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Infoxicados, ¿qué hacer?

“Estar ‘bien’ alimentados no es lo mismo que estar ‘muy’ alimentados.

Infoxicados, ¿qué hacer?
Infoxicados, ¿qué hacer?

“Estar ‘bien’ alimentados no es lo mismo que estar ‘muy’ alimentados. Una dosis de alimentos adecuadamente seleccionados es positiva, pero una dosis excesiva de alimentos no organizados bajo el paraguas de un propósito concreto puede ser no solo negativa, sino absolutamente nociva para la salud. En el tema de la información es exactamente igual”, dice la psicóloga Isabel La Fuente.

Siempre se dice que el tiempo no alcanza para nada. Bueno, si a ese pensamiento, que se asemeja mucho a la realidad, le añadimos la “nueva” costumbre de estar a informados por múltiples vías, casi todas digitales, tenemos como resultado a una persona saturada, además de por sus actividades habituales, por una necesidad de estar hiperconectada la mayor parte del tiempo.

La ‘infoxicación’, una palabra que arroja cerca de 400.000 resultados en el buscador Google, es definida por la psicóloga Isabel La Fuente Taborga como una “intoxicación informativa”. Es, según su criterio profesional, “un exceso de alguna manera patológico (porque intoxica) de información, que de ninguna manera ayuda sino más bien perjudica, ralentiza, obstaculiza el proceso de toma de decisiones, y limita el proceso ‘normal’ de informarse y decidir sobre determinadas situaciones”. Para algunos, la denominada “infoxicación” es la enfermedad de la sociedad digital de este siglo... ¿La conocemos?

Para sustentar su razonamiento —el vínculo entre la rebose de información y el exceso—, la psicóloga cruceña consultada por ECOS introduce a continuación un término que puede ser considerado un sinónimo de aquel otro: ‘infobesidad’.

“En ese sentido”, agrega ella, “no podemos pensar en la infoxicación como algo saludable, lo cual de alguna manera es complejo ya que solemos pensar que ‘estar bien informados’ sobre un tema es algo positivo”.

Una complejidad
Efectivamente, la complejidad (y la relativa novedad) de este tema entraña una incipiente disquisición intelectual, lo que significa que está en plena elaboración. Tanto que mucha gente no acaba de digerirlo. ¿Qué tan mala será la infoxicación? ¿O puede, quizá, ser buena?

Las miradas al respecto pueden venir de la mano de distintas ciencias, profesiones u oficios. Pero una tiene relación directa con el asunto.

La periodista Mery Vaca, directora informativa de la Agencia de Noticias Fides (ANF) y docente en la Universidad Católica de La Paz, maneja una gran cantidad de información todos los días. Ella está pendiente de la red Internet desde muy temprano en la mañana y, sin descuidar sus actividades personales (tiene una hija de tres años), se “desconecta” del mundo poco tiempo antes de dormirse. Casada con un periodista, el suyo es un hogar en el que, sí o sí, impera la comunicación.

Según Vaca, si le dieran a elegir entre la ‘infoxicación’ y la ‘desinformación’, sin dudas que optaría por la primera. Pero también recuerda que “ningún extremo es bueno” y que, ante la magnitud de la información que recibimos a diario por los medios digitales, “podríamos caer en la confusión o, lo que es peor, en un colapso nervioso que deteriore nuestra salud” (VER RECUADRO DE LA PÁG. 16).

El límite: entre “bien” y “muy”
Para la psicóloga La Fuente, el límite está en la palabra “bien”, que no es lo mismo que “muy” o que “excesivamente”. Y luego compara nuestro tema con el hecho de ingerir alimentos, “pues de alguna manera ‘ingerimos’ información”.

Entonces, explica lo siguiente: “Estar ‘bien’ alimentados no es lo mismo que estar ‘muy’ alimentados. Una dosis de alimentos adecuadamente seleccionados es positiva, pero una dosis excesiva de alimentos no organizados bajo el paraguas de un propósito concreto puede ser no solo negativa, sino absolutamente nociva para la salud. En el tema de la información es exactamente igual”.

