La producción vitivinícola en Cinti se reactiva después de años en crisis

Gracias a un proceso de asesoramiento externo y el apoyo de algunas autoridades departamentales, se inició hace varios años un programa de salvataje de la decaída de producción de uva en una región que fue, durante vario

La producción vitivinícola en Cinti se reactiva después de años en crisis La producción vitivinícola en Cinti se reactiva después de años en crisis

REDACCIÓN CAPITALES
Capitales / 15/01/2019 20:35

Gracias a un proceso de asesoramiento externo y el apoyo de algunas autoridades departamentales, se inició hace varios años un programa de salvataje de la decaída de producción de uva en una región que fue, durante varios siglos, fue un puntal en la industria derivada de la uva en la región sur de Chuquisaca

 A finales del siglo pasado, la otrora pujante industria vitivinícola en el valle de Cinti llegó a sus niveles más bajos jamás antes vistos. La falta de políticas de incentivo por parte de sucesivos gobiernos y una falta de visión más actualizada y agresiva de los productores hicieron que las viñas fuesen perdiendo su productividad cediendo espacio a los cultivos que desde mediados de la década de 1970 habían comenzado a cobrar importancia en el vecino departamento de Tarija.

El denominado Cañón de Cinti, que abarca, de sur a norte, los municipios de Las Carreras, Villa Abecia y Camargo, fue por muchos años el mayor productor de uva y sus productos derivados en el país; quizá esa fama jugó en contra de los mismos productores que se durmieron en sus laureles y dejaron pasar oportunidades de modernizar esa industria que requiere en la actualidad un alto grado de tecnificación e inversiones.

El experto vitivinícola Oscar Daroca, quien realizó por casi siete años un trabajo de consultoría para levantar la maltrecha producción de vinos y singanis en Chuquisaca, apoyado por la Cooperación Danesa, afirma que Cinti ofrece grandes potencialidades –y también debilidades– por su clima, más seco que el que ofrece el cercano departamento de Tarija. “Se agotaron los cultivos y paralelamente la atención de las instituciones al valle de Cinti se dio una declinación, no hubo renovación tecnológica”, sostiene.

Durante muchos años, casi desde su fundación, la empresa San Pedro, hoy en etapa de reactivación, fue un importante generador de desarrollo basado en la producción de vinos y singanis, pero –según Daroca–también perjudicó al aplicar políticas “no correctas con los productores” de la región, lo que aceleró la declinación de la vitivinicultura, que fue perdiendo atractivo ante la falta de incentivos no solamente tecnológicos, sino sobre todo de mercados.

Ante el declive de Cinti, el vecino Tarija comienza un despegue imparable que continúa hasta hoy. El sureño departamento es en la actualidad el principal referente de esa industria en el país y una realidad que ya piensa en iniciar un agresivo proceso de exportación.

“En Tarija nos dimos cuenta que estábamos a 40 años de Argentina, entonces Cinti estaba con 80 años de atraso. Cuando casi acabamos nuestro trabajo en Tarija me llaman de Cinti y la cooperación danesa, donde trabajamos por siete años”, recuerda Daroca quien afirma que el año 2000, “Cinti agonizaba” mientras en Tarija ya se tenían más de dos mil hectáreas cultivadas.

Daroca recuerda, no obstante, que una de las pocas autoridades que en Chuquisaca brindó un respaldo decidido a la reactivación de la producción vitivinícola fue la ex prefecta Savina Cuéllar, en cuya gestión se hizo efectiva una importante ayuda a los productores y se firmaron convenios con la cooperación internacional.

A través del Centro Nacional Vitivinícola se hicieron convenios con Francia, Uruguay, Italia y España, se trajeron nuevas variedades de uva tanto de uvas viníferas y otras de mesa, siempre con el propósito de mejorar la calidad de los viñedos cinteños, muchos de los cuales requerían de una renovación.

La producción de uva en el cañón de Cinti había llegado a sus niveles más bajos y a fines de los años 90 no llegaba a las 100 hectáreas. En la actualidad, la superficie cultivada bordea las 400 hectáreas y puede verse un resurgimiento de esta actividad, aunque Daroca sostiene que el trabajo debe continuar, pues los viñedos requieren de un cuidado casi científico y de alta calidad. “El vino se hace en la viña, para eso es el manejo desde la poda, la fertilización, etc”, sostiene el experto.

En la actualidad, la variedad de uva más extendida en la región de Cinti es la clásica Moscatel de Alejandría, la misma que fue importada por los primeros colonizadores europeos que llegaron al Alto Perú. No obstante, en el transcurso de los años también se fueron implantando otros tipos de uva que se adaptaron muy bien al clima de los valles cinteños, entre esas variedades está la Malvec, Rivier y una variedad de gran rendimiento proveniente de Mendoza, Argentina, la conocida como Alfonso Lavalle, un ingeniero argentino que popularizó una cepa francesa Rivier y que también actualmente se cultiva en Cinti.

Daroca considera que la posibilidad de exportación a mercados del exterior debe servir para unir esfuerzos entre dos regiones cercanas que tienen los mismos objetivos. “Se abren un mercado interesante en Estados Unidos, eso hay que aprovechar de acoplar estas dos regiones tan cercanas (Cinti y Tarija). Debemos hacer una alianza; en otros lugares se juntan países productores, como Italia con Francia”, apunta.

"Resumiendo, Cinti ha despegado harto, Chuquisaca tiene una mina de oro, el tema de vino tiene estatus en el mundo. El vino es desde la última cena hasta el portero de una fábrica, el singani y nuestras uvas características. Entonces, lo que he notado es que algunos pequeños viñedos están algo estancados de nuevo desde el 2010", concluye Daroca.

