Bolivia, penúltimo en índice de competitividad en la región
El país está solo por delante de Venezuela en el Índice de Competitividad Global 2019 del Foro Económico Mundial, muy distante de Chile, ubicado en el primer lugar en Latinoamérica. A nivel mundial, es el número 107. Hace un año estaba en el puesto 105
Hace pocos días, se difundió el Índice de Competitividad Global 2019 del Foro Económico Mundial, según el cual Bolivia se encuentra en el penúltimo lugar en competitividad en América Latina, solo por delante de Venezuela.
De acuerdo con los datos del estudio que evalúa año tras año a 141 países, Bolivia ocupa el puesto 107, muy distante de Chile, ubicado en el primer lugar en Latinoamérica, y cerca de Venezuela (133), el último país de la región.
En el informe de 2019, Bolivia obtiene 51,8 puntos en el Índice de Competitividad, publicado por el Foro Económico Mundial, que mide cómo útiliza un país sus recursos y capacidad para proveer a sus habitantes de un alto nivel de prosperidad. Ha mejorado su puntuación respecto al informe del año anterior en el que obtuvo 51,4 puntos.
Ese valor sitúa a Bolivia en el puesto número 107, es decir que tiene un nivel de competitividad mundial bastante deficiente en comparación con el resto de los 141 países del ranking. Ha empeorado su situación, ya que en 2018 estaba en el puesto 105.
Para clasificar los países según su competitividad este índice analiza a través de 12 variables su prosperidad económica.
12 variables
Estas variables son instituciones, infraestructuras, entorno macroeconómico, salud y educación primaria, educación superior y formación, eficiencia del mercado de bienes, eficiencia del mercado laboral, desarrollo del mercado financiero, preparación tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación en materia de negocios e innovación.
Cuanto mayor sea el índice mejor estará situado en el ranking.
Punto de inflexión
El mundo se encuentra en un punto de inflexión social, ambiental y económico, según el Foro Económico Mundial.
El crecimiento moderado, las crecientes desigualdades y la aceleración del cambio climático proporcionan el contexto para una reacción violenta contra el capitalismo, la globalización, la tecnología y las élites, añade el informe.
“Hay un estancamiento en el sistema de gobernanza internacional y las crecientes tensiones comerciales y geopolíticas están alimentando la incertidumbre. Esto frena la inversión y aumenta el riesgo de choques de suministro: interrupciones en las cadenas de suministro mundiales, picos repentinos de precios o interrupciones en la disponibilidad de recursos clave”, analiza.
El Informe de Competitividad Global 2019 revela un promedio en las 141 economías cubiertas de 61 puntos. Esto es casi 40 puntos por debajo de la “frontera”. Es una brecha de competitividad global que es particularmente preocupante, dado que la economía mundial enfrenta la perspectiva de una recesión.
La encuesta del informe a 13 mil ejecutivos de negocios destaca una profunda incertidumbre y una menor confianza.
Si bien la inyección de $us diez billones por parte de los Bancos Centrales no tiene precedentes y ha logrado evitar una recesión más profunda, no es suficiente para catalizar la asignación de recursos hacia inversiones que mejoren la productividad en los sectores público y privado.
Sin embargo, algunos de los mejores resultados de este año parecen beneficiarse de las tensiones comerciales mundiales a través de la desviación del comercio, incluidos Singapur (1°) y Vietnam (67°), el país más mejorado en 2019.
“Los principales culpables”
Las debilidades persistentes en los impulsores del crecimiento de la productividad se encuentran entre los principales culpables.
En las economías avanzadas, emergentes y en desarrollo, el crecimiento de la productividad comenzó a disminuir en 2000 y se desaceleró aún más después de la crisis.
Entre 2011 y 2016, el “crecimiento total de la productividad de los factores”, o el crecimiento combinado de insumos, como recursos y mano de obra, y productos, creció un 0,3% en las economías avanzadas y un 1,3% en las economías emergentes y en desarrollo.
La crisis financiera se sumó a esta desaceleración a través de la “histéresis de productividad”, los efectos retardados de larga duración de las inversiones que se ven socavadas por la incertidumbre, la baja demanda y las condiciones crediticias más estrictas.
