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¡Salud! Q´iwa Gerardo

16 Julio 2018David Aruquipa
¡Salud! Q´iwa Gerardo

¡Salud! Q´iwa Gerardo

Y se va la primerita

Tragos, risas y buena música. Era una de esas noches bohemias en la ciudad de Sucre, en casa de mi querido amigo Coco Besso -vaya apellido-, líder clave en la historia homosexual de esta ciudad. Escenario perfecto para escuchar la historia de Gerardo Rosas, conocido por la bohemia chuquisaqueña como “el Q’iwa Gerardo”, o por los más allegados como “la comadre Chunchuna”.

Inspirado en las anécdotas de Coco emprendí mi propia búsqueda. Una vez más, la historia –oficial– de la cultura popular de nuestro país, ha omitido aportes importantes de la población homosexual. Así que busco su música en las disqueras piratas de Sucre, en el pasaje del Mercado Central donde una señora muy amable me pregunta si quiero escucharlo. Por supuesto. Y entonces escucho por primera vez su voz, la voz “q’iwa”: ahora entiendo a qué se refiere Henry Stobart, en su ensayo Tara y Q’iwa: Mundos de Sonidos y Significados, donde ejemplifica al q’iwa con el canto de los pájaros y los gemidos y quejidos agudos de las llamas. “Cualquier lloriqueo podría decirse q´iwa, particularmente cuando se refiere a los animales o los niños pequeños que lloran constantemente. En el contexto del q´iwa, se enfatiza el llanto ligado al dolor o la separación”. Qué revelación tuve al escucharlo una y otra vez: era un q’iwa dotado de talentos únicos como los describen en las crónicas antiguas: los q’iwas eran seres especiales con talentos particulares para la costura, tejido, metalurgia, cerámica; seres espirituales capaces de comunicarse con las illas (dioses señores del mundo de arriba, representados en las montañas) y con la Pachamama (diosa del mundo de abajo, terrenal). De ahí la dualidad de su relación con el mundo espiritual masculino y femenino. Éxtasis total sentí al conectar mis lecturas antropológicas con la historia popular de un cantante llamado “Q’iwa Gerardo”. Ya no era solo la búsqueda de un personaje marica, sino de la memoria de extirpación católica de una época donde el vocablo q’iwa fue tratado según la interpretación española y cristiana como sodomita, homosexual o maricón, dándole ese uso peyorativo en el sentido social común.

Nutrido de mi cancionero popular, que incluye la música de Gerardo Rosas, recorrí las pocas chicherías que aún conserva Sucre, esos lugares periféricos donde confluían todas las clases sociales, especialmente en Oruro, Cochabamba y Sucre. Novelas, ensayos y crónicas describen la importancia de esos espacios de socialización donde caballeros de alta jerarquía, hacendados, políticos y comerciantes compartían naturalmente con artesanos, empleados, músicos, artistas, estudiantes, cholas, homosexuales y otros personajes de la cultura popular.

“Nunca desde que he nacido he conocido la dicha,

porque siempre la desdicha anda delante de mí.

[Letra bailecito desdicha]

Y se va la segundita

Gerardo Rosas era vecino del conocido profesor Luis Ríos Quiroga, que lo describe como retratando a un artista retro: “era de estatura mediana, usaba tacos cubanos especialmente para el zapateado redoblado y andaba elegante, muy acicalado. Tenía la cabellera lacia, pero con una especie de jopo por delante, creo que recurría a la ‘permanente’ constantemente; la cara muy bien presentada en esa época en que no había maquillaje; de repente conseguía otros elementos porque su cara estaba siempre coqueta, presentable, le gustaba la camisa sport abierta”. Gerardito era muy conocido y apreciado en Sucre, especialmente por las cholas chuquisaqueñas de la época —cual las “claudinas” de la literatura boliviana—, como la señora Encarnación, “la Tigresa”, y la señora Máxima, conocida como la “Chunchuna”, comadre de Gerardo. Se cuenta que la “Chunchuna” era una chola muy hermosa; vendía chicha y comida típica. Su apodo viene de un instrumento musical navideño, la chunchuna, hecho de tapacoronas de botellas de cerveza aplanadas y amarradas con un alambre cuyo sonido dice “chun chun”. La comadre de Gerardito adoraba al niñito Jesús al ritmo de la chunchuna.

Tenía que conocer a la “Chunchuna”, amiga, comadre y única sobreviviente cercana al Q’iwa. La encuentro en una casa hogar una tarde soleada. Está en el patio sentada, erguida, desafiante, conversando con otras señoras. Lo primero que hace es preguntarme cuyo hijito soy. Cuando le digo que soy paceño, ya no pregunta más y arranca describiendo a su amigo Gerardo: “flaquito era, crespito, se hacía hacer permanente, también se hacía peinar. Bailaba y cantaba, él no componía, cantaba músicas de otros, jaleaba en su tono pues; zapateaba encima de una tabla de maderita y nadie le imitaba, se subía a la mesa en las chicherías donde iba; todas lo querían, quién no lo estimaba, iba pues con amigos, flaquito, alhajito, bien simpático era, más que todo era pues chuquisaqueño”.

Me apasiona su historia, sigo buscando y encuentro a don Rosendo Alvis, dueño de una chichería en el barrio de Surapata, que acompañó con su armonio por mucho tiempo a Gerardito: “era medio afeminado pues y le gustaba llevarse a los jovencitos, se enamoraba de los jovencitos y se los llevaba (risas)”.

