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IDENTIDAD Y RELIGIOSIDAD POPULAR DE MIGRANTES BOLIVIANOS

Un “preste” en Nueva York

La comunidad boliviana entiende bien las palabras de Barrios en un país donde tuvieron que comenzar desde la base de la pirámide social, como Freddy y Matilde Lazcano, con un título profesional en Bolivia...

La comunidad boliviana entiende bien las palabras de Barrios en un país donde tuvieron que comenzar desde la base de la pirámide social, como Freddy y Matilde Lazcano, con un título profesional en Bolivia y con un oficio para salir adelante. Este camino es el recorrido por un 95% de los migrantes en Estados Unidos.

La invitación está encabezada por el nombre de los pasantes del “preste” a la misa y posterior recepción social en honor a la Virgen de Copacabana, en el salón “Sons of Italy in America”, en el barrio de White Plans, al norte de Nueva York, donde creció Mark Zuckenberg, el famoso emprendedor de Facebook.

El padre Luis Barrios, puertorriqueño de la Iglesia Católica Episcopal, debe celebrar la misa programada para las 17:30. Un amigo de este sacerdote nos lleva desde la iglesia de La Gracia hasta la sede social de los italianos, que alquilaron el salón a muy bajo costo porque uno de los bolivianos trabaja con ellos en un hospital. Llegamos y una boliviana nos recibe con cordialidad. Nos confirma que la misa se oficiará a la hora estipulada.

—Usted, padre, acompaña a la comunidad boliviana desde hace un tiempo. ¿Sabe que tenemos la “hora boliviana”? —pregunto.
—¡Ay, m’hijo!, ¡con las comunidades latinoamericanas he esperado hasta tres horas! —responde Barrios.
A las 17:30 estaban reunidas alrededor de diez personas, entre ellas los pasantes de la fiesta, los anteriores y una pareja boliviana que es el alma de esta comunidad: Freddy y Matilde Lazcano, residentes en White Plans desde hace 38 años. Ellos comenzaron la veneración a la Virgen de Copacabana hace 25.

“Al principio éramos muy pocos latinoamericanos aquí, y los padres eras irlandeses y no comprendían nuestras tradiciones. Tuvimos que sufrir mucho para que nos acepten pero, cuando llegaron más migrantes de América Latina, comenzaron a cambiar de posición porque éramos los que llenábamos las iglesias”, recuerda Matilde.

Mientras el padre Barrios se alista para la misa, confirma que sus colegas católicos irlandeses e italianos no entendieron la religiosidad de los migrantes latinoamericanos: simplemente ignoraron la cultura que traían. Tuvieron que recurrir a otras instituciones religiosas.

“Es la resistencia de los migrantes que vienen con su religiosidad popular, con su fe y con su devoción y que no van a dejar porque es parte de su identidad individual y colectiva. Pasa lo mismo con el castellano: no puede impedirse con una ley o con la indiferencia, o deportando gente, porque si nos deportan, la comunidad hispana es la que tiene la más alta fertilidad de este país”, dice.

Varias mujeres bolivianas llegan y alistan el altar, donde colocan una réplica de la Virgen de Copacabana con un gran traje amarillo y una esbeltez de Barbie morena. “Tiene también un traje celeste, para no poner celosos a los bolivaristas”, bromea Marlene con una sonrisa pícara. Ella es oriunda de La Paz.

A las 18:15 comienza la misa con cerca de 80 devotos, la mayoría provenientes del condado de Workcester, al que pertenece White Plans. Hay una mayoría de orureños, pero también paceños, cruceños e incluso un chaqueño de Villamontes quien, junto a su señora de La Paz, pasó la fiesta el año pasado.

Una ceremonia distinta
El padre Luis sabe de su oficio y dirige una misa participativa y jocosa, que incluso extrae carcajadas del grupo boliviano. El rito que sigue es flexible y alternativo a las formales ceremonias católicas o cristianas evangélicas. Para la ocasión, se ha documentado muy bien sobre la devoción a la Virgen de Copacabana en Bolivia y su sermón gira en torno a la resistencia de los pueblos al dominio avasallador de los conquistadores. Para él, la Virgen de Copacabana es una princesa indígena que cohesiona a la comunidad y da valor para enfrentar los desafíos en todo tipo de contextos.

“Hay que reinterpretar la presencia de Nuestra Señora de Copacabana para que entiendan las autoridades de este país que aquí estamos y no nos vamos... y si nos echan nos regresamos, porque tenemos derecho de estar aquí”, enfatiza el sacerdote en medio de la prédica.

La comunidad boliviana entiende bien las palabras de Barrios en Estados Unidos, un país donde tuvieron que comenzar desde la base de la pirámide social, como Freddy y Matilde Lazcano, con un título profesional en Bolivia y con un oficio para salir adelante. Este camino es el recorrido por un 95 por ciento de los migrantes.