Más allá de fortalecer las regulaciones del sistema financiero, muchas de las reformas estructurales diseñadas para revivir la productividad prometidas por los responsables políticos en medio de la crisis no se materializaron.
“Bolivia no toma importancia a la ciencia, innovación y tecnología”
Competitividad es el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país; establece el estado de prosperidad que puede alcanzar una economía y en sí mismo es un determinante fundamental en las tasas de crecimiento, según el Foro Económico Mundial.
El Índice de Competitividad Global (ICG) mide los fundamentos microeconómicos y macroeconómicos de la competitividad nacional y es el Foro Económico Mundial el que brinda el reporte basado en indicadores organizados en 12 pilares (Instituciones, Infraestructura, Adopción de las TIC, Estabilidad macroeconómica, Salud, Habilidades, Mercado de productos, Sistema Financiero, Tamaño de mercado, Dinamismo empresarial y Capacidad de innovación).
El 2019, Bolivia quedó en el puesto 107 en el ranking de competitividad de 140 países y a nivel de Sudamérica se encuentra en el penúltimo lugar después de Venezuela, Chile es el país más competitivo de la región, ubicado en el puesto 33. Le sigue Brasil en el puesto 72 del ranking.
Hace 13 años Bolivia se encontraba en el puesto 97. Los años 2009, 2010 y 2016 ocupó los puestos más bajos: 118, 120 y 116 respectivamente y en relación al 2018, cayó dos peldaños. Del 2006 al 2018 Bolivia tuvo un desempeño promedio de 47,7 puntos, casi 53 puntos menos de la frontera de competitividad que está valuada sobre 100 puntos.
La mayor calificación que recibió Bolivia el 2019 fue en la estabilidad macroeconómica (74 puntos) que valora la inflación y la dinámica de la deuda y la salud (74 puntos) que califica la esperanza de vida saludable.
La puntuación más baja recibe la capacidad innovativa con 28 puntos y las instituciones (38 puntos), esta última referida a la gobernabilidad, instancias de seguridad social y confiabilidad en la justicia.
Otros pilares con puntos bajos son: el mercado de producto, el tamaño de mercado que desemboca en un dinamismo empresarial bajo, todos en un promedio de 45 puntos sobre 100.
Al parecer en Bolivia no se ha tomado importancia a la ciencia, innovación y tecnología. Según los últimos datos publicados –hace casi una década–, el sector de actividades científicas se situaba en 0,17%, de investigación y desarrollo (I+D) en 0,16%.
Ahora bien, analizando la estructura económica del país, los aspectos que pudieron influir en un desempeño bajo en la dinámica empresarial, el mercado de productos y tamaño de mercado, puede estar direccionada al incremento en el peso de los Servicios de la Administración Pública, llegando a 18,5%, cuando en el 2006 se situaba en 13,73%.
El sector de la Agricultura, Silvicultura, Caza y Pesca, al 2018 presenta el mismo dinamismo de hace 13 años de 13,2%; el dinamismo del sector manufacturero se decrementó a 11,9% siendo que el año 2006 tenía una participación de 13,57%; el sector del comercio, restaurantes y hoteles presenta un dinamismo casi constante en comparación a 2006, de casi 8% y 3% respectivamente.
¿Cómo podemos mejorar? En más de diez años, el Foro Económico incrementó sus indicadores de análisis. Al 2019 se evaluó a los países con 103 indicadores. Vimos que si bien hay un trabajo favorable en puntos en la parte social, indiscutiblemente falta mucho por hacer en el área productiva, de industrialización y dinamización empresarial.
Además, existe una desconexión entre ambos sectores: es importante articularlos y sin duda, sigo sosteniendo que se necesita trabajar en políticas con un horizonte estratégico y sobre todo viable, basados en fortalecer aquellos sectores que cuentan con un dinamismo favorable e impulsar aquellos que se encuentran estancados y que son necesarios para activar el aparato productivo del país.
Es importante repensar y analizar la incidencia y el impacto que han generado los planes de desarrollo en estos campos que he mencionado, rescatar los aspectos positivos y necesariamente redireccionarlos.
Cristian Calderón Collazos
ECONOMISTA
¿Qué hace Singapur para tener la economía más competitiva?
Esta ciudad-Estado, conocida como “la perla de Asia”, tiene a la cuarta población más rica del mundo por poder adquisitivo, solo superada por Qatar, Luxemburgo y Macao.