Remarca que estar “bien” informados significa seleccionar la información que consumiremos (ingeriremos) de acuerdo a la calidad de la información, la validez de las fuentes y el propósito para el que queremos consumirla. Esto no solo por un criterio de utilización adecuada del tiempo, ya que no hay forma humana posible de consumir “toda” la información generada sobre un tema.

Infonomía: “con propósito”
En economía se maneja un concepto que (también) tiene una corta vida: ‘infonomía’. Significa “gestión inteligente de la información” y un ‘infonomista’ es, entonces, un “gestor de información”. ¿Será posible que alguien ‘infoxicado’ sea capaz de convertirse en ‘infonomista’, es decir, que pueda gestionar inteligentemente la abundante información que maneja?

La Fuente dice a ECOS que, ante la copiosa información que circula por Internet, “tenemos que aprender a ‘perder’ y elegir solo los documentos que realmente aporten a lo que queremos saber y al propósito de porqué queremos saberlo. De ahí que un factor clave para consumir información sea el qué, el por qué y el para qué. Y eso guarda relación directa con un autoanálisis y autoconocimiento”.

Después apunta un problema derivado: “…cuando no tenemos claros nuestros propósitos y/o no sabemos seleccionar adecuadamente la validez de las fuentes, somos propensos a consumir más información de la que necesitamos. Igual que con los alimentos”.

Y cierra la idea señalando que “muchas veces eso se debe a que o no somos lo suficientemente maduros para saber elegir lo que queremos, o no tenemos las bases para hacerlo, o quizás no sabemos perder y por lo mismo no queremos ‘soltar’ información; o como en el caso de la comida, estamos atravesando procesos personales de angustia y estrés que hace que nos demos ‘atracones’ informativos. Cualquiera sea el caso, la consecuencia puede ser la infoxicación, vale decir, la intoxicación por sobredosis de información”.

Por último, la psicóloga considera que “lo ideal es aprender a gestionar la información que recibimos, y esa es la principal característica de la infonomía, es decir, economizar o gestionar la información”. Por eso mismo, aconseja administrar de forma óptima tanto nuestro tiempo como nuestros intereses: saber qué queremos saber, por qué y para qué.

“Proceso de procrastinación”
Como la idea del consumo de información es no afectar el normal desempeño personal, laboral y social, la psicóloga Lafuente indica que debemos trabajar también en el “proceso de procrastinación”, que es el que muchas veces lleva a la infoxicación. ‘Procrastinar’ significa “diferir, aplazar”. La psicóloga consultada por esta

revista explica que “a veces entramos a Facebook, o a Google, y en lugar de ver lo que necesitamos, saltamos de una página a otra, de un perfil a otro, de una información a otra, sin estructura ni planificación, y en lugar de estar 15 minutos navegando se nos pasan ocho, diez horas sin siquiera ser conscientes de ello”.

Ante esta situación muy frecuente en los usuarios de Internet, “debemos organizar nuestro día a día, de tal forma que no solo gestionemos adecuadamente nuestro tiempo, y establezcamos propósitos y metas de nuestro día, nuestro trabajo, nuestros quehaceres, sino que además esas acciones permitan protegernos de la infoxicación y sus consecuencias”.

El tratamiento
Según La Fuente, “muy pocas personas acuden a terapia por el problema mismo de infoxicación. Generalmente llegan por las consecuencias colaterales de la misma, por los síntomas (VER RECUADRO DE LA PÁG. 15), y en la mayoría de los casos no saben o no asocian los síntomas a los hechos, por lo que la tarea del psicólogo es determinar más bien si el cuadro tiene relación con una sobrecarga de información”.

En general, se aborda la infoxicación como con cualquier tipo de afectación psicocognitiva, aunque atendiendo “el nivel de afectación y de limitaciones que genera en la vida del paciente, ya sea depresión, insomnio, ansiedad, etcétera”.

Pero, “para el caso de la intoxicación informativa en sí misma, se trabaja con técnicas cognitivo-conductuales, se le da una suerte de ‘tareas’ al paciente que le permiten autoconocerse y descubrir sobre qué, por qué y para qué quiere informarse. Se le ayuda a encontrar estrategias para limitar, escoger y filtrar la información, de forma que no vuelva al proceso que generó el malestar, y estrategias para paliar los síntomas y mejorar las condiciones de salud mental y salud en general para restablecer su equilibrio psicofísico”.

