Ecos

Pujllay, entre ceremonias y misticismos

“La Pukara simboliza la abundancia y se la elabora en ofrenda al ‘alma cruz’, a quien los familiares le piden les dé bienestar, productos agrícolas, salud y dinero"

El lunes de Carnaval comenzó el Pujllay tradicional indígena en las comunidades de Yamparáez y Tarabuco y culminará el domingo de tentación; mientras que “oficialmente” el Carnaval en Chuquisaca cierra con esta gran fiesta generalmente la segunda semana de marzo, explica Roberto Sahonero fundador de los Masis.

El Pujllay es una manifestación cultural y folclórica, donde converge el misticismo, con rituales religioso paganos. Es considerada como una de las expresiones más puras de Bolivia.

Es una fiesta de agradecimiento a la Pachamama o Madre Tierra, por la abundancia de la producción agrícola recibida y por la que nacerá; en este evento también se arma la Pukara en homenaje a los difuntos que se fueron a otra vida de forma→ →sorpresiva y sin preparación. Asimismo, allí se conmemora la batalla de Jumbate, donde bravos indígenas yamparas se enfrentaron y vencieron a los españoles, un 12 de marzo de 1816.

Por esas características, en marzo de 2015 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), reconoció a las danzas del Pujllay y el Ayarichi como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Investigación
En 2006, el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño, encomendó a la antropóloga cochabambina Miriam Vargas Solíz y a los Masis una investigación antropológica y etnomusicológica sobre el asentamiento cultural Yampara en Chuquisaca. El trabajo se efectuó en las comunidades: Talahuanca, Molle Punku y Sajpaya (Municipio Yamparáez); Miskhamayu, Jatun Q’asa (Municipio Tarabuco) y Molle Mayu (Municipio Icla).

En el trabajo de campo se recopilaron géneros de música, danza y canto, mediante registro audio fotográfico y video.

La comunidad de Miskhamayu fue la punta de lanza, del estudio.

Para Roberto Sahonero, director fundador del grupo musical chuquisaqueño Masis (46 años de vida) y del Centro Cultural que lleva el mismo nombre (creado en 1981), considera que el traje del Pujllay es uno de los más hermosos que hay en las comunidades originarias de Bolivia por sus tejidos, colores, accesorios y significado (una de ellas la comunidad de Miskhamayu).

Según Sahonero, los Masis fueron los primeros en mostrar el Pujllay fuera de Tarabuco y Yamparáez, no solo a nivel local y nacional sino también en el exterior.
Un recuerdo inolvidable que Sahonero comparte con ECOS, es el que aconteció en 1993, en el Festival Mundial de Folclore realizado en Quebec Canadá, donde los Masis representaron a Bolivia con el Pujllay, “pusimos al revés al Palacio de Deportes, a donde asistieron 10 mil personas. Mientras que las demás delegaciones tenían varios integrantes nosotros apenas éramos seis. Debido a la energía positiva que desprendía la música y que exigía mucha preparación física, el público no paraba de saltar y bailar y al final nos ovacionaron. Jamás habíamos sentido tanto orgullo de ser bolivianos en un evento mundial. El ritmo es monótono y pasado un tiempo se pasa de un estado físico a un estado interior, ya no se siente el cansancio, uno puede estar horas bailando. A este fenómeno le llaman el éxtasis, que muchas veces los Masis hemos experimentado porque son décadas que bailamos en la comunidad Miskhamayu, al compás de la marcha de las espuelas”, evoca emocionado.

Contexto ritual del Pujllay
En el contexto del Carnaval Yampara-Tarabuco, el término quechua pujllay (jugar o juego) es polivalente en sus significados; designa al carnaval, a la música (instrumental y vocal) y a la danza donde también se realiza un ritual de ofrenda al alma de una persona que murió por accidente. Todos estos elementos confluyen en una sola expresión ritual-festiva-musical que está ligada a la producción agrícola, pues en la fiesta de carnaval se recogen los primeros frutos de las chacras, -los cultivos ya florecieron y están madurando-, por ello, la celebración de la fiesta está asociada a la abundancia.

Concepto que de acuerdo a Sahonero se interrelación en los elementos “alma cruz” y la Pukara pues ambos representan la abundancia de productos agrícolas. La primera, llamada también “alma Pukara”, es una cruz de madera (elaborada en memoria de una persona que falleció por accidente).

