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El pensamiento comunicacional de Luis Ramiro Beltrán

13 Julio 2015Manuel Chaparro Escudero
"Beltrán dedicó su vida a la búsqueda de una comunicación más justa."

"Beltrán dedicó su vida a la búsqueda de una comunicación más justa."

No es de extrañar por tanto, que fuera un boliviano nacido en Oruro quien se atreviera a darle la vuelta al paternalismo difusionista estadounidense y hacerles comprender y recordarles que la información no es comunicación, que comunicación es un diálogo entre iguales y las tecnologías de la información deben facilitar este diálogo de la construcción social permanente, que su modelo comunicacional debía ser corregido y transformado para recuperar la dirección correcta.

Los más in?uyentes investigadores, como reconoció David Berlo (director de su tesis en 1972), tuvieron que aplicarse en revisar sus escritos y entre ellos el más leído e in?uyente en su época Everett Rogers. Pocos años más tarde Rogers no solo discernía sobre el verdadero sentido de la comunicación, también de las contradicciones del modelo desarrollista, que, como recuerda Servaes en un histórico artículo, basa sus indicadores en meras cifras macroeconómicas cuantitativas: «India, China, Persia y Egipto eran antiguos, viejos centros de civilización [...], sus ricas culturas han provisto de hecho la base de las culturas occidentales contemporáneas [...], su vida fa- miliar brinda una intimidad más cálida y sus logros artísticos fueron más grandes, esto no es desarrollo. No podría ser medido en dólares y centavos» (1976).

Las teorías de comunicación dominantes desde hacía treinta años fueron revisadas y cuestionadas con atrevimiento, pero también con la certeza que la misma realidad imponía. Aquella comunicación para el desarrollo no era sino un ejercicio de dominación que seguía subyugando con prácticas colonialistas a aquellos a los que se pretendía liberar de la lacra del subdesarrollo. El subdesarrollo marcaba en punto de in?exión entre quienes tenían acceso a la sociedad de consumo y quienes no disponían de moneda para comprar lo que se ofrecía, fuese o no de utilidad.

Luis Ramiro Beltrán se convirtió en el catalizador de un pensamiento latinoamericano que ejercería una gran in?uencia en todo el continente. Dolía la tierra, dolía ver como el desarrollismo impuesto como una noble aspiración estaba creando bolsas de miseria en todos los países latinoamericanos, como los avances democráticos no se producían por la resistencia de las oligarquías y su alianza con la política hegemónica de los Estados Unidos. Los medios eran re?ejo de esta realidad, no existía una voluntad emancipadora, eran propiedad de élites dispuestas a negar cualquier principio de progreso que signi?cara compartir la riqueza.

La llamada Escuela Crítica Latinoamericana, de la que Luis Ramiro Beltrán fue pionero, cuestionó la comunicación dominante, el sistema vertical de imposición de imaginarios, como uno de los principales problemas para el progreso en la región y defendió la comunicación como ejercicio de liberación y gobernanza ciudadana.

Pasquali y Beltrán, junto a Verón, Marques de Melo y Bordenave, fueron pioneros y ejercieron una gran in?uencia. El primero desde el cuestionamiento a la estructura de medios dominante en la información y marcando diferencias con la comunicación como proceso democrático y de apropiación. En Beltrán encontramos estas mismas ideas pero va más allá en su obsesión por buscar y plantear soluciones. ¿Cómo puede y debe ayudar la comunicación al progreso? ¿Cómo usar la comunicación para implementar conocimiento en la producción agrícola, en la salud, la educación, en la democratización? Beltrán en este empeño se convertirá en el impulsor, defensor y formulador de las políticas públicas de comunicación, como paso imprescindible para impulsar las medidas legislativas que hagan de la comunicación el eje que facilite la transformación social y permita el acceso a sociedades libres y desarrolladas. La importancia de la Conferencia de Costa Rica en 1976, el Nuevo Orden Mundial de Información, el Informe MacBride, son hechos históricos imposibles de entender sin la in?uencia que un paciente y meticuloso Beltrán supo transmitir. Él fue el encargado de elaborar eldocumento de debate de la Reunión de Expertos Latinoamericanos en Políticas de Comunicación convocada en Bogotá en 1974. En una primera reunión celebrada en París (1972) la Unesco, como recuerda Exeni, ya había identi?cado los problemas capitales de la comunicación al denunciar la «identi?cación entre poder y medios, la relación entre tecnologías de comunicación y un posible desplazamiento de las economías desarrolladas hacia actividades de información y comunicación, el manejo comercial o político de los medios de control social» (1998), discursos críticos que estaban surgiendo desde América Latina.

Las conclusiones de Bogotá se trasladaron a la Primera Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación en América Latina y el Caribe celebrada en 1976. No eran buenos tiempos, las dictaduras latinoamericanas estaban alargando su sombra de la mano de EEUU.

Aun así, la Declaración de Principios de aquella Cumbre sigue siendo un referente esencial y dio pie a la Unesco y a los Países No Alineados a
buscar caminos de emancipación propios.

En Beltrán también está la inevitable in?uencia que en América Latina y en aquel contexto reivindicativo tuvo Paulo Freire y su pedagogía de la liberación que acabará por alimentar la comunicología de la liberación. Existe aquí una cuestión crítica que no debe escapar a quien se enfrente a los escritos de Beltrán, de Bordenave y sus coetáneos como impulsores de la comunicación como factor imprescindible de progreso.

