Compradores de ilusiones en una economía “de Alasita”
Un cálculo efectuado por CAPITALES determina que cada visitante adulto de la feria puede llegar a gastar un promedio de Bs 110.
En julio, a lo largo de diez días, la feria de Alasitas se convierte en el mayor mercado de ilusiones en Sucre. Miles de personas no escatiman en billetes, sobre todo en monedas, para adquirir los bienes soñados: la ansiada casa propia, un vehículo, un negocio, un título profesional, fajos de dólares, de euros y de bolivianos, “para que no falte dinero”. Todo en miniatura y con la creencia de que el próximo año se convertirá en una milagrosa realidad.
16 de julio. Los relojes marcan las 12:00 y una multitud de gente se apresta a seguir la tradición pagana, en fila, de cara a los puestos de los bienes materiales; deben concretar su compra a la hora en punto. Poco después, ocurre lo mismo pero en la capilla: cumplen con la promesa religiosa de bendecir sus bienes en miniatura para finalmente ofrecérselos a la Virgen del Carmen.
Oferta variada
La feria de Alasitas no comprende solo la compra de pequeños bienes con la esperanza de que un día crezcan; también está la correspondiente ch’alla. Y existe una norma impositiva de “cumplimiento obligatorio” que los vendedores conocen muy bien: ir con la billetera llena para gastar.
La oferta es grande y variada. Además de los diminutos productos, tienen alta demanda los agoreros que leen la suerte en naipes, coca o en plomo para saber cómo le puede ir al consultante en el amor, los estudios, el trabajo, la salud, o si su economía estará estable. El costo: Bs 10 por persona.
Un cálculo efectuado por el suplemento CAPITALES determina que cada visitante adulto de la feria puede llegar a gastar un promedio de 110 bolivianos, tomando en cuenta los precios más bajos de una variedad de productos y servicios casi imposible de eludir.
A saber: La ch’alla (entre Bs 15 y 25), más la compra de una casa (entre Bs 15 y 70), de un auto (entre Bs 10 y 50), de un negocio (Bs 20 a 50, dependiendo el tamaño y el modelo), de un título profesional (Bs 15), de un anticucho (Bs 10), el paso por el sector de repostería (cinco masas por Bs 10), alguna suerte sin blanca (entre Bs 1 y 10), tiro al blanco (Bs 5), dulces (entre Bs 1 y 5), tostados (Bs 5) y refrescos (Bs 2 a 5).
El monto calculado varía de acuerdo con la capacidad de gasto del comprador de ilusiones, más la salvedad de que alguno de los productos mencionados puede ser reemplazado por otros.
Un añadido importante es el hecho de que a las Alasitas no se acostumbra ir solo, sino con la familia entera. Así, la estimación no tiene techo, más aún cuando hay niños que se deslumbran frente a la oferta interminable que incluye, para su completa fascinación, juegos.
Según el economista Ricardo Baldivieso, en la zona de Noria Alta se estima que durante la feria se realizan transacciones de entre 2 y 3 millones de dólares, sin contar gastos del desfile folclórico ni los emergentes de la compra de miniaturas.
Un millar de ofertantes
Lo cierto es que en este evento tradicional se reúnen aproximadamente un millar de artesanos y comerciantes provenientes de Sucre, La Paz, unos cuantos de Potosí y de Cochabamba, especialmente, divididos por sectores: Artesanías en miniatura, comidas, refrescos, repostería, juegos de azar, móviles, productos de yeso, joyeros, lectores de suerte, cestería, marroquinería, carpintería, plantas, bisutería artesanal, tejidos, costura, objetos de arcilla, entre los más importantes.
CAPITALES evidenció que no todos los comerciantes elaboran sus propias artesanías para ponerlas a la venta: hay quienes las compran a terceros. Además, existe una gran diferencia en la inversión realizada por un comerciante artesano respecto a otro, que parte desde Bs 100 (juegos de azar) hasta más de Bs 10.000 (joyería en plata).
Muchos trabajan con créditos de entidades financieras, préstamos familiares e incluso productos en consignación. Los menos cuentan con capital propio. Hasta la fecha, no se conoce de ningún estudio serio sobre la cantidad de consumidores o el movimiento generado por esta feria, si bien importante, asentada en Sucre, una economía vulgarmente considerada como “de Alasita”.
10.000 BOLIVIANOS
puede llegar a invertir un comerciante artesano para la feria de Alasitas en Sucre, si es que incursiona —por ejemplo— en el rubro de joyería en plata.
El monto varía de acuerdo con el rubro. Las inversiones parten desde los 100 bolivianos, para los juegos de azar más sencillos.
BS 700 POR 10 DÍAS
Pagan algunos comerciantes del interior del país por el alquiler de una habitación grande durante su estadía en Sucre.
FRASES
Verónica Peñaranda Taller Agrodeli - LA PAZ: “Vale la pena todo el sacrificio que se hace porque lamentablemente en el país no hay fuentes de empleo”.