La cruz (con el nombre del difunto) es recogida por la familia de la “apacheta” (pequeño santuario con tres cruces) que se suele construir en el lugar donde aconteció el accidente. Se maneja como un ícono sagrado que hace milagros, por ejemplo en época de lluvias suelen sacar el “alma cruz” cuando amenaza la granizada para ahuyentarla y mantener a salvo su cosecha. También es símbolo de vida dentro de sus ceremonias comunales y familiares.

Una vez que se recoge el “alma cruz” de la apacheta, se dice que debe ser “devuelta a la Pukara” o “arco de la abundancia”; elemento propio del Carnaval Yampara-Tarabuco. Para esta ocasión es adornada con flores y serpentinas, como parte del ritual de la Pukara. Así, en la semana que sigue al domingo de Carnaval, en las casas donde hay un “alma cruz” se hace el “sayachiku”, ceremonia que consiste en hacer parar el armazón de la Pukara en el centro del patio de la casa.

La Pukara y los bailarines
El armazón consta de dos postes verticales revestidos de ramas, y palos que cruzan transversalmente (llamados “arcos”); en estos se cuelgan los “pillus” (roscas de pan), frutas, productos agrícolas y otros. Una vez ornamentada la Pukara, al pie de ella se coloca el “alma cruz”.

La Pukara simboliza la abundancia y se la elabora en ofrenda al “alma cruz”, a quien los familiares le piden les dé bienestar, productos agrícolas, salud y dinero.
En caso de no armar una Pukara, se adorna el “alma cruz” con los elementos ya señalados y, además, con plantas de maíz, y se la ubica parada en el centro del patio de la casa.

Las casas donde se arma una Pukara son visitadas por los comunarios y las tropas de danzantes de Pujllay quienes bailan a su alrededor al son de los wayñu Pujllay, que interpretan los músicos. Finalizada la primera ronda de baile, cada integrante ch’alla (liba) al “alma cruz”, esparciendo unas gotas de chicha alrededor de ella.

En este intermedio, los anfitriones les retribuyen con la “korpa" (refrigerio que consta de panes, carne, papa y trozos de queso mezclados con un aderezo de ají). Luego se efectúa el convite de comida y bebida (sopa de maní y ají de cordero y la infaltable chicha).

Al finalizar el día, los dueños de casa desarman la Pukara, recogiendo los productos que colgaron en los arcos de ésta. Previamente realizan un acto ritual más, que tiene carácter lúdico y es un “rito de inversión” propio del Carnaval, donde es lícito transgredir ciertas normas mediante actos burlescos; se trata del juego del warak’anaku (“lanzar con honda”).

Las mujeres suelen hacerse cargo del juego que consiste en lanzar chicotazos en las piernas de los danzantes con la honda que utilizan en el pastoreo para que apuren el paso; también untan la cara con queso de cabra a cualquier desprevenido, incluso a las autoridades, propiciando risas y alboroto.

En la región de Yamparáez, la celebración ritual es similar a la antes descrita. Allí, además, se arman Pukaras comunales, cuyo festejo está a cargo de los “Alcaldes de Campo”. Tanto las Pukaras familiares como comunales suelen tener “pasantes” (parte de los productos recogidos de la Pukara son entregados a éstos, quienes asumen el cargo para el año siguiente y deben multiplicarlos; de ese modo, cada año la Pukara aumenta en número de arcos y de tamaño –siendo el tamaño promedio dos metros, llegan a tener hasta más de cuatro metros de alto).

Música y organología del Pujllay
Según la tradición oral de Miskhamayu (región de Tarabuco), se dice que ya un mes antes del carnaval, el “Tata Pujllay” anda suelto en forma de un jinete que va montado a caballo llevando una bandera blanca. Según las narraciones de los abuelos, se pasea en las noches cerca de las “apachetas” donde se escucha el sonido de los enormes discos de las espuelas y el tintineo de las campanillas que forman parte de su atuendo.

Otros dicen que durante el Carnaval, el “sajra” (diablo) está en lugares silenciosos, rocosos y en los caminos donde hay curvas. La gente lo ve cuando aparece como un personaje vestido de Pujllay, montado en su caballo, invitándoles a ser partícipes de la fiesta.

Se dice también que él es quien inspira la música de los wayñus del Pujllay. Los músicos suelen ir a sus dominios encantados, las quebradas y cascadas para escuchar las nuevas melodías que les trae el “Tata Pujllay”. Cada año se estrena una nueva melodía.

