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Al Gabo lo que es del Gabo

11 Marzo 2019Aillon Valverde
Al Gabo lo que es del Gabo

Al Gabo lo que es del Gabo

Sin duda la noticia más comentada en el campo de la cultura a nivel mundial de la semana, ha sido el anuncio, en el cumpleaños de Gabriel García Márquez, de que la plataforma virtual Netflix llevará su obra cumbre Cien años de soledad a una serie. Aprovechamos ambas ocasiones para pedir a cuatro artistas bolivianos: un director de cine, Diego Mondaca; dos narradores, Daniel Averanga Montiel y Ariadne Ávila; y a una actriz de teatro, Alice Guimaraes, para que escriban sobre los libros que consideran esenciales del premio Nobel colombiano, y acerca de sus lazos creativos con Gabo.

 

GABO EN EL TEATRO

La increíble y triste historia de Cándida Eréndira y su abuela desalmada fue lo primero que leí de García Márquez. En ese entonces, adolescente todavía, me acuerdo que fue sorprendente para mí esa lectura. Entrar en un universo para mi distinto, yo lo veía trágico y oscuro. En la época devoraba los libros de Jorge Amado que eran otra cosa, llenos de “brasilidad” y mucha luz, mismo tratando de temas como la violencia o la prostitución. Luego me acuerdo que leí La Mala Hora (O Veneno da Madrugada, en portugués), Crónica de una muerte anunciada y entonces me tocó Cien años de soledad que empecé en un viaje en bus desde Porto Alegre hasta Punta del Este en Uruguay y no lo solté hasta terminarlo. Pero hasta llegar a Bolivia, a García Márquez lo había leído en portugués, buenas traducciones por supuesto, pero definitivamente no es lo mismo. El idioma tiene sus particularidades y peculiaridades, como también lo tienen Colombia y los colombianos, su manera de ser, su manera de usar y pronunciar las palabras. Cuando conocí todo esto, el universo de García Márquez adquirió otra dimensión.

Una de las primera obras del Teatro de Los Andes que vi fue el monólogo de Gonzalo Callejas “La Muerte de Jesús Mamani” una adaptación y contextualización boliviana del último capítulo de Crónica de una muerte anunciada. Es un fragmento de una novela y sin embargo se presta perfectamente al teatro por tener una línea de acción precisa y con mucho ritmo, las palabras parecen escritas para ser dichas y los personajes tienen alma y carne. En el ámbito de la literatura dramática el único texto que se conoce de Gabriel García Márquez es Diatriba de amor contra un hombre sentado, sin embargo las novelas Del amor y otros demonios, Crónica de una muerte anunciada y Cien años de soledad son las que más versiones para la escena han tenido, en diferentes adaptaciones para teatro, ópera y danza-teatro, muchas de ellas clandestinas, con otros títulos y con nombres de personajes cambiados por ser bastante difícil conseguir los derechos para montarlas.

Creo que el hecho de las obras de García Márquez sean tan atractivas para ponerlas en escena es que se puede decir que su “realismo mágico” tiene mucho de teatro y viceversa. Desde la presencia del sentido del trágico como el héroe que no pude escaparse a su destino, el crimen  y la venganza, la fuerte presencia de la muerte y la búsqueda de su sentido como el de la vida misma hasta el tratamiento  de los elementos mágicos. Lo irreal es aceptado como normal y sirve para resaltar la esencia de las emociones que se convierten en algo palpable y vivo en el presente. Como en el teatro, los hechos se perciben desde la sensorialidad de los personajes. Lo fantástico junto al lenguaje poético y metafórico, enriquecen la acción para que se vuelva trascendente, dramática e intensa y nos ayude a percibir aquello que en la realidad del cotidiano no logramos ver. Y eso es muy teatral.

Alice Guimaraes

 

PARA LEER A GABO

Han pasado pocos días del cumpleaños de Gabo, y aunque a algunos no les encanta el apodo cercano para nombrarlo, sólo así le podemos llamar otros; pues, aquella escritura viva, corpórea, a veces alegre y, siempre, rebosante de personalidad, no da permiso para mirar al escritor como un ser ajeno y extraño. Que las portadas de libros y los estudios académicos le llamen Gabriel García Márquez.

