Ecos

La felicidad…desde un país “medio feliz” (o medio infeliz)

¿Cómo escribir de la felicidad desde un país “medio feliz”? Es el caso de Bolivia, según el ranking de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentado en su Reporte Mundial de la Felicidad 2017.

¿Cómo escribir de la felicidad desde un país “medio feliz”? Es el caso de Bolivia, según el ranking de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentado en su Reporte Mundial de la Felicidad 2017.

Los bolivianos, en ese ranking, se ubican en un nada despreciable puesto 58 de entre 155 países, siendo el décimo tercero de Latinoamérica. En este grupo menor de vecinos, el líder es Costa Rica.

Desde su posición, Bolivia está por encima de Perú, Paraguay, Venezuela y Honduras, y también se supone más feliz que la potencia China o la idílica Grecia. Los más infelices son la República Central del África, Burundi, Tanzania y Siria.

Las variables

Medio infelices o no, los bolivianos fueron medidos con las mismas variables que el resto del mundo: por su ingreso per cápita, por el acceso que tienen a la asistencia social y por su expectativa de vida saludable.

Además, por su sentimiento de libertad para tomar decisiones, por su generosidad, si perciben corrupción, cuánto se ríen y hasta cuán tristes o enfadados se sienten.

Para la elaboración del ranking de la ONU se utilizan datos del Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud y encuestas de la consultora Gallup.

Una moda

Nunca antes había estado tan de moda medir la felicidad, sobre todo entre empresarios y políticos, ni se había manifestado una preocupación tan grande en relación al bienestar de la especie humana.

Tanto así que se instauró un Día Mundial de la→ →Felicidad (20 de marzo) y hace poco se celebró la Cumbre Mundial de la Felicidad, justamente para plantear modelos de felicidad que, en este caso, serían los nórdicos Noruega, Dinamarca, Islandia, Suiza y Finlandia, punteros del mencionado ranking de la ONU.

Medida de bienestar

Otros países menos ejemplares incluso han instaurado “ministerios de la Felicidad”, tomando el bienestar de sus ciudadanos como un asunto de Estado. Muchos gobiernos utilizan los datos e investigaciones disponibles para buscar políticas que ayuden a sus pueblos a vivir mejor porque el bienestar o felicidad de un país es reconocido como una medida del progreso social y del éxito de las políticas públicas.

El pionero es el asiático Bután, que viene midiendo la felicidad desde 1972. Lo hace desde su “Centro para la Felicidad Nacional Bruta”, que inventó el “Índice Nacional de la Felicidad”.

¿Por qué?

La cultura de la felicidad, tan en boga, de acuerdo al economista británico Richard Layard surge para hacerle frente a la presión del estilo de vida materialista, a la competitividad y al estrés que amenaza el bienestar del ser humano y de las sociedades.

Si Aristóteles dijo que la felicidad es “ser humano”, entonces se puede deducir, sin esforzarse mucho, que la deshumanización de las sociedades conduce a la infelicidad.

¿Qué es la felicidad?

Siguiendo a un clásico del novelista norteamericano Raymond Carver: “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, podríamos preguntarnos: “de qué hablamos cuando hablamos de felicidad”.

Filósofos, poetas, políticos, amantes, líderes espirituales, reyes, emperadores, guerreros, piratas y pitonisas han tratado de responder a esta pregunta desde que la humanidad tiene memoria.

En nuestro tiempo, el académico de la Universidad de Harvard Tal Ben Shajar dice que es el bienestar espiritual, intelectual, físico, emocional y de relaciones humanas, todo junto, lo que conduce a una vida feliz.

Se suman otras opiniones que indican que para la felicidad es fundamental el contacto con la naturaleza, el disfrute del espacio público y el tiempo con la familia.

Otros señalan que está comprobado que las personas más felices son las generosas, las que practican el altruismo (dar por el simple placer de hacerlo sin esperar nada a cambio), y las que tienen lazos afectivos profundos con otros, sean familiares o no.

