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15 AÑOS DE HOSTELLING INTERNACIONAL EN BOLIVIA

Voluntariado, una escuela para la vida

07 Junio 2015Mónica Calabi ECOS
Volkan Turan, voluntario de Limabamba, junto al director y algunos alumnos de la unidad educativa del lugar.

Volkan Turan, voluntario de Limabamba, junto al director y algunos alumnos de la unidad educativa del lugar.

El amor de los voluntarios al servicio de las comunidades con mayores necesidades. En la foto, Deborah Butnner con los niños más pequeños del Aula Multinivel de Villarpampa, a pocos kilómetros de El Villar, en la provincia Tomina de Chuquisaca. Como ella, varias decenas de voluntarios están distribuidos en varios departamento del país, trabajando sin recibir un salario.

Thea, una joven alemana que ha vuelto a Bolivia después de cuatro años, estudia actualmente en Suiza pero hizo el largo viaje para visitar de nuevo Tarabuco, donde vivió y trabajó durante 12 meses —los mejores de su vida, según ella—, y reencontrarse con los niños de la escuela y con sus guías o mentores.

Ella es solo una de alrededor de 1.000 voluntarios que jamás se desarraigan de esta, su segunda patria, por eso continúan ayudando a sus comunidades adoptivas desde donde se encuentran. Esto gracias al apoyo de la Fundación Hostelling Internacional (HI), que se apresta a cumplir 15 años de silenciosa labor en Bolivia.

HI está activa en aproximadamente 30 localidades dispersas en el territorio boliviano y presentes en los diferentes pisos ecológicos, entre otros, la comunidad de Challa en la Isla del Sol, Puerto Quijarro, Camiri, Sucre, Cajamarca, Alcalá, Limabamba o El Villar. Ha recibido en estos 15 años recibió a voluntarios provenientes sobre todo de Alemania y Canadá. También llegaron de Francia, Brasil, Argentina, Suiza e Israel.

ECOS pudo constatar el trabajo social no remunerado de estos jóvenes extranjeros que llegan desde países lejanos para entregar su tiempo y su corazón donde más se los necesita, especialmente en escuelas apoyando la educación, en hospitales trabajando por la salud o, también, por el medio ambiente.

De viaje
Con la guía del presidente de la Fundación HI en Bolivia, Arturo Zamorano Villarroel, emprendemos un recorrido que tendrá como destino a la provincia Tomina de Chuquisaca. Comenzamos en Sucre para continuar por Tarabuco, Yamparáez, Zudáñez, Tomina, Alcalá y El Villar.

En el viaje se aprecia el cambio de paisajes, desde la aridez de las pampas de Yamparáez —donde se acaba de inaugurar el nuevo aeropuerto de Chuquisaca— hasta los valles húmedos de colinas verdes contrastando con macizos como los que se encuentran en la comunidad de Limabamba, ubicada entre Alcalá y El Villar.

Pero lo más importante de la travesía son las personas. Los voluntarios, con su compromiso y entrega, aun siendo apenas unos jovencitos, dejan todo para servir a los demás en lugares remotos, si se toma en cuenta sus lugares de origen.

La calidez humana de los maestros, los niños y autoridades de los municipios, sumada a la generosidad y el desprendimiento del equipo de Hostelling Bolivia, enseña que los sueños pueden convertirse en realidad.

Thea, en Tarabuco
En la primera parte del viaje nos acompaña Thea, la alemana que con mucha emoción se reencontró con sus queridos niños de la escuela y los guías, los esposos Alberto Tapia y Marlene Pedrazas, quienes administran el hostal HI Tarabuco.

Thea, a pesar del transcurrir de los años, nunca se olvidó de “su” comunidad. Nunca perdió de vista cuánto significó para ella, como ser humano, su Tarabuco.

Alcalá por los niños
Más adelante nos encontramos con Franziska, Sophie y Venera, también alemanas, voluntarias en Alcalá. Ellas prestan apoyo a la educación de los niños: les enseñan inglés, a jugar deportes y apoyan al kinder “Benjita”, una de las últimas iniciativas de Hostelling Bolivia, que vio la necesidad de tener un lugar para cuidar a los infantes mientras sus padres están trabajando.