¿Qué obra leer de Gabo? A mi juicio, todo lo que se pueda; pero como el mundo no es Macondo, la vida se nos va entre Netflix y las redes sociales, entonces, aconsejo leer dos obras: “Cien años de soledad” y “El amor en los tiempos de cólera”. Si uno puede escapar de las pantallas de la posmodernidad, que lea más obras y tendrá una vida más plena.

¿Por qué leer “Cien años de soledad”? Más allá del realismo mágico y el recuerdo tramposo de una Latinoamérica recreada, están los recovecos explorados a profundidad en la novela, que son varios. Para empezar, está Macondo, ese lugar ficticio en el que todo se engendra y todo sucede, ese espacio necesario para que surja la palabra y empiece la historia. Por otro lado, están los Buendía, la familia de la cual descienden todos y cuna de lo que se debe saber. Ambos semilleros hacen brotar una serie de cuestiones propias de lo humano: las guerras, los deseos del cuerpo, los saberes tradicionales, la muerte, el amor, la vejez… ¡Todo aquello que es inherente a nuestra especie!

Leer “Cien años de soledad” es leer el mundo desde una concepción mágica muy cercana a la latinoamericana, pero no ajena a la del mundo de afuera.

No obstante, “El amor en los tiempos del cólera” no se queda muy lejos de “Cien años de soledad”. No lo contiene todo, pero dice lo suficiente.

Lejos de ser una novela que mitifica el amor elevándolo a un estado de inquebrantabilidad, da cuenta de su naturaleza más amarga que dulce, mostrando tanto una relación idealizada como una estable. Ambas relaciones hieren, una porque pertenece a aquello que sólo se sueña y la otra porque no da espacio para soñar; pero, al mismo tiempo, ambas merecen ser vividas por los escasos momentos de infinita plenitud que brindan.

Además de las dos obras, para quienes prefieren lo breve, vale la pena nombrar algunos cuentos que deben ser leídos por la vivacidad que emanan: “La santa”, “Me alquilo para soñar”, “Algo muy grave va a suceder en este pueblo” y “La luz es como el agua”.

Ariadne Avila

 

SOBRE GARCÍA MÁRQUEZ Y MIS CAMINOS A “CIEN AÑOS DE SOLEDAD”

Ciertamente es poco lo nuevo que se puede decir o escribir sobre Gabriel García Márquez, entonces lo que me planteo acá son unas algunas ideas, recuerdos y agradecimientos en torno a su obra y militancia. Dicho esto, pues me lanzo entonces a escribir sobre el Gabo.

“Amor en tiempos de cólera” (1985) fue el primer libro que leí de García Márquez. Leía una edición que estaba en la biblioteca de la UMSA en La Paz y, cada vez que pasaba por ahí me escabullía en la biblioteca, llenaba mi fichita y me ponía a leer en esos mesones enormes y antiguos. Era fascinante, me resultaba fascinante!. Habré tenido en aquel tiempo 15 o 16 años. Si iba al centro de la ciudad, por cualquier motivo, no dejaba de pasar por la esa biblioteca. Aparte, recuerdo que me gustaba mucho la edición que tenían ahí. Después resolví saltarme algún paso dela burocracia de la biblioteca,  me robaba al menos 10 fichas, la llenaba en casa y así me ahorraba en algo ese pesado tramite de pedir un libro.

Luego de un tiempo pude comprarme “El coronel no tiene quién le escriba” (1961) libro que recomendaría a toda persona que busca dejar la casa paterna para emprender viaje. Da pistas de cómo ir distrayendo la ausencia de dinero, y como cada centavo cuenta, o cómo se puede hacer magia con un solo centavo.