Para muchos la felicidad son solo momentos; para otros, ver felices a→ →los demás (amigos, familia, compañeros de trabajo, la pareja), o dejar ir a sus hijos caminando a la escuela con la tranquilidad de que nada les pasará. Algunos la ven en la seguridad de un buen trabajo, en una cuenta bancaria, en la certeza de poder pagar los gastos a fin de mes y planear un viaje a fin de año.

Hay quienes creen que la felicidad está al lado de una familia, o en la realización de los hijos, o en acumular emociones como la que prodigan los viajes, las aventuras, los placeres de la vida, en la posibilidad de conocer nuevos amigos.

Incluso, dicen algunos, la felicidad se encuentra en una buena conversación acompañada de una taza de café latte o de una copa de brandy.

Las frustraciones

Pero, quizá sea mucho más que eso y mientras más inteligente y tecnologizada es la humanidad, alcanzarla se hace más complejo y el ideal se ve más lejano.

Pareciera que mientras más se esfuerza la persona con sus propios medios en ser feliz, más lejos está de serlo porque apenas tenga algo, surgirá una nueva expectativa para llenar el nuevo vacío y luego otro, mientras la frustración crece. “El amor y la felicidad/en cuanto llegan se van/en cuanto llegan se van”, dice la popular canción de Leo Dan.

¿Dónde se la encuentra?

Las corrientes y pensamientos de moda dicen que la felicidad no tiene nada que ver con el triunfo, ni con la ambición, ni con el prestigio, ni con el poder, ni con el placer, ni con los objetos materiales que se pueda obtener en la vida, ni con las personas del entorno.

Por lógica, da la sensación de que para encontrar la felicidad hay que buscarla en el lado opuesto de la infelicidad, pero, aunque parezca absurdo, un alto porcentaje de la humanidad se adapta a ser infeliz y vivir en lo que los psicoanalistas denominan una “zona de confort” o “zona de comodidad”, a la que se aferran antes de plantearse un cambio que seguramente resultará incómodo, doloroso o difícil.

Al respecto, el sitio web de autoayuda “La Mente es Maravillosa”, en su artículo titulado “No te adaptes a lo que no te hace feliz”, dice que la felicidad no duele y por tanto no debería oprimir, ni quitar el aire, sino permitir ser libre, ligero y dueños de “nuestros propios caminos”.

Muchas veces el ser humano se adapta a rutinas incluso sabiendo que estas lo hacen infeliz; eso se debe a la necesidad de sentirse seguro, como cuando era niño. El cerebro cree que esa adaptación es supervivencia y no siempre va de la mano de la felicidad porque al cerebro no le gustan las amenazas, ni los cambios.

El filósofo místico indú Osho, fallecido en 1990, dijo que la felicidad se encuentra en el interior y que, entonces, no habría que buscarla fuera, ni siquiera esforzarse en hacerlo porque, según él, “no se puede obligar al cuerpo a alcanzar algo de lo que no es capaz”. El cuerpo, en ese sentido, solo puede proporcionar placeres temporales.

Esta corriente sostiene que cada placer se equilibra con dolor en el mismo grado y medida en una persona “adormilada” que según Buda solo conoce unas cuantas sensaciones, a diferencia de quienes disfrutan de cosas más duraderas como la música, la poesía, la naturaleza, el silencio, entre otras que no habían percibido antes.

¿Existe una receta?

Dan Gilbert, el psicólogo de Harvard autor del libro “Tropezar con la Felicidad”, tiene una receta. Él no habla de cómo ser feliz, ni de por qué la gente no es feliz, sino de por qué la gente no sabe lo que les hará felices.

Explica que normalmente los seres humanos infravaloran su propia resiliencia o capacidad de superar circunstancias traumáticas y, a pesar de ello, ser felices. Dice que la gente no se da cuenta de lo fácil que será cambiar su visión del mundo si ocurre algo malo. Y aclara que normalmente se sobredimensiona lo infeliz que se será ante la adversidad cuando, en realidad, se es resiliente ante la peor tragedia.

