El sueño de ver

Gracias a APRECIA, decenas de niños, jóvenes y adultos han superado las adversidades de la vida consiguiendo metas que parecían inalcanzables.

El sueño de ver

El sueño de ver

Carmen Bleichner y otros educadores junto a los alumnos de APRECIA, rumbo al Parque Cretácico

Carmen Bleichner y otros educadores junto a los alumnos de APRECIA, rumbo al Parque Cretácico

Víctor Esquivel demostrando cómo puede escribir en una computadora sin ninguna dificultad.

Víctor Esquivel demostrando cómo puede escribir en una computadora sin ninguna dificultad.

Gloria Duarte, en una de las tareas del área de Orientación y Movilidad.

Gloria Duarte, en una de las tareas del área de Orientación y Movilidad.


    Redacción ECOS
    Ecos / 09/05/2015 23:19

    Bajo una sombra únicamente iluminada por las luces de la gente de su alrededor, Víctor Esquivel, de 17 años, ciego con múltiple discapacidad hereditaria de nacimiento, es un fanático de la computadora y los aparatos y tiene como hobby editar audios en el programa de informática Sound Forge. Él anhela ver la luz del día, quizá un hermoso atardecer o un simple partido de fútbol.

    Nunca pudo maravillarse clavando la mirada en un arcoíris, tampoco vio su rostro reflejado en el espejo: solo sabe que es de tez morena, un poco robusto y de mediana estatura. Tiene un hermano, Benito, también discapacitado visual; ambos asisten hace tres lustros al Centro de Educación Especializada y Rehabilitación APRECIA, que hoy cumple 37 años en Sucre.

    Víctor maneja el Sound Forge de manera sorprendente: Escucha, transcribe lo que escucha en Braille y luego edita el audio, incluyendo efectos especiales, sin necesidad de sus ojos.

    Como él, gracias a APRECIA, decenas de niños, jóvenes y adultos han superado las adversidades de la vida consiguiendo metas que parecían inalcanzables.
    La discapacidad visual no les impide realizar actividades cotidianas y mucho menos abrirse al mundo de las nuevas tecnologías. Ellos tratan de vencer a esa “encarnación del mal”, como algunos le llaman a la ceguera.

    “No pierdo la esperanza”
    Víctor, nacido en Ravelo, departamento de Potosí, es un acérrimo hincha del Club Universitario. “No pierdo la esperanza de algún día poder ver jugar a mi equipo al menos una vez en mi vida, al igual que ver las letras del teclado sin tener que utilizar el Braille”.

    En sus horas libres realiza entrevistas, a manera de práctica, porque sabe muy bien adónde va: “Tengo una reportera que me compré con mi bono y sé cómo utilizarla. Quisiera estudiar Comunicación Social, ser un gran periodista para poder entrevistar a los jugadores de la U y luego redactar las notas”.

    “Volver a ver”
    Gloria Duarte, chuquisaqueña de 52 años, se rehabilita y capacita hace más de cinco años en APRECIA; actualmente es alumna externa. Ella sigue aprendiendo estenografía, un sistema que le permite escribir más rápido que con el Braille básico. En su tiempo libre trabaja como vendedora ambulante de productos de limpieza.

    Casada hace 19 años con Sergio Quispe, tiene un hijo de 15 que no heredó la ceguera de sus padres. Gloria perdió la visión hace 21 años debido a una miopía que tuvo desde muy pequeña. Se infectó y los médicos no pudieron salvarle los ojos.

    “Desde entonces me enfermé de los nervios y me frustré toda mi juventud al no tener el apoyo suficiente de mi familia”.

    Para ella, el centro APRECIA es un segundo hogar, donde encontró calidez, comprensión y amor. “Glorita”, como la llaman en la institución, se considera una mujer fuerte y alegre: “Siempre supe salir adelante, me gusta cocinar y ayudar a mi hijo en sus tareas. Tengo mucho interés por aprender a manejar la computadora”.

    Ella explica así su situación: “Cuando pierdes la visión, tu orientación y movilidad se ven afectadas, ya no puedes hacer un mapa mental de cómo llegar a donde tienes que ir y te quedas inmóvil; solo sabes que como sea tienes que lograrlo, solo te tienes a ti mismo”.

    Su gran sueño, como el de muchos de sus compañeros en esta brega, es volver a ver.

    “Es frustrante ver de la vida, conocerla y, de repente, que te quedes ciega. Sentí, y aún siento, una impotencia, algo bastante doloroso que es difícil de afrontar y aceptarlo. Hay veces que sueño que estoy durmiendo, que solo es una pesadilla, que me despertaré y volveré a ver como antes. Quisiera conocer el rostro de mi hijo, poder colaborarle mucho más, atenderlo como él se merece. Yo hago lo mejor que puedo, aunque sé que no es igual. Mi gran sueño es volver a ver”.

    “Aún existe discriminación”
    Con el objetivo de darle un sentido a su vida, Renato Vargas, cochabambino de 27 años, a pesar de la discapacidad visual pudo realizarse como cualquier persona. Aunque tuvo muchos tropiezos en su camino.

    Él está casado con Benita Javier, ambos no videntes de nacimiento. Tuvieron dos hijas: Belén de cinco años y la pequeña Sucen Roch, de tres, quien heredó la ceguera de sus padres.