Roger Zamorano es guía y mentor de las muchachas, quienes viven en el hostel de la Fundación que él administra, fungiendo además de director ad honorem del kinder.

En el té de bienvenida junto a toda su familia, entre ellos los voluntarios, está presente Erlinda Baptista, una joven alcaleña que tuvo la oportunidad de ir becada hasta Alemania por Hostelling Internacional Boliva que hizo los contactos.

Las puertas de Alcalá de Chuquisaca siempre están abiertas, con sus calles anchas y arquitectura colonial; bellas montañas que invitan a un paseo a pie; pozas de agua cristalina y tradiciones, que muestran la calidez de su gente.

Un “Volkan” en Limabamba
Volkan Turan es el nombre del voluntario alemán en Limabamba, la población que se encuentra pasando Alcalá. Como apasionado jugador de ajedrez, enseñó estrategias a los niños y adolescentes del colegio, y esto les ha permitido vencer a todos sus contrincantes en los Juegos Plurinacionales. Un gran orgullo para la comunidad.

Él vive solo en el internado de Limabamba y es el brazo derecho del Director de la unidad educativa, donde se desempeña como asistente, auxiliar docente y profesor de Inglés. Actualmente, monta una biblioteca. Por la ventana, muestra unos resbalines que estuvo instalando, regalo de  Dana Gerke una ex voluntaria que como él trabajo en esta escuela.

Volkan rezuma seguridad: ha cambiado respecto al joven timorato y algo asustadizo que llegó a Bolivia hace casi un año. Su misión está a punto de culminar: debe volver a Alemania, pero él no quiere irse. El director del colegio también desea que se quede un año más, pero otros voluntarios como él llegarán para continuar con su trabajo.

El Villar de la historia
Sus pobladores se hacen llamar “villarejos”, denominación que se aplica a todas las personas que aman El Villar, no importa si han nacido o no en estas tierras.
Se trata de una hermosa población rodeada por verdes montañas. Su historia se remonta a la época de la Guerra de Guerrillas, protagonizada por las huestes de Manuel Ascencio Padilla y las amazonas de Juana Azurduy. Es, actualmente, parte de la “Ruta de la Juana”, que es recorrida a lomo de caballo por jinetes que llegan desde Argentina.

En El Villar hay cinco voluntarios. Dos de ellas, Tina Arnold y Antonia Thielbeer, en las mañanas trabajan en la Escuela Primaria de El Villar y por la tarde administran el “Salón de Juguetes”, que Hostelling Internacional montó en un salón cedido por la parroquia del pueblo.

Deborah Buttner es voluntaria en la Escuela Zonal de Villarpampa y cada día tiene que caminar cinco kilómetros para llegar al “aula multinivel”, dirigida por el maestro Paulino Palacios, quien tiene niños de edades y niveles académicos diferentes.

Marie Eckert, en cambio, trabaja en El Dorado, una población cercana; lo mismo que Félix Theobald, que se desempeña en la comunidad→ →de El Rodeíto. Eventualmente, apoyan al Instituto de Educación Alternativa IPEPRO y forman parte de campañas de salud.

A la altura de la hospitalidad que caracteriza a los villarejos, Hostelling organizó un almuerzo con autoridades de la comunidad, entre ellos el alcalde saliente Mauricio Días Paredes y los directores de los colegios de primaria y secundaria, como es el caso del profesor Carlos Guerra, además de las voluntarias y el administrador del hostel de El Villar, Gastón Zamorano.

Una gran oportunidad para conocer sobre la impresionante caballería de El Villar, que se lució en la celebración del Bicentenario del Primer Grito de Libertad de América cuando los actos centrales se organizaron allí con la presencia del presidente Evo Morales e invitados especiales.

La Guerra de Guerrillas encontró en sus montañas los escenarios donde se libraron importantes batallas. En una de ellas Juana Azurduy arrebató, junto a sus amazonas, la bandera enemiga a los realistas. También en El Villar ella perdió a su marido, Manuel Ascencio Padilla, quien fue asesinado en El Abra de Yotala El Villar, exactamente donde está marcado con una cruz; una plaqueta recuerda este trágico momento. Regularmente, estudiantes y habitantes de la zona escenifican a caballo este suceso histórico.