Freire no se re?rió a la cuestión del desarrollo a la hora de centrar sus objetivos pedagógicos, educación y comunicación eran las puertas a la emancipación a la liberación individual y consecuentemente colectiva.

En su modelo pedagógico la comunicación es el principio que suscita y despierta la inquietud del conocimiento y la libertad que este produce para tomar decisiones de gobierno personal y colectivo en la vida. Sin embargo, sorprendentemente, parte de los educadores que reivindican el pensamiento de Freire hablan de educación para el desarrollo y lo mismo ha ocurrido con quienes identi?can la comunicología de la liberación con la comunicación para el desarrollo.

 A ?nales de los años sesenta se produce una eclosión de pensamiento crítico contra las políticas desarrollistas. Es el comienzo de las denuncias del fracaso del modelo y de la imposibilidad material de alcanzar los objetivos. Georgescu Roegen, la Fundación Dag Hammarskjöld, Faletto y Cardoso y hasta la propia Unesco. Era obvio que el modelo de vida estadounidense no era trasplantable sin altísimos costes para la ciudadanía y los ecosistemas de los países marcados por el estigma del subdesarrollo, llegar a la sociedad de consumo no presuponía, además, ninguna garantía de mejora estructural, ni de felicidad como se estaba demostrando. Era del todo obvio que solo perseguía ensanchar las fronteras de la sociedad consumista y explotar recursos ajenos. Esta fue una de las razones de que Latinoamérica se llenara de brutales dictaduras.

Nadie ni nada podría oponerse al guión del desarrollo escrito por las corporaciones y dictado a la política exterior de EEUU.

Los textos de Beltrán, como los de su gran amigo Bordenave, están llenos de cuestionamientos críticos al desarrollismo, pero desde su fe en querer cambiar las cosas llegan a hablar de la necesidad de buscar «otro desarrollo» o «rede?nir» el desarrollo para alejarlo de la conceptualización economicista. Aquí la utopía comienza a transformarse en quimera porque el desarrollo no admite cambios. Es un modelo económico vertical, basado en el crecimiento permanente como único ?n. Carece de una estrategia para redistribuir bene?cios y niega las políticas públicas por ir contra el mercado al ser intervencionistas. El desarrollo dejó de ser una «ciencia» de la evolución de las especies, el crecimiento natural y su adaptación a los ecosistemas para convertirse en una «ciencia» economicista y especulativa, o, como bien dice Rist, convertirse en una nueva creencia exclusivamente occidental, donde nada es posible en la vida sin generar el crecimiento económico que permita poder intervenir en la transformación social. Este principio era nuevo en la historia de la humanidad y en él no existe el derecho a la otredad, todo debe responder a una homogeneización de culturas, lenguas y comportamientos para favorecer las pautas del mercado y su ambición permanente de «más es mejor».

La vigencia del pensamiento de Beltrán nos lleva precisamente a revisar las estrategias de comunicación e información puestas en marcha para democratizar continentes y países, para observar cómo estas voluntades han sido traicionadas por gobiernos y sus alianzas con las corporaciones.

La amistad con Luis Ramiro Beltrán me ha permitido compartir esta perplejidad y la conveniencia sobre si seguir hablando de una comunica ción para el desarrollo o simplemente de la comunicación como motor de un conocimiento colectivo generador de la capacidad para la toma de decisiones libres y responsables. Y efectivamente, la comunicación para el desarrollo que predican Beltrán y sus coetáneos, persigue la democratización y el reconocimiento a una vida en igualdad de derechos.

BELTRÁN EN BREVE
Luis Ramiro Beltrán Salmón (Oruro, Bolivia, 1930-La Paz, 2015), periodista, escritor y teórico de la comunicación. Hijo de Luis Humberto Beltrán y Bethsabé Salmón, ambos periodistas.
Las principales áreas de estudio han sido:
• La incomunicación de las áreas rurales y regiones, debido al modelo dominante de oligarquía y dependencia del exterior.
• Las Políticas Nacionales de Comunicación, que buscan la democratización de la comunicación.
• La creación de un nuevo orden internacional de la información y la comunicación.
• La configuración de un modelo de comunicación alternativo “horizontal”, es decir, donde el emisor no estuviera en una posición superior a la del receptor, para generar una comunicación más abierta y democrática.
• La formación de inventarios regionales críticos de estudios en comunicación.
• La crítica a las teorías y métodos de información y comunicación exteriores, pues no se adaptan a la realidad y necesidades latinoamericanas.

 

RECONOCIMIENTOS
En 1983 fue el primer ganador del Premio McLuhan-Teleglobe del Canadá, galardón mundial que dos años más tarde fuera conferido tambien a Umberto Eco. Además del Cóndor de los Andes, fue objeto de otras distinciones bolivianas. La alianza de las ocho agrupaciones profesionales de comunicadores latinoamericanos le confirió en 1995, en Quito, su más alta distinción. Y dos años después la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación lo nombró su Miembro Honorario. En 1997 la Universidad Metodista de Sao Paulo y la Unesco realizaron un seminario internacional de recuento de su trayectoria como investigador y publicaron al año siguiente un libro con las ponencias . En ese mismo año ganó el Premio Nacional de Periodismo de Bolivia. Y en 1999 la Universidad Católica Boliviana estableció en su honor la “Cátedra Luis Ramiro Beltrán”. También fue varias veces miembro del Tribunal de Honor de la Asociación de Periodistas de La Paz.

 

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