Respecto al surgimiento de Tarija como primer productor nacional, Daroca afirma que esa región es actualmente "el epicentro de la producción de uvas viníferas y de mesa, aunque hay en valles mesotérmicos de Santa Cruz y la región del Chaco donde se está produciendo la uva temprana. Aquí (en Tarija) se producen muchas variedades y se maneja bien las viñas", añade.

Mientras, Franz Molina, presidente de  la Asociación Nacional de Industriales Vitivinícolas (ANIV) sostiene que el singani además se encuentra amenazado por el alcohol de caña. “El singani es una bebida con denominación de origen, sólo se produce en algunos lugares del país, es un orgullo nacional. Aún así es una de las bebidas que más impuestos paga y debe competir contra el alcohol de caña, que paga muy pocos impuestos.

De acuerdo con ANIV, el mercado de las bebidas alcohólicas en Bolivia está dividido, las que ingresan por contrabando, adulteradas y las importadas legalmente y las bebidas nacionales.

“El 50% de las bebidas alcohólicas que se comercializan en Bolivia son ilegales (bebidas de contrabando, falsificadas y adulteradas) o importadas y el 50% son bebidas nacionales legales. Es decir, el 50% de la torta es nacional, lo cual es bajo comparado con otros países vitivinícolas que protegen mucho su industria”, remarcó.

Molina sostuvo que esa desprotección se puede observar en los anaqueles de las tiendas y supermercados del país. “En nuestro país somos marginados. Si uno va a un supermercado verá que el 80% de las bebidas son importadas, mientras que los productores bolivianos tenemos que luchar para sobrevivir en un espacio reducido. En Argentina, Chile o Brasil, las bebidas nacionales ocupan el 97% del espacio en los anaqueles, ellos fomentan su industria”, subrayó.

La historia del vino boliviano comienza con la llegada de la uva a Bolivia en el siglo XVI. Los viñedos llegaron al país a través del Perú, siendo las primeras plantaciones en la población de Mizque en los valles subandinos, que luego se extendieron hacia el sur. En 1606 los religiosos jesuitas y agustinos realizaron las primeras plantaciones de uva en el departamento de Tarija.1?

En el año 1925 se estableció la primera bodega en San Pedro, próxima a la localidad de Camargo, cuyos propietarios eran las familias Ortiz y Patiño. Luego surgieron las bodegas El Rancho, San Remo y otras.

"En Cinti hace falta rodearse de un asesoramiento técnico adecuado"

* Yo me siento cinteño, pero la mayoría vive del romanticismo y la historia, creen que siguen siendo los primeros. Hay muchas cosas que hay que seguir trabajando.

* De la forma que estaban renovando los viñedos no tenían futuro, un viñedo tiene que tener minimo 30 años de vida útil.

* Cuando dejamos el proyecto después  de siete años, se llegó casi a 400 hectáreas de cultivos con una productividad de 250 a 300 quintales por hectárea de promedio.

* La gran mayoría de variedades se adaptan al clima, pero esa adaptación de cada zona viene con el complemento del manejo tecnológico y eso en Cinti está faltando. Hay variedades distintas con manejos diferenciados.

* La famosa Moscatel de Alejandría que se adaptó desde el tiempo de la colonización. Es una variedad que sirve como fruta, mesa, vinos de mesa blancos no varietales y sobre todo es la materia prima de nuestra bebida nacional como es el singani.

* Son mejores las variedades de poda corta, por suerte en Bolivia tenemos las viníferas como la Chirac, Malvec o Cabernet.

* Hay que seguir trabajando entre las instituciones, rodearse de consultorías y de un asesoramiento técnico adecuado, eso hace falta en Cinti y también en Tarija. Es difícil cambiar de actitud que viene de un siglo, pero como técnicos tenemos ese reto. Hemos logrado avanzar en Cinti.

* Es un poco complejo distinguir cual es más rentable, depende de la situación de cada productor, el procesamiento tiene mayor utilidad pero requiere de una industria bien montada.

Oscar Antonio Daroca, experto   en producción vitivinícola.

 

 CÁPSULAS

Una historia que viene desde la colonización

En Chuquisaca, a partir de la década de 1590 había viñedos en los valles de Tomina y Mojotoro. En la quebrada del río Pilcomayo y sus varios afluentes, hubo valles estrechos cultivados con viñas, en particular, los de Turuchipa, Esquiri, Mataca, Urabá, Chaqui y Poco Poco. Algunos viñedos disponían de espacios convenientes, pero minúsculos; en otros el agua de riego era de mala calidad. Valles más amplios del sistema fluvial del Pilcomayo, situados al sur de la Villa Imperial, quedaban aislados y en amenaza constante hasta 1580 por parte de la tribu de los Chiriguano, apunta la historiadora Alejandra Buitrago Soliz, quien hizo un estudio sobre la vitivinicultura emergente en Bolivia .

430

años

Tienen los primeros cultivos de vid que se hicieron en los valles del río Pilcomayo

Para saber más...

* Los productores vitivinícolas del país se encuentran desde hace algunos meses en emergencia ante el temor de que el mercado nacional sea inundado por vinos y otras bebidas alcohólicas argentinas debido a la devaluación de la moneda del vecino país. Piden al Gobierno medidas de protección a sus productos.

* El vino y el singani nacional son las bebidas alcohólicas que más impuestos pagan, ya que deben cancelar un Impuesto al Consumo Específico (ICE), el cual está indexado a la Unidad de Fomento a la Vivienda (UFV), que sube anualmente, según afirmó el presidente de los Industriales Vitivinícolas (ANIV), Franz Molina.

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