Desde luego, hay quienes se entristecen por nada, pero revela que la inmensa mayoría de los seres humanos —exactamente el 75 % de la especie— vuelve a ser feliz en los dos años posteriores al peor trauma que nadie se pueda imaginar. •

Ser feliz es una elección

SER FELICES, ¡QUÉ TONTA IDEA! - “Nos han metido la tonta idea de que hay que ser felices a toda costa, cuando la felicidad permanente es una utopía y como toda utopía es imposible de alcanzar”, dice el poeta sucrense Alex Aillón. Él insinúa que su búsqueda podría ser inútil, pero es en ella donde se puede encontrar la realización. “Podría parecer que la vida es un proyecto frustrado y no es así. Simplemente la felicidad no viene en un envase de plástico como nos lo hace creer la modernidad y la Coca-Cola”, enfatiza el artista.

LA RECETA NO ES UN SECRETO - El académico de Harvard Dan Gilbert se muestra también crítico frente a la millonaria industria de la felicidad que ametralla a la sociedad moderna. Él se limita a medir la felicidad en un laboratorio y, a la luz de los datos científicos, da una receta para ser feliz. Dice que es un asunto de química del cerebro y afirma que intentar ser más feliz no tiene secretos, es como bajar de peso: comer menos y hacer más ejercicio, pero todos los días. Si esto se practica religiosamente, el índice de felicidad irá subiendo. Recomienda por ejemplo pasar más tiempo con la familia y los amigos, por lo que no le sorprende que la felicidad proceda sobre todo de las relaciones interpersonales. “Si me preguntaran qué nos hace felices en la vida, solo diría… otras personas”, concluye.

HAY QUE TOMAR DECISIONES - Los psicólogos de “La Mente es Maravillosa” dicen que para ser feliz hay que tomar decisiones, y que aunque el cerebro sea resistente al cambio e invite elegantemente a permanecer en la zona de confort, está diseñado genéticamente para hacer frente a los desafíos y sobrevivir. “Se nos olvida que para ser feliz hay que tomar decisiones, librarnos de los zapatos ajustados y atrevernos a caminar descalzos; se nos olvida que el amor no tiene por qué doler, que la docilidad en el trabajo nos acaba quemando y que a veces hay que hacerlo y desafiar a quien nos somete y salir por la puerta de entrada para crear nuestro propio camino, nuestra propia felicidad. ¿Qué tal si empezamos ahora?”, invitan en su web.

BUSCAR ALGO MÁS ELEVADO - Buda buscó algo más elevado y profundo que la felicidad o el placer que se obtiene de las cosas del mundo. Lo llamó “dicha” que se alcanza a través de la meditación hasta convertir a la persona en ser de luz, despierta, sin oscuridad ni ego en el interior. Bajo estas características habrán desaparecido las tensiones, las angustias, la ansiedad y la persona se encontrará en un estado de absoluta satisfacción, donde solo importe el presente.

JESÚS, EL HOMBRE MÁS FELIZ - Si hubo un hombre feliz sobre la tierra, ese tuvo que ser Jesús de Nazareth, quien vino a revolucionar a la humanidad con su amor y compasión. Se olvidó de sí mismo preocupándose por los demás y anteponiendo el amor de Dios en cada una de sus acciones, incluso en el hecho de morir en una cruz de la forma más humillante y dolorosa para liberar y salvar a la humanidad, para luego volver a la vida en la más increíble demostración de poder y esperanza. Marina Castro, profesora de un discipulado cristiano, explica que el ser humano ha sido creado con un vacío enorme en su corazón para que no cese en su búsqueda y encuentre el camino, la verdad y la vida. Felicidad, para ella, es gozo permanente, paz verdadera que sobrepasa todo entendimiento a pesar de las circunstancias adversas, contentamiento y descanso interior. “Creo que la gente está cansada de religiones, filosofías y creencias. Los pensamientos del hombre y el esfuerzo propio jamás llenarán su anhelo profundo. Como seguidora de Jesús, los aliento a buscar una relación personal con él y disfrutar de sanidad, libertad y transformación espiritual”, dice ella.

La métrica de Bután para medir la felicidad

Bután, el pequeño reino con la democracia más moderna del mundo, aportó con sus variables para que la ONU construyera su Índice de Desarrollo Humano.

