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Un borges apócrifo

30 Julio 2018SERGIO RAMÍREZ

Sergio Ramírez, Premio Cervantes de Literatura, nos cuenta la historia de alguien que hizo de borges, también autor de una carta apócrifa. Se publicó en el diario La nación con motivo de los 25 años del gran escritor argentino.

Hacepocosehancumplido 25 añosdelamuer- te de Jorge Luis Borges, y quiero recordarlo en cla- ve centroamericana porque siendo él maestro de tantas cosas, lo fue de los textos apócrifos, y en El Salvador, un aventurado cuentista buscó imitarlo en ese arte selecto de poner en boca de otros lo que uno mismo ha inventado, haciéndolo a costillas del propio Borges.

En 1963, Alvaro Menen Desleal, que por puro amor al arte de las ficciones había descompuesto sus apellidos originales, Menéndez Leal, para dar- les un toque más provocador, de lo leal a lo desleal, tenía 31 años de edad y ya había dejado tras de sí una larga cauda que incluía su expulsión de la Es- cuela Militar Gerardo Barrios por haber publicado un poema que las autoridades castrenses juzgaron subversivo; lo metieron preso luego bajo el cargo de conspirar contra el régimen del coronel Osorio, había peleado en las arenas de boxeo de México y América Central en la categoría de peso mosca, y después de ejercer el periodismo escrito había fun- dado el primer noticiero de televisión que se trans- mitió en El Salvador, amén de haber dado pruebas de ser un publicista sagaz.

Ese año de 1963, entonces, ganó el segundo lugar en el Certamen Nacional de Cultura con su libro Cuentos breves y maravillosos , título que recordaba demasiado el de Cuentos breves y ex- traordinarios, de Borges y Bioy Casares, aparecido diez años antes. Pero eso no era todo. Cuando el li- bro se publicó, traía a manera de prólogo una carta del propio Borges, que comenzaba así: "Mi querido amigo: Al conocer sus Cuentos breves y maravillo- sos , pienso que no fue meramente accidental que Kafka escribiera La muralla china : se repite en usted la nota de lo que con Bioy Casares llamamos las antiguas y generosas fuentes orientales. Se repi- te y se prueba mi idea de que el número de fábulas o de metáforas de que es capaz la imaginación de los hombres es limitado, limitado o no, lo cierto es que usted prueba a su vez que ese número no está en manera alguna agotado, mas usted le da nuevo engaste y logra con intensidad lo que otros, en más de veintitrés siglos, no lograron con extensión. Por eso yo no acepto el homenaje que me rinde al de- clararse mi seguidor. Si de algo es usted seguidor es de sus propios sueños...".

Las dudas envidiosas no tardaron en estallar como burbujas malsanas en el mundillo literario centroamericano, y sobraron las acusaciones de plagiodelospropiostextosdellibroylasdefalsifica- ción burda de la carta de presentación. Alvaro, que ya se sabe era publicista sagaz, escribió él mismo, bajo nombres simulados, no pocas de esas acusa- ciones que llegaban a los periódicos, con lo que las ventas del libro se dispararon. Nadie reparó en la nota con que, al final del libro, completaba su ardid: "Queridomaestro  Borges: Mivanidadyminostalgia medigo consus palabras- hanarmado unaescena imposible. Deprontodespiertodeunsueñoytengo sucartaenlasmanos, comolaflorde Coleridge". La carta, los cuentos, la nota final, todo era parte de la misma ficción, todo era borgiano.

En septiembre de 1999, cuando se celebró el centenario del nacimiento de Borges, Saúl Sos- nowski, director del Departamento de Lenguas y Literatura de la Universidad de Maryland, organizó en Buenos Aires un seminario al que concurrimos escritores y académicos. Allí me encontré, después de décadas sin vernos, a Alvaro. Cuando tomó la palabra, hizo una detallada confesión acerca del prólogo apócrifo, a manera de un renovado home- naje a Borges y a sus formas de inventar, donde la distancia entre los documentos reales y los ficticios no existe. Y en uno de los descansos de las sesio- nes, a la hora del café, me dijo que algo iba siempre a inquietarlo hasta la muerte, y es que ya nunca alcanzaría a saber si Borges se habría enterado del affaire centroamericano alrededor del prólogo, y si alguna vez habría llegado a tener entre sus manos sus Cuentos breves y maravillosos . Lo más proba- ble, medijo, abatido, es queseguramenteno. Murió menos de un año después en San Salvador, el 6 de abril de 2000.

Alvaro ya no se enteró, pero Borges sí supo del affaire y leyó el libro, tal como consta en Borges , de Adolfo Bioy Casares, el diario de este último, publi- cado en 2006, que reseña las conversaciones entre ambos, la bitácora de una amistad de cerca de se- senta años, un impresionante volumen de 1663 páginas que, aunque parezca mentira, uno puedo leerse de una sola sentada, sin dormir ni comer, si es lo suficientemente vicioso.

En la entrada correspondiente al miércoles 11 deseptiembrede 1963, Borgesledicea Bioy:"Tengo que consultarte sobre algo?" y "trae un libro, Cuen- tos breves y maravillosos , de un tal Menen Desleal, y una carta, de otra persona, guatemalteca, según creo, que le ha enviado el libro...". Luego hablan de la carta elogiosa, indudablemente apócrifa, y Bor- ges expresa el temor de que su madre, sin consul- társelo, la hubiera escrito y enviado; pero descartan la posibilidad, porque la señora nunca escribe tan largo, ni hubiera imitado el estilo de Borges. Leen algunos de los cuentos, y uno de ellos, "Los cerdos", les parece muy gracioso.

Borges, cuenta Bioy, no sabe qué hacer. Con- sidera que el autor del libro es más inteligente que quien lo denuncia, pero que alguna razón tiene éste? los generosos elogios que prodiga a sus pro- pios cuentos invalidan su carácter de obra desin- teresada. Bioy lo contradice: "No podés ponerte en contra de un pobre individuo bastante inteligente, que no tiene libertad ni posibilidad de escribir sino como imagina que vos escribís...". Y entonces, Bor- ges, sin dar más importancia al asunto, elogia el li- bro, y aún la carta apócrifa.

Por fin Borges contesta ese mismo mes al de- nunciante, que es el escritor Alfonso Orantes, y le dice: "Ya que el volumenconsta de una serie de jue- gossobrelavigiliaylossueños, quedalaposibilidad dequemicartaseaunodetalesjuegosytravesuras". Borges dice "mi carta". Y ha pasado a ser autén- tica. Aparece incluida en El círculo secreto (prólo- gos y notas de Jorge Luis Borges, Emecé, Buenos Aires, 2003). Borges nunca la escribió, pero ahora la ha escrito. Es su carta.

 

 

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