En este contexto de vulnerabilidad, de inseguridad y de miedo, al iniciar una nueva vida en una sociedad tan competitiva, la fe de los migrantes es un combustible espiritual. “El migrante deja todo en su país para solo llevar su fe”, dijo una mujer mexicana deportada por trabajar de manera ilegal en este país.

La devoción a la Virgen de Copacabana resume esa fe en un futuro mejor y la fuerza para conseguirlo, arropados por una comunidad que teje lazos de solidaridad y ofrece un refugio social y cultural a los migrantes.

De la misa a la mesa
El padre Barrios concluye la misa con una sonrisa y los devotos de la Virgen preparan el salón para la recepción social, que es la parte esperada por muchos en un “preste”.

En medio de los preparativos, luego de ser presentado por el sacerdote como un periodista boliviano, varios paisanos se acercan para comentarme sobre las actividades sociales que realizan como colectivo boliviano en el norte de New York. Uno de ellos, me relata que es presidente de la morenada y que tiene varias actividades culturales y sociales para el verano. Como era previsible, el paisano es orureño y habla un castellano de esa región como si hubiese llegado ayer a los Estados Unidos.

—¿Hace cuánto tiempo vive en Estados Unidos? —le pregunto.
—Son casi 40 años —me responde.
Le hago notar que con tanto tiempo de permanencia, él carece de cualquier acento provocado por el inglés americano.
—Soy una persona sencilla, igual que mi familia, que no vemos la necesidad de distinguirnos o sobresalir por eso —justifica.
Este boliviano me informa que hace 28 años trabaja en el canal de noticias más importante del norte de Nueva York, Eleven Channel. Con toda amabilidad me ofrece visitarlo en el trabajo para que me muestre cómo funciona este medio con toda la tecnología y la infraestructura digna de este país. Intrigado y sospechando que estoy frente a un técnico audiovisual con amplia experiencia, le consulto sobre el cargo que desempeña.
—Soy el ascensorista —me responde.

Del sacrificio a la fiesta
La sociedad estadounidense es exigente al extremo y requiere del máximo de sacrificio y habilidades para triunfar. Por lo general, el ascenso social llega de una generación a otra, como es el caso del matrimonio Lazcano. El patriarca Freddy fue piloto militar en Bolivia y su esposa era visitadora social en el país. Aquí, recién llegados, tuvieron que empezar por donde todo migrante sin privilegios comienza: en labores de mantenimiento, los varones, y en la limpieza las señoras.

Tanto sacrificio valió la pena y los tres hijos del matrimonio son ahora profesionales insertos en el mercado laboral con otro estatus, siempre sin olvidar sus raíces.

“Uno de mis hijos es abogado especialista en temas de migración. Estamos muy orgullosos de él, que es un profesional aquí, pero sobre todo por su sensibilidad para atender los casos relacionados con trabajadores latinoamericanos sin estatus legal. Él ha dado un sentido a su carrera trabajando este tema”, afirma con satisfacción Matilde Lazcano, mientras degustamos un plato paceño con habas de Idaho y choclo de Kansas.

En medio del banquete, los pasantes del “preste”, Modesto y María del Carmen Campos, agradecen a todos los convidados por su presencia y también a la Virgen de Copacabana por haberles ayudado en su estancia en EEUU. La señora derrama unas lágrimas que tal vez resumen todo el sacrificio que han pasado como familia.

Luego suena una cuequita y los pasantes actuales, como los anteriores, se disponen a ondear los pañuelos. La alegría se desata igual que el trabajo de los camareros, que llevan una variedad de licores a los invitados. En la pista de baile se organizan las confraternidades morenada, diablada, kullawada y los Chichis... ¿los Chichis? Un grupo de cruceños que también llevan su cultura de las tierras bajas de Bolivia. Todos, entremezclados, bailan a su turno la música nacional sin distinción, mientras una señora invita un cocktail a los bailarines. Todo terminará en la madrugada del domingo, mientras cae a media noche una fina llovizna en White Plans.

El retorno
Emprendo el camino de retorno junto al padre Luis Barrios. En el trayecto reflexionamos sobre la migración en EEUU y me comenta que el tema es complejo, tiene bastantes relaciones. Sin embargo, coincidimos en que este país se hizo con la fe de los migrantes y que ahora no puede cortarse de pronto porque ellos ya no son blancos, protestantes y europeos.

“La hispanización de los EEUU es un proceso imparable que tiene bastantes desafíos. Es importante que sigamos con la misma fe que tenemos”.
En la noche oscura, como las aguas dulces del lago Titicaca, el río Hudson refleja las luces de Nueva York y de Nueva Jersey, que no se apagan nunca, como la fe de los devotos migrantes.

“Uno de mis hijos es abogado especialista en temas de migración. Estamos muy orgullosos de él, que es un profesional aquí, pero sobre todo por su sensibilidad para atender los casos relacionados con trabajadores latinoamericanos sin estatus legal. Él ha dado un sentido a su carrera trabajando este tema”, afirma con satisfacción Matilde Lazcano, mientras degustamos un plato paceño con habas de Idaho y choclo de Kansas.


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