1. Salud (Acceso a la atención médica, calidad de los servicios y conocimientos de la población sobre la salud)

2. Educación (Escolaridad, calidad y nivel de educación)

3. Diversidad ambiental (Acceso a los servicios ambientales, conocimiento ambiental de la población y árboles sembrados por habitante)

4. Nivel de vida (Consumo de los hogares, casas propias, remodelaciones)

5. Gobernanza (Calidad de servicios públicos, confianza en las instituciones, niveles de seguridad)

6. Bienestar psicológico (Niveles de estrés, prevalencia de emociones como los celos, la frustración, la generosidad, la tranquilidad, entre otros)

7. Uso del tiempo (Tiempo dedicado a dormir, a participar en actividades de la comunidad, a la educación, al deporte, al cuidado de los demás, a meditar, a orar, entre otros)

8. Vitalidad comunitaria (Estima la confianza y apoyo social entre los miembros de una comunidad, así como los niveles de seguridad, entre otros)

9. Cultura (Valora el conocimiento de la cultura propia como deportes tradicionales, festividades, costumbres, así como el respeto a culturas diferentes)

Felicidad en Dinamarca = Tranquilidad, seguridad y satisfacción

Emil William Hansen, de 29 años, vive en Dinamarca, uno de los países más felices del mundo. Él hasta hace poco estuvo realizando una labor social en Bolivia, en el área de la salud. ECOS le formuló un par de preguntas que respondió desde Conpenhague.

ECOS. Tu país es el segundo más feliz del mundo, según un informe de la ONU. Desde tu perspectiva, ¿ese reconocimiento está acorde a la realidad?

Emil Hansen (EH). Pienso que para responder debo explicar qué es la felicidad en Dinamarca, que es diferente a la felicidad que he visto en Bolivia.

En Dinamarca la felicidad se asocia a un sentimiento de tranquilidad. Aquí casi nunca bailamos, el equipo nacional del fútbol tiene que ganar algo importante para que pueda empezar la fiesta. Rezongamos casi todo el tiempo, es casi como un concurso nacional de quién es mejor para renegar.

Yo creo que pasa esto justamente porque somos uno de los países más felices del mundo.

Esperamos que nuestro sistema sirva porque, en realidad, nuestra felicidad es seguridad. Sabemos que nunca le va a pasar algo horrible a ninguno de nosotros.

Eso sí, para nada Dinamarca es el país de las sonrisas. Pero sí es uno de los países más satisfechos del mundo.

ECOS. ¿Qué se siente vivir en uno de los países más felices del mundo?

(EH). Yo extraño “la felicidad real”. Tenemos muchas oportunidades en Dinamarca y somos todos iguales; obvio que esto me encanta, pero el problema de vivir en el país más satisfecho del mundo es que nada importa demasiado. Nada es horrible y nada es increíble. Somos privilegiados pero no sentimos la emoción, la euforia para encontrar el equilibrio entre fracaso y éxito.

Chuquisaqueños y potosinos, entre los menos felices

Los chuquisaqueños y los potosinos están entre los menos felices en Bolivia. Los benianos, en cambio, son los más felices. Así lo refleja el Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (INESAD), una fundación asentada en nuestro país hace 10 años, en su libro “El ABC del desarrollo en Bolivia”.

El ranking nacional de felicidad (en el que no participa Pando) tiene a Beni en la cúspide con 6,5 puntos sobre 10. Le siguen Santa Cruz, Oruro y Cochabamba. Potosí tiene un índice de 5,2 y Chuquisaca de 5,1. Tarija está en el fondo, con 5 puntos.

La directora de Investigaciones de INESAD, la danesa Lykke E. Andersen, declaró a ECOS que basaron su información en las encuestas que año tras año publica la consultora Gallup. El libro, que contiene un mapa con el índice de felicidad de cada departamento, cita como fuente a la Base de Datos Mundial de Felicidad (Veenhoven, 2016).

El INESAD aclara que “la medición de la felicidad a nivel desagregado en Bolivia es aún incipiente”.

Por otra parte, el Instituto Nacional de Estadística (INE) anuncio en marzo pasado que a mediados de este año entregarán los resultados de la “Encuesta del vivir bien”, con la que se busca conocer los niveles de felicidad de los bolivianos.


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