    Renato supo enfrentar sus carencias con gran entereza: “Esa terrible discapacidad no impidió que me realice como cualquier persona y ahora viva una vida tranquila”.

    Sufrió la discriminación de la sociedad desde temprana edad. Ingresó a una unidad educativa regular donde afrontó diferentes obstáculos que, al final, tuvieron su recompensa: salió bachiller y después se esforzó el doble para lograr el título de técnico superior en Gestión Pública. Supo salir adelante, capacitándose.
    Ahora, Renato trabaja en la Gobernación y no deja de visitar la institución que tanto le apoyó. Es consciente de que los discapacitados visuales aún tienen derechos por conquistar.

    “Falta que una parte de la sociedad comprenda que nosotros tenemos las mismas capacidades en el ámbito laboral y educativo, aún existe la discriminación por personas que les falta diplomacia para dejar de lado su ignorancia”, dice él, para luego agradecer: “APRECIA fue la mano que me ayudó a enfrentarme a la cruda realidad”.

    Una debilidad que acongoja
    Aprender a convivir con un ciego requiere pasar por todo tipo de experiencias. Para ayudar a tratar emociones —tanto buenas como malas— es conveniente conocer otros padres que pasen por lo mismo, compartir historias y pasar momentos juntos, afirma la profesora del área de Actividades de la Vida Diaria en APRECIA, Carmen Bleichner.

    Los cumpleaños y días festivos son muy importantes y, a la vez, difíciles para las familias. La mayor parte de los parientes de los discapacitados visuales de APRECIA viven en el área rural y son de escasos recursos económicos; por esos motivos y otros más, Bleichner sostiene que no conocen los programas de capacitación de sus hijos.

    Si bien se rehabilitan de buena manera y con entusiasmo, “falta que los padres se incluyan a los programas de rehabilitación, existe una gran ausencia familiar y muchas veces nosotros, los maestros, hacemos de madres, padres y hermanos; falta que los padres se incluyan”, enfatiza.
    “Eso”, complementa la maestra, “hace que se vuelva una debilidad para todos en APRECIA”. Luego, se pregunta con un dejo de tristeza: “¿Cómo sería si los papás estuvieran presentes y aprendiendo a capacitar a sus propios hijos?”.

    APRECIA, de aniversario
    Hoy, domingo, el Centro de Educación Especializada y Rehabilitación APRECIA celebra 37 años de su fundación en Sucre. Esta institución trabaja para brindar ayuda y atención educativa a personas ciegas o de baja visión con el objetivo de procurarles una verdadera inclusión dentro de todos los campos en que se desenvuelven.

    Así lo explica a ECOS la profesora Carmen Bleichner, quien presta sus servicios en APRECIA hace 28 años, desde 1987. En el pasado, este centro funcionaba solo como un centro de acogida y no se responsabilizaba de la educación de los involucrados.

    También era una fundación que perteneció a la ONG alemana Christoffel Blindensmission. Ahora está gestionado por la Unidad Municipal de Atención a la Persona con Discapacidad (UMADIS), encargada del internado gratuito para personas ciegas, desde la alimentación diaria y la sanidad hasta el estudio de cada alumno, según detalla la directora de UMADIS, Beth Rodas.

    Accesorios para una vida mejor
    Las personas ciegas se valen de distintos accesorios —que ellos llaman herramientas— para escribir, para leer, para desplazarse por las calles, para llevar adelante su vida como todos. En APRECIA, aprenden técnicas adaptativas que les ayuda a ser independientes.

    Además del bastón, con el que reconocen los obstáculos o barreras a la hora de caminar, llevan consigo, como si fuera una indumentaria permanente, una pizarra y un puntero para escribir y algunos cuadernos de hoja bond 28 para que el grosor haga más perdurable la escritura.

    “Lo esencial es el bastón”, comenta Rosa Morales, de la provincia Cornelio Saavedra de Potosí, mientras se ríe, “ya con el bastón uno puede ir a donde sea para conseguir el resto”.

    Cuatro áreas
    Gracias a cuatro programas o áreas fundamentales en la educación y la rehabilitación para la persona con discapacidad visual, los alumnos pueden portar sus accesorios como parte personal e independiente, explica a ECOS el director de APRECIA, Eduardo Carballo.
    Esas áreas son las siguientes:

    Orientación y movilidad: De vital importancia porque se trata del uso del bastón con el que aprenden técnicas adaptativas que les ayuda a ser independientes. El uso de este instrumento se convierte en un elemento de apoyo en la vida del ciego.

    El Braille: Si bien la mayor parte de la imaginación se marchita con sus ojos, el Braille les permite crear nuevas imaginaciones, y los oídos y las yemas de sus dedos, que son cada vez más sensibles, tienden a describir lo que no ven.

    El ábaco: Muchos se preguntan cómo las personas ciegas aprenden las matemáticas. Pues con el ábaco, un tablero de madera con el que se puede efectuar manualmente cálculos aritméticos. Según maestros expertos, los discapacitados visuales desarrollan más los otros sentidos, como el oído; aprenden el arte de la interpretación de la realidad, se concentran en lo que tocan y, gracias a la divina curiosidad, prestan mucha más atención.

    Actividades de la vida diaria: Los ciegos son personas competentes. Ellos, como todos, necesitan encargarse de sus propias necesidades, ayudar con el trabajo a la familia dentro de la casa, ser independientes y poder valerse por sí mismos.

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