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A TI, JOVEN CAMPESINO

Padre Doroteo… ¡ese río desbordado!

19 Enero 2019P. Pedro Rentería Guardo

Necesito pedir perdón o permiso a un poeta, escritor y periodista español. Se trata de Miguel de Santiago. Es que he tomado copiado para el título de este artículo el de su libro en que relata la vida y obra del sacerdote D. Doroteo Hernández Vera. Creo que no necesitas muchas explicaciones, amiguito, sobre el padrecito que hoy motiva esta columna. Sé que has oído muchas cosas buenas en el hogar-internado donde vives. Lo que él pensó, organizó e hizo realidad.

Quizá no vivamos hoy tiempos fuertes para escribir los avatares que forjaron la santidad de quienes han querido dejar una humilde, pero fecunda, huella en la historia de la Iglesia. Parece que los tiempos que nos tocan vivir miran demasiado el presente y el futuro de los logros tecnológicos del ser humano. Y poco el pasado de las anónimas y brillantes biografías de quienes, en verdad, influyeron en la humanidad y sabiduría de muchos. Y siguen influyendo.

Recuerdo que una vez me preguntaste –a pesar de todo eso que oyes hablar de él– quién fue el Padre Doroteo. Mi respuesta resultó breve:

- Fue un hombre bueno a quien le preocupó el desarrollo y la evangelización de niños, jóvenes y adultos, ya en aquellos lejanos años de la posguerra civil en su país, España.

Y añadí que en su mente no entraba la idea de que la miseria, el hambre, la soledad habitaran en el corazón de las gentes. Pero tampoco el no conocer el Evangelio, el no vivir los Mandamientos de la Ley de Dios, los Sacramentos y sus virtudes… El que Papá-Dios no habitase en esos mismos corazones.

D. Doroteo Hernández Vera, fundador del Instituto Secular Católico Cruzada Evangélica, presente en Europa, África y aquí, en Guatemala, Perú y Bolivia, fue el artífice de esta gran obra que navega, no sin dificultades, en lugares de necesidad, marginación y exclusión.

Desde aquel lejano año 1937, en que fundó su Instituto, las “seños” Cruzadas –como te gusta llamarlas– son las dóciles e infatigables manos que hacen realidad los sueños del Padre Doroteo. De ellas podemos escribir que también son buenas mujeres, llenas del espíritu, de la inspiración, de la valentía que el Fundador sembró, dando cauce y forma a sus inquietudes juveniles de generosa entrega a los demás.

Nombrado hace poco “Venerable Siervo de Dios” por el Papa Francisco, creemos que está más cercana la declaración oficial de su probada santidad. Un día nos alegraremos de cómo la Iglesia le añade a su nómina de gentes “buenas”, de santos, de esforzados por la bendita causa del Reino.

Hablaríamos no de uno, sino de muchos milagros salidos de sus manos de sacerdote desprendido. Aquel pequeño que nació en 1901 en un pueblecito de la provincia de Soria, aprendió en contacto con su mundo católico –padres de gran fe y ambiente de respeto a lo religioso y de prácticas piadosas–, a ser un niño, adolescente y joven entregado al Señor y a las personas.

Diríase que en su cauce humano, en su humanidad, no cabían del todo los grandes deseos de anunciar la misericordia y ternura de Dios Padre. Como un río desbordado necesitó prodigarse en la escucha, en la formación, en la atención material, en la enseñanza espiritual… Eso que hoy nosotros hemos recibido como herencia y responsabilidad.

Quisiera para vosotros, jóvenes de los diferentes Centros que dirigen las Cruzadas, una vivencia de fe y de cuidado por los demás que desborden también los, a veces, estrechos límites en que se mueven las vivencias juveniles.

Los vuestros son años de generosidad, de ideales, de mirar el futuro con el empeño de afrontarlo valientemente a pesar de las muchas dificultades que, sin duda, surgirán. Todo menos la indiferencia, la flojera, el dejar que la vida pase sin más.

Sed protagonistas creativos de los próximos años. A ejemplo del Padre Doroteo, misionero perseverante, que las ganas y el entusiasmo se desborden incluso más allá de nuestras fronteras.

(Quienes hayan recibido algún favor o milagro de este Padre Fundador, comuníquense con las señoritas Cruzadas. En Sucre se encuentran en la calle Loa Nº 541, al teléfono 64 – 60812 y al celular 65077096)

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