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Connotación de los agronegocios en las economías medianas y pequeñas

18 Abril 2017REDACCIÓN CAPITALES
Los agronegocios tienen una connotación en la economías medianas y pequeñas del País. GENTILEZA

Los agronegocios tienen una connotación en la economías medianas y pequeñas del País. GENTILEZA

El experto en Desarrollo de Negocios, el ingeniero Fernando Soruco, hace hincapié en que en un ambiente conducente a fomentar la seguridad alimentaria con soberanía, los agronegocios tienen otra connotación en las economías medianas y pequeñas del país. La importancia radica en la nueva dimensión de la agricultura y la pecuaria, con una relevancia económica y social, con generación de ingresos, de empleo y generación de valor agregado a la producción primaria. 

El enfoque de los agronegocios en Bolivia está muy enraizado en el desarrollo de la agroindustria cruceña y el sector agrícola pecuario en el departamento de Cochabamba. Es una situación muy diferente en la región occidental del país, donde las actividades de producción y transformación de productos de origen agrícola y pecuario son de reducido impacto económico a nivel nacional, empero muy importante para la generación de recursos para las unidades familiares, las cuales dependen en gran medida del impacto que se genere en su desarrollo y fundamentalmente en su capacidad de perduración en el tiempo y crecimiento sostenido.

El experto en Desarrollo de Negocios, el ingeniero Fernando Soruco, hace hincapié en que en un ambiente conducente a fomentar la seguridad alimentaria con soberanía, los agronegocios tienen otra connotación en las economías medianas y pequeñas del país.

La importancia radica en la nueva dimensión de la agricultura y la pecuaria, con una relevancia económica y social, con generación de ingresos, de empleo y generación de valor agregado a la producción primaria (incluyendo la actividad forestal).

“Obviamente, el criterio de los agronegocios tiene mucho respaldo en establecer primero cuál es la demanda, cómo puede ser satisfecha y en qué forma, de tal manera que el productor (primario, transformador) pueda encarar una producción adecuada con menores riesgos de pérdidas en la comercialización”, sostiene.

El objetivo de Soruco, es hacer notar que los agronegocios implican un cambio profundo en los esquemas tradicionales de producción primaria y en la generación de valor agregado y en especial en los sistemas empresariales mercantilistas, que están contemplados bajo el criterio de los encadenamientos o conglomerados productivos (cadena productiva, cadena de valor, clúster o sistema integral de producción y complejos productivos).

Al mismo tiempo, sostiene que la apuesta por los agronegocios, debe partir de una lógica futurista de corto plazo, que implique el crecimiento económico del país, el desarrollo rural sostenible, el acceso a mercados justos, la perpetuación de sistemas integrados de producción donde todos los actores, en los diferentes eslabones, se vean beneficiados generando articulaciones público-privadas, que fortalezcan la economía nacional, mejoren la calidad del empleo, los ingresos de la unidades familiares y el conjunto de la mediana y pequeña producción.

Dependencia de las TICs

De acuerdo con las palabras de Soruco, los cambios provocados por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), provocaron una dependencia tecnológica en la esfera mundial, con afectación a los sistemas productivos, incluyendo este manojo de cambios a los sistemas agrícolas y pecuarios.

Es evidente que sin esta dependencia tecnológica la actividad agrícola y pecuaria no habría llegado a evolucionar en la generación de sistemas productivos cada vez más eficientes, que promueven un incremento en los rendimientos de cultivos y mayor eficiencia en la producción de carne, lácteos y sus derivados, dijo.

Claro que esta modificación en los sistemas de producción tiene mucho que ver con las exigencias de consumo del mercado, como la calidad, presentación, conservación, diversificación, trazabilidad, protección y cuidado del medio ambiente; aspectos que provocaron presión sobre dichos sistemas, empujándolos a mejorar sus procesos y procedimientos.

“Este artículo, responde a la necesidad de visualizar qué se esconde detrás de un criterio mercantilista, que viene enraizado en las estructuras de producción agrícola y pecuaria, con la supremacía dominante de empresas transnacionales, que superponen otros criterios de menor envergadura económica en el desarrollo, pero que implican la legitimación del poder generador de ingresos económicos de sus sistemas de producción, esencialmente en economías rurale”, manifestó Soruco.

Desarrollo

Soruco dice que América del Sur es uno de los principales productores y exportadores agrícolas del mundo, con excepción de Argentina, que ya producía y exportaba trigo a comienzos del siglo pasado.

En la década de los 80, Brasil, Paraguay, Bolivia y el resto de los países eran importadores netos de alimentos para cubrir sus demandas internas. Sin embargo, esa situación fue transformándose silenciosamente durante los últimos 30 años, en países con escasos recursos tecnológicos, gobiernos desestructurados y con baja capacidad de inversión.

“Concordamos con que el crecimiento y la presión sobre las formas de producción agrícola-pecuaria en la región, fueron empujados sobre los factores y condiciones climáticas para producirlos, con la consiguiente ampliación de la frontera agrícola, expansión hacia zonas de bosques nativos y desplazamiento de zonas consideradas como secuestradoras de carbono, etc; que actualmente están sintiendo la presión de la población mundial por la demanda de alimentos cada vez en mayores proporciones”, manifestó el experto.

