Puño y Letra

Muerte y silencio en Tirinea

Jesús Urzagasti (1941-2012), novelista chaqueño (Tarija), en Tirinea, novela publicada en 1969 en Buenos Aires por Editorial Sudamericana, implícitamente aborda el tema de la muerte y el silencio, tan cercana en su...

Jesús Urzagasti (1941-2012), novelista chaqueño (Tarija), en Tirinea, novela publicada en 1969 en Buenos Aires por Editorial Sudamericana, implícitamente aborda el tema de la muerte y el silencio, tan cercana en su concepción de la misma y cuyo parentesco con Comala, el lugar de los muertos en Pedro Páramo de Juan Rulfo es evidente. La muerte, el mal, la vida o su posibilidad en un futuro desconocido, más allá de la muerte, han ejercido permanentemente presión en la conciencia humana. Las religiones metacósmicas (Islam, Budismo, Judaismo, Hinduismo y Cristianismo) a diferencia de las cósmicas (religiones populares), no han rehuido a tales interrogantes; y sus respuestas han sido plurales, por tanto, la verdad es siempre plural. La literatura, espacio real de libertad humana y recreación de la experiencia de existir del ser humano, ha intentado dar una respuesta también plural al enigma de la muerte.

Eugenio Trías, filósofo español, decía que la muerte es el más «incierto, inquietante y sorprendente», de los viajes en los que el ser humano se embarca. El narrador de Tirinea, nos da algunas pistas de ese final de viaje: «Tirinea es una llanura solitaria, con árboles fogosos y calidad arenas expulsadas del fondo azul de la tierra […], la vida allí no ejerce ningún control y yo soy el único sobreviviente […] La vida en mi comienza a despedir un desagradable olor». El olor del cuerpo en descomposición es el rastro imborrable del paso de la muerte y el sello indeleble de la faz de la vida. Inexplicablemente, el ser humano ha sentido una obsesión incurable por la muerte. «Me considero joven, pero a veces no tengo deseos de nada y renace en mi la idea que me obsesionó desde mi niñez: la muerte. Lo malo es que ha dejado de ser una idea; pero hay épocas buenas para mí, me olvido totalmente de ella y me ausento hacia la oscuridad». Sin duda, la oscuridad y el silencio son ya el preludio del aguijonazo ineludible de la muerte y la incursión en el silencio.

Pues, ante la desesperanza y el sinsentido, por ejemplo, el cristianismo ha empeñado su palabra en la resurrección, es decir, puso su palabra en la esperanza. Para Urzagasti, la dialéctica entre la vida y la muerte es inevitable, a tal punto, que la muerte se adentra muchas veces en territorios de la vida sin pedir permiso. Es frecuente escuchar la frase: muerto en vida. «Me siento mal –dice el personaje de Tirinea–. Hace tiempo que guardaba el secreto en mi alma. No por mí, sino por ustedes. Estoy enfermo de ese mal que no tiene cura. Es inútil aceptar por más tiempo la vida que llevo, salvo que se quiera ahogar mi existencia con la muerte…» Pero, aunque la muerte siga siendo algo implacable, y margine y anule el lenguaje, no logra borrar el silencio, porque éste es impenetrable. Por eso dice Fielkho: «La muerte en cierto modo me ha marginado y de aquí a un tiempo mi boca será clausurada […] Como no hice nada […], nadie espera mi muerte y solo yo la espero con un extraño fulgor en mis ojos meditabundos». De ahí que el ser humano viva siempre en una «paciente espera» (Soren Kierkegard) frente a la muerte, sea consciente o inconscientemente.

En el mundo reina la muerte. Los signos del mal son mucho más evidentes que la del bien. La victoria de la muerte se hace presente cuando no hay espacio para la esperanza. Dice Fielkho: «Esta vez puedo aclarar que pertenezco a otra raza a la de los extinguidos, a aquellos que favorecen el remedo de la muerte. […] He comenzado siendo el testimonio de la vida; ahora soy su secreto porque vivo en manos de la muerte». Testimonio y secreto, vida y muerte, no son sino dos caras de una misma moneda: el ser humano. Todos cargamos con esta oposición radical de la existencia. «No soy yo el que vive esperando la muerte, sino la muerte que espera el mínimo desaliento de la vida para morir». Así, Tirinea, nos muestra en Fielkho y el narrador, personaje y creador, los extremos de esa oposición existencial. «Porque mi destino no es morir en manos de la muerte sino en las de la vida, es decir en la de Fielkho, el cual sí morirá en manos de la muerte».

Ahora bien, tanto la vida como la muerte, son dos extremos que hacen a la condición humana; pues, no puede existir la vida en toda su plenitud, debido a la caducidad y precariedad del ser humano, pero, por otro lado, la muerte y su silencio, no sabemos si son una realidad que persiste más allá de la vida. Así, en esta tensión dialéctica inevitable, no queda sino asumir la convivencia de ambas; sabemos de la muerte gracias a la vida; y cuando la vida se desmorona, en cualquier momento inesperado, surge el rostro de la muerte y el silencio. Por eso dice el narrador: «Fielkho tiene contacto con la vida únicamente por intermedio de la muerte y como sus ansias de vivir no disminuyen, la comunión con la muerte es parte del mecanismo que le permite vivir».

Todo el clima que envuelve la novela, se mueve en esa delgada línea que separa la vida de la muerte o viceversa; y no es sino, el hecho de que todos los seres humanos, tarde o temprano, constatan al final del camino, y, quizá ya en la última curva antes de iniciar el Gran viaje (Eugenio Trias), el aguijonazo certero de la muerte extinguiendo la vida; éste puede ser un proceso lento o inesperado como ver caer a Satán como un rayo del cielo (René Girard). «Por eso uno llega a viejo. Para vivir haciendo “caca” en manos de la muerte».

Iván Castro Aruzamen en breve

Nació en Culpina - Sud Cinti (Chuquisaca-Bolivia) en 1970. Estudió Teología, Filosofía y Letras, Misionología en la Universidad Católica Boliviana.

Ha realizado también estudios sobre Derechos Humanos en la Universidad Mayor de San Simón. Desde el 2001 enseña Literatura y Filosofía en el Colegio "San Simón-CENDI". Ha sido profesor en la Normal Católica. Actualmente se desempeña como profesor de "Introducción a la Filosofía" en la carrera de Psicología de la Universidad Abierta Privada Latinoamericana.

Dirigió la Editorial "Mandrágora Kartonera", parte de la red de editoriales Cartoneras de América Latina. Articulista, escritor y autor de constantes polémicas. Ha publicado los textos, “Noche abandonada” (2007); “Ayer" (2009) bajo el sello editorial "Mandrágora Cartonera". Y las investigaciones: “Fe y política en la Doctrina Social de la Iglesia Latinoamericana”; “Miguel Manzanera. Razón, fe y filosofía de la Nostridad” en http://www.bubok.es/autores/ivancastro. Ha escrito artículos literarios y políticos para distintos medios escritos (Opinión, Tiempos, Tiempo Universitario.


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