Tejidos de la región fueron los primeros en traficarse
La campaña de recuperación de textiles de la comunidad potosina de Coroma, es hoy un referente en procesos similares de Bolivia
Los primeros tejidos sacados de Bolivia de manera ilícita fueron los caracterizados por figuras antropomorfas y amorfas, provenientes de Tarabuco, Jalq’a y Ravelo. Salieron miles de ejemplares y no se sabe de su recuperación, de acuerdo con Cristina Bubba, impulsora de la recuperación de textiles potosinos, que insta a fortalecer las leyes para evitar el tráfico del patrimonio cultural.
A principios de los años 80, parte del patrimonio chuquisaqueño empezó a salir del país, se habla de miles de tejidos que por lo general se encuentran en manos de coleccionistas. También se encuentran en el Museo del Hombre en París y en otras exhibiciones de Europa, explicó Bubba, psicóloga social y también Premio Rolex al patrimonio cultural en 1998.
Tras estos primeros ilícitos, Bubba contó a CORREO DEL SUR que los traficantes se inclinaron por los tejidos del altiplano, que se caracterizan por rayas como los de la comunidad Coroma (Potosí); de donde se exportaron ilícitamente varios tejidos ancestrales, especialmente a Canadá y Estados Unidos. Unos 500 tejidos fueron recuperados tras cinco y 14 años de juicio, respectivamente. El primer lote regresó al país en 1992.
“Esto marca un hito en la historia del patrimonio cultural boliviano porque hasta la recuperación de los tejidos de Coroma, que es promovida por una comunidad indígena y mi persona, es la primera vez que recuperamos patrimonio de otro país”, sostuvo.
En Coroma no se han vuelto a perder tejidos porque los comunarios están conscientes de la importancia de preservar su identidad y memoria, a través de un inventario muy rígido. “Los q’ipis en Coroma son una especie de archivo del saber tradicional”, ejemplificó.
Al ser este el primer caso de recuperación del patrimonio, sirvió en un primer momento para firmar un acuerdo bilateral con Estados Unidos que prohibía el ingreso de tejidos de Coroma; luego, con los años, se expandió a todo el patrimonio cultural boliviano, comentó. Sin embargo, el tráfico sigue y las ofertas por Internet lo comprueban.
Por ello, instó a que las leyes más recientes deben enfocarse explícitamente en la prohibición de la exportación ilícita, que no es lo mismo que la exportación temporal, respaldada en la Ley 530 de Patrimonio Cultural Boliviano. “Estamos un poco débiles y hay que presionar al Estado para que cambie por lo menos en el reglamento y ponga restricciones más fuertes”, señaló al aclarar que pese a ello, el Gobierno hace esfuerzos por repatriar piezas como la Illa del Ekeko.
Instó por ello a la sociedad a tomar conciencia sobre el daño que ocasiona el tráfico ilícito a la identidad, memoria y a la cultura de los pueblos, y a rescatar muchos otros legados.
A manera de concientizar la preservación del patrimonio, expone los “Saberes traficados”, fotos de parte de los textiles recuperados en Coroma, disponible todo el mes desde las 17:00, en On Gastro Bar. También participará mañana, en Conversemos la Ciudad, en el mismo lugar.