En una reunión entre HI, el colegio Eduardo Abaroa y la Escuela Manuel Ascencio Padilla se hizo conocer las múltiples necesidades como el hecho de contar con tinglados en sus escuelas, contar con material inmobiliarios adecuado, computadoras y mejoramiento de los caminos de acceso al pueblo, entre las más relevantes.

Los voluntarios
Los jóvenes, generalmente recién bachilleres, postulan en sus países ante las instituciones de contacto de HI para hacer el “voluntariado anual”. Pueden escoger en qué clima desean vivir, pues el programa en Bolivia les ofrece los valles, los llanos, el altiplano o las montañas.

Cuando se trata de los voluntarios alemanes, el gobierno de su país o la Cruz Roja sustenta su permanencia en Bolivia durante ese año. Hace no mucho fue abrogada una ley que obligaba a los varones a hacer el servicio militar y, como alternativa, se les ofrecía realizar un servicio social en el extranjero. Aunque ya no hay una ley obligatoria, igualmente los voluntarios alemanes siguen llegando.

En Bolivia, la Fundación les provee alojamiento confortable: puede ser dentro de sus hostels asociados o en un internado rural o casa de familia. También cuentan con tres comidas al día y la guía de una persona mayor, que ellos llaman “mentor”.

Los chicos y chicas tienen que aprender en muchos casos desde levantar la mesa hasta lavar su ropa a mano. También deben acostumbrarse a la comida boliviana, ya que no reciben ningún trato especial. Para llegar a sus trabajos, en muchos casos, recorren varios kilómetros a pie sobre caminos de tierra; apenas detalles de adaptación a un cambio radical en sus vidas. Algunos coinciden que en sus países se vive “a la carrera”, nadie tiene tiempo y todos están preocupados por ganar dinero y acumular cosas materiales.

En Bolivia encuentran una perspectiva diferente de la vida, que demanda de ellos esfuerzo y perseverancia. Están sujetos a horarios y una disciplina de trabajo supervisada por la autoridad —a la que ellos se sujetan—, ya sea un director de colegio o instituto, un jefe en un hospital, etc.

Por lo general llegan a ser personas queridas, necesarias y hasta importantes en su comunidad adoptiva, que los incluye en todas sus actividades.
Muchos de los que han trabajado en hospitales entraron sin tener experiencia, pero allí los médicos los capacitaron para que pudieran ser auxiliares de utilidad, conforme a la Ley del Voluntariado 3314. En algunos casos, tales experiencias les han servido de orientación para el momento de elegir sus carreras profesionales.

A lo largo del año, los jóvenes participan en tres seminarios. El primero es de introducción a los usos y costumbres de Bolivia y las regiones donde irán. El segundo, una valoración en la mitad de su estadía; y el último y más importante, el que recoge sus vivencias y sugerencias, que marcan el norte del trabajo de la Fundación.

La logística del viaje estuvo a cargo de Hostelling Internacional, que en Sucre está ubicado en la calle Guillermo Loayza Nº 119. Teléfono 6440471. página web: www.hostellingbolivia.org.

Volkan Turan es el nombre del voluntario alemán en Limabamba, la población que se encuentra pasando Alcalá. Como apasionado jugador de ajedrez, enseñó estrategias a los niños y adolescentes del colegio, y esto les ha permitido vencer a todos sus contrincantes en los Juegos Plurinacionales. Un gran orgullo para la comunidad

HOSTELLING: UN GRANITO DE ARENA
La Fundación Hostelling Internacional trabaja sobre la base de un profundo respeto por la institucionalidad, alcanzando relaciones de amistad y alianzas estratégicas con autoridades de educación, salud, medio ambiente, eclesiásticas, etc. quienes en conjunto impulsan varios proyectos. Este es el caso de la campaña “Ratón Pérez”, que vela por la higiene bucal de comunidades alejadas pues llegan dentistas profesionales y estudiantes de odontología como voluntarios para hacer curaciones con equipos odontológicos móviles de la Fundación.

HI también impulsa viveros para la reforestación en varias zonas. Actualmente, en El Villar acaban de fundar, junto con la Iglesia Católica y la Alcaldía, un centro de acogida para ancianos y, en coordinación con los colegios de esa misma comunidad: Eduardo Abaroa (secundaria) y Manuel Ascencio Padilla (primaria), elaborarán un texto guía de inglés para todos los maestros. Se espera que este libro pueda ser de utilidad para todos los profesores bolivianos del área rural y respaldar la Ley Abelino Siñani.

