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Medallas de la Independencia: Arte y patriotismo en la Casa de Moneda

El último gran saqueo y expoliación de la Casa de Moneda de Potosí estuvo al mando del general realista Pedro Antonio de Olañeta, que fue expulsado de la Villa Imperial ante el avance de las tropas españolas fieles...

El último gran saqueo y expoliación de la Casa de Moneda de Potosí estuvo al mando del general realista Pedro Antonio de Olañeta, que fue expulsado de la Villa Imperial ante el avance de las tropas españolas fieles al Virrey comandadas por el general Gerónimo Valdés, no sin antes llevarse consigo toda la moneda contante y sonante que encontró en la Ceca, las Cajas Reales y Banco de Rescates. Además se llevó matrices, cuños, troqueles y herramientas propias para el trabajo de acuñación y los libros de cuentas y créditos de la Real Hacienda. Conventos y particulares también cayeron presa de la rapiña de Olañeta, que abandonó Potosí el 25 de junio de 1824.

Después de las victorias de los ejércitos libertadores en Junín el 6 de agosto de 1824 y Ayacucho el 9 de diciembre del mismo año, la estratégica plaza de Potosí permanecía en poder de las armas de rey hasta la entrada de las tropas libertarias al mando del mariscal Sucre, que posesionó al mariscal Guillermo Miller como Presidente de Potosí y Superintendente de Casa de Moneda.

Superando los constantes saqueos y destrucción de las herramientas de acuñación de monedas la Ceca potosina no para sus labores de acuñación ni siquiera durante la Guerra de la Independencia.

La nueva autoridad política de Potosí continuó acuñando moneda de todos los cortes con la imagen de Fernando VII y el mariscal Sucre ordenó la fabricación de una medalla conmemorativa a los vencedores de Ayacucho. El 25 de abril de 1825 se cambió el nombre de la Ceca a Casa Nacional de Moneda, lo que implica el final del régimen colonial y el establecimiento de un nuevo plantel de Ministro en la Ceca, donde se restituyen en sus oficios a viejos funcionarios que tuvieron destacadas actuaciones por las armas de la plata sin poder prescindir de otros acusados de realistas pero capacitados en las artes de acuñación.

El presidente Miller confirmó en su oficio al tesorero José Eustaquio Eguivar, como ensayador a Juan Palomo y Sierra (pariente de los marqueses de Otavi), como guarda cuños a Bonifacio de Alba, como talla mayor a Pedro Venavides (que tendrá la labor más prodigiosa de su carrera en los primeros días del establecimiento de la República boliviana). Todos estos funcionarios tuvieron a su cargo la acuñación de circulante y la fabricación de medallas conmemorativas en una fábrica que empezaba a resurgir como el más alta instituto de la economía nacional.

Todas las piezas patrióticas fueron acuñadas en las prensas de volates que mandó a fabricar Carlos III con la tecnología española más notable de la época. La Ceca de Potosí fue el núcleo productor de riqueza más codiciado por Castelli, Goyeneche, Belgrano, Tristán, Rondeau, de la Pezuela, Olañeta, y finalmente quedó en manos de los libertadores Bolívar y Sucre. ¡Qué destino para tan noble edificio!

Una medalla para un genio

Continuando con la tradición triunfalista clásica de inmortalizar la memoria de los grandes héroes, el presidente del departamento de Potosí, el mariscal británico Guillermo Miller, mandó acuñar una medalla conmemorativa en la Casa de Moneda de Potosí en honor al libertador Simón Bolívar. El trabajo de diseño y grabado de la pieza estuvo a cargo del patriota Pedro Venavides, recientemente promovido a talla mayor merced a su notable hoja de servicios en beneficio de la patria. Entre los más notables tuvo en su haber el diseño y fabricación de los cuños para la primera moneda independiente acuñada en América para las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1813.

Se fabricaron 100 medallas de oro, 500 de plata y 1.000 de cobre, en módulo mayor de moneda de 8 reales, del mismo tamaño del que se solían acuñar las juras de proclamación para los reyes de España. La medalla de oro tiene una onza de peso, es de 22 quilates de pureza, exclusiva para el libertador Bolívar, su ilustre séquito, el Alto Mando Militar y las más notables personalidades potosinas.

