Cuando uno se pregunta quién será el próximo presidente de Bolivia, no puede dejar de pensar en el fenómeno Evo Morales. Por lo general cualquier político, cuanto más tiempo permanece en el poder, más es rechazado por los ciudadanos que lo eligieron; en el caso de Morales el fenómeno ha sido distinto porque ha sumado más electores, hasta que se develó el caso Zapata. Desde ese momento, Morales se ha convertido en el saco de boxeo de la oposición. “No hay peor enemigo de un político que otro político que aspira a sentarse en la silla que él ocupa”.
En esta batalla épica entre el oficialismo y la oposición surgen los mesías que prometen el cielo, con tal de lograr el tenaz objetivo de llegar al poder. En nuestro país, está absolutamente claro que la gente suele dejarse cautivar por estos tóxicos personajes que tienen más ambiciones que buena voluntad. Todo político que está en el poder, de quien más debe cuidarse es de su entorno más cercano. “No te preocupes tanto por los adversarios que están abiertamente contra ti, cuídate más de quienes intrigan y conspiran a tus espaldas, recela de tus lugartenientes, alguno de ellos tratará de apuñalarte”.
Al margen de ello, tus abiertos enemigos, los que no llegaron al Gobierno porque les ganaste las elecciones, harán todo cuanto puedan por agriarte la vida, tenderte zancadillas, intrigar con bajezas y meterte en un calabozo. Por consiguiente será inevitable hacerte las siguientes preguntas: ¿Valió la pena conocer las glorias del Gobierno, escuchar el susurro baboso de los adulones, ser el mandamás, andar con guardaespaldas, viajar en avión presidencial, para terminar siendo traicionado por tus mismos mermeleros? ¿Tuvo sentido hacer sacrificios enormes, casi heroicos, procurando mejorar la vida de los demás, para que la de uno mismo se vaya al carajo y termine en el exilio? Y vamos a suponer que pese a todo y a todos, ¡ganas!, los que perdieron, que serán medio país y un poco más, y un poco más, según pasan los meses después de tu victoria; no descansarán en sabotear los esfuerzos de tu gobierno, y te pondrán palos en la rueda y harán todo cuanto puedan para que tu mandato fracase. No pensarán en lo que es mejor para el país, pensarán en lo que es mejor para ellos. Y lo que ellos quieren, es llegar cuanto antes al poder. Y para eso necesitan con urgencia que quien les ganó y está en el poder fracase miserablemente.
Nuestra sociedad anestesiada por la perfidia mediática, no recordará las cosas buenas que hiciste, sino los escándalos que salpicaron tu gestión. La memoria colectiva es así: prescinde lo bueno y recuerda lo malo. Puedes haber sido un gran presidente, pero si una noche te tomaron una foto orinando en la calle, te recordarán por eso. Si descubren que tenías una amante, te recordarán por eso. Si durante tu gestión ocurrieron desgracias imprevisibles, dirán que debiste haberlo sabido, que tu negligencia es la causa de todos los males. En política no hay final feliz; y todos los que hemos trabajado con políticos lo sabemos. La política no es oficio para corderos, sino para lobos; no para erizos, sino para zorros. El que entra en política tiene que tener la piel de elefante y la memoria también.