Con el criterio de que los agronegocios, implican un “sistema integrado de negocios y actividades enfocados en el consumidor que incluye aspectos de producción primaria, procesamiento y transformación, además de las actividades de almacenamiento, distribución y comercialización; así como todos los servicios públicos y privados (incluyendo financiamiento) que son necesarios para que las empresas operen competitivamente y sean capaces de proveer satisfactores de calidad a la sociedad”, fueron surgiendo y fortaleciéndose a pasos agigantados en las dos últimas décadas en la región, con sistemas productivos a gran escala y de tipo empresarial.

Crecimiento

Así, el desarrollo regional se configuró a través de agronegocios de tipo empresarial, con ejemplos muy marcados como el cultivo extensivo de la soya, actividades de extracción y explotación forestal, producción pecuaria (carne y lácteos), piscicultura, producción de azúcar, producción de trigo y arroz. s nativos y desplazamiento de zonas consideradas como secuestradoras de carbono, etc; que actualmente están sintiendo la presión de la población mundial por la demanda de alimentos cada vez en mayores proporciones”, manifestó el experto.

Con el criterio de que los agronegocios, implican un “sistema integrado de negocios y actividades enfocados en el consumidor que incluye aspectos de producción primaria, procesamiento y transformación, además de las actividades de almacenamiento, distribución y comercialización; así como todos los servicios públicos y privados (incluyendo financiamiento) que son necesarios para que las empresas operen competitivamente y sean capaces de proveer satisfactores de calidad a la sociedad”, fueron surgiendo y fortaleciéndose a pasos agigantados en las dos últimas décadas en la región, con sistemas productivos a gran escala y de tipo empresarial.

Crecimiento

Así, el desarrollo regional se configuró a través de agronegocios de tipo empresarial, con ejemplos muy marcados como el cultivo extensivo de la soya, actividades de extracción y explotación forestal, producción pecuaria (carne y lácteos), piscicultura, producción de azúcar, producción de trigo y arroz.

Visión negativa y positiva

En esta lógica, los agronegocios llegaron a ser visibilizados como un proceso degradador del medio ambiente, con uso intensivo de biotecnología, agroquímicos y mecanización agrícola, pero es evidente que este criterio es totalmente desvirtuado, cuando se habla de economías rurales, familiares, comunitarias y microempresas, entre otras, que también integran actividades que se enfocan en el consumidor (para autoconsumo o mercado como tal) que incluyen los eslabones de producción primaria, generación de valor agregado (escaso o en gran magnitud), la distribución y comercialización.

Son sistemas que en muchos casos desarrollan procesos productivos en armonía con el medio ambiente, la reposición de los factores nutritivos del suelo, la consideración de prácticas locales de manejo y conservación de suelos, entre otros.

Un sustento válido que revela ese cambio en el concepto frío de los agronegocios, es demostrado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), en varias de sus publicaciones, en las cuales plasma el planteamiento de estrategias que (con el criterio que la agricultura es la base de la seguridad alimentaria) promueven el fortalecimiento de la institucionalidad vinculada al sector agrícola y rural, produciendo una agricultura intensiva en conocimientos, el desarrollo de una cultura de gestión de riesgos a través de la cual se promovió la adaptación de la agricultura a la variabilidad climática y la mitigación de los impactos del cambio climático.

Además de la mejora en la productividad, el desarrollo de las capacidades empresariales y asociativas de las cadenas, especialmente de la agricultura familiar, la gestión integrada del agua y en el uso sostenible del suelo y la vinculación a mercados son criterios puntuales que, como se dijo desvirtúan la conceptualización mercantilista y extractivista con la que se visualiza a los agronegocios.

Otro caso importante del trabajo del IICA, bajo el concepto de “Desarrollo de los agronegocios” dentro de su componente desarrollo empresarial y asociativo de las cadenas, hace mención a que “diferentes espacios de intercambio de experiencias permitieron generar conocimientos que ayuda a los productores a vincularse a los mercados. Por ejemplo, en las regiones Sur y Andina, se lanzó la Plataforma de Promoción, Gestión del Conocimiento y Prospectiva Comercial en los Agronegocios de América del Sur con la participación de 26 instituciones públicas de diez países”. Sin duda, este es otro aspecto que denota ese trasfondo de los agronegocios hacia el enfoque de la producción agrícola-pecuaria a pequeña y media escala, pero entorno a su sostenibilidad y preservación en el tiempo, como un fuerte respaldo de la seguridad alimentaria local.

Conclusiones

El análisis de Soruco muestra de manera general, la existencia de un criterio económico desprendido de la concepción mercantilista empresarial que empapa la concepción de los agronegocios y que responde a la necesidad de crear valor en las economías rurales.

Es evidente, que existe la necesidad de continuar con la ampliación de esta temática, que dará más luces para entender el trasfondo descrito en esta publicación. Para lo cual Soruco recomienda indagar con profundidad en los tópicos relacionados que sustenten lo planteado a modo conclusivo.

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