Síntomas y adicción
No necesariamente hablando de infoxicación, la psicóloga cuenta que “en mi labor terapéutica he visto y tratado muchos de esos síntomas y en un número importante estaban asociados con conductas que llamamos ‘adictivas’, en relación con Facebook, redes sociales, juegos en red, y en general adicciones a Internet.

He atendido a personas que han sentido síntomas de infoxicación por haber estado permanentemente expuestas y revisando información sobre una noticia en particular, como en el caso del 11 de enero, o hechos de magnitud similar”.

¿Estás infoxicado/a? Estos son los síntomas
Según la psicóloga cruceña Isabel La Fuente, las consecuencias de estar infoxicado son de gran consideración y requieren atención psicológica. Dice que, como en todas las intoxicaciones, principalmente de orden cognitivo, los síntomas son parecidos. Pueden ser algunos de estos:
- Sensación de agobio
- Sensación de sobrecarga
- Cansancio mental
- Sensación de pérdida de tiempo
- Mal manejo del tiempo
- Fatiga crónica
- Muchas veces, insomnio (el cerebro ha estado permanentemente estimulado, ha consumido mucha información y le cuesta entrar en reposo)
- Otras, episodios depresivos, ansiedad, angustia
- A veces, ataques de pánico
- Dificultad para memorizar
- Desconcierto
- Bloqueo cognitivo
- Dificultad para concentrarse
- Parálisis en la toma de decisiones
- Embotamiento e incapacidad de reaccionar a las situaciones de manera efectiva
- Incapacidad para proyectar y avanzar
- Dificultades para alcanzar resultados
- En general, un descenso de la productividad a todo nivel
- Esto último deriva en irritabilidad y cambios de humor constantes
Fuente: Isabel La Fuente Taborga

“Soy adicta”
Cecilia De Marchi (Poeta y editora)
- Soy adicta. Eso es lo primero que tengo que decir. Mi vida (o al menos gran parte de ella) se desarrolla en línea: trabajo para una pequeña página web, hago traducciones de noticias sensacionalistas online, mis clientes de las correcciones se encuentran cuando menos en otra ciudad, y en algunas ocasiones en otro continente. Casi todos mis amigos, los que tengo cerca, están tras sus pantallas en lugares tan cercanos como Sucre, tan lejanos como Palestina.
- Cada día, igual que muchas otras personas, me conecto para saber novedades. Una de las consecuencias indiscutibles de la vida en línea es la sensación de que si no estás conectado, si no actualizas tu navegador cada cierto tiempo, podrías perderte algo muy importante, una noticia que tenga trascendencia, una razón para sentirte con la última novedad.
- La lucha contra esta necesidad de actualización es dura, difícil y urgente; pero no imposible. En lo personal, casi siempre me mantengo desconectada del chat, tengo ocultas varias cuentas de “amigos” que ponen contenido que no me interesa y suelo siempre cotejar las fuentes de noticias con varios medios tradicionales antes de compartir información.
- Pero quizá mi mayor vicio en la web ha sido el descubrimiento de las posibilidades de formación. Hay tantos cursos virtuales, tantos libros online, tantos documentales e información, que puede dar cierto vértigo. Hay varias plataformas que ofrecen cursos de las universidades más prestigiosas del mundo. Hay cursos gratuitos de idiomas. Talleres de escritura de códigos informáticos. Tutoriales para cocina vegana...
- La cuestión es seleccionar el área de interés. Yo elegí literatura y lingüística, y me enfoco en ver cada día uno o dos documentales breves, y tomar un curso a la vez, de los ofertados por las plataformas edx, Coursera y FutureLearn, para ir profundizando mis conocimientos del área. Cuando tengo mucho trabajo, me los salto para dar prioridad a lo urgente: generar los recursos suficientes para pagarme el wifi y la vida. En ese orden.
- Eso sí: me resulta casi imposible no salir de la “dieta bit” y perderme navegando. La distancia entre buscar un término de una traducción sobre restauración de marcos coloniales con pan de oro y la página de los posibles usos de los magnetrones en la vida cotidiana, es de solo ocho clics.