Y lo inevitable paso, entre en “Cien años de soledad” (1967), libro que re leí al menos 4 veces tanto por sus muchos Aurelianos como por sus fascinantes atmosferas y paralelos que encontraba o descubría. Era, por partes, asistir al mundo de mis propios abuelos y su mundo, como también sus sombras.

Años mas tarde, cuando estudiaba en la Escuela de Cine de Cuba, un día me cruce con el Gabo. Él venía siempre a fin de año a dar su famosa cátedra de guión y al Festival de Cine de La Habana. Me acerque tímidamente al Nobel, era inevitable, estábamos en un mismo pasillo. El choque era inminente. El Gabo me pregunto de Bolivia mientras me daba la mano. No recuerdo qué le respondí exactamente, pero si recuerdo sus manos suaves y pequeñas, y unas botitias negras que vestía en los pies. El Gabo era de manos de ceda y pies pequeños, pero caminó y escribió como nadie.

Luego de unos años conseguí un libro que me completa a ese escritor y militante: “De viaje por los países socialistas” (Ediciones Macondo, AA:7344, Cali–Colombia), libro que contiene una serie de narraciones periodísticas realizadas durante 90 días en un viaje por la “cortina de hierro” en 1957, originalmente publicadas en la revista Cromos de Colombia y momento de Venezuela. Narraciones lúdicas y críticas que captan la genialidad y el calor humano de la gente y, por supuesto, con la pericia del periodista excepcional que siempre fue García Márquez.

Sus crónicas tienen tanto de magia como de realidad e intimidad. Con ese libro entendí que todo lo que escribió el Gabo lo vivió, que lo que escribe no es invento, es lo vivido, pero bien contado.

Al Gabo y a sus libros les agradezco haberme provocado el interés por leer y conocer mundos que en realidad son paralelos. Y, también le agradezco enormemente haber fundado la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños –Cuba, mi escuela de cine. Donde estudié y donde lo conocí.

No entiendo cómo Netflix pretende hacer una serie sobre Cien años de soledad. La obra del Gabo esta en otro tono muy distinto al de los biopics comerciales o seriales. Sus personajes e historias no tienen ni vida ni rostro concreto, son la inventiva de cada lector. Ahí su magia.

Diego Mondaca

 

SOBRE LOS MEJORES LIBROS DE GABO PARA MÍ

Recuerdo que a los nueve años compré mi primera novela latinoamericana: "El coronel no tiene quien le escriba" de Gabriel García Márquez; resultó una joya casi cinematográfica cuando, una vez terminada mi lectura, me di cuenta que la había leído en un par de horas. Junto a "Crónica de una muerte anunciada", creo que es lo mejor que Gabo ha hecho en el formato breve; son dos novelas mayores las ya mencionadas, a pesar de su breve extensión.

Por otro lado, "Cien años de soledad" y "El amor en los tiempos del cólera" son, sin exagerar, clásicos del autor, clásicos imprescindibles, que deben leerse y releerse siempre, al menos "El amor en los tiempos del cólera", porque nos dotan de un ritmo único, nunca pausado, siempre pensado, de lo que es narrar. Una cátedra de cómo poner las palabras para darle sentido a lo que cuenta.

Por último, el primer cuento que leí de Gabo fue cuando estaba en primer año de universidad, allá por 2003, y que significó un cambio en mi prejuicio sobre su obra: "La mujer que llegaba a las seis" (escrita en 1950 y publicada en lo que sería su primer libro de cuentos: "Ojos de perro azul"): este cuento es el mejor escrito, a mi juicio, del estilo policíaco, es un cuento perfecto, tan perfecto, que vale la pena leerlo al menos una vez cada semestre, o trimestre, o bimestre. Allí encontrará, el lector apasionado, una escuela de cómo provocar expectativa y suspense del bueno.

Por último, y perdón si los vuelvo a nombrar, pero leer "Cien años de soledad" y "El amor en los tiempos del cólera" no solo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta es, de principio, lo mejor que le puede pasar a un aspirante a escritor.

Daniel Averanga

Montiel

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  • Gabo, García Márquez
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