Graciela Escalera Asociación Nuevos Horizontes - COCHABAMBA: “Yo quisiera que las autoridades de Sucre nos den agua y baños, así como lo hacen en La Paz y Santa Cruz”.
Carmen Nisaus Comerciantes Viajeros - LA PAZ: “Me da pena de los comerciantes de productos chinos y coreanos: no les dijeron a tiempo que no podían venderlos”.
Cristina Terceros Productores del Valle - Cochabamba: “Llego a Sucre desde hace diez años. Duermo en la caseta para ahorrar. Recorro todos los departamentos”.
Marina Mendoza Sindicato de Viajeros - LA PAZ: “Vale la pena el esfuerzo del viaje y la incomodidad. También aprovechamos para que nuestros hijos conozcan otros lugares”.
Son días de infierno...
“El chofer Gerardo Rodríguez solicita a las nuevas autoridades de la Alcaldía de Sucre que habiliten para el próximo año un campo ferial, donde se pueda realizar la feria de Alasitas, porque su actual ubicación genera un verdadero caos vehicular en la ciudad.
“Yo soy profesor, pero estoy sin trabajo y laburo como taxista para poder vivir y mantener a mi familia. Para mí, estos días son un infierno, gasto el doble o el triple en gasolina debido a la feria. Debo dar muchas vueltas para dejar a mis clientes en su destino”.
* Por un espacio de dos metros que les concede la Alcaldía, los vendedores pagan Bs 63.
* Los del interior aseguran que la estadía en Sucre les resulta costosa. Para ahorrar, optan por alquilar una habitación que a veces es utilizada hasta por tres familias.
* Los alquileres oscilan entre 300 y Bs 700 bolivianos, dependiendo del tamaño.
* Varios propietarios de casas particulares situadas a lo largo de la feria de Alasitas alquilan sus baños a Bs 1 por cada ingreso, sean niños o adultos.
* Los comerciantes compran a los vecinos dos litros de agua en Bs 1.
* Consiguen desayunar por 5 a 7 bolivianos, por el plato de comida más económico pagan Bs 6, por un almuerzo entre 12 y 15 bolivianos y por un plato extra, Bs 25 o más.
* Pagan también por el uso de duchas, entre 5, 6 o 10 bolivianos, dependiendo de los minutos.
* La mayoría de los comerciantes revelaron a CAPITALES que se dedican a esta actividad porque no tuvieron apoyo para poder estudiar una carrera.
Alasitas: oportunidad o amenaza
Ricardo BALDIVIESO
Dadas las reducidas opciones económicas relativamente rentables, un evento que reúne a miles de ciudadanos es una alternativa que no se deja pasar por alto por productores y vendedores —quienes buscan los mejores precios a su oferta—, ni por consumidores —quienes buscan los menores precios alternativos.
Se puede estimar (en un escenario pesimista) que durante la feria de Alasitas de la zona Noria Alta se realizan transacciones por 2 a 3 millones de dólares (21 millones de bolivianos), sin considerar los gastos del desfile folclórico ni los emergentes de la compra de miniaturas alusivas a las esperanzas e ilusiones de los compradores.
La mayor motivación y concientización por promover, preservar y cultivar las tradiciones culinarias, recreativas y artísticas de antaño permite visualizar una excelente alternativa para promover emprendimientos productivos orientadas al mercado interno y a futuro externos.
Esta es una de las pocas alternativas económicas cuyo principal sustento no es la “calidad” del producto en sí, sino lo que este representa. Es el contenido subjetivo, emotivo y sentimental de esperanzas, ilusiones, y la forma en que se lo transa, lo que se valora y hace de esta feria una oportunidad inmejorable, por lo menos, en el corto plazo.
Si bien no se valora tanto la “calidad” del producto, no implica que no se la mejore ni que se busquen innovaciones en sus atributos, así como las mayores y mejores esperanzas e ilusiones para sus demandantes. Esto permitiría abrir mercados externos.
Los procesos productivos de estos bienes y servicios no demandan alta tecnología, ni son intensivos en activos fijos; sí más bien requieren de muchas horas de trabajo y de trabajadores. Esta característica fue muy aprovechada por los internos de los penales de La Paz.
También se benefician las actividades vinculadas al turismo, en sus diferentes formas y orígenes, como el turismo de productores y vendedores que vienen como ofertantes y luego se convierten en consumidores de: albergues, alimentos, servicios públicos y de otros bienes.
Además, turistas nacionales y extranjeros disfrutan de una mini entrada folclórica y del comercio basado en las ilusiones (que con seguridad también las tienen), utilizando servicios de transportes, comunicaciones hotelería y gastronomía.
Lamentablemente por la contaminación cultural, la débil motivación para mantener las tradiciones y el descuido de las autoridades, la venta de artículos que no tienen relación con la feria, su contenido y mucho menos con nuestras tradiciones, fue ganando espacio y presencia en las Alasitas. Aún estamos a tiempo. Protejamos y potenciemos nuestra economía.