susceptible de mitificarse, hoy en día?

R.- Ahora mismo creo que vivimos unos tiempos donde no hay héroes realmente. Mandela podría haber sido un equivalente. Hay gente que tiene una visión que permanece y perdura a lo largo del tiempo, que plantea cuestiones por las que merece la pena luchar, pero no hay un equivalente heroico con un pensamiento nuevo. Hay muchos movimientos populistas, muy ambiguos a nivel político, que son más bien una expresión de resentimiento, de no querer enfrentarse a la realidad más que una visión de algo, por lo que hacen más daño que bien. No hay ahora mismo figuras de tan gran perfil en el mundo, por lo que, aunque sería preferible mirar hacia el futuro, todavía nos queda Marx para rato.

UNA VIDA DIFÍCIL (Y BURGUESA)

La familia de Marx era judía, pero su padre se bautizó en la Iglesia evangélica de Prusia en algún momento entre 1816 y 1819. Karl se casó en 1843 con Jenny Westphalen, una joven de una familia aristocrática que luego formó también parte de la Liga de los Comunistas. Tuvieron siete hijos, de los que murieron cuatro siendo niños y solo sobrevivieron tres mujeres, dos de las cuales terminarían más adelante suicidándose. Desde muy pronto vivió con ellos Lenchen, una criada que heredaron de la familia Westphalen, y que tuvo un hijo con Marx. La pobreza fue la gran pesadilla que los acompañó durante largos trechos de su vida. Sin la ayuda económica de Engels, que procedía de una familia de un rico industrial, Marx no hubiera podido consagrarse a su obra.

“Era un pater familias que quería controlarlo todo”, cuenta Stedman Jones. “Una de sus hijas se enamoró de un communard francés, pero Karl y Jenny preferían que se casara con alguien más respetable. Así que no le permitían verlo.

Marx en sus propias palabras

“La peor lucha es la que no se hace”.

“La manera como se presentan las cosas no es la manera como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría”.

“Crees en el amor como propiedad divina porque amas. Crees que Dios es sabio y bondadoso porque no conoces algo superior en tí mismo que la bondad y la inteligencia y crees que Dios existe, que es un ser, porque tú mismo existes y eres un ser”.

“El comunismo no priva a nadie del poder de apropiarse productos sociales; lo único que no admite es el poder de usurpar por medio de esta apropiación el trabajo ajeno”

“El motor de la historia es la lucha de clases”.

“La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”.

“La religión es el opio del pueblo”.

“No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.

 

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