Propuesta: Del ocaso del gas hacia al amanecer renovable

Este subsidio “ciego” incentiva el derroche y hace inviable la economía

Propuesta: Del ocaso del gas  hacia al amanecer renovable Propuesta: Del ocaso del gas hacia al amanecer renovable Foto: Gentileza

Javier Montero
Economía / 06/09/2026 02:43

Bolivia atraviesa la crisis energética más profunda de su historia reciente, provocada por el agotamiento del modelo basado en la explotación de recursos no renovables. Durante las últimas dos décadas, el gas natural fue el motor de la economía, pero la falta de exploración y el declive de los campos maduros han reducido la producción de gas en un 54% y la de hidrocarburos líquidos en un 62% entre 2015 y 2025. Esta situación ha destruido la autarquía energética del país, obligándolo a importar la mayor parte del diésel (9 de cada 10 litros) y la gasolina (6 de cada 10 litros) que consume, manifiesta el presidente del Club de Ginebra, Javier Ricardo Montero.

El actual sistema de subvención a los combustibles es uno de los mayores desafíos fiscales, representando un gasto de más del 11% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2022, monto que supera los ingresos por exportación de gas. Este subsidio “ciego” incentiva el derroche y la ineficiencia, haciendo inviable la sostenibilidad económica del Estado en el corto plazo.

Frente a este diagnóstico, la transición energética se presenta no solo como una meta ambiental, sino como una urgencia económica. Bolivia posee un potencial extraordinario en energía solar, eólica e hidroeléctrica que podría generar hasta 23 veces la energía necesaria para el año 2040. 

El camino hacia el año 2050 propone una electrificación total de la economía, reduciendo costos y garantizando la soberanía. Para que este proceso sea exitoso, debe ser una “Transición Justa”, que incluya la participación ciudadana, proteja a los sectores más vulnerables ante el ajuste de subsidios y modernice el marco legal con nuevas leyes de Hidrocarburos y Electricidad.

EL FIN DEL RENTISMO GASÍFERO

La crisis que hoy vive Bolivia no se debe a la falta de fuentes de energía, sino a una vulnerabilidad estructural en el acceso a combustibles líquidos, generada por el mal manejo de los gobiernos de turno, particularmente por la carencia de políticas de atracción de inversiones y una seguridad jurídica deficiente. Durante veinte años, el país apostó por un modelo rentista y estatista, centrado casi exclusivamente en el gas natural. Si bien este modelo generó importantes divisas y financió a las regiones a través del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), su descuido en la exploración ha llevado a una caída sostenida de la oferta. Esto afecta también al uso de combustibles en el sector privado (gas domiciliario y garrafas GLP) y debe ser considerado en la implementación de soluciones alternativas.

La pérdida de mercados y divisas por el descenso en la producción ha obligado a renegociar contratos de exportación con Brasil y Argentina, perdiendo influencia y participación en el mercado regional. A mediados de 2025, la producción alcanzó niveles tan bajos que ponen en riesgo incluso la suficiencia de gas para el consumo interno y la generación de electricidad, que hoy depende en un 61% de plantas termoeléctricas.

La nueva dependencia: Bolivia ha pasado de ser un exportador neto a un importador masivo de hidrocarburos. Esta situación se agrava por la escasez de dólares, que limita la capacidad de la estatal para comprar combustibles a precios internacionales de manera regular, provocando eventos de escasez que afectan la producción y el transporte en todo el territorio nacional. El país se encuentra en un punto donde la importación de gas natural para consumo propio ya no es un mito, sino una posibilidad real en el mediano plazo.

TRAMPA DE LAS SUBVENCIONES 

Uno de los mayores obstáculos para la estabilidad económica y la transición hacia energías limpias es la política de subvención a los hidrocarburos que congela artificialmente los precios de la gasolina y el diésel con un costo fiscal insostenible. La subvención, vigente desde agosto de 2004, fue reducida en diciembre de 2025, aunque sin suprimirla completamente, por lo que la gasolina y el diésel siguen siendo vendidos en el mercado interno a precios inferiores a su valor real. En 2023, el gasto en subsidios superó por primera vez a los ingresos generados por la exportación de gas, creando un déficit que drena las reservas de divisas del Banco Central.

Esta subvención “ciega” no distingue entre quién necesita la ayuda y quién no, beneficiando incluso a sectores que podrían pagar el precio real o a actividades ilícitas como el contrabando y la minería ilegal. Además, genera una distorsión de precios que incentiva el derroche y la ineficiencia energética, haciendo casi imposible que las energías renovables compitan en el mercado local. Para salir de esta trampa, se propone una eliminación de los subsidios acompañada de mecanismos de compensación para las familias más vulnerables. De este modo, se busca que el ajuste no castigue a los sectores de menores ingresos mientras el sistema de precios recupera su racionalidad y se incentiva la inversión en alternativas más eficientes.