Apenas hace medio siglo era una isla pobre, sin muchos recursos naturales y dominada por los británicos hasta 1965, cuando declaró su independencia liderada por Lee Kuan Yew.
“Singapur tiene una ubicación geográfica estratégica, justo en la zona más poblada y de mayor crecimiento del mundo”, señala a BBC Mundo la profesora Linda Lim, quien se especializa en economía política del sureste asiático en la Universidad de Michigan.
Lee Kuan Yew estuvo al frente del país por tres décadas y estableció un amplio programa económico capitalista con fuerte control estatal, así como desarrollo social educativo, de salud y construcción de vivienda. Fue tan exitoso que ha sido considerado un “milagro económico”.
Sin embargo, también se dio un rígido control social –había órdenes estrictas hasta de cortesía– y la supresión de libertades individuales que incluyó la detención de opositores y la aplicación de castigos corporales, explica Lim.
De la producción manufacturera de la década de 1970 pasó a ser un gran centro de exportaciones y centro financiero mundial en los años 90, además de que sus habitantes empezaron a recibir educación más avanzada.
“Tiene una población capaz de hablar chino e inglés, instituciones sólidas que funcionan y ausencia de corrupción”, destaca la profesora Lim.
“Singapur entregó generosos incentivos a los inversionistas extranjeros” para instalarse en el país, destaca Lim, además de que tiene acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, China, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y la Unión Europea.
Ese tipo de fortalezas económicas, sociales y de gobierno han llevado a la pequeña nación asiática a ubicarse desde la década pasada entre los diez primeros lugares del Informe Global de Competitividad del WEF año tras año.
Para este año, Singapur obtuvo una mejora de 1,3 puntos en la lista que, combinado con la baja de Estados Unidos, puso a la “perla de Asia” en el primer lugar.
En particular, este país logró el primer lugar en infraestructura, principalmente por la calidad de sus caminos, la eficiencia de sus puertos y sus servicios aeroportuarios.
También logró una calificación perfecta en servicios de salud. Su mercado laboral y su sistema financiero también consiguieron ser las mejores de las 141 economías evaluadas.
Chile se mantiene como líder en América Latina
De los países de América Latina, Chile se mantiene en el lugar 33. Esto implica que el país sudamericano continúa como líder en la región, manteniendo distancia respecto del ranking del resto de los países latinoamericanos.
“Chile mejora levemente su puntaje respecto del año anterior, pero mantiene el puesto 33. Los retrocesos más importantes este año se asocian al mercado laboral y a la adopción de TIC´s, áreas en las que, además, Chile muestra una debilidad relativa y que se erigen como desafíos de política pública fundamentales para el siglo XXI”, señala Ignacio Briones, decano de la Escuela de Gobierno UAI, citado por América Economía.
Después de Chile, con 15 puntos de diferencia le sigue México en la posición 48. Tercero se ubica Uruguay (54) y luego Colombia (57), como el cuarto más competitivo de la región, tras avanzar tres puntos. Costa Rica (62), Perú (65), Panamá (66) y Brasil (71) siguen en el ranking.
Solo Colombia y Brasil registraron avances en esta edición del índice.
En tanto, Argentina (83) Ecuador (90), Bolivia (107) y Venezuela (133) están entre los últimos lugares del estudio.
El Índice de Competitividad Global se mide anualmente sobre la base de cuatro categorías: Ambiente Apto o Habilitante, Capital Humano, Mercados y Ecosistema de Innovación. Estas categorías están compuestas a su vez por 12 pilares, como Instituciones, Infraestructura, Estabilidad Macroeconómica, Sistema Financiero, entre otros.
Estos pilares se construyen a partir de 98 indicadores que se calculan con datos “duros”, tales como inflación, esperanza de vida, años promedio de educación, entre otros, y datos cualitativos, recolectados por la Encuesta de Opinión que realiza a altos ejecutivos de empresas privadas chilenas de distintos tamaños y sectores económicos.
En comparación con Latinoamérica y el Caribe, Chile lidera con relativa holgura todos y cada uno de los 12 pilares, aunque en el contexto internacional, se encuentra rezagado en comparación con la OCDE en Capacidad de Innovación y Adopción de Tecnologías de Información.