"Un emprendimiento familiar que dio origen a una empresa exitosa"

Arturo Pabón Zamora, miembro de una familia de emprendedores. CAPITALES

Arturo Pabón Zamora, miembro de una familia de emprendedores. CAPITALES

Arturo, Cinthia, Martha Zamora, Hernán y Luis Pabón Zamora. CAPITALES

Arturo, Cinthia, Martha Zamora, Hernán y Luis Pabón Zamora. CAPITALES


    Texto: REDACCIÓN CAPITALES
    Capitales / 27/11/2018 07:34

    Pizzería Napolitana nació hace 37 años como una empresa familiar con el propósito inicial de experimentar la venta de pizas elaboradas en casa por doña Martha Zamora de Pabón, cuya habilidad en el preparado de ese producto era solamente compartida por el círculo familiar y sus amistades.

    La familia, aunque de origen tarijeño y sucrense, residía hasta entonces en Oruro, pero un cambio de destino en el trabajo del jefe familiar hizo que nuevamente se diera la oportunidad de trabajar en su propia tierra.

    “En realidad mis papás decidieron cambiar de ciudad, nos trasladamos de Oruro a Sucre; mi papá se vino antes porque le dieron trabajo en la Caja Nacional de Salud (CNS) y me vine con él para hacer una pizzería , puesto que mi mamá hacia pizas en la casa para los amigos y les gustaba mucho. Compramos un horno, hicimos pruebas durante un mes y luego abrimos la pizzería, el primer día hubo muchísima gente pero nadie conocía casi la pizza en Sucre, nos preguntaban qué era, y teníamos que explicarles el proceso y los ingredientes, pero poco a poco fueron conociendo. Fue la primera pizzería abierta a todos”, recuerda Cinthia Pabón Zamora.

    El dinamismo que irradiaba don Hernán (médico de profesión) hizo que toda la familia se volcara a colaborar en el negocio familiar desde un principio.

    “Esto fue en marzo de 1981, pintamos los muebles e hicimos la mayor parte de las cosas. El objetivo era siempre el trabajo, pero no era nuestra actividad principal, estudiábamos y nos turbábamos en los horarios para trabajar. Empezamos en la calle Calvo durante tres meses, luego vinimos a la (plaza) 25 de mayo, cerramos después unos meses y abrimos como heladería. Abríamos hasta las cinco de la tarde, después fuimos a la Audiencia y solamente nos daban permiso por las mañanas, por eso hicimos una heladería. En esa época mi hermano Luis llegó de Estados Unidos y pidió permiso para reabrir aquí en la Plaza. Recuerdo que trasladamos todo en un mismo día y en la noche ya abrimos para atender”, comenta por su parte Arturo Pabón.

    Pero la actividad del negocio no se limitaba solamente a la elaboración de pizas, sino que también fue incursionando en la producción de helados artesanales.

    “Hicimos helados artesanales con calidad italiana, comprábamos materia prima de Argentina y ofrecíamos veinte variedades. Hacíamos los menús a mano o en máquina de escribir, viajábamos y siempre traíamos algo nuevo. En realidad hemos enseñado a hacer pizza aquí a la gente. Aunque hamburguesas siempre habían en Sucre, nosotros también las hicimos, después comenzamos con las salchipapas”, agrega Cinthia.

    Pizzería Napolitana fue también una de las primeras empresas que comenzó a comprender la importancia de la industria turística en Sucre y la necesidad de brindar a los visitantes, sobre todo extranjeros, un servicio de calidad y con características similares a las de otros países. Esto le permitió acomodarse a las exigencias de esa clientela y también ir ampliando su oferta de servicios. Inicialmente, la pizzería abría sus puertas durante seis días a la semana y cerraba los martes para brindar un descanso a su personal. Luego, las circunstancias obligaron a una ampliación de los horarios y actualmente la Napolitana atiende durante los 365 días del año, con doble turno de su personal.

    “En realidad hemos ido satisfaciendo la demanda de los turistas, hace 25 años no había muchos locales. Todo el mundo cerraba al mediodía con horarios de ciudad pequeña, vimos que los turistas necesitaban locales donde comer, que sean higiénicos”, agrega Arturo.

    La oferta de estos servicios novedosos en la ciudad no estuvo exenta de dificultades y hasta de curiosas anécdotas, en vista de que la misma autoridad muchas veces no contaba con la información sobre el significado de los letreros.

    “Mi hermano Luis abrió el primer Bibliocafé en Sucre y nosotros decidimos instalar la primera máquina de café expreso como novedad; pusimos un letrero que nos fue decomisado por funcionarios de la Alcaldía, pues al parecer no conocían lo que significaba”, recuerda Arturo.

    Sin embargo, a partir de la pizzería Napolitana, los hermanos Pabón Zamora comenzaron de forma individual a emprender sus propios emprendimientos, siembre dentro del rubro de servicios.

    “Nosotros siempre metidos en la parte gastronómica hicimos varios negocios. Lucho abrió Bibliocafé, luego Hernán piza al paso en la Aniceto Arce, teníamos otra sucursal en la peatonal, una hamburguesería en el club de la Unión, luego la sucursal de piza en la calle Argentina. Mi padre tuvo un tiempo una broastería y también puso una panadería, tuvimos varios intentos de negocios. Como veíamos de cerca el movimiento del turismo, fuimos viendo también y acomodando las actividades”, dice Arturo.

    "Mi mamá sigue a la cabeza de la pizería. Mi papá era un hombre inquieto y nosotros fuimos los que ejecutábamos sus ideas", rememora.

    Pero también, como gran parte de los empresarios locales, los impulsores de este emprendimiento consideran insuficiente el apoyo que el sector público brinda a este tipo de actividades, sobre todo a las que se relacionan y pueden mejorar los servicios turísticos. Además, consideran que el turismo es una de las pocas, sino la única actividad que podrá sacar a Sucre de la situación de atraso en la que se encuentra.

    “Creo que es la única alternativa, por los problemas de las empresas creadas por el Estado, que bajaron sus ventas y sus ingresos. Una de las pocas alternativas de Sucre es el turismo”, manifiesta rotundamente Arturo Pabón, quien afirma que el sector privado hace su parte al invertir en sus empresas, pero la parte pública no está cumpliendo con su función.

    “El sector público debe mejorar el centro, reordenar el tráfico, mejorar los cuatro ingresos (a Sucre) que son horribles y pintar de blanco las fachadas internas; desde todos los ángulos se ven desniveles y se vería una ciudad blanca hermosa. Para reordenar el tráfico hay que descentralizar, llevar colegios afuera, servicios bancarios, etc”, sostiene Pabón, quien recuerda que en la gestión del ex alcalde Germán Gutiérrez se hizo un primer intento con la aprobación de un proyecto elaborado por expertos argentinos, pero el mismo no fue puesto en práctica.

    Respecto a las posibilidades que brinda el mercado local para la inversión, Pabón también expresa sus críticas, pues coincide con muchos empresarios de la región en la necesidad de implementar políticas que facilite el flujo de recursos para el desarrollo.

    “Es difícil hacer empresa en Sucre, el retorno es muy lento, tal vez porque nos burocratizamos mucho. Cuando uno empieza, en vez de facilitarte te ponen trabas, sobre todo en las licencias y permisos. La alcaldía debería darse cuenta que uno está dando trabajo a la gente, pero es un problema en todo Bolivia, no hay una política de incentivo”, concluye.

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