La asociación de la fiesta del Carnaval con el Supay o el Sajra (diablo), deidad que se manifiesta en la época de ésta fiesta, es propia de la concepción cultural andina.

La Danza Pujllay
Se ejecuta en círculo y alrededor de la Pukara. Inicialmente, la tropa se desplaza en dos filas. Es el primer danzarín o guía quién dirige el recorrido, hasta llegar a formar el círculo llamado “muyu”.

En la región de Tarabuco, la tropa del Pujllay está constituida por un grupo de músicos que toca y canta, y un grupo de danzantes que se ocupa de la danza.
El “tata guía” dirige las evoluciones coreográficas, iniciando el movimiento del círculo en sentido contrario a las manecillas del reloj. La tropa baila siguiendo el movimiento melódico de los wayñus del Pujllay, el cambio de pasos lo realizan de acuerdo a la secuencia de las estrofas.

La coreografía del Pujllay se complementa con la presencia de dos mujeres jóvenes, las “ñustas”, que llevan banderas blancas “wiphalas”. Ellas bailan con pasos cortos, en sentido contrario a los danzantes y meciendo las banderas.

A diferencia de la de Yamparaez, en la de Tarabuco, el grupo de músicos toca y danza simultáneamente el Pujllay; el canto está mayormente a cargo de las mujeres, quienes ejecutan más roles en la danza.

Hombres y mujeres se ubican en forma intercalada para efectuar la coreografía alrededor de la Pukara. Los músicos, con actitud meditativa, ejecutan los instrumentos y danzan con solemnidad. Las mujeres muestran el mismo aire de solemnidad al cantar, explica Sahonero.

Pasados unos quince minutos de música y danza, una de las mujeres mayores comienza a cantar y como parte de la interpretación, junto con sus pares emite gritos en son de proclama del Pujllay. En medio de la danza lanzan al aire confites.

EL VESTUARIO
El traje que llevan los danzantes se engalana con la estética de los textiles. Las mujeres se encargan de tejer distintas prendas con diseños “pallay” (espacio en el tejido que lleva dibujos y listas muy elaboradas, según la antropóloga Verónica Cereceda).
El vestuario del danzante pujllay varón y mujer consta de varias prendas y accesorios y tiene ciertas variaciones entre los danzantes de Yamparáez y Tarabuco. La del varón consiste en:
- La aymilla, camisa de cuello en “v”, con mangas anchas y de dos cuartos de largo, confeccionada en paño negro de lana.
- El calzón: un pantalón de paño de lana color negro, que termina en una banda de tela color blanco llamada “pikin”.
- Los unkus: pequeños ponchos, uno de ellos se denomina “kunka unku” (unku del cuello), tiene forma de pechera y cubre hasta los hombros y el “siki-unku” (“unku del trasero”), no tiene abertura.
- La montera: es un casco (parecido al morrión español), cuyo armazón (hecho de cuero crudo) está recubierto por un fieltro de lana de oveja color negro; el borde es adornado por florcillas de lana o lacillos hechos de mostacillas blancas (las “wallqas”).
- El “cinchu”: es un cinturón ancho fabricado de suela (de cuero de vaca) y adornado con ojalillos de metal.
- El “pital”: es un cinturón de cuero crudo más angosto que el “cinchu”, se lo coloca encima de éste.
- Las ch’uspas: pequeñas bolsas que se cuelgan del cuello y sirven para llevar hojas de coca (en la parte frontal tienen una pequeña bolsita, en la que se lleva la llijt’a o lejía).
- La cofia: es un complemento importante en el vestuario del pujllay. Esta empieza en forma de una capucha que es sujetada a la cabeza por un lazo llamado “uma-chumpi”.
- Las polainas (llamadas también “sobres”): son tejidas en lana y llevan figuras en colores vivos (flores estilizadas, auquénidos y otras). Sirven para proteger los tobillos donde se envuelven y sujetan los lazos de las ojotas (abarcas de suela de terraplén alto, en las que se hallan insertas las espuelas y aseguradas con lazos de cuero a las ojotas).
- Las pañoletas: utilizan dos de color fucsia. Una va doblada en forma triangular en la parte superior de la espalda. La otra la llevan anudada a la ch’uspa y la utilizan al bailar (al iniciarse la danza, comienzan a batir la pañoleta con la mano derecha acompasadamente).


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