Mejor ‘infoxicados’ que desinformados
Mery Vaca (Periodista)
La infoxicación es, en pocas palabras, una intoxicación por la sobrecarga informativa que impide al ser humano discernir lo que realmente le sirve de aquello que le estorba. Se podría decir que en estos tiempos somos más propensos a la infoxicación, porque estamos conectados las 24 horas del día y recibimos información de diversas fuentes y de herramientas digitales de lo más diversas.
Pertenecemos a varios grupos de WhatsApp y tenemos decenas de conversaciones simultáneas por medio de esa aplicación. Y, como nos parece que eso no es suficiente, también nos actualizamos por el Facebook, chateamos por Messenger, nos informamos por Twitter, miramos fotos por Instagram, chequeamos por Snapchat, clickeamos en Youtube. Y, eso sin citar a los medios “antiguos” como el correo electrónico que rebalsa cada vez con más frecuencia, la televisión que pone a disposición más de 100 canales, las decenas de periódicos impresos y digitales, la lista interminable de libros, la radio, la publicidad…
La lista de herramientas, medios y canales por donde nos llega la información podría ser interminable, como también es interminable la cantidad de información que recibimos. Así las cosas, es difícil distinguir el trigo de la paja y, en medio de tanta información, podríamos caer en la confusión o, lo que es peor, en un colapso nervioso que deteriore nuestra salud.
El otro extremo es la desinformación. En este caso, es el desconocimiento y la ignorancia los que provocan la confusión. En este caso, estamos ante la violación del derecho del ciudadano a estar debidamente informado. Por lo general, la desinformación es producto de alguna manipulación que impide que la información fluya libremente.
Ningún extremo es bueno, pero si hay que elegir, sin dudarlo un minuto, escojo la infoxicación frente a la desinformación. Es como elegir la libertad frente a la esclavitud. Y, ahí no hay dónde perderse: elijo ser libre, elijo recibir toda la información que el mundo produce, elijo ser yo quien discrimine lo bueno de lo malo que me llega al celular.
Y lo digo en momentos en que el presidente Evo Morales se da el lujo de afirmar que en Bolivia existe exceso de libertad de expresión o, lo que es lo mismo, existe un exceso de información. Como si los derechos se podrían limitar o se podrían medir por metros, litros o kilos.
Es cierto que los ciudadanos corremos el riesgo de “infoxicarnos” con tanta información, pero, lo que queda es apelar al buen juicio de cada uno para no dar por cierta la información falsa, para no perder la perspectiva de la información que sirve y de aquella que no sirve, para no tragarnos píldoras cuadradas ni sapos dorados.
Pero, en última instancia, reivindico el derecho ciudadano de recibir mucha información, frente a los intentos por acallar, restringir y cortar el libre flujo de ideas.

“El receptor discrimina esa avalancha de información”
Carlos Coca Marín (Comunicador social)
La infoxicación o la infonomía son comportamientos y nuevos códigos y variantes que utilizan las nuevas generaciones merced a las TICs (tecnologías de la información y la comunicación). No olvidemos que esta ola informativa deviene de estos nuevos canales de información.
Es importante tomar en cuenta la disponibilidad de tiempo, prioridad y la readaptación de las personas ante esta lluvia informativa; también el factor generacional, porque los más jóvenes no leen periódicos, no ven informativos, no asisten al cine sino que prefieren bajar la película de Internet, o la canción de moda; tampoco se compran música en CD.
Mientras que los que trabajamos en medios ya no tenemos tiempo para leer páginas, blogs, agencias de noticias; en lugar de esto damos un vistazo a sus titulares en Twitter.
Por otro lado, los varones ya no ven el deportivo: solo los resúmenes. Ven los resultados en tiempo real y, si se puede, ven un partido en TV cable.
El receptor está discriminando esa avalancha de información y adecuando ese flujo. Y las redes sociales juegan, hoy, un rol integral para los medios tradicionales. Allí ubicamos una noticia, un video, un audio, un viral, un link...
También hay generaciones anteriores que, ante este flujo informativo y ante la accesibilidad, aprenden nuevas capacidades.


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