La admiración y simpatía que provocaba el Q’iwa, hicieron de él una aka bandera: una persona que atraía a la gente a la chichería. Así que las mismas dueñas iban a buscarlo hasta su casa para llevarlo a sus chicherías. Todas tenían una mesa resistente al zapateo del Q’iwa Gerardo porque de un salto subía y bailaba muy lindo. Era flamenco criollo, al estilo nacional, con música del bailecito y las cuecas chuquisaqueñas. Bailaba, jaleaba y zapateaba. Así participó en el programa Mensaje de Bolivianidad, de Radio La Plata, donde actuó muchas veces. Su música ha sido preservada gracias al sello Capital, empresa discográfica de esa época -fines de los 60 e inicios de los 70-. Intérpretes famosos estuvieron bajo aquel sello, como el reconocido armonista Casiano Tejeda, o Alberto Vargas, uno de los mejores charanguistas de Sucre, y también Eugenio Sánchez. Ellos grabaron con Gerardo Rosas sus únicos tres discos. Don Eugenio Quispe, hijo del dueño de esta disquera, recuerda que Gerardo rompía taquilla, “hacían fila para la compra de sus discos”, dice.

Cuando me vaya / recién comprenderás / y por mí llorarás / Cuando me ausente / recién comprenderás mi querer.

[Letra Cueca: Pretenciosa]

Y se va la tercerita

La sociedad conservadora de Sucre fue el escenario donde se desenvolvió la evidente homosexualidad de Gerardo Rosas, pero él respondía con ironía y sarcasmo a las burlas y los golpes de sus propios compatriotas. El profesor Ríos Quiroga recuerda la voz natural de Gerardito “desde luego algo afeminada”. Él nunca ocultó su condición homosexual en un ambiente de tal prejuicio, por eso hay que considerarlo mil veces valiente.

El “Q’iwa Gerardo se reía y su transgresión afloraba en las chicherías donde tenía el apoyo de sus cómplices, las “claudinas”. La Chunchuna recuerda cómo la ayudaba a atender a sus clientes, “sus ademanes como de mujer nomás hacía; se ponía mis polleras, se ponía platos hondos en vez de senos, grandes eran pues (risas). Era bien chistoso, molía llajwa vestido con mi mandil, así andaba, se hacía pegar algunas veces con mi esposo por defenderme”. Gerardo tampoco se limitaba a transformarse o vestirse con prendas femeninas en las chicherías sino también en los carnavales. Su amigo Rosendo Alvis también recuerda cómo Gerardo, petiso y flaco, se teñía el cabello, se pintaba las uñas largas y “aprovechaba” las fiestas de Carnaval para salir bien pintada, vestida de chola, de chota, o de vestido.

Gerardo Rosas vivió intensamente entre la bohemia y la sobrevivencia con su identidad sexual. Seducido por la bebida, su salud se deterioró. Bebía de todo y comía poco. “Quizás eso le hizo mal”, reflexiona la Chunchuna. La cosa es que en 1980 la muerte se llevó a Gerardo Rosas. El “Q’iwa Gerardo” incidió en los cambios sociales de su época desde su individualidad y posición, pero no como actor de un movimiento organizado, y mucho menos con una intencionalidad o conciencia política. Su transgresión se evidencia en la aceptación y celebración de la fiesta popular, que es en sí misma transgresora, interpelando directa o indirectamente al poder y el orden social establecidos.

Su epitafio dice: Gerardo Rosas V. (*)1924 (+) 4 de junio 1980. ¡Salud Q’iwa Gerardo

Ciudadano Predilecto

A 30 años de su partida y como un antecedente histórico, el Gobierno Municipal de Sucre distinguió póstumamente a Gerardo Rosas, más conocido como “El Q’ewa Gerardo”, declarado Ciudadano Predilecto en reconocimiento a su aporte a la cultura y música popular chuquisaqueña.

La iniciativa surgió del Colectivo Trans, Lésbico, Gay y Bisexual (TLGB) de Bolivia que solicitó al Concejo Municipal reconocer la trayectoria del “Q’ewa Gerardo”.

“Este intérprete conocido y muy característico de Sucre (…) fallece a los 60 años, en 1984, en una sociedad condicionada a muchas costumbres conservadoras de la época, sin recibir homenajes de acuerdo a la magnitud de su trayectoria por tratarse de un artista homosexual”, se menciona en la resolución del Concejo.

En su alocución, el alcalde de entonces, Moisés Torres, destacó a Rosas como uno de los mejores exponentes de la cueca y el bailecito chuquisaqueño.

“La sociedad boliviana está cambiando y las opciones de vida y orientación sexual están protegidas por las normas y de a poco aceptadas por la sociedad (…) qué importante cambio, qué importante forma de rescatar aquello que ha expresado nuestra cultura, música, canto y baile”, expresó.

David Aruquipa Pérez en breve

Licenciado en Administración de Empresas, especialista en Estudios de Género. 20 años de activismo por los derechos humanos. Ha desarrollado estudios sobre los aportes de la diversidad sexual en las fiestas populares, autor de uno de los libros más comentados en los últimos años, la CHINA MORENA: Memoria histórica travestí, que le ha permitido desarrollar distintos artículos e investigaciones, como la Historia del Movimiento homosexual en Bolivia, donde la historia de Gerardo Rosas, complementa el libro.

Ex Director General de Patrimonio Cultural del Ministerio de Culturas (2006-2009), y delegado ante Organismos Internacionales, como la UNESCO, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), MERCOSUR y otros espacios sobre Patrimonio Cultural.

Impulsor y gestor de la candidatura del Pujllay y Ayarichi: Música y danza de la cultura Yampara, incluida el 2014 en la lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ante la UNESCO. Actualmente es parte del Comité Impulsor de la candidatura de la Festividad del Señor Jesús del Gran Poder, para ser declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ante la UNESCO.

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