Las medallas de plata circularon como obsequio para los oficiales superiores, ministros de la Casa de Moneda, oficiales de la Cajas Reales y Banco de Rescates, altos funcionarios de la administración pública, clérigos notables.

Con toda probabilidad las medallas de cobre fueron utilizadas para hacer esparciones desde los balcones de las Cajas Reales (actualmente Alcaldía) y del Palacio Pretorial (Gobernación), para regocijo de la enorme muchedumbre que acompañaba el histórico arribo de Bolívar a Potosí.

En el anverso de la medalla, Venavides grabó el busto de perfil del Libertador. En la medalla su rostro luce el característico bigote que Bolívar utilizaba antes de llegar a Potosí, el mismo que se lo quitó para asistir al baile de gala que los azogueros de Potosí ofrecieron en honor de Su Excelencia con todo el esplendor que aún podía mostrar la Villa Imperial luego de 15 años de saqueos, rapiña y expoliación. Para ese célebre baile, el Libertador recibió el obsequio de la medalla que lleva la leyenda en anverso: “Simón Bolívar Libertador de Colombia y Perú”.

El grabado del reverso muestra un Cerro Rico hermosamente representado con detalles de minas y desmontes con caminos que las conectan. Se observa en el Huayna Potosí la pequeña capilla, que luego se convertiría en parte principal de la iconografía del escudo de armas de Bolivia. A los pies de la montaña de plata, la ciudad de Potosí con las 18 torres de sus iglesias en cuya cima se advierten flameantes banderas patriotas. La cumbre del Cerro Rico está coronada por un sol radiante con rostro humano, muy semejante al que el propio Venavides grabó para las monedas del Río de la Plata en 1813 y 1815. La leyenda circular dice: “Potosí manifiesta su gratitud al genio de la Libertad”. En exergo, el año de 1825.

Chuquisaca a su Libertador

Luego de su visita triunfal a Potosí, Bolívar emprendió viaje rumbo a la recientemente denominada ciudad de Sucre, donde recibió el agasajo y cumplidos homenajes de la sociedad chuquisaqueña que también preparó con todo lucimiento la recepción al Libertador. Son notables los homenajes que recibió del Cabildo Eclesiástico y el solemne Tedeum celebrado en la Catedral Metropolitana.

El Cabildo Secular encargó la acuñación de una medalla en la Casa de Moneda de Potosí para inmortalizar su gratitud y su paso por la Capital de la República. No conocemos ninguna pieza en oro, pero es muy probable que se haya acuñado en este metal para los principales obsequios. Las piezas de plata y cobre son exactamente iguales en módulo a la medalla potosina y utilizaron el mismo punzón del busto de Bolívar de esta medalla para el anverso de la pieza chuquisaqueña, la misma que lleva la leyenda: “Padre de la Patria Simón Bolívar”.

En el reverso se puede apreciar una hermosa alegoría clásica latina de los dioses Marte y Belona sosteniendo una corona de laureles, cada uno de ellos en torno al globo terráqueo donde se aprecia el Nuevo Mundo. Al contorno, la leyenda: “La gratitud de Chuquisaca a su Libertador”. Esta es una de las más tempranas representaciones del clasicismo en la medallística potosina y una muestra del avanzado talento de Pedro Venavides.

A los Libertadores de Colombia y Perú

Esta singular pieza de módulo menor y tamaño de 2 reales fue encargada por los sectores populares de Potosí para homenajear a Bolívar y Sucre. También fue grabada por Venavides y tiene en su anverso el Cerro Rico, con la ciudad a sus pies, coronado por un sol de rostro humano con resplandor y la leyenda: “Gratitud de los empleados de Potosí, 1825”.

En el reverso se observa una vicuña tierna orlada de dos ramas de olivo con la leyenda: “A los libertadores de Colombia y Perú”. El erudito historiador numismático Arnaldo Cunietti – Ferrando señala que esta pieza, que fue acuñada con año de 1825, no circuló sino hasta 1826 para el solemne festejo del segundo aniversario de la Batalla de Ayacucho, donde fue generosamente repartida al pueblo en esparciones para las festividades y muchas han sobrevivido como piezas principales en chuspas y bastones de mando de autoridades originarias. •

(*) Daniel B. Oropeza Alba es miembro de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí

Medalla de Bolívar, actual emblema presidencial

Esta medalla es con toda certeza la pieza más hermosa y majestuosa de la numismática americana del siglo XIX. Fue encargada en cumplimiento de un decreto dictado por la Asamblea General del 11 de agosto de 1825 en cuyo artículo primero establece el nombre oficial de República Bolívar para el nuevo Estado. En su artículo 14 modifica el nombre de la capital de La Plata a ciudad de Sucre y en su artículo octavo señala lo siguiente:

“8°—El Gran Mariscal de Ayacucho, como encargado inmediato del mando de los departamentos de la república, mandará formar y presentar á S. E. el Libertador, una medalla de oro, tachonada de brillantes, del diámetro que juzgue más adecuado, para que en el anverso de ella se figure el Cerro de Potosí y al Libertador colocado al término de una escala formada de fusiles, espadas, cañones y banderas, en actitud de fijar sobre la cima de dicho cerro, la gorra de la libertad y en el reverso, entre una guirnalda de oliva y laurel, la siguiente inscripción: 'La República Bolívar agradecida al héroe cuyo nombre lleva'”.

Nadie más capacitado para grabar esta pieza que el talla mayor de la Ceca de Potosí, Pedro Venavides, que logró plasmar las determinaciones de la Asamblea General con una maestría insuperable. En el anverso de esta pieza elíptica acuñada de oro de 22 quilates podemos contemplar un Cerro Rico de Potosí muy esbelto delante del cual se entrecruzan cañones, fusiles, trofeos de guerra y estandartes españoles para formar una escalera por la cual el Libertador ha subido hasta la cumbre del Potosí. En su mano derecha sostiene una pica coronada con un gorro frigio que está hincando en el pico del Sumaj Orcko. Esta acción de consagrar la libertad americana en la cumbre del Potosí está rodeada de un resplandor alrededor del héroe y el monte en una divinización del hombre, del monte y del momento.

La escena idealizada de la medalla está inspirada en la jornada del 26 de octubre el 1825 cuando el Libertador triunfante, acompañado de su ilustre séquito, ascendió hasta la cumbre del Potosí en una actitud reverencial a la montaña de plata donde pronunció esta arenga:

“Yo sobre esta mole de plata que se llama Potosí y cuyas venas riquísimas fueron por trescientos años el erario de España, yo estimo en nada esta opulencia cuando la comparo con la gloria de haber traído victorioso el estandarte de la libertad, desde las playas ardientes del Orinoco, para fijarlo aquí, en el pico de esta montaña, cuyo seno es el asombro y la envidia del universo”.

La medalla está engastada en una orla de diamantes que forman dos ramas de laureles coronada por una moña, los diamantes fueron comprados a la Marquesa de Santa María de Otavi y la joya tuvo un costo total de 8.000 pesos. Fue remitida por el mariscal Sucre a Lima, donde se encontraba el Libertador el 24 de junio de 1826. La respuesta y confirmación de su recepción está fechada en 4 de agosto de 1826 y Bolívar de su propia mano escribe:

“El pueblo boliviano está empeñado en anonadarme con el peso de su inmensa gratitud. Fecundo en invenciones generosas encuentra cada día un nuevo eslabón que añadir a la cadena de reconocimiento con que tiene oprimido mi corazón… la conservaré toda mi vida en señal de mi profundo reconocimiento a Bolivia y a mi muerte devolveré este presente nacional al cuerpo legislativo”.

A su fallecimiento, la pieza fue devuelta al Congreso, cumpliendo una disposición testamentaria del libertador Bolívar y, a partir del retorno de esta pieza a Bolivia, podemos mencionar que esta pieza vivió un verdadero vía crucis como califica en su libro el distinguido Dr. Juan Carlos Montenegro Cortez a las peripecias que sorteó a lo largo de nuestra historia nacional por convertirse en insignia de mando presidencia.

Medalla perdida del Mariscal

Una medalla de similares características, acuñada en oro y orlada de diamantes, fue obsequiada a Antonio José de Sucre en 1826. Se desconoce la suerte de esta pieza que representa en su anverso al mariscal Sucre arrancando una vicuña de las garras de un león y, en el reverso, lleva la inscripción “La República Bolívar a su defensor héroe de Ayacucho”. (Se agradecerá si algún lector puede facilitarnos datos y/o referencia de esta pieza).


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