TRANSICIÓN 

Bolivia se encuentra en una encrucijada histórica. El tiempo del gas como pilar único se ha terminado, aunque en el corto plazo no debe descartase la inversión extranjera en exploración petrolera como parte de la solución. El país tiene el talento humano y los recursos naturales para liderar una revolución energética regional. La transición es el camino para recuperar la soberanía económica, proteger el medio ambiente y asegurar un futuro próspero para las próximas generaciones de bolivianos.

Bolivia 2050 

- Electrificación del Transporte: Se debe migrar de los motores de combustión que usan diésel importado a vehículos eléctricos cargados con energía solar boliviana.

- Hidrógeno Verde: Este combustible sintético, producido a partir de electricidad renovable, será fundamental para procesos industriales pesados y transporte de larga distancia, reemplazando finalmente al gas natural.

- Eficiencia Energética: La transición implica un cambio cultural para consumir energía de forma más inteligente y responsable.

El litio, entre la promesa y desafío técnico

El litio ha sido presentado por años como la solución definitiva a la economía boliviana. Poseer las mayores reservas mundiales en el Salar de Uyuni genera grandes expectativas, pero la historia está marcada por promesas rotas y fracasos técnicos.

El fracaso de la “Soberanía Tecnológica” Durante más de una década, se intentó producir carbonato de litio mediante piscinas de evaporación, invirtiendo más de 1,000 millones de dólares sin lograr una producción competitiva a escala industrial. La composición química del salar y las lluvias de la región demostraron que esta tecnología no era adecuada para Bolivia.

Nuevos horizontes: EDL y transparencia 

El gobierno actual ha girado hacia la Extracción Directa de Litio (EDL) con socios extranjeros (China y Rusia), una tecnología más rápida pero que aún no ha sido validada industrialmente en el país y plantea dudas sobre el consumo masivo de agua dulce en una zona ya estresada hídricamente. Para que el litio beneficie realmente al país, se requiere una adecuación legislativa que garantice la transparencia en los contratos, la participación de las regiones productoras (Potosí y Oruro) en los beneficios y el respeto estricto a las normas ambientales y las comunidades locales. El litio es estratégico, pero no reemplazará automáticamente los ingresos del gas si no se gestiona con criterios técnicos sólidos y consenso social.

Bolivia 2050 – hacia un sistema sostenible

Es técnicamente posible y económicamente viable que Bolivia alcance un sistema energético totalmente independiente y libre de emisiones para el año 2050. Este futuro se basa en dos pilares: la generación masiva de electricidad solar fotovoltaica y la electrificación total de la economía. En este modelo, la energía solar cubriría más del 90% de la demanda eléctrica nacional, aprovechando la abundancia del recurso. Para el transporte, el desafío es inmenso: se debe pasar de los motores de combustión que consumen diésel importado a vehículos eléctricos que funcionen con energía limpia generada en Bolivia.

Potencial renovable – sol, viento y agua

A pesar del panorama crítico de los hidrocarburos, Bolivia es un gigante dormido en cuanto a energías limpias. La geografía del país ofrece recursos que superan con creces la demanda proyectada para las próximas décadas.

Energía Solar: El tesoro del Altiplano Bolivia se encuentra entre los diez países con mayor irradiación solar del mundo. El recurso solar es tan vasto que el uso de apenas el 0,1% del territorio nacional con paneles solares podría cubrir casi la totalidad de la demanda eléctrica futura. Actualmente, solo se cuenta con unos 170 MW instalados, potencia que podría duplicarse rápidamente.

Viento e Hidroelectricidad: El potencial eólico es significativo en el oriente del país y ya cuenta con proyectos iniciales de la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE). En cuanto al agua, el potencial hidroeléctrico se estima en casi 40,000 MW, de los cuales hoy solo se aprovecha un 10%. Sin embargo, se constata una resistencia a los grandes proyectos por el tema medioambiental en las consultas a las comunidades concernidas. La estrategia futura del corto plazo debe centrarse en plantas medianas y pequeñas (entre 10 y 300MW) de uso múltiple para energía y riego y plantas de embalse que funcionen como “baterías naturales” para compensar la intermitencia del sol y el viento. La complementariedad entre estas fuentes es la clave para una matriz energética robusta y limpia. Está claro que el uso del agua para la hidroelectricidad debe respetar las necesidades en el uso doméstico, el uso en la agricultura y el uso en la industria.

 

* El autor pertenece al Club de Ginebra.

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