Arturo Zamorano no se equivoca cuando dice que HI, a través de sus voluntarios, hace un gran trabajo de relaciones internacionales y promoción turística, beneficiando a Bolivia de forma exponencial. En efecto, cada voluntario que vuelve a su país luego de estar en el nuestro, se constituye en portavoz de nuestra riqueza cultural, natural y humana. Por cada uno de los que se van, pueden ser varias decenas de personas las que llegan con el interés de conocer Bolivia.

En ese afán se promueve el turismo brindando una red de aproximadamente 80 hostales económicos con un alto nivel de confort. Así, HI cede su marca a lugares de hospedaje que cumplen con sus expectativas, dándoles a los viajeros la posibilidad de conocer Bolivia con un presupuesto de alojamiento razonable y de buen nivel.

“No somos los salvadores de la patria, pero estamos poniendo nuestro granito de arena”, dice con humildad Zamorano al momento de reflexionar sobre el trabajo de esta Fundación a lo largo de los 15 años que lleva en nuestro país.

Ese granito de arena que ha llegado a constituir montañas de solidaridad merece el reconocimiento de las instituciones del Estado, por la labor que realiza HI en las zonas periurbanas y rurales del país.

HOSTELLING INTERNACIONAL EN BOLIVIA
Arturo Zamorano comenta que fue su madre, Nelly Villarroel, la primera en soñar con una fundación de estas características. La semilla de la que germinó el proyecto con el trabajo de ella, sus hijos y su yerno, Max Steiner, quien es vicepresidente de Hostelling Internacional en Bolivia y funge como presidente de la misma en el exterior.

“Retribuir a la patria algo de lo recibido, pagar esa deuda moral, es lo menos que puede un ciudadano hacer”, dice Zamorano, quien tuvo el rango de Mayor en el Ejército y se deja impulsar por ese espíritu patriótico.

¿Qué es HI?
Es más de 80 asociaciones de hospedajes juveniles repartidos en todos los pisos ecológicos de Bolivia. Promueve la paz, armonía y comprensión entre los seres humanos.

Es un canal seguro y serio para que jóvenes extranjeros, sobre todo de Alemania y Canadá, vengan a Bolivia a trabajar en comunidades que necesitan apoyo.
Recibe voluntarios de todas partes del mundo que pueden hacer algunos meses de voluntariado o quedarse un año completo, teniendo la posibilidad de escoger en qué región quieren trabajar sin recibir ninguna remuneración.

Tiene una logística organizada que coordina todas las actividades de sus voluntarios con las instituciones legalmente constituidas en los municipios, que expresan su necesidad de apoyo ya sea en escuelas, institutos de educación, hospitales o en bosques, como es el caso del Centro Ecológico Juvenil de Cajamarca en Chuquisaca.

Brinda a los jóvenes una guía adulta a través de los “mentores”, quienes son los responsables de velar por sus necesidades básicas y darles el apoyo necesario en su desinteresada misión.
Garantiza para los voluntarios un alojamiento con el mínimo de confort, ya sea en alguno de los hostales asociados, en un internado rural o en una casa de familia.

Además de la enriquecedora experiencia, la ganancia de los voluntarios es aprender el idioma castellano y conocer a fondo otras culturas del Estado Plurinacional de Bolviia.

Coordina la demanda de voluntarios a través de instituciones internacionales como la Cruz Roja Internacional, Volunta de Alemania y Horizon Cosmopolintanen Canadá.

Los gobiernos o instituciones patrocinadoras de los voluntarios financian su estadía en nuestro país.

El amor de los voluntarios al servicio de las comunidades con mayores necesidades. En la foto, Deborah ButnnerDelante de la infraestructura del Hi Hostel de Alcalá. Arturo Zamorano, el voluntario Volkan TuranPaulino Palacios, profesor del Aula Multinivel de Villarpampa, con sus alumnos. A su izquierda, la voluntaria Deborah.La joven exvoluntaria alemana Thea junto a Alberto, su guía, en el patio del hostal de Tarabuco
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