Micah, el “no-binario”
¿Qué pasa cuando alguien no encaja?, ¿cuando uno mira a una persona y no sabe si es hombre o si es mujer? Esa es la gran pregunta que hacen los autores de esta crónica, una crónica singular, de radio
¿Qué pasa cuando alguien no encaja?, ¿cuando uno mira a una persona y no sabe si es hombre o si es mujer? Esa es la gran pregunta que hacen los autores de esta crónica, una crónica singular, de radio, en la que se han propuesta contar la apasionante historia de Micah (con la pronunciación "Maica"), hoy de 28 años de edad.
Micah no se quedó tranquilo hasta encontrar una palabra que definiera su forma de verse, de sentirse, de ser. Finalmente, parece haberla encontrado —“no-binario” o “indeterminado”— y esto le trajo paz a su vida.
En la crónica titulada “En busca de las palabras", él, por momentos en primera persona, narra su historia con la seguridad del que pide razones existenciales por convicción.
La crónica
Daniel, la voz en off, dice lo siguiente:
“Micah no siempre se llamó así. Nació con otro nombre, un nombre de mujer. Creció en una familia judía, en México, dentro de una comunidad conservadora, donde todos se conocían. Todo era muy tradicional, y los roles de género eran muy claros. Pero para Micah nada era claro. Desde que tiene memoria, se acuerda de lo que sentía al mirarse al espejo. Que algo no encajaba. Y no era la única persona que se daba cuenta”. Y la historia continúa así, entretejiendo la historia con el matiz periodístico de Daniel, el autor de la crónica, y, especialmente, el testimonio de su protagonista:
Micah, el “indefinido”: O sea, siempre era como? No sé, me acuerdo de una vez que estaba con mi hermano en una presentación o algo así, y estaban dos niñas atrás de nosotros, ya sabes, whispering, ¿no?
Daniel, el cronista: Micah tenía solo diez años, y su hermano menor siete. Pero escuchó ese cuchicheo y entendió perfectamente lo que estaba pasando. Su sola presencia incomodaba a la gente.
Micah: Y le digo a mi hermano: “Oye, me van a preguntar si soy niño o niña”.
Daniel: Y así fue. Pero de una manera un poco más sutil: las niñas le preguntaron cómo se llamaba y, como para molestarlas, escogió un nombre totalmente ambiguo: les dijo que se llamaba Dani, el nombre de su hermano.
Micah: Entonces se me quedan viendo con una cara de, “pues eso no me dice nada”. Y luego los dos nos fuimos y nos atacamos de risa.
“Incomprensible”
Él nació mujer, pero nunca se identificó como tal. Lo extraño en su caso es que tampoco se sentía hombre. En toda su vida anduvo en un espacio "indefinido", sin que pudiera encajar en los géneros femenino o masculino. En la crónica, lo comparan con el mito de Michael Jackson, con una “sexualidad incomprensible”.
Micah: No te lo explicas. Sabes que algo te incomoda pero asumes que el resto del mundo está igual de incómodo que tú, o que es algo que tienes que aceptar, como deal with it, el resto de tu vida y así es, y no hay otra opción.
A los 18 años se fue de México con rumbo a Filadelfia, Pennsylvania, para estudiar en la Universidad, como una válvula de escape para comenzar una nueva vida, según la narración que suena nítida, con la fidelidad de la radio digital, provocando el mismo cosquilleo del susurro cuando se arrima al oído.
Recuerda que los dos primeros años, cuando regresaba a su casa o lo visitaban sus padres en su nuevo destino, recibía comentarios “negativos”, algo así como que se estaba haciendo “más masculino”.
Daniel: Mientras sus padres se incomodaban, Micah seguía buscando algo, alguna definición que le ayudara a entenderse.
Micah: Yo llegue a la universidad y yo no sabía lo que era lo LGBT, para empezar. Y había un LGBT center y yo: ¿qué es eso? ¿no? ¿qué es la T, qué es trans? Y no conocí mucha gente trans en mi universidad, había una comunidad gay pero hasta ahí.
Daniel: Pero Micah, eso sí lo tenía claro, no se identificaba como gay. Desde la universidad se ha definido como asexual. Lo que le incomodaba era identificarse como hombre o como mujer. El concepto de trans le intrigó y empezó a investigar más. Pero como lo entendía inicialmente también era un concepto binario, hasta estrecho?
Micah: de que tú eres mujer y te identificas como hombre y quieres ser hombre y todo lo que eso significa o viceversa. Y yo como que decía: es que no me siento así pero como que no quiero ser el otro, entonces, no… no soy trans.
El amor a una mujer
El cronista radiofónico tiene un as bajo la manga:
Daniel: Micah había nacido mujer, y no se sentía bien. Pero tampoco significaba que quería ser hombre. Es más, en esa época se enamoró por primera vez… de una mujer. Y unas semanas antes de graduarse, y a punto de mudarse para San Francisco, alguien le contó de una conferencia llamada Philly TransHealth Conference, el congreso más grande de EEUU sobre el tema de salud para gente transgénero y transexual.
En la conferencia, Micah conoció a gente que tenía una definición más amplia de trans: no era solo cuestión de sentirte hombre habiendo nacido mujer o viceversa. Para ellos, ser trans significaba sencillamente no identificarte con el sexo y género con el que naciste. Punto. Aquí, se dio cuenta que?
Micah: el espectro es tan variado como los individuos.
Esa(s) palabra(s)…
“…Y de repente hay una palabra para describir este fenómeno que te lleva como que molestando toda tu vida…”. Suena alivianado, antes de sacar a la luz esa palabra que son dos: “no-binario”, “indeterminado”.
Micah: En español no existe un pronombre neutral. Tú cuando hablas tienes que darte un género. Es muy, muy, muy difícil hablar sin decir: estoy cansado, estoy cansada. ¿Cómo dices?, dices: “tengo cansancio”, y entonces ya suena muy raro. Y todo el tiempo estás pensando ¿cómo digo esto, cómo digo el otro?
Daniel: Y entonces se vuelve agotador hablar en español. Micah, al principio de su transición, lo solucionaba así:
Micah: No decía el final de las palabras. Decía: “estoy cansad”. Y entonces te oyes como que no sabes hablar o algo, o hablaba en inglés, y en vez de decir el verbo “estoy cansado” o “cansada”, decía “estoy muy tired”.
Daniel explica a continuación que utilizando el inglés uno habla de sí mismo sin apelar a un género específico, lo que, ciertamente, aliviaba a Micah.
Operación y algo más
Leyó y se informó para continuar sabiendo de sí mismo. Tomó hormonas y, un día, resolvió operarse. Tenía 24 años. “Sentí como una obligación informarle a mis papás". Pero no fue fácil y durante un tiempo estuvo distanciado de su madre. “Cambió mi vida, fue la mejor decisión que tomé en mi vida".
Luego, quiso ir más allá de la transición física. Legalmente todavía era mujer y “en lo legal no existe la ambigüedad, en el ámbito legal, pues, solo hay dos géneros: hombre y mujer. Solo hay dos cajitas y en todas las formas (formularios) que llenas, tienes que escoger una cajita”. Dice que entonces, cada vez que llenaba un formulario, se preguntaba: “¿Y yo qué? ¿Dónde quepo en esto? ¿Qué voy a ser yo?”. Esa tercera cajita que Micah necesitaba está solamente en Alemania.
Micah: Pues yo tengo una pareja, y mi pareja es mujer, y en ese tiempo yo era legalmente F, mujer, ¿no? Y si nos casábamos legalmente, fuera válido o no, hay cierta ambigüedad en la ley porque todavía es algo que está como “in flux” esto del matrimonio gay. Y ahí te metes a áreas grises legalmente.
Daniel: En EEUU, la legalidad del matrimonio gay la decidirá la Corte Suprema en julio de este año, 2015. Y todo parece indicar que se va a legalizar a nivel nacional, pero mientras tanto, temas como la adopción, el seguro médico, los impuestos, la herencia, estos siguen siendo algo inciertos. Entonces Micah se dio cuenta de que seguir luchando por la ambigüedad, en el ámbito legal, le iba a costar demasiado.
Micah: Y dije: “¿Qué pasa si me cambio el sexo a hombre, me caso con mi pareja en un matrimonio heterosexual y ya no hay problemas?”.
Daniel: El matrimonio de Micah sería válido. Si Micah y su pareja adoptan hijos, es válido; si tienen hijos biológicos, es válido; si tienen cuentas de banco juntos, es válido. Nadie se los cuestionaría. Entonces Micah optó por el cambio de sexo legal por cuestiones prácticas. Y lo quiso hacer en el país en que nació.
Pero, dice el cronista, ni Kafka se hubiera imaginado la travesía burocrática que le esperaba… Fueron meses y meses de trámites médicos y legales, incluidos algunos verdaderamente ridículos.
Daniel: Pero bueno, ¿valió la pena? ¿Realmente fue necesario gastarse tanto dinero y tanta energía para tener un papelito plastificado que dice HOMBRE?
Micah: Sí, y me lo he cuestionado. O sea, yo estaba a la mitad de este proceso y dije: ¿qué carajos estoy haciendo?, ¿para qué hago todo esto? Y lo único que te puedo decir es que sentí que lo tenía que hacer.
El final
La crónica, amenizada con música suave, instrumental, a veces un jazz, a veces unas guitarras, va llegando a su fin.
Daniel: Ahora Micah no se siente tan incómodo mostrando su identificación. Antes, este acto tan simple era frustrante, estresante.
Micah: Porque me daba pena. Yo no quería nunca sacar mi identificación, ni mi pasaporte, y como que te escondes y dices: “Ay, a ver si no me dicen nada, que no se fijen”. Porque, pues no eres esa persona. Ahora, que refleje mi identidad perfectamente o no, era otra cuestión.
Daniel: Micah, así no lo hubiera querido, tuvo que jugar al juego de las categorías binarias y acomodarse a ellas. Y es que no hay un documento, ni mexicano ni estadounidense, que refleje lo que Micah siente desde muy joven: que el género es un espectro, que es diferente para cada individuo. Bueno, digamos que ese documento no existe. Por ahora.
Fin.
Radio Ambulante
En Twitter, esta crónica se “vende” sola: “En busca de las palabras (Finding the Words): Micah ha pasado toda una vida buscando una definición de género en la que pueda encajar”. Pero esto no hubiera sido posible sin la mirada perspicaz de Daniel Alarcón, novelista y productor ejecutivo de Radio Ambulante, programa de radio que cuenta crónicas latinoamericanas desde San Francisco, California, EEUU. Aliada de la revista del New York Times, sus audios pueden ser escuchados en la web de la BBC Mundo.
Radio Ambulante es ganadora del premio Gabriel García Márquez de Periodismo de la FNPI en la categoría de Innovación y sus inquietos cronistas son, básicamente, contadores de historias que